domingo, 3 de noviembre de 2024

No estés lejos

"Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas".

Siempre me preocupó bastante este evangelio, sobre todo por la respuesta de Jesús al escriba: “no estás lejos del reino de Dios”.
Un escriba era un doctor e intérprete de la Ley de Dios, quien creyéndose más listo que Jesús, quiso ponerlo a prueba, o, mejor dicho, quiso hacer que Jesús se acusara de blasfemo (es decir, de ir en contra de la Ley de Dios) y por eso le pregunto cuál era el mandamiento más importante de la Ley. Y, Jesús, viendo, sobre todo, las intenciones del corazón del escriba, contestó, por supuesto, acertadamente, a lo que el escriba, sin querer descubrir su patraña aprobó la respuesta de Jesús.
El escriba, por supuesto, estaba convencido que él era un fiel servidore de Dios y un muy buen cumplidor de la Ley y, por eso, estaba ya dentro del Reino de Dios. Pero Jesús le dijo: “no estás lejos del reino de Dios”. Y es esa respuesta la que nos tiene que preocupar, creo, a todos. ¿Por qué?
Porque no lo que sabemos lo que nos salva, sino lo que vivimos. Y como Jesús le decía, varias veces, a los escribas: “vuestro corazón está muy lejos de Dios”. ¿Por qué? Porque sabían muchas cosas, pero vivían pocas cosas, se jactaban de cumplir muy bien con las tradiciones y prescripciones que ellos mismos se habían dado, pero no vivían el espíritu de la Ley de Dios, sino que sólo cumplían para “cubrir” todo lo demás que no hacían bien.
Y así nos puede pasar, a nosotros, muchas veces, creernos tan buenos y santos que nos olvidamos de lo principal: la Voluntad de Dios en nuestras vidas. Sí, porque, aunque nos creamos buenos si no somos fieles a la Voluntad de Dios, no somos verdaderamente hijos de Dios. Seremos hijos del tiempo, hijos del mundo, acostumbrándonos a los vaivenes de las ideologías de cada tiempo, pero no nos mantenemos en el Camino que Jesús ha marcado para nuestras vidas.
Si nos miramos bien frente al espejo que es la Vida de Jesús, vamos a descubrir que aún nos falta mucho por cambiar, por crecer, por madurar. Pero ese no es el problema de descubrir que todavía no hemos alcanzado la meta. El problema es que no descubramos en nuestra vida que estamos muy lejos de ser lo que Dios quiere, pues no nos alimentamos de Dios, no nos alimentamos de Su Palabra, no nos cotejamos con Su Voluntad, y, menos aún, nos disponemos a vivir en Su Voluntad. Porque, muchas veces, nos pasa lo que al escriba queremos ver qué hacen los demás y, sobre todo, poner a los demás en la problemática para saber si responden bien o no, y así siempre quedo yo como el mejor sin descubrir que sigo manteniendo el mismo pecado de soberbia y orgullo que, cada día me aleja más de Dios, y, por supuesto de su Reino.

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