Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».
Seguir a Jesús, ser cristiano, no es un segui-miento (seguir y mentir) sino un verdadero caminar detrás de sus pasos para vivir como Él. Por eso, cuando alguien ponía una excusa para seguirlo rápidamente, Él respondía con frases como esas.
Por mucho tiempo estas frases del seguir a Jesús se pensaron que eran para los consagrados: sacerdotes, religiosos; pero ¡no! Son para todos los cristianos, pues todos estamos llamados a seguir los pasos de Jesús. Y digo estamos llamados, porque ante el llamado tiene que haber una respuesta libre, pero pensada, razonada y sopesada para saber si estoy dispuesto a seguirlo.
Por ejemplo, la que encabeza esta reflexión: “nadie que poner la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios”. Poner la mano en el arado significa comenzar a labrar la tierra, comenzar a trabajar, pero mirando hacia adelante, si se mira mucho para atrás no se puede estar atento a lo que viene delante, y, sobre todo, porque eso dificulta el avanzar.
Cuando miramos para atrás veremos siempre lo que hemos sido, y, muchas veces, eso nos da temor de decir que sí, porque vemos que no hemos sido buenos, o que hay muchos defectos, o que esto o que lo otro, y, serán excusas que nos impidan disponernos para poder trabajar en la Viña del Señor, que es nuestro corazón y el mundo.
Por eso, cuando el Señor te llama para una misión y para seguirlo, no mires hacia atrás porque Él está delante de ti, mira tu futuro y conoce tu pasado, y, aun así, te ama infinitamente y sabe que, con su Gracia, tú podrás hacer grandes cosas, siempre y cuando puedas quemar el pasado y dejarte conducir por Él hacia el futuro.
Así, con la mirada puesta en el Señor de la Historia, en mi Señor, podré decir libremente que Sí a su llamado y podré seguirlo sin ningún problema, porque sé en Quien he puesto mi confianza, no en mí sino en Él que me llamó y me pensó desde la eternidad.
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