martes, 31 de enero de 2023

Correr con constancia

"Hermanos:
Teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios".
Dios, por medio del escritor de la carta a los hebreos, nos da un plan de vida, un proyecto que, si lo vivimos, podemos alcanzar la Bienaventuranza que Jesús nos enseñó, una Bienaventuranza que es plenitud de vida y felicidad de los santos.
Es claro que la felicidad de los santos no es la felicidad del mundo. Cuando pensamos en felicidad siempre esperamos que no nos pase nada, que todo nos vaya bien, que no tengamos nada que sufrir y que nuestro pasar económico sea estable y bueno. Ese es el pensar del mundo.
Es cierto que tampoco está lejos del pensar de Dios, pues Él nos ha dado bienes que que los hagamos producir, pero también para que los compartamos con los que menos tienen para poder equilibrar un poco la balanza de los bienes materiales. Pero eso sólo se puede hacer si nuestro corazón está lleno de los Bienes espirituales, porque no es que nos tengamos que desprender de todos nuestros bienes y vivir en la extrema pobreza, sino que la pobreza tiene que ser del espíritu para poder compartir no sólo los bienes materiales sino también los espirituales.
Pero, en este camino hacia la felicidad de los santos (que no estoy hablando de los que están en el Cielo y de los que tenemos estampas y figuras de escayola) sino de nosotros, los que hemos sido santificados por el Espíritu Santo que se nos ha dado, tiene en su recorrido cruces y resurrecciones, oscuridades y claridades, valles luminosos y valles oscuros, pero en todo el recorrido siempre tiene y va creciendo y madurando, la confianza puesta en el Señor, pues sabre que Él es quien conduce la barca de nuestra historia, y que con Él aunque las tempestades sean muy fuertes siempre hará calmar las aguas.
Por eso el escritor nos habla de un combate en el que tenemos que ir fortaleciendo no los músculos del cuerpo, sino el espíritu que se nos ha dado, y lo fortalecemos aceptando los desafíos que el Señor nos propone día a día, y, sobre todo, con las renuncias diarias que, ofrecidas a Él, son garantía de Gracia Santificante y Suficiente para seguir recorriendo el camino hacia el Cielo.

lunes, 30 de enero de 2023

Para qué seguir?

"Hermanos:
¿Para qué seguir?"
Pocas palabras de la carta a los Hebreos, pero que cuando las miras y las lees parece un golpe al corazón. Pero son palabras que, creo, no pocas veces aparecen en el corazón. Sí, hay veces que, seguramente, surge esta pregunta: ¿para qué seguir?
Cuando vemos que no logramos conseguir lo que queremos, cuando vemos que no logramos cambiar lo que queremos, cuando vemos que alguien no cambia como queremos, cuando vemos que los frutos no son los que esperábamos... surge la desesperanza y con ella la pregunta ¿para qué seguir insistiendo con esto? ¿para que seguir ofreciendo esto? ¿para qué, Señor?
Sin embargo, a lo largo de la historia hay quienes vivieron mucho más que nosotros y sufrieron mucho más que nosotros para que la Fe llegar a nosotros, custodiaron y sembraron no sólo con palabras, sino con obras y, muchos con su propia sangre, lo que hoy nosotros recibimos.
Más adelante, Dios por esta misma carta, nos dirá:
"Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado", y no sólo con nuestro propio pecado, sino con el pecado de los demás, que es con el que también luchamos, pero, primero, con el nuestro.
"El reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan", nos dirá Jesús. Pero esa violencia, es la violencia interna que nos tenemos que hacer, como diría san Pablo: "la lucha entre la carne y el espíritu", para que el Espíritu sea quien gane la batalla contra el pecado y pueda la Gracia de Dios renovarnos, restaurarnos y hacer que nuestra vida sea una luz para el mundo que ilumine y que luche contra las tinieblas del mundo.
La violencia que sufre el reino de los cielos para poder instaurarse en la tierra, no todavía no se ha mostrado en nosotros pues vivimos muy contentos y conformes con el espíritu del mundo, sin dejar que sea el mundo quien esté ganando la batalla con Dios. ¿No será tiempo de comenzar a preguntarnos para que ser cristianos si no damos Luz al mundo?

sábado, 28 de enero de 2023

En la Cruz hallamos ejemplo

 De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero



¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado. 

La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él. 

Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: corramos también nosotros con firmeza y constancia la carrera para nosotros preparada. Llevemos los ojos fijos en Jesús, caudillo y consumador de la fe, quien, para ganar el gozo que se le ofrecía, sufrió con toda constancia la cruz, pasando por encima de su ignominia.

Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Como por la desobediencia de un solo hombre —es decir, de Adán— todos los demás quedaron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.

Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en el cual están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien, finalmente, dieron a beber hiel y vinagre. 

No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se reparten mi ropa; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que, entretejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre mi cabeza; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

viernes, 27 de enero de 2023

Valentía o cobardía

"Hermanos:
Recordad aquellos días primeros, en los que, recién iluminados, soportasteis múltiples combates y sufrimientos: unos expuestos públicamente a oprobios y malos tratos; otros solidarios de los eran tratados así. Compartisteis el sufrimiento de los encarcelados, aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes, sabiendo que teníais bienes mejores, y permanentes.
No renunciéis, pues, a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa".
Los que hemos vivido en la iglesia desde pequeños no podemos tener recuerdos de la pasión del convertido, pues nos hemos visto desde siempre "empapados" de la vida de fe, dentro de la iglesia, de sus ritmos, de sus rezos, de sus oraciones, de sus fiestas. El escritor de la carta a los Hebreos les habla de aquél momento en que "iluminados" por la fe los primeros cristianos tuvieron la fuerza del Espíritu y de su propio "enamoramiento" que vivieron con pasión su fe, con fuerza y valentía, sobre todo en las persecuciones.
A nosotros no nos ha pasado nada de eso, o, por lo menos no hemos tenido que enfrentar persecuciones contra nuestra fe. Sí, quizás alguna persecución de alguien que no estaba de acuerdo con nosotros, o que tenía una mala actitud, o por los chismes de tantos otros... pero eso no llega a la sangre.
Por eso me interesa mejor la otra frase del escritor:
"No renunciéis a vuestra valentía, que tendrá una gran recompensa".
En estos días, aquí en España, nos hemos sobresaltado con el asesinato de un sacristán y el ataque a otro párroco. ¿Estaremos dispuestos a defender con nuestra vida a nuestra iglesia? ¿Estaremos dispuestos a defender con nuestra vida a nuestro templo? ¿Estaremos dispuestos a defender con nuestra vida nuestra fe?
Seguramente diríamos que sí, que estaríamos dispuestos llegada la hora a defender con nuestra vida nuestra iglesia, nuestras imágenes, nuestro templo.
Pero es que esa valentía que tenemos guardada para momentos extraordinarios es la que tenemos que usar todos los días, pues todos los días no son los otros los que atacan nuestra fe, nuestra iglesia, nuestro templo, sino que, muchas veces, somos nosotros mismos que atacamos nuestra fe, nuestra iglesia, nuestro templo.
¿Sí? Yo nunca los ataco... en realidad sí: cuando no respetamos el silencio en el templo, cuando dejamos que las ideología de moda sean más importantes que las verdades de la fe, cuando no defendemos a nuestros hermanos cuando alguien los ataca con mentiras, o cuando transmito las mentiras que otros dicen, o cuando lanzo un chusmerío sobre otra personas... hay tantas formas en las que puedo atacar y no defender. Incluso el silencio es una forma de atacar, porque, en realidad no tengo el valor para defender, y, por eso, me escudo en el silencio para no quedar mal...
Y así termina el escritor de la carta, en realidad, así termina Dios hablándonos:
"Os hace falta paciencia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar la promesa.
«Un poquito de tiempo todavía, y el que viene llegará sin retraso; mi justo vivirá por la fe, pero si se arredra le retiraré mi favor».
Pero nosotros no somos gente que se arredra para su perdición, sino hombres de fe para salvar el alma".

jueves, 26 de enero de 2023

Reavive y transmite

"Al acordarme de tus lágrimas, ansío verte, para llenarme de alegría. Evoco el recuerdo de tu fe sincera, la que arraigó primero en tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy seguro que también en ti.
Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por imposición de mis manos porque, pues Dios no nos ha dado un espíritu cobardía, sino de fortaleza, amor y de templanza".
Hermosas palabras de San Pablo a Timoteo, de cariño, de cercanía, que ayudan a tener en cuenta, por ahora dos cosas: la fe es un regalo que nos ha sido transmitido y regalado; y por otro lado necesitamos, siempre, reavivar el Don que nos han dado.
Por un lado la Fe es un Don que el Señor nos regala y nos lo da el día de nuestro Bautismo, por el Espíritu Santo que llega a nosotros y nos transforma en hijos de Dios. Sus Dones nos llenan la vida para que podamos llegar a creer, esperar y, sobre todo, a amar. Un regalo que nos hes trasmitido: los apóstoles lo recibieron de Jesús, y ellos, en obediencia al mandato de Jesús, lo transmitieron hasta el confín del mundo, y, así, generación tras generación fue llegando hasta nosotros.
Y ahora nos toca a nosotros seguir la tradición: no de sólo recibir un sacramento, sino de transmitir la alegría del Don que nos fuera regalado y transmitido, porque sólo se aceptar aquello que se da con generosidad y verdad, con alegría y pasión. Los tristes cristianos nos llegan a transmitir con su vida lo que es el ser cristiano, ni la alegría de la salvación, sino que sólo muestran la tristeza de la vida y nada más.
Por eso mismo san Pablo le pide a Timoteo y nos pide a nosotros que "reavivemos el Don que nos fue dado". Reavivar quiere decir darle nueva vida a lo que hemos recibido, a lo que ya tenemos. Y, sobre todo, darle nueva vida porque ha ido perdiendo el brillo de lo nuevo, de la novedad. Ese brillo se lo damos cuando dejamos que la Luz y el fuego del Espíritu vuelvan a encender nuestros corazones, sabiendo que hemos sido salvados y que hemos sido renovados por un Don tan grande que supera todo lo que siempre hemos deseado, y nos llena de una alegría y gozo desbordante. Es ahí cuando la alegría del Evangelio, la alegría de ser de Cristo, hace brillar nuestra vida. NO, claro que no, no nos quita los pesares y las cruces de cada día, pero sin embargo nos muestra la Esperanza del Nuevo Día, y esa es la razón por la que nos levantamos con nuevos bríos y nuevos deseos de ser Fieles a la Vida que el Señor nos ha regalado y nos pide vivir.

martes, 24 de enero de 2023

La devoción se ejercita de diversas maneras

De la introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales, obispo

En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.
La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.
Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?
Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.
La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.
Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto. Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de la familia, que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero, que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones, de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.
Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias; hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa, monástica y religiosa no puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar.
Así pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.

lunes, 23 de enero de 2023

Cristianos fariseos

Cuando los fariseos atacaban a Jesús diciendo que hacía los milagros con el poder de Satanás les responde así:
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra si mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido".
Y me ponía a pensar en nosotros, en nuestras comunidades, en nuestras familias, en nuestra Iglesia Universal: no nos culpamos de tener a Satanás pero sí que nos estamos dividiendo constantemente, pues el pecado que Satanás ha ido acrecentando en nosotros es el de acusarnos constantemente, o el de hacernos creer, a algunos, que somos los únicos salvadores del mundo. Sí, hay tantos otros pecados que se van "pegando" en la vida de los cristianos que no nos damos cuenta que lo que va generando son divisiones y, por eso mismo, como dice Jesús, vamos a perdernos como comunidad, como Cuerpo porque nos desmembramos de la Cabeza que es Cristo.
No son pocos los que, como los fariseos, van mirando y observando lo que los demás hacen y no para aprender o ayudar, sino para criticar y poner trabas en el caminar de una familia, de una comunidad o de una persona. Son los fariseos cristianos o los cristianos fariseos los que van haciéndose pasar por buenos samaritanos o defensores de algo que dicen haber recibido por ¿revelación? o por querer hacer los grandes doctores de la fe.
Tenemos que tener cuidado porque esa actitud puede estar en todos los corazones, entre los que queremos ser Fieles al Señor y entre los que quieren ser fieles a sí mismos. No siempre estamos inmunizados contra el pecado que habita en nosotros, ni contra las acechanzas de Satanás que intenta destruir toda obra buena que viene de Dios.
"En verdad os digo, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre».
"Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo".

domingo, 22 de enero de 2023

Lo siguieron...

"Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron".

Una vez alguien me dijo: ¡qué bien viven los curas! a lo que le contesté: por eso es por lo que hay tantos que quieran serlo… Ya después de eso nunca más me lo dijo. Y en realidad este llamado de Jesús a los apóstoles no es sólo para los curas, también, pero no sólo, pues Él nos llama a todos a ser apóstoles. Y, tampoco hay muchas personas, o mejor dicho, muchos cristianos que quieran ser apóstoles de Jesús.
¿Por qué hay pocos que quieran ser apóstoles? Porque para ser apóstoles, es decir, seguir a Jesús y vivir como Él, y anunciar el evangelio, hay que dejar ser dependientes del estilo de vida del mundo y aceptar con toda la mente y el corazón el evangelio que nos pide vivir Jesús.
Y ahí está el corazón de la cuestión: aceptar el desafío de vivir como cristianos en el mundo de hoy es sólo para valientes, para aquellos que no tienen miedo de ir contra la corriente. Ya nos lo decía San Juan Pablo II, en la JMJ del 2000: «También hoy creer en Jesús conlleva una opción por Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el martirio de quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra corriente para seguir al divino Maestro».
¿Estamos preparados los jóvenes y los adultos de hoy para ir contra la corriente del mundo?
En realidad, no sé si estamos preparados. Pero ¿podremos decidirnos a ir contra la corriente del mundo? Porque por ahí van los tiros. No tenemos que estar preparados, sino que tenemos que estar dispuestos a seguir a Jesús con todo lo que ello conlleva de renuncias, de entregas, pero también de alegría y gozo de vivir con Él, por Él y para Él. Es el Camino que Él recorrió, pero que, también, muchos adolescentes, jóvenes y adultos vivieron y nos dieron testimonio de que se puede vivir: los santos de ayer y de hoy.
En el santoral encontramos muchos santos, de todas las edades, que nos demuestran que es posible vivir el Evangelio con todas sus consecuencias, pero que no debemos pensar el Evangelio como las prohibiciones de la Iglesia, sino como el Camino de Vida que nos propone Jesús. Una Vida que es alegría, gozo y paz en el Señor; que es Luz, que es Amor, que es Fraternidad, que es Esperanza, que es todo lo que en realidad quiere y necesita el corazón del hombre de hoy, y que busca desesperadamente y no lo encuentra en lo que el mundo le ofrece.

sábado, 21 de enero de 2023

Madura para la victoria

Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes

Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.
¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pican con una aguja, se ponen a llorar como si se tratara de una herida.
Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.
¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.
Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que con tanta generosidad entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.
El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:
«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero».
Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si fuese él el condenado; como temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.

viernes, 20 de enero de 2023

Nos llama

"En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso y se fueron con él.
E instituyo doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios".
Llamó a los que Él quiso, no a los que querían ir con Él, sino a los que Él quiso. Y así sigue llamando día tras día, no sólo a aquellos que van a recibir el Orden Sagrado, sino a todos los que buscan el Camino del Sentido de la Vida, a los que buscan una Luz para iluminar sus vidas, a los que buscan, en realidad, una Vida para poder vivir su propia vida.
Cristo es quien nos llama para darnos una Vida Nueva cargada de un (perdonad la repetición) nuevo sentido. Una Nueva Promesa que nos permite seguir caminando en medio de la oscuridad de este mundo. Pero una Promesa que ya está cumplida porque Él se hizo Promesa y se nos da, continuamente, en el Pan de la Vida. Es esa la Vida que anhelamos, es esa la Vida que predicamos y que llevamos al mundo cuando descubrimos que hemos sido llamados para ser apóstoles del Señor, apóstoles que llevan "un tesoro en vasijas de barro".
Sí, una vasija tan débil que se rompe con cualquier falso movimiento, como la de Judas Iscariote: tomó una mala decisión y su tesoro se derramó por el suelo y dejó que todo se perdiera.
Nosotros no estamos exentos de destruir lo que Jesús nos ha dado cuando nos dejamos llevar por la luz del mundo, o, mejor dicho, por las tinieblas del mundo, pues la penunbra nos hace elegir caminos que no son los de Dios, sino que nos privan de la Gracia que sólo viene de Cristo.
Una Gracia que necesitamos, cada día, recibir para poder mantenernos fieles a la Vida que Él nos ha dado cuando nos llamó. Porque en el momento en que Él nos llama y nosotros decidimos seguirle nos da Su Vida para que comencemos a gozar de la alegría de vivir una Vida Nueva. Ese es el gozo y la alegría que transmitimos, o que deberíamos trasnmitir, los que somos llamados por el Señor para ser sus apóstoles. Pues no hay nadie que quiera hacernos ver algo nuevo con palabras de tristeza o desperanza, sino que todas las Promesas se ofrecen con la alegría de saber que serán cumplidas, y la Promesa del Señor a nosotros ya está cumplida y podemos alcanzar con nuestra entrega diaria, pues al acercarnos al Altar de la Eucaristía contemplamos la Vida que se nos ha prometido y la aclanzamos cuando la recibimos en la Eucaristía.

jueves, 19 de enero de 2023

El sacerdocio de las pequeñas almas

"Jesús puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.
Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.
Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo".
El escritor de la carta a los Hebreos nos hace ver la distinción entre el Sacerdocio del Antiguo Testamento y el Sacerdocio de Cristo, pues a partir de Él todo se hace nuevo, pues en Él todo es Nuevo. Pero también nos ofrece una visión de lo que es, para nosotros, tanto el sacerdocio real de todos los bautizados, como el sacerdocio ministerial de los que hemos recibido el Orden Sagrado. Aunque, a decir verdad, los dos se identifican en una sóla misión: interceder a favor de los hombres, para que encuentren el camino para llegar a Dios y alcanzar la salvación.
Todos los que hemos recibido la gracia del Espíritu Santo en el bautismo fuimos consagrados como sacerdotes, un sacerdocio real que nos identifica con el Sacerdocio de Cristo, pues Él no sólo ofreció a Dios un sacrificio por nosotros, sino que se ofreció a sí mismo en el Altar de la Cruz para remediar el pecado de Adán y Eva, y darnos así la filiación divina que, por ese pecado, se nos había quitado.
Así, cuando recibimos el don del sacerdocio real todos podemos ofrecer al Señor sacrificios expiatorios por nuestros pecados y por los del mundo entero, pues unimos a la Cruz de Cristo nuestros propios sacrificios y ofrendas.
Santa Teresita de Lisieux nos enseña que no es necesario que nuestros sacrificios y ofrendas sean extraordinarios, es decir, grandes cosas, sino que en el día a día podemos ofrecer pequeños grandes sacrifcios que en las Manos del Señor se hacen extraordinarios si lo hacemos con amor. Cuando por amor a Dios y a los hermanos tenemos pequeños gestos que no haríamos por pereza, o por vanidad, o por ¡vaya a saber qué! es ahí cuando ese gesto alcanzar el valor de un sacrificio de expiación para el Señor.
"¡Oh, Jesús!, ¡si yo pudiera decir a todas las almas pequeñas qué inefable es tu condescendencia!
Pienso que, si por un imposible, encontraras un alma más débil, más pequeña que la mía, te complacerías en colmarla de fervores aún mayores si ella se abandonase con entera confianza a tu misericordia infinita.
Pero, ¿por qué desar comunicar tus secretos de amor, o Jesús? ¿no res sólo tú quien me lo has enseñado? ¿No puedes, entonces, revelarlos a otros?
Sí, así es, y te conjuro a que lo hagas. Te suplico que te dignes poner tus ojos divinos sobre un gran número de almas pequeñas. Te suplico que te escojas una legión de víctimas pequeñas ¡dignas de tu Amor!". Un escrito de Santa Teresita de Liesieux.

miércoles, 18 de enero de 2023

Obediencia a Dios y no a los hombres

"En aquel tiempo, Jesús entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo".
Seguramente, siempre, hay alguien que nos está observando, mirando para ver qué hacemos, como los fariseos que observaban a Jesús para ver si "metía la pata" o si hacía algo que estaba fuera de la Ley de Moisés. No lo observaban para ver aprender de Él o para ayudarlo con lo que hacía, sino para criticarlo y denunciarlo públicamente por lo mal que hacía las cosas.
Por eso, sabiendo Jesús lo que hay en el corazón de los hombres toma la actitud de no dejarse amedrentar por lo que ellos piensan o dicen, sino que sólo hace lo que debe hacer:
"Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
«Levántate y ponte ahí en medio». Y a ellos les pregunta:
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?».
Al preguntarles a los fariseos qué es lo que se debe hacer, no pueden responder, no porque no sepan la respuesta, sino porque no quieren quedar en evidencia delante de la gente de que están actuando mal, de que su envidia y rabia quede al descubierto frente a la gente a quienes ellos mismos quieren educar...
"Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
«Extiende la mano».
Y ahí tenemos, para nosotros, la respuesta que debemos dar a los que buscan, constantemente, nuestro error y nuestro fallo: hacer lo que debemos aunque nos equivoquemos, porque sólo tenemos que responder ante nuestro Dios y Señor, como dijo san Pedro cuando fue acusado por los sumos sacerdotes: "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres".
Y, como muchas veces decimos: hagas bien o no hagas siempre van a hablar mal de tí los que quieren hacerte daño. Por eso es mejor siempre buscar la Voluntad de Dios y hacer lo que debemos hacer, aunque a muchos le moleste, porque a quien tenemos que dar respuestas de lo que hacemos es a Dios.

martes, 17 de enero de 2023

Vocación de San Antonio, abad

De la vida de san Antonio, escrita por san Atanasio, obispo

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.
Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior cómo los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de la venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de esos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio: Si quieres ser perfecto, ve a vender lo que tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.
Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y como si aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles, y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.
Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: No os inquietéis por el día siguiente. Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase en su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a una vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.
Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.
Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para orar sin cesar; en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llegó un momento en que su memoria suplía los libros.
Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

lunes, 16 de enero de 2023

El dolor de la obedienciencia

"Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filiar. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer.
Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote, según el rito de Melquisedec".

La obediencia a la Voluntad de Dios siempre supone un dolor a nuestra humanidad, pues no estamos dispuestos a "morir a nosotros mismos" para dejar conducir por Su Voluntad. Por eso, el Hijo, nos enseñó con su sufrimiento que sólo la obediencia al Padre nos puede dar la Vida Nueva, que, a pesar, del dolor y el sufrimiento que eso nos trae llegamos a convertir nuestra vida en causa de salvación para los demás.
Claro que nosotros no somos los salvadoes del mundo, aunque algunos todavía se lo crean, sino que ponemos junto a la Cruz de Cristo nuestro dolor, y, como dice san Pablo: Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia.
No nos quita el dolor del sufrimiento, sino que le da sentido a lo que vivimos y a la que tenemos que entregar, pues lo hacemos por un fin superior, y, además, el Señor nos da la Gracia necesaria para poder vivir todo y llevar a plenitud lo que Dios nos pide cada día.
Es así cómo el Señor nos pide, cada día, entregar nuestra vida en oblación por la salvación y la conversión de todos, incluídos nosotros mismos, porque es el único camino de salvación que el Padre pensó y quiso para nosotros. Por eso mismo, a veces, nuestro único dolor y sacrificio es renunciar a nosotros mismos para ser Fieles a la Voluntad de Dios, sufrimiento y entrega que está sostenido por la cruz física que muchos han de llevar, y que otros la viven en su corazón.
El dolor de obedecer a la Voluntad de Dios es un dolor que el mismo Cristo no sólo sufrió en su carne en la noche del Huerto de los Olivos, sino que en esa noche fue extremo, pero nos enseñó que es posible superar el deseo humano de decir que no a la Voluntad de Dios y asumir lo que el Padre nos pide vivir: "Padre, si es posible que pase este Cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya".

domingo, 15 de enero de 2023

Vivir mi propio lugar

Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”.
Hoy el mundo nos invita, o, mejor dicho, nos exige que cada día seamos mejor que el de al lado, que el que está por arriba mío, o que el que vive conmigo. El ideario del mundo nos lleva a estar en una competencia frenética para estar, cada día, más alto, tengamos o no tengamos las virtudes o talentos necesarias para ello. Y, para ello, nos dan herramientas que, muchas veces, nos llevan a “pisar” a los que nos están molestando en la carrera por la fama, por el primer lugar, etc.
Si miramos la realidad política, no sólo local, sino mundial, nos vamos a dar cuenta que hay una carrera constante para ser los primeros, para lograr el mejor lugar y el mayor poder. Y volvemos a la misma palabra, que pareciera mala palabra: poder. Quiero tener poder sobre los demás.
Juan Bautista con esa breve frase nos enseña a que cada lugar tiene su importancia, y que, cada persona, si sabe aceptar la misión que Dios le ha confiado, siempre podrá ser protagonista, no sólo de su propia historia, sino de una historia más grande que la de uno mismo.
No se trata en pisar a los demás para ganar una mejor posición, sino en saber encontrar el sentido de lo que tenemos que vivir, encontrar la propia vocación en la historia de la salvación.
También lo podemos ver cuando Jesús le va a pedir el Bautismo a Juan en el Jordán, era eso lo que tenían que hacer, siendo que Juan le dice a Jesús, “pero si soy yo quien tiene que ser bautizado por ti”. “No, le dice Jesús, hagamos lo que tenemos que hacer”. A ninguno de los dos le importa ser el mejor, sino que lo que les importa es hacer la Voluntad de Dios, que lo demás vendrá por añadidura.
Por eso, no nos dejemos llevar por el instinto mundano de querer ser mejor que los demás, sino ocupémonos de buscar la Voluntad de Dios para nuestras vidas, que Él se ocupará de que alcancemos el mejor lugar que sólo Él conoce para cada uno, y será ese lugar y esa misión lo que nos alcanzará la paz y la alegría de ser Fieles al Señor y no al mundo.

sábado, 14 de enero de 2023

Cumplir o vivir?

"La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos; juzga los deseos e intenciones del corazón".
Aunque sea difícil, pero la Palabra de Dios es el espejo en el que debemos mirar nuestra vida, en el cual deberíamos analiar nuestra forma de vivir y de expresar, porque de nada sirve ser cristiano si no analizamos nuestro vivir con la Palabra de Dios.
Generalmente (porque no muchos lo hacen) hacemos nuestro examen de conciencia con los 10 mandamientos, y algo es algo, pero no es suficiente, porque nos faltaría analizarnos con el mandamiento del amor. Los 10 mandamientos son el mínimo "a cumplir", y el mandamiento del amor va más allá del "cumplir", pues hace referencia al vivir el espíritu de ser hijo de Dios, como vivió Jesús.
Y si queremos ir un poco más allá todavía, es cuando tenemos que reflexionar con la Luz de la Palabra de Dios, pues no siempre, cuando nos analizamos comprendemos cómo y qué tenemos que vivir, porque, lamentablemente, somos hijos del mínimo esfuerzo espiritual, nos contentamos con cumplir, pero no hacemos el esfuerzo de buscar la Voluntad de Dios para vivir como hijos de Dios.
Es por eso que, muchas veces, nos creemos tan justos y tan buenos que nos hacemos jueces y verdugos de los demás, de aquellos que no "cumplen" como nosotros.
Así nos parecemos a los escribas de los fariseos de los que habla el evangelio:
"Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos:
«¿Por qué come con publicanos y pecadores?».
Jesús lo oyó y les dijo:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
Cuando nos juzgamos a nosotros mismos con esa vara con la que juzgamos a los demás, vamos a darnos cuenta cómo nos estamos equivocando, pues, seguramente, no nos gustaría que nos juzguen de la misma manera. Y, por eso, necesitamos ir al Justo Juez a que nos limpie de nuestra soberbia y pecado para poder comenzar vivir la plenitud de la Ley y los profetas, como lo hizo Jesús, y no quedarnos sólo en el cumplir con la letra de la Ley.

viernes, 13 de enero de 2023

Seré capaz?

¿Qué es más fácil?, le preguntaba Jesús a los fariseos. Y sí, ¿qué es más fácil? pensar mal o pensar bien de las personas. Eso es lo que hace a una relación humana: pensar bien del otro. Aunque, por lo menos por aquí, hay un refrán que dice: piensa mal y acertarás. Es algo que no debe estar bien para un cristiano, pensar primeramente mal del otro, porque también el otro puede pensar mal de mi, y, creo, que eso a nadie le gusta. Por eso también nos dice Jesús: no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a tí.
Hay una relación muy estrecha entre lo que pienso de alguien y cómo lo trato destpués, porque si siempre pienso mal de la persona a la que tengo que tratar ¿cómo la puedo tratar bien?
Así lo trataban los fariseos a Jesús, hasta que de tanto pensar mal de Él buscaron la forma de acabar con Él y aasí lo hicieron. ¿Es esa la forma en la que quiero relacionarme con los demás?
"Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:
«Por qué habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo uno, Dios?».
Jesús se dio cuenta enseguida de lo que pensaban y les dijo:
«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados” o decirle “levántate, coge la camilla y echa a andar”?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados - dice al paralítico -:
“Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”».
Se levantó, cogió inmediatamente la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios".
Y ¿qué pasa ahora? Ha saldio a la luz que no era tan malo como lo describían, que no estaba diciendo ninguna tontería, sino algo que podía hacer. Las malas intenciones quedaron al descubierto y finalmente no fue Jesús quien estaba actuando mal sino los otros que pensaron mal de Jesús.
¿Qué hacemos cuando descubrimos que lo que habíamos pensado del otro o lo que habíamos hablado de la otra persona no es así como lo hacía dicho o pensado? ¿Cómo hacemos para decir a los demás que lo que yo había dicho eran mentiras o sólo malos pensamientos míos? ¿Soy tan valiente de decir me equivoqué o de pedir perdón para salvar la buena fama de la otra persona?

domingo, 8 de enero de 2023

Responsabilidad del bautizado

"Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una luz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
La fiesta del Bautismo de Jesús da por finalizado el tiempo de Navidad para comenzar el Tiempo Ordinario de la liturgia católica, pero, también, nos ayuda para comenzar un año nuevo, en el que tenemos de regalo un Don y una Tarea para cada uno de los días.
Un Don, un regalo de parte de Dios: el Espíritu Santo que nos ha sido dado, como a Jesús en el Jordán, en el día de nuestro bautismo. Sí, así como descendió sobre Jesús, así como descendió sobre María el día de la anunciación, así como sobrevolaba el caos antes de la creación del mundo, así el Espíritu Santo sobrevoló sobre nosotros y se quedó en nuestro cuerpo como un templo vivo donde, a partir de que cayera el agua sobre nuestras cabezas, vive. Ese día fuimos configurados con Cristo Resucitado y comenzamos a ser hijos de Dios.
Es un regalo que hoy Dios nos ayuda a renovarlo para comenzar un año que esté lleno de sus Dones para poder ofrecerlo a todos los que lo necesiten.
Y ahí está nuestra tarea: como bautizados somos evangelizadores, es decir apóstoles o enviados por el Padre, como lo hizo con el Hijo, para llevar al mundo la Luz de la FE, la Esperanza y el Amor.
No es una tarea fácil en este mundo en que vivimos, pero no es imposible si nos dejamos conducir por el Padre, pues Él por el Hijo, nos dará su Gracia para fortalecernos, para iluminarnos y orientarnos hacia dónde y cómo ir, qué decir, y cómo contagiar el fuego de los Dones del Espíritu a todo el mundo.
Por mucho tiempo hemos pensado que la tarea de evangelización era para los curas y las monjas, pero Dios nos ha dado esa tarea a todos, y todos somos responsables de llevar a cabo nuestra propia misión, nuestra vocación y nuestra profesión.
Porque, recordemos lo que Jesús nos dijo: vosotros sois la luz del mundo, vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la levadura de la masa… y todo eso implica un compromiso con nuestra parroquia, con nuestra sociedad, con nuestra familia, con la cual comenzamos a obrar y a mostrar un camino, un sentido, una alegría de vivir el evangelio.
San Pablo le decía a una comunidad y a nosotros: hacedlo a tiempo y a destiempo (pero tampoco canséis demasiado con vuestra chácara, eso lo digo yo). Pidamos al Espíritu que, al renovar nuestro bautismo, renovemos nuestro compromiso con el Evangelio.

sábado, 7 de enero de 2023

Examinar el espíritu

"Queridos: no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo".
San Juan nos pone sobre aviso de lo que nos puede pasar, y, en realidad, nos está pasando: no examinamos bien a qué espíritu hacemos caso o qué espíritu dejamos entrar en nuestras vidas. Y, por supuesto, al no examinar bien nuestras vidas dejamos entrar al primero que aparece y que nos "gusta" que es el espíritu del mundo.
Y no pensemos que el espiritu del mundo que dejamos entrar en nuestras vidas es un espíritu infernal y que nos hace hacer grandes pecados, ¡no! sino que simplemente no hacemos lo que en realidad debemos hacer. Nos dejamos llevar por "cuentos", por "el qué dirán", o por "lo que me han dicho", y vamos sembrando cizaña, desconfianza, mala fama y tantas otras cosas que crean desaveniencias, divisiones, confusiones en nuestras familias, en nuestras comunidades, en el trabajo, en el vecindario...
Sí, esas palabras que salen de nuestras bocas y que hablan mal de otros, que desacreditan lo que otros hacen, que siembran maldad en la vida de los demás, todo eso es el espíritu del mundo. ¿Por qué? Porque en el mundo hay envidias, celos, egoísmos, vanidades, soberbia y nada de eso es de Dios, y todo eso siembra el mal en nuestras vidas.
Os dais cuenta que no son grandes nuestros pecados pero que sí hacen grandes daños a nuestras comunidades?
Por eso, constantemente, Jesús nos viene diciendo:
- «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Sí, nuestra conversión ha de ser constante, porque constantemente caemos en el mismo pecado, una y otra vez, y no nos damos cuenta que así, aunque nos confesemos seguimos dejándonos llevar por el espíritu del mundo, sin oponer resistencia a lo que ese espíritu nos hace vivir, y que, sin examinarnos bien, vamos haciéndonos, cada día, más mundanos y menos de Dios.

viernes, 6 de enero de 2023

Volver a la niñez

El día de Reyes es un día que con mucha antelación se viene preparando en el corazón de grandes y pequeños, de adultos y niños, porque es el día en el que todos volvemos, un poco, a ser niños de corazón, pues el espíritu del día de los Reyes sigue viviendo en el corazón de todos, incluso en el de aquellos que no comparten nuestra religión.
Es un espíritu que nos llena de ilusión porque su llegada es un regalo para la vida de todos, no sólo de los niños, sino que desde que se escriben las cartas, se preparan los regalos, se sueña con este día y, a pesar de todo, siempre hay una alegría que nace de ese espíritu de los Magos de Oriente.
Es un día que nos vuelve a traer a la memoria lo que vivíamos como niños y lo que vivimos como adultos, pues como adultos recordar aquellos días nos hace, también, felices, en algunos casos, pero siempre nos marca una sonrisa en el rostro al pensarnos con la ansiedad de despertar y encontrar el regalo que nos han dejado.
Pero hay un regalo todavía más hermoso que, como cada día, tiene que abrirse a la Luz de la Fe, y es el sabernos llamados y elegidos por ese Niño de Belén a la Vida Nueva de la Gracia. Una Gracia que Él comenzó a regalarnos cuando nació en Belén, pues en ese momento Dios nació en la tierra, y la eternidad nació en la historia. Y en esa historia de salvación somos nosotros, ahora, los protagonistas. Sí, somos nosotros quienes llevamos regalos al niño que vive en el corazón de cada persona que busca la Luz de Dios, somos los magos que se mueven por el mundo y llevan regalos de Fe, Esperanza y Amor a los corazones de aquellos en los que se ha apagado la Luz de Dios.
Nuestra alegría fundada en la Fe, la Esperanza y el Amor, es la alegría que el mundo necesita y que debemos conservar y fortalecer, cada día, en el Belén del altar en donde el Niño se hace Pan de Vida y se nos da como alimento Vivo y Verdadero para llevar su Luz, como Estrella de Belén, para que otros puedan encontrar el Camino para alcanzar la Vida.
No dejemos que la alegría de la infancia espiritual se pierda en nuestras vidas, sino que siempre podamos nacer del Espíritu y ser niños en los Brazos de Dios Padre para que nuestra alegría y gozo sean plenos pues nos dejamos conducir pro Su Mano. Que el actualizar nuestra Fe nos llene de Esperanza para que siempre podamos seguir sembrando el Amor de Dios en los corazones de los que necesitan volver a creer.

jueves, 5 de enero de 2023

Evangelizar

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo: «Venid y lo veréis».
Siempre me gustó poner este diálogo en otro contexto y con otras personas, es decir, en nuestro contexto y con nosotros mismos. Me aclaro: cualquiera de nosotros que tengamos la oportunidad de hablar con alguien que no cree o que está buscando a Dios, y le podamos decir: ¡ese es un cristiano! y la persona vaya a ese cristiano y le diga: ¡quiero ver cómo es ser cristiano! y le podamos responder: ¡ven y verás!
Porque nuestra vida tiene que ser un libro abierto sobre cómo vive un cristiano, sobre cómo ser cristiano. No necesitaríamos palabras u otros libros, sino, como decía San Francisco de Asís:
"Ten cuidado con tú vida, quizas sea el único evangelio que muchas personas vayan a leer!"
Sí, eso es lo que deberíamos intentar ser cada día: un evangelio caminando. ¿Muy difícil, verdad? Pero no imposible, pues para Dios nada hay imposible. Y ¿entonces qué? Entonces o creemos que podemos hacerlo con la Gracia de Dios o dejamos ya de intenar parecer cristianos.
Sí, en realidad muchos sólo parecemos cristianos pero no lo somos, pues no vivimos como Cristo, no buscamos la Voluntad de Dios e intentamos vivirla aquí en la tierra como en el cielo. Si examinamos nuestra vida diaria ¿podemos decir que somos cristianos? ¿Qué es lo que nos sobra y qué es lo que nos falta?
¿Podemos decirle a alguien ven a mi casa y verás cómo vive un cristiano?
Si no podemos decirle eso a alguien es porque aún no somos lo que debemos ser, y si no somos lo que debemos ser es porque solamente nos estamos poniendo una máscara de cristianos que nos quitamos una vez que salimos de la iglesia, y nos volvemos a mostrar tal cual somos: mundanos.
"Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».
Así se hizo la primera evangelización: vieron y salieron a contar y llevaron a ver, y así una y otra vez. Y así nos toca, también, a nosotros: llevar a la gente a Dios, no a nosotros, no tienen que hacerse admiradores de nuestra vida, sino que nuestra vida tiene que llevarlos a Cristo porque Él es la Vida Verdadera, Él es quien nos da Vida, y es Él quien salva al hombre de todas sus ataduras.
No nos confundamos, porque, hay muchos que se creen los únicos salvadores del mundo, y, en realidad, hay uno Sólo Jesucristo Nuestro Señor.

 

Nos saciaremos con su visión

De los Sermones de san Agustín, obispo

¿Quién puede conocer los tesoros de sabiduría y ciencia ocultos en Cristo y escondidos en la pobreza de su carne? Él, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para que nos enriqueciéramos con su pobreza. Al asumir nuestra condición mortal, destruyendo así la muerte, se mostró en pobreza; pero con ello nos garantizó las riquezas futuras, sin perder las que había dejado.
¡Cuán grande es la bondad que ha reservado para sus fieles, y que comunica a los que esperan en él!
Ahora nuestro conocimiento es parcial, hasta que llegue lo perfecto. Para hacernos capaces de esta perfección futura, él, igual al Padre por su condición de Dios, se hizo semejante a nosotros, tomando la condición de esclavo, para restituirnos nuestra semejanza con Dios; él, Hijo único de Dios, se hizo Hijo del hombre, para convertir en hijos de Dios a todos los hijos de los hombres; tomando la condición visible de esclavo, abolió nuestra condición de esclavos, haciéndonos libres y capaces de contemplar la naturaleza de Dios.
Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Aquellos tesoros de sabiduría y ciencia, aquellas riquezas divinas, son llamados así porque ellos nos bastarán. Y aquella gran bondad es llamada así porque nos saciará. Muéstranos, pues, al Padre, y eso nos bastará.
Y, en uno de los salmos, uno de nosotros, en nosotros y por nosotros, le dice al Señor: Me saciaré cuando aparezca tu gloria. Él y el Padre son una misma cosa, y el que lo ve a él ve también al Padre. Por tanto, el Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria. Cuando se vuelva a nosotros, nos mostrará su rostro; y seremos salvados y quedaremos saciados, y eso nos bastará.
Hasta que llegue este momento, hasta que nos muestre aquello que ha de bastarnos, hasta que podamos beber y saciarnos de aquella fuente de vida que es él mismo, mientras caminamos por la vía de la fe y vivimos en el destierro, lejos de él, mientras tenemos hambre y sed de perfección y santidad y deseamos con ardor inefable contemplar la belleza de Dios, celebremos con humilde devoción su nacimiento en condición de esclavo.
No podemos aún contemplar cómo es engendrado por el Padre antes de la aurora; festejemos su nacimiento de la Virgen en plena noche. Aún no percibimos cómo su nombre es eterno y su fama dura como el sol; reconozcamos que su tienda ha sido puesta en el sol.
Aún no vemos al Unigénito que permanece en el Padre; recordemos al Esposo que sale de su alcoba. Aún no ha llegado el momento de sentarnos a la mesa de nuestro Padre; veneremos el pesebre de nuestro Señor Jesucristo.

lunes, 2 de enero de 2023

Como si tuvieran una sola alma

 De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo

Nos habíamos encontrado en Atenas, como el curso de un río que, naciendo en una misma patria, se divide luego hacia diversas regiones (a donde habíamos ido por el afán de aprender) y de nuevo, de común acuerdo, por disposición divina, vuelve a reunirse.

Por entonces, no sólo admiraba yo a mi grande y querido Basilio, por la seriedad de sus costumbres y por la madurez y prudencia de sus palabras, sino que inducía también yo mismo a los demás que no lo conocían a que le tuviesen esta misma admiración. Los que conocían su fama y lo habían oído ya lo admiraban.

¿Qué consecuencias tuvo esto? Que él era casi el único que destacaba entre todos los que habían venido a Atenas para estudiar, y que alcanzó honores superiores a los que correspondían a su condición de mero discípulo. Éste fue el principio de nuestra amistad, el pequeño fuego que empezó a unirnos; de este modo, se estableció un mutuo afecto entre nosotros.

Con el correr del tiempo, nos hicimos mutuas confidencias acerca de nuestro común deseo de estudiar la filosofía; ya por entonces se había acentuado nuestra mutua estimación, vivíamos juntos como camaradas, estábamos en todo de acuerdo, teníamos idénticas aspiraciones y nos comunicábamos cada día nuestra común afición por el estudio, con lo que ésta se hacía cada vez más ferviente y decidida.

Teníamos ambos una idéntica aspiración a la cultura, cosa que es la que más se presta a envidias; sin embargo, no existía entre nosotros tal envidia, aunque sí el incentivo de la emulación. Nuestra competición consistía no en obtener cada uno para sí el primer puesto, sino en obtenerlo para el otro, pues cada uno consideraba la gloria de éste como propia.

Era como si los dos cuerpos tuvieran un alma en común. Pues si bien no hay que dar crédito a los que afirman que todas las cosas están en todas partes, en nuestro caso sí podía afirmarse que estábamos el uno en el otro.

Idéntica era nuestra actividad y nuestra afición: aspirar a la virtud, vivir con la esperanza de las cosas futuras y tratar de comportarnos de tal manera que, aun antes de que llegase el momento de salir de esta vida, pudiese decirse que ya habíamos salido de ella. Con estos pensamientos dirigíamos nuestra vida y todas nuestras acciones, esforzándonos en seguir el camino de los mandamientos divinos y estimulándonos el uno al otro a la práctica de la virtud; y, si no pareciese una arrogancia el decirlo, diría que éramos el uno para el otro la norma y regla para discernir el bien del mal.

Y, así como hay algunos que tienen un sobrenombre, ya sea heredado de sus padres, ya sea adquirido por méritos personales, para nosotros el mayor título de gloria era el ser cristianos y ser con tal nombre reconocidos.

domingo, 1 de enero de 2023

Y se llenaron de alegría.

"Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto; conforme a lo que se les había dicho".
Después que los pastores llegaron al Pesebre y vieron lo que les habían anunciado los ángeles, volvieron al pueblo dando gloria y alabanza a Dios. La alegría de ellos es la alegría que nos a nosotros el saber que Dios ha venido a nuestras vidas para darnos una Vida Nueva que nace no de los hombres, sino de Su Espíritu y de Su Amor.
Hoy, al finalizar el año y al comenzar uno nuevo, vayamos como los Pastores al Belén para ver y dar gracias a Dios por la Vida que nos ha regalado pero, sobre todo, dejar en Sus Manos todo lo que hemos vivido, lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, el dolor y el gozo, pues en Sus Manos todo tiene sentido, todo cobra una nueva dimensión, pues Él lo toma y se lo presenta al Padre y Él con su Amor lo purifica todo y lo renueva todo, y nos permite volver a comenzar con un corazón limpio, purificado por Su Amor y lleno de Su Gracia para que sigamos caminando en Fidelidad.
Claro que lo que nos llevamos en el corazón después de ver y agradecer es la alegría de nuestra salvación, que no es una alegría cualquiera, no es la alegría del mundo, no es la paz del mundo, sino la alegría y la paz que nos da el gozo de sabernos hijos gracias al Hijo que nos ha devuelto la filiación divina.
La paz y la alegría que nos da el Señor con su venida a nuestra vida no nace de si todo nos va bien o si no nos pasa nada, sino de saber que a pesar de lo que nos pida y nos permita vivir, siempre Él estará con nosotros para tendernos una Mano y levantarnos de nuestra postración, alegrarnos en nuestra tristeza, fortalecernos en nuestra debilidad, y darnos esperanza cuando veamos todo sin futuro.
Sí, hoy finaliza un año lleno de muchas cosas, cosas que si, como María, las conservamos y meditamos en nuestro corazón, con la ayuda de Su Gracia, nos darán mayor sabiduría para comenzar un nuevo año en el que podremos aprender y madurar, desde el Espíritu de Dios, para seguir intentado ser Fieles a la Vida que el Señor nos dio.