En realidad, creo, que ninguna de las cartas de San Pablo tienen desperdicio para iluminar nuestra vida cristiana. Por ejemplo, en esta carta de Pablo a Tito, hay recomendaciones que nos vienen bien en todo tiempo y lugar, y, sobre todo, en una edad adulta donde nos creemos ya convertido y santificados, pero aún nos queda mucho camino por recorrer.
"Querido hermano:
Recuérdales que se sometan a los gobernantes y a las autoridades; que obedezcan, estén dispuestos a hacer el bien, no hablen mal de nadie ni busquen riñas; que sean condescendientes y amables con todo el mundo.
Porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado; éramos esclavos de deseos y placeres de todo tipo, nos pasábamos la vida haciendo el mal y comidos de envidia, éramos insoportables y nos odiábamos unos a otros".
Es que vivimos tan insertos en el mundo de hoy que nos olvidamos que no somos de este mundo y que hemos venido al mundo para transformarlo, y, a veces, no transformamos el mundo sino que perjudicamos al Cuerpo de Cristo, pues llevamos las enemistades, desobediencias, apetitos de poder, escándalos dentro del Cuerpo de Cristo, porque lo que vivimos en el mundo lo vivimos en nuestras comunidades.
Por eso me parece tan acertadas las palabras de Pablo: "recuérdales... porque antes también nosotros, con nuestra insensatez y obstinación, andábamos por el camino equivocado". Y eso me parece algo previsible en todo tiempo, pues cuando nos salimos del eje central de nuestra vida cristiana, que es el Señor, entonces nos dejamos conducir por el espíritu del mundo, sin tener en cuenta que estamos en el mundo pero no somos del mundo.
Creo que esta carta (de Pablo a Tito) nos puede servir para un hermoso examen de conciencia.
miércoles, 13 de noviembre de 2024
Antes éramos obstinados
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.