"Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Al profetizar, Jesús, sobre las persecuciones que se iban a sufrir (y las que siguen sufriendo muchos cristianos) nos da dos verdades fundamentales para nuestras vidas de fe: confianza en la Providencia y el fundamento de todo: la salvación de nuestras almas.
"Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá", a esta frase hay que sumarle tantas otras en las que Jesús nos hablaba de la confianza en el Padre, pues Él es quien tiene todo bajo su Mano y nada sucede sin que Él lo quiera o lo permita. Y seguro que surge la pregunta ¿por qué lo permite? Lo permite porque nos ha dado el maravilloso y difícil don de la libertad. La libertad del hombre permite que el hombre (como diría algún filósofo) se convierte en lobo del hombre, de tal manera que no le importan los derechos de los demás, sino que sólo lo interesan sus propias convicciones y sus propios derechos, sin contar, incluso, con el derecho a la vida de los demás.
Por eso es tan necesario que el hombre pueda "educar" su libertad según la Verdad de Dios, que es quien le concedió el Don para hacer de este mundo un lugar maravilloso, donde reine la paz, la libertad, la fraternidad, donde podamos, entre todos, construir el Reino del Amor.
"Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Ese es el fin de nuestras vidas: la salvación eterna. Dios nos ha concedido el don de la vida eterna gracias a la muerte y resurrección de Cristo, un Don que se hace realidad por medio del Espíritu Santo en el bautismo. Pero es un Don que hay que cuidarlo y madurar en Él, y, de modo particular, hay que cuidarlo cuando surgen las persecuciones y no sólo las que buscan nuestro martirio, sino las que vienen entre la familia, los amigos, la misma sociedad en la que vivimos.
Muchas veces la familia, o los amigos o el lugar en el que me muevo habitualmente hacen que niegue u oculte mi fe, que no exprese mis sentimientos religiosos o que no pueda hablar de lo que creo e intento vivir. Eso también es una persecución que se sufre y que nos impide dar testimonio de nuestra fe.
miércoles, 27 de noviembre de 2024
Confianza en las persecuciones
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