lunes, 27 de junio de 2022

Sígueme

Comenzamos la semana con muy buenas lecturas (como siempre) para reflexionar sobre nuestras vidas.
La primera lectura nos habla de un Dios que siempre tiene en cuenta la Alianza que ha sellado con el Pueblo, pero un Pueblo que no recuerda o, mejor dicho, que muchas veces se olvida de la Alianza sellada y de lo que había dicho acerca de seguir siendo Fiel a Dios. Un Pueblo que, dos por tres, se va con otros dioses y se olvida de todo lo que el Señor ha hecho por ellos.
Y, aquí cabría decir: a quien le quepa el sayo que se lo ponga. Porque más de una vez nos olvidamos de que decimos ser cristianos, nos hacemos la señal de la Cruz más de una vez por día, y bla, bla, bla, pero cuando llega el momento de cargar nuestra cruz, de renunciar a nosotros mismos, de aceptar la Voluntad de Dios, ya no nos acordamos de la Alianza que hemos sellado con nuestro Dios y Señor, ya no nos acordamos de qué Padre tenemos y, no pocas veces, hasta renegamos de que Dios nos pida tal o cual cosa.
Teniendo en cuenta esta historia y nuestra debilidad (en la palabra dada) debe ser por lo que Jesús cuando comenzó a ver que la gente lo seguía, enseguida puso las cosas en claro. No dijo que si queríamos podíamos hacer tal o cual cosa para seguirlo, no, dijo que para seguirla habia que hacer tal cosa: "quien quiera venir detrás de mi, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame".
En esa misma línea leíamos el evangelio del domingo y de hoy lunes:
"Se le acercó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas».
Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
¿Por qué responde eso Jesús? Siguiendo con el Evangleiio de ayer, es porque ya se disponía a aceptar la Cruz, y su único lugar donde reclinaría su cabeza iba a ser el madero de la Cruz. Por eso ¿estás dispuesto a seguirme hasta la Cruz y dar tu vida por los hermanos?
"Otro, que era de los discípulos, le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre».
Jesús le replicó: «Tú, sígueme. Deja que los muertos entierren a sus muertos».
Siempre tenemos buenas excusas, y, muchas veces, muy santas e irroprochables, pero son excusas. Cuando no quiero hacer la Voluntad de Dios, siempre habrá alguna mosca que me fatidie para poder responder con prontitud. No te detengas a la hora de la respuesta a Dios, y, sobre todo, que tu ¡Sí! sea ¡Sí! y que tu NO sea NO, porque a los tibios los vomitaré de mi boca, dice el Señor.

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