jueves, 31 de marzo de 2022

Sobre la Pasión

De los Sermones de san León Magno, papa

    El que quiera venerar de verdad la pasión del Señor debe contemplar de tal manera, con los ojos de su corazón, a Jesús crucificado, que reconozca su propia carne en la carne de Jesús.
    Que tiemble la tierra por el suplicio de su Redentor, que se hiendan las rocas que son los corazones de los infieles y que salgan fuera, venciendo la mole que los abruma, los que se hallaban bajo el peso mortal del sepulcro. Que se aparezcan ahora también en la ciudad santa, es decir, en la Iglesia de Dios, como anuncio de la resurrección futura, y que lo que ha de tener lugar en los cuerpos se realice ya en los corazones.
    No hay enfermo a quien le sea negada la victoria de la cruz, ni hay nadie a quien no ayude la oración de Cristo. Pues si ésta fue de provecho para los que tanto se ensañaban con él, ¿cuánto más no lo será para los que se convierten a él?
    La ignorancia ha sido eliminada, la dificultad atemperada, y la sangre sagrada de Cristo ha apagado aquella espada de fuego que guardaba las fronteras de la vida.
La oscuridad de la antigua noche ha cedido el lugar a la luz verdadera.
    El pueblo cristiano es invitado a gozar de las riquezas del paraíso, y a todos los regenerados les ha quedado abierto el regreso a la patria perdida, a no ser que ellos
mismos se cierren aquel camino que pudo ser abierto por la fe de un ladrón.
    Procuremos ahora que la ansiedad y la soberbia de las cosas de esta vida presente no nos sean obstáculo para conformarnos de todo corazón a nuestro Redentor, siguiendo sus ejemplos. Nada hizo él ni padeció que no fuera por nuestra salvación, para que todo lo que de bueno hay en la cabeza lo posea también el cuerpo.
    En primer lugar, aquella asunción de nuestra substancia en la Divinidad, por la cual la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros, ¿a quién dejó excluido de su misericordia sino al que se resista a creer? ¿Y quién hay que no tenga una naturaleza común con la de Cristo, con tal de que reciba al que asumió la suya? ¿Y quién hay que no sea regenerado por el mismo Espíritu por el que él fue engendrado? Finalmente, ¿quién no reconoce en él su propia debilidad? ¿Quién no se da cuenta de que el hecho de tomar alimento, de entregarse al descanso del sueño, de haber experimentado la angustia y la tristeza, de haber derramado lágrimas de piedad es todo ello consecuencia de haber tomado la condición de siervo?
    Es que esta condición tenía que ser curada de sus antiguas heridas, purificada de la inmundicia del pecado; por eso el Hijo único de Dios se hizo también hijo del hombre, de modo que poseyó la condición humana en toda su realidad y la condición divina en toda su plenitud.
    Es, por tanto, algo nuestro aquel que yació exánime en el sepulcro, que resucitó al tercer día y que subió a la derecha del Padre en lo más alto de los cielos; de manera que, si avanzamos por el camino de sus mandamientos, si no nos avergonzamos de confesar todo lo que hizo por nuestra salvación en la humildad de su cuerpo, también nosotros tendremos parte en su gloria, ya que no puede dejar de cumplirse lo que prometió: A todo aquel que me reconozca ante los hombres lo reconoceré yo también ante mi Padre que está en los cielos.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Misericordia para los arrepentidos

De las Cartas de san Máximo Confesor, abad

    Los predicadores de la verdad y ministros de la gracia divina, todos los que desde el principio hasta nuestros días, cada uno en su tiempo, nos han dado a conocer la voluntad salvífica de Dios, nos enseñan que nada hay tan grato y querido por Dios como el hecho de que los hombres se conviertan a él con sincero arrepentimiento.
    Y, para inculcamos esto mismo de un modo aún más divino, la divina Palabra del Dios y Padre, aquel que es la primigenia y única revelación de la infinita bondad, con un rebajamiento y condescendencia inefables, se dignó convivir con nosotros, hecho uno de nosotros; e hizo, padeció y enseñó todo aquello que era necesario para que nosotros, que éramos enemigos y extranjeros, que estábamos privados de la vida feliz, fuéramos reconciliados con nuestro Dios y Padre y llamados de nuevo a la vida.
    En efecto, no sólo curó nuestras enfermedades con la fuerza de sus milagros, no sólo nos liberó de nuestros muchos y gravísimos pecados, cargando con la debilidad de nuestras pasiones y con el suplicio de la cruz -como si él lo mereciera, cuando en realidad estaba inmune de toda culpa-, con lo que saldó nuestra deuda, sino que nos enseñó también, con abundancia de doctrina, a imitarlo en su benignidad condescendiente y en su perfecta caridad para con todos.
    Por esto afirmaba: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Y también: No son los sanos los que tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Y decía también que él había venido a buscar a la oveja perdida. Y que había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Asimismo, insinúa de una manera velada, con la parábola de la dracma perdida, que él ha venido a restablecer en el hombre la imagen divina, cubierta por el repugnante estiércol de los vicios. Y también: Os aseguro que habrá en el cielo gran alegría por un pecador que se convierta.
    Con este fin, a aquel hombre que cayó en manos de los ladrones, que lo desnudaron, lo golpearon y se fueron dejándolo medio muerto, él lo reconfortó, vendándole las heridas, derramando en ellas aceite y vino, haciéndolo montar sobre su propia cabalgadura y acomodándolo en el mesón para que tuvieran cuidado. de él, dando para ello una cantidad de dinero y prometiendo al mesonero que, a la vuelta, le pagaría lo que gastase de más.
    Nos muestra también la condescendencia del buen padre para con el hijo pródigo que regresa arrepentido, al que abraza, al que devuelve plenamente sus prerrogativas de hijo, sin echarle en cara su conducta anterior.
    Por esto mismo, cuando encuentra a la oveja que se había apartado de las otras cien, errante por los montes y colinas, la devuelve al redil, no a golpes y con amenazas ni agotándola de fatiga, sino que, lleno de compasión, la carga sobre sus hombros y la vuelve al grupo de las demás.
    Por esto también clamaba: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. Y decía: Tomad sobre vosotros mi yugo, dando el nombre de yugo a sus mandamientos, esto es, a una vida ajustada a las enseñanzas evangélicas; y dándoles también el nombre de carga, ya que, por la penitencia, parecen algo pesado y molesto: Porque mi yugo -dice- es suave y mi carga ligera.
    Y en otro lugar, queriendo enseñamos la divina justicia y bondad, nos manda: Sed santos, perfectos, misericordiosos, como vuestro Padre celestial. Y también: Perdonad y seréis perdonados. Y: Cuanto queréis que os hagan los demás, hacédselo igualmente vosotros.

martes, 29 de marzo de 2022

Excelencia de la caridad

 De los Sermones de san León Magno, papa


    Dice el Señor en el evangelio de san Juan: En esto conocerán todos que sois discípulos míos, en que tenéis caridad unos con otros; y en la carta del mismo apóstol leemos: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios; quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
    Que cada uno de los fieles se examine, pues, a sí mismo, esforzándose en discernir sus más íntimos afectos; y, si descubre en su conciencia frutos de caridad, tenga por cierto que Dios está en él y procure hacerse más y más capaz de tan gran huésped, perseverando con más generosidad en las obras de misericordia.
    Pues, si Dios es amor, no podemos poner límite alguno a la caridad, ya que la Divinidad es infinita.
    Así pues, amadísimos, si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días cuaresmales nos invitan a ello de un modo más apremiante; si deseamos llegar a la Pascua santificados en el alma y en el cuerpo, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a todas las otras y cubre la multitud de los pecados.
    Por esto, ya que nos preparamos para celebrar aquel misterio que excede a todos los demás, en el que In sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, dispongámonos mediante el sacrificio espiritual de la misericordia, de tal manera que demos de lo que nosotros hemos recibido de la bondad divina, aun a los mismos que nos han ofendido.
    Que nuestra liberalidad para con los pobres y demás necesitados de cualquier clase sea en este tiempo más generosa, a fin de que sean más numerosos los que eleven hacia Dios su acción de gracias, y con nuestros ayunos remediemos el hambre de los indigentes. El acto de piedad más agradable a Dios es precisamente este dispendio en favor de los pobres, ya que en esta solicitud misericordiosa reconoce él la imagen de su propia bondad.
    Y no temamos la pobreza que nos pueda resultar de esta nuestra largueza, ya que la misma bondad es una gran riqueza y nunca puede faltamos con qué dar, pues Cristo mismo es quien da el alimento y quien lo recibe. En todo este asunto interviene la mano de aquel que al partir el pan lo aumenta y al repartirlo lo multiplica. Que el que distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría, ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá, como dice el apóstol san Pablo: Dios, que provee de semilla al sembrador y de pan para su alimento, os dará también a vosotros semilla en abundancia y multiplicará los frutos de vuestra justificación, en Cristo Jesús, nuestro Señor, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 28 de marzo de 2022

Excelencia de la caridad

 De los Sermones de san León Magno, papa


    Dice el Señor en el evangelio de san Juan: En esto conocerán todos que sois discípulos míos, en que tenéis caridad unos con otros; y en la carta del mismo apóstol leemos: Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios; quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
    Que cada uno de los fieles se examine, pues, a sí mismo, esforzándose en discernir sus más íntimos afectos; y, si descubre en su conciencia frutos de caridad, tenga por cierto que Dios está en él y procure hacerse más y más capaz de tan gran huésped, perseverando con más generosidad en las obras de misericordia.
    Pues, si Dios es amor, no podemos poner límite alguno a la caridad, ya que la Divinidad es infinita.
    Así pues, amadísimos, si bien todo tiempo es bueno para ejercitarse en la virtud de la caridad, estos días cuaresmales nos invitan a ello de un modo más apremiante; si deseamos llegar a la Pascua santificados en el alma y en el cuerpo, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a todas las otras y cubre la multitud de los pecados.
    Por esto, ya que nos preparamos para celebrar aquel misterio que excede a todos los demás, en el que In sangre de Jesucristo borró nuestras iniquidades, dispongámonos mediante el sacrificio espiritual de la misericordia, de tal manera que demos de lo que nosotros hemos recibido de la bondad divina, aun a los mismos que nos han ofendido.
    Que nuestra liberalidad para con los pobres y demás necesitados de cualquier clase sea en este tiempo más generosa, a fin de que sean más numerosos los que eleven hacia Dios su acción de gracias, y con nuestros ayunos remediemos el hambre de los indigentes. El acto de piedad más agradable a Dios es precisamente este dispendio en favor de los pobres, ya que en esta solicitud misericordiosa reconoce él la imagen de su propia bondad.
    Y no temamos la pobreza que nos pueda resultar de esta nuestra largueza, ya que la misma bondad es una gran riqueza y nunca puede faltamos con qué dar, pues Cristo mismo es quien da el alimento y quien lo recibe. En todo este asunto interviene la mano de aquel que al partir el pan lo aumenta y al repartirlo lo multiplica. Que el que distribuye limosnas lo haga con despreocupación y alegría, ya que, cuanto menos se reserve para sí, mayor será la ganancia que obtendrá, como dice el apóstol san Pablo: Dios, que provee de semilla al sembrador y de pan para su alimento, os dará también a vosotros semilla en abundancia y multiplicará los frutos de vuestra justificación, en Cristo Jesús, nuestro Señor, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 27 de marzo de 2022

El hijo mayor

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”
A veces nos damos cuenta de que podríamos haber hecho algo o dicho algo cuando otro lo dijo antes que yo, y, es ahí cuando surgen, esas envidias o celos que nos hacen separarnos de la verdad. El hijo mayor de la parábola tiene esos sentimientos de bronca interior por ver lo que hace su hermano menor, cosas que, quizás, al parecer, él mismo quería haber hecho, pero nunca se animó a hacerlas.
Es muy fácil quedarse como actor secundario para no tener que esforzarnos para hacer un gran papel, pero cuando vemos que otros son protagonistas ahí es cuando surge nuestro dilema: “yo podría haberlo hecho mejor”, o “¿qué tiene ese que no tenga yo?”
Es que somos, perdonadme la expresión, unos bichos muy raros, porque siempre tenemos algo de qué quejarnos, y, sobre todo, cuando no nos animamos a decir o hacer algo, siempre nos quejaremos por los que lo hacen. Y, lo peor, es que no sólo nos quedamos con los sentimientos dentro nuestro, sino que los vamos difundiendo a otros, pero con mucha cizaña, haciendo que los demás me apoyen en esa guerra contra mi hermano.
No nos dice el evangelio cuál fue la reacción del hijo mayor a las palabras de su padre, pero, seguramente, no debe haber sido una reacción fácil de asimilar. No siempre se nos hace fácil darnos cuenta de que nos hemos equivocado, y, más de una vez, nos quedamos con “la sangre en el ojo”, y por orgullo o vanidad o soberbia, damos media vuelta y nos alejamos sin convertir nuestra postura.
Por eso, en este tiempo de cuaresma, de reflexión, la liturgia nos invita mirarnos y espejarnos en estos dos hermanos, y descubrir cuál es nuestra postura frente a nuestros hermanos, descubrir si realmente estamos viviendo en comunidad, en unidad, buscando ser protagonistas de un verdadero cambio de actitud, si somos verdaderos protagonistas de ir formando un reino de personas que se aman, o, por nuestro pecado, somos sembradores de cizaña, de división, de enemistad entre hermanos, es decir somos los que vamos destruyendo la comunión porque no nos ha gustado alguien o, simplemente, porque no he tenido el valor de ser protagonista de algo y, por haber dejado ese lugar libre, otros lo fueron por mí.


 

sábado, 26 de marzo de 2022

Sirvamos a Cristo en los pobres

De las Disertaciones de san Gregario de Nacianzo, obispo

    Dichosos los misericordiosos -dice la Escritura-, porque ellos alcanzarán misericordia. La misericordia no es, ciertamente, la última de las bienaventuranzas. Y dice también el salmo: Dichoso el que cuida del pobre y desvalido. Y asimismo: Dichoso el que se apiada y presta. Y en otro lugar: El justo a diario se compadece y da prestado. Hagámonos, pues, dignos de estas bendiciones divinas.
Ni la misma noche ha de interrumpir el ejercicio de nuestra misericordia. No digas al prójimo: Anda, vete; mañana te lo daré. Que no haya solución de continuidad entre nuestra decisión y su cumplimiento. La beneficencia es lo único que no admite dilación.
    Parte tu pan con el que tiene hambre, da hospedaje a los pobres que no tienen techo, y ello con prontitud y alegría. Quien practique la misericordia -dice el Apóstol-, que lo haga con jovialidad; esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso. Hemos de alegramos en vez de entristecemos cuando prestamos algún beneficio. Si quitas las cadenas y la opresión, dice la Escritura, esto es, la avaricia y la reticencia, las dudas y palabras quejumbrosas, ¿qué resultará de ello? Algo grande y admirable. Una gran recompensa. Brillará tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana. ¿Y quién hay que no desee la luz y la salud?
    Por esto, si me juzgáis digno de alguna atención, siervos de Cristo, hermanos y coherederos suyos, visitemos a Cristo siempre que se presente la ocasión, alimentemos a Cristo, vistamos a Cristo, demos albergue a Cristo, honremos a Cristo, no sólo en la mesa, como Simón, ni sólo con ungüentos, como María, ni sólo en el sepulcro, como José de Arimatea, ni con lo necesario para la sepultura, como aquel que amaba a medias a Cristo, Nicodemo, ni, por último, con oro, incienso y mirra, como los Magos, sino que, ya que el Señor de todo quiere misericordia y no sacrificios, y ya que la compasión está por encima de la grasa de millares de carneros, démosela en la persona de los pobres y de los que están hoy echados en el polvo, para que, al salir de este mundo, nos reciban en las moradas eternas, por el mismo Cristo nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos. Amén.

viernes, 25 de marzo de 2022

El misterio de nuestra reconciliación

De las Cartas de san León Magno, papa

    La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.
    El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.
    Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nuestros pecados.
    Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo -por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales- fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.
    Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.
    En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible, el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.
    El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.
    Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.
    En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.
    La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

jueves, 24 de marzo de 2022

Dividimos el reino?

"Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino?"
Nuestras comunidades cristianas, si lo pensamos bien, tienen que ser figura o realidad del Reino de Dios en la tierra, pues eso es lo que rezamos constantemente: venga a nosotros tu Reino. Pero, la realidad es que no siempre (por no decir nunca) somos, las comunidades cristianas, reflejo del Reino de los Cielos, pues hemos dejado entrar en nuestras filas el espíritu del mundo, y en ellas vemos: envidias, celos, egoísmos, apetito de poder, y todas las pestes de egipto. Y así no somos un reino de personas que se aman, sino que somos pequeños grupos que buscan el domonio de su parcela y, muchas veces, divididos enseñan sus dientes unos contra otros.
Creemos, muchas veces, que no tenemos pecado y seguimos viviendo como si todos fuéramos ángeles, hasta que llegado el momento nos damos cuenta que nos dalen los colmillos de aquellos que no son tan ángeles de Dios, sino del príncipe de este mundo.
No, no somos aquellas comunidades que decía san Lucas en los Hechos de los apóstoles: "el grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común... Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alaban a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando".
Pero para llegar a esa realidad tenemos que saber convertir nuestro corazón, dejar de pensar en uno mismo y en mis cosas, y volver la mirada hacia la Voluntad de Dios. Porque, como dice el Señor en la primera lectura de hoy:
"Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy, os envié a mis siervos, los profetas, un día tras otro; pero no me escucharon ni me hicieron caso: Al contrario, endurecieron la cerviz y fueron peores que sus padres".
Nos quejamos, muchas veces, de lo que se ha vivido y de cómo otros han sembrado cizaña. Nos quejamos de cómo algunos abusan de su poder y no dejan que otros participen en las cosas de la comunidad. Nos quejamos de que hay quienes hablan demasiado de otros y critican todo el tiempo... Nos quejamos... Pero no hacemos nada para revertir la situación, y, en algunos casos, volvemos a caer en los mismos errores y en los mismos pecados que nos estamos quejando.
Por eso nos dice el Señor:
"Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Esta es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”.
Para pensar... reflexionar y convertirnos.

 

miércoles, 23 de marzo de 2022

Dichosos los limpios de corazón

Del Libro de san Teófilo de Antioquía, obispo, a Autólico

    Si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te responderé: «Muéstrame primero qué tal sea tu persona», y entonces te mostraré a mi Dios. Muéstrame primero los ojos de tu mente ven, si los oídos de tu corazón oyen.
    Del mismo modo, en efecto, que los que gozan de la visión corporal perciben lo que sucede aquí en la tierra y examinan las cosas opuestas entre sí -como son la luz y las tinieblas, lo blanco y lo negro, lo deforme y lo hermoso, lo proporcionado y lo que no lo es, lo mesurado y lo desmesurado, lo que rebasa sus límites y lo que es incompleto-, y lo mismo podemos decir con respecto a lo que es objeto de audición -los sonidos agudos, graves, agradables-, así también acontece con los oídos del corazón y los ojos de la mente, con respecto a la visión de Dios.
    Efectivamente, Dios se deja ver de los que son capaces de verlo, porque tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienen bañados en tinieblas y no pueden ver la luz del sol. Y no porque los ciegos no la vean deja por eso de brillar la luz solar, sino que ha de atribuirse esta oscuridad a su defecto de visión. Así tú tienes los ojos entenebrecidos por tus pecados y malas acciones.
    El alma del hombre debe ser nítida como un espejo reluciente. Cuando en un espejo hay herrumbre, no puede el hombre contemplar en él su rostro; del mismo modo, cuando hay pecado en el hombre, no puede éste ver a Dios. Pero, si quieres, puedes sanar; confíate al médico y él punzará los ojos de tu mente y de tu corazón. ¿Quién es este médico? Dios, que por su Palabra y sabiduría creó todas las cosas, ya que, como dice el salmo: La Palabra del Señor hizo el cielo; el Aliento de su boca, sus ejércitos. Eminente es su sabiduría. Con ella fundó Dios la tierra; con su inteligencia consolidó los cielos, con su ciencia brotaron los abismos y las nubes destilaron rocío.
    Si eres capaz, oh hombre, de entender todo esto y procuras vivir de un modo puro, santo y piadoso, podrás ver a Dios; pero es condición previa que haya en tu corazón la fe y el temor de Dios, para llegar a entender estas cosas. Cuando te hayas despojado de tu condición mortal y hayas revestido la inmortalidad, entonces estarás en disposición de ver a Dios. Porque Dios resucitará tu cuerpo, haciéndolo inmortal como el alma, y entonces, hecho tú inmortal, podrás contemplar al que es inmortal, si ahora crees en él.

martes, 22 de marzo de 2022

Lo que pide la oración...

De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo

    Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra.
    El ayuno es el alma de la oración, la misericordia es lo que da vida al ayuno. Nadie intente separar estas cosas, pues son inseparables. El que sólo practica' una de ellas, o no las practica simultáneamente, es como si nada hiciese. Por tanto, el que ora que ayune también, el que ayuna que practique asimismo la misericordia. Quien desea ser escuchado en sus oraciones que escuche él también a quien le pide, pues el que no cierra sus oídos a las peticiones del que le suplica abre los de Dios a sus propias peticiones.
    El que ayuna que procure entender el sentido del ayuno: que se haga sensible al hambre de los demás, si quiere que Dios sea sensible a la suya; si espera alcanzar misericordia, que él también la tenga; si espera piedad, que él también la practique; si espera obtener favores de Dios, que él también sea dadivoso. Es un mal solicitante el que espera obtener para sí lo que él niega a los demás.
    Hombre, sé para ti mismo la medida de la misericordia; de este modo, alcanzarás misericordia del modo que quieras, en la medida que quieras, con la presteza que quieras; tan sólo es necesario que tú te compadezcas de los demás con la misma presteza y del mismo modo.
    Hagamos, por consiguiente, que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas.
    Reconquistemos con nuestro ayuno lo que perdimos por no saberlo apreciar; inmolemos con el ayuno nuestras almas, ya que éste es el mejor sacrificio que podemos ofrecer a Dios, como atestigua el salmo: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
    Hombre, ofrece a Dios tu alma, ofrécele el sacrificio del ayuno, para que sea una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que, sin salirse de ti mismo, sea ofrecida a Dios. No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo.
    Mas, para que esto sea acepto a Dios, al ayuno debe acompañar la misericordia; el ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.
    Tú que ayunas, sabe que tu campo, si está en ayunas de misericordia, ayuna él también; en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros. Mira, por tanto, que no salgas perdiendo, por querer guardar para ti, antes procura recolectar a largo plazo; al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.
 

lunes, 21 de marzo de 2022

Imitemos la bondad de Dios

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo

    Reconoce de dónde te viene la existencia, el aliento, la inteligencia y el saber, y, lo que es más aún, el conocimiento de Dios, la esperanza del reino de los cielos, la contemplación de la gloria (ahora, es verdad, como en un espejo y confusamente, pero después de un modo pleno y perfecto), el ser hijo de Dios, el ser coheredero de Cristo y, para decirlo con toda audacia, el haber sido incluso hecho dios. ¿De dónde y de quién te viene todo esto?
    Y, para enumerar también estas cosas menos importantes y que están a la vista, ¿por gracia de quién contemplas la hermosura del cielo, el recorrido del sol, la órbita de la luna, la multitud de las estrellas y el orden y concierto que en todo esto brilla, como en las cuerdas de una lira? ¿Quién te ha dado la lluvia, el cultivo de los campos, la comida, las diversas artes, el lugar para habitar, las leyes, la vida social, una vida llevadera y civilizada, la amistad y la familiaridad con los que están unidos a ti por vínculos de parentesco?
    ¿De dónde te viene que, entre los animales, unos te sean mansos y dóciles, y otros estén destinados a servirte de alimento?
    ¿Quién te ha constituido amo y rey de todo lo que hay sobre la tierra?
    ¿Quién, para no recordar una por una todas las cosas, te ha dado todo aquello que te hace superior a los demás seres animados?
    ¿No es verdad que todo esto procede de Dios, el cual te pide ahora, en justa retribución, tu benignidad, por encima de todo y en favor de todo? ¿Es que no nos avergonzaremos, después que de él hemos recibido y esperamos recibir tanto, de negarle incluso esto: la benignidad? Él, aun siendo Dios y Señor, no se avergüenza de llamarse Padre nuestro, y nosotros ¿nos cerraremos a los que son de nuestra misma condición?
    No, hermanos y amigos míos, no seamos malos administradores de los bienes que Dios nos ha regalado, no nos hagamos acreedores a la reprensión de Pedro: Avergonzaos, los que retenéis lo ajeno, esforzaos en imitar la equidad de Dios, y así nadie será pobre.
    No pongamos nuestro afán en reunir y conservar riquezas, mientras otros padecen necesidad, no sea que nos alcancen las duras y amenazadoras palabras del profeta Amós, cuando dice: Escuchad, los que decís: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?»
    Imitemos aquella suprema y primera ley de Dios, según la cual hace llover sobre justos y pecadores, y hace salir el sol igualmente para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a plena disposición de los animales terrestres, el aire a disposición de las aves, el agua a disposición de los animales acuáticos; y que ha dado a todos con abundancia lo que necesitan para subsistir, sin estar en esto sujetos al dominio de nadie, sin ninguna ley que ponga limitaciones, sin límites ni fronteras; sino que lo ha puesto todo en común, con amplitud y abundancia, sin que por ello falte nunca de nada. Y esto lo hizo para hacer resaltar, con la igualdad del don, la igual dignidad de toda la naturaleza y para manifestar las riquezas de su benignidad.
 

domingo, 20 de marzo de 2022

Os digo que no...

 

O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».

Creemos, erróneamente, muchas veces, que somos mejores que los demás, y, por eso, nos permitimos juzgar y condenar. Y no sólo nos quedamos con los pensamientos sobre ellos, sino que también los transmitimos como si fuera un programa de televisión de la prensa rosa y cotillera. ¿No sabemos acaso que nuestras palabras también nos condenan? ¿Cómo decimos en el acto de contrición: “he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión”?
Pues sí, nuestras palabras nos condenan, y no sólo que seremos juzgados, sino que seremos juzgados con la misma vara con que juzgamos y condenamos a los demás. Lamentablemente nos hemos acostumbrado a que no nos preocupa la fama de los demás, perdón, en realidad nos preocupa la fama de los demás para poder cotillear y, más de una vez, denigrar a quien creemos que merece nuestra condena.
“Os digo que no, y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”, y no son palabras mías, las vuelvo a copiar para que no se nos olvide, son Palabras de Jesús, de Dios. ¿Nos vamos enterando?
¿Cómo podremos construir un reino de personas que se aman si no nos amamos? “Si amas a quien te ama ¿qué mérito tenéis? Eso también lo hacen los publicanos”, dice el Señor, “yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced el bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen”, a lo que yo (con permiso del Señor) agregaría: amad a quien no te gusta, haced el bien a quien aborreces, bendice a quien no te agrada, y, sobre todo, pide perdón a quien has ofendido con tus palabras.
¿No rezamos acaso: “venga a nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo”? Y ¿cuál es la voluntad de Dios? ¿Qué nos andemos sacando los ojos porque fulanito tiene este carácter, porque aquél no se qué cosa, porque el otro tal…? ¿Qué clase de comunidad cristiana estamos formando? ¿Qué Reino de Dios estamos construyendo? ¿Pueden decir los que no creen: ¡mirad cómo se aman!?
Me parece que en este tiempo de cuaresma somos muchos los que tenemos que poner nuestras barbas en remojo y quitarnos la soberbia de creernos mejores que los demás, y, sobre todo, saber que el perdón solo llega cuando somos capaces de pedirlo a quienes hemos ofendido.O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».


 

sábado, 19 de marzo de 2022

Fiel cuidador y guardián

De los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

    Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida, y que la adornan con profusión.
    Ello se realizó de un modo eminente en la persona de san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los ángeles, que fue elegido por el Padre eterno como fiel cuidador y guardián de sus más preciados tesoros, a saber, de su Hijo y de su esposa; cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el Señor le dice: Bien, siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.
    Si miramos la relación que tiene José con toda la Iglesia, ¿no es éste el hombre especialmente elegido, por el cual y bajo el cual Cristo fue introducido en el mundo de un modo regular y honesto? Por tanto, si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a san José, después de ella, una especial gratitud y reverencia.
    Él, en efecto, cierra el antiguo Testamento, ya que en él la dignidad patriarcal y profética alcanza el fruto prometido. Además, él es el único que poseyó corporalmente lo que la condescendencia divina había prometido a los patriarcas y a los profetas.
    Hemos de suponer, sin duda alguna, que aquella misma familiaridad, respeto y altísima dignidad que Cristo tributó a José mientras vivía aquí en la tierra, como un hijo con su padre, no se la ha negado en el cielo; al contrario, la ha colmado y consumado.
    Por esto, no sin razón añade el Señor: Pasa al banquete de tu Señor. Pues, aunque el gozo festivo de la felicidad eterna entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decide: Pasa al banquete, para insinuar de un modo misterioso que este gozo festivo no sólo se halla dentro de él, sino que lo rodea y absorbe por todas partes, y que está sumergido en él como en un abismo infinito.
    Acuérdate, pues, de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tus oraciones ante tu Hijo; haz también que sea propicia a nosotros la santísima Virgen, tu esposa, que es madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por siglos infinitos. Amén.

viernes, 18 de marzo de 2022

La Alianza del Señor

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

    Moisés, en el Deuteronomio, dice al pueblo: El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb; no hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros. ¿Por qué no hizo la alianza con los padres? Porque la ley no fue instituida para los justos; los padres, en efecto, eran justos y tenían escrito en su interior el contenido del decálogo, amando a Dios, su Creador, y absteniéndose de toda injusticia contra el prójimo; por esto no necesitaron la conminación de una ley escrita, ya que llevaban en su corazón los mandatos de la ley.
    Pero al caer en olvido y extinguirse la justicia y el amor de Dios, durante la permanencia en Egipto, fue necesario que Dios, por su gran benevolencia hacia los hombres, se manifestara a sí mismo de palabra.
    Con su poder sacó al pueblo de Egipto, para que el hombre volviera a ser discípulo y seguidor de Dios; y lo atemorizó con su palabra, para que no despreciara a su Hacedor.
    Lo alimentó con el maná, alimento espiritual, como dice también Moisés en el Deuteronomio: Te alimentó con el maná, que no conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo se vive de pan, sino de cuanto sale de la boca de Dios.
    Además, le ordenó el amor de Dios y la justicia para con el prójimo, para que no fuese injusto ni indigno de Dios, disponiendo así al hombre, por medio del decálogo, para su amistad y la concordia con el prójimo; todo ello en provecho del hombre, ya que Dios ninguna necesidad tiene del hombre.
    Todo esto contribuía a la gloria del hombre, otorgándole la amistad con Dios, de la que estaba privado, sin que nada añadiera a Dios, ya que él no necesita del amor del hombre.
    El hombre, en cambio, se hallaba privado de la gloria de Dios, que sólo podía obtener por la sumisión a él. Por esto Moisés decía también al pueblo: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra.
    Y, queriendo disponer al hombre para esta vida, el Señor promulgó por sí mismo el decálogo, para todos sin distinción; y, con su venida en carne, este decálogo no fue abolido, sino que sigue en vigor, completado y aumentado. En cambio, no promulgó por sí mismo al pueblo los preceptos que implican servidumbre, sino que los promulgó por boca de Moisés, como afirma el mismo Moisés: En aquella ocasión el Señor me mandó que os enseñara, mandatos y decretos.
    Aquellos preceptos, pues, que implicaban servidumbre y tenían el carácter de signo fueron eliminados por el nuevo Testamento de libertad; en cambio, los que eran de ley natural, liberadores y comunes a todo .hombre, los completó y perfeccionó, dando a los hombres, con suma liberalidad y largueza, el conocimiento de Dios como Padre adoptivo, para que lo amasen de todo corazón y siguieran al que es su Palabra sin desviarse.
 

jueves, 17 de marzo de 2022

Ten cuidado con tu corazón

 

"Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce?
Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones".
El Padre Efraín, mi formador, siempre nos decía que teníamos que aprender a desconfiar de nosotros mismos porque, como dice la Escritura: "nada hay más falso y enfermo que el corazón" del hombre, pues por el pecado original hemos quedado heridos y, aunque en el Bautismo nos hemos liberado de él, nos ha quedado, como dice San Pablo, "una espina del pecado". Por eso mismo, Jesús, cuando nos invitó a seguirlo nos dijo que "renunciáramos a nosotros mismos", a nuestra manera de pensar, porque nuestro pensar siempre estará viciado por ese pecado que, en cada uno, se manifiesta de forma diferente.
Lo peor es que, muchos, no somos capaces de reconocer nuestros pecados y los erroes a los que nos lleva nuestro propio corazón. Creemos que hacemos lo mejor porque es lo que hemos pensado y la lógica humana nos garantiza que es así, pero no nos damos cuenta que dentro de esa lógica no he dejado entrar la Voluntad de Dios, al Espíritu del Señor. Así, por no aceptar o reconocer que me equivoco, voy haciendo daño a mis hermanos, voy sembrando la cizaña, la mentira y el error, creyendo que estoy haciendo el bien, y, aunque vengan a decirme que eso es obra de mi pecado y de Satanás que se ha encargado de reactivarlo, no lo creo, porque pienso que son los demás quienes no comprenden lo que estoy haciendo.
Y es ahí donde tengo que tener en cuenta aquello que me dijo Jesús: "más le valdría que le atasen una piedra de moler al cuello y lo echen al mar antes de escandalizar a uno de estos mis pequeños hermanos".
Y siguiendo en esta línea, Efraín nos decía: "desterrar de vuestros labios el 'yo creía, yo pensaba, me parecía'", porque tenemos que buscar en todo momento cuál es la Voluntad de Dios y no nuestro parecer. Quizás, nuestro parecer sea conforme al querer de Dios, pero ¿lo ha reflexiionado? ¿Lo he consultado? ¿Con quien lo he consultado, con quien me da siempre la razón o con quien me hace ver la Verdad del Evangelio?
Cuando hemos aceptado el Camino de Jesús ya no somos sólo nosotros quienes lo recorremos, sino que somos modelo y testigos para los que vienen detrás nuestro y nos miran y observan cómo actuamos. ¿Seremos quizás ciegos que guían a ciegos?
Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.

miércoles, 16 de marzo de 2022

No sea así entre ustedes

"Ellos dijeron:
«Venga, tramemos un plan contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta. Venga vamos a hablar mal de él y no hagamos caso de sus oráculos».
Siempre que la verdad o que otra persona comienza a hacerme sombra o a desvelar mis ocultas pretensiones, entonces, surge la idea de acabar con esa persona. No importa si lo que está diciendo es verdad, si lo que está haciendo está bien, lo importante es que me molesta, que pueda quitarme el lugar y el poder, entonces hay que comenzar a cuchichear y levantar falsos testimonios para poder quitárnoslo de en medio.
La mentira, la maldad, la vanidad, el orgullo, en fin, la miseria humana siempre va a luchar con uñas y dientes para no salir de este mundo, pues el Príncipe de este mundo se va metiendo entre nuestras vidas y nos va hacienndo jugar en su bando.
Y, cuando la Luz llega hay que apagarla para que podamos seguir viviendo en tinieblas, donde todo es lo mismo y donde ya no se sabe qué es verdad y qué es mentira, que está bien y qué está mal.
Pero Dios Padre desde la hipocresía y la maldad de la gente ha sacado lo mejor para nuestras vidas, pues utilizó esa maldad para poder cumplir el Plan que había proyectado desde el principio, y "llegada la hora" su Hijo aceptó Su Voluntad y nos salvó.
«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará».
No es el camino que nos hubiera gustado recorrer, pero es el Camino que el Padre eligió para salvarnos, porque ante la desobediencia de Adán y Eva, el Hijo tuvo que ser obediente hasta la muerte y muerte en cruz, y así fuimos salvados. Sabiendo que, a pesar de su Espíritu, la espina del pecado sigue clavada en nuestra alma y siempre se servirá de ella Satanás para hacernos caer en los mismos errores que hicieron a los hombres dar muerte al Señor.
Por eso mismo Jesús les dice a los apóstoles, frente a las discusiones que venían teniendo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».
Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia...

 

martes, 15 de marzo de 2022

Conversión cuaresmal

 

"Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones.
Dejad de hacer el mal, aprended a hacer el bien.
Buscad la justicia, socorred al oprimid, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda.
Venid entonces, y discutiremos - dice el Señor -.
Aunque vuestros pecados sean como escarlata, quedarán blancos como nieve; aunque sean rojos como la púrpura, quedarán como lana".
¿Qué es lo que nos pide el Señor en el tiempo de Cuaresma? Una revisión profunda de nuestra vida, de nuestros actos, de nuestras decisiones, de nuestra forma de pensar y, por supuesto, en definitiva, de nuestra forma de vivir todos los días.
¿Por qué? Porque se nos van "pegando" a nuestra vida los pensamientos y el estilo de vida del mundo, nos van haciendo creer que todo está bien, y, que lo que hagas si tú crees que es bueno, está bien hecho. Y así nos van alejando de la Voluntad de Dios, de sus mandamientos y consejos evangélicos.
"Estáis en el mundo pero no sois del mundo", nos advirtió Jesús en la Última Cena, pero no nos damos cuenta que cada día que pasa nos vamos haciendo más mundanos, vamos dejando de lado la Ley de Dios y nos hacemos testigos veraces de las ideologías del mundo, aceptando todo lo que el mundo nos propone porque nos dice que hay que "modernizarse", y así dejamos de lado el Evangelio.
Por eso tiempo de cuaresma es un tiempo de reflexión, pero reflexión sinvera y veraz. Sincera porque me sincero con Dios y conmigo mismo, pues de otra forma no es posible la reconciliación y la renovación interior. Y veraz porque busco al Verdad, y no mi verdad o la verdad del mundo, sino que busco la Verdad y la Verdad es Cristo, su Vida es la Verdad. Y así puedo ver si mi vida, lo que estoy viviendo, lo que el mundo me ha dicho que viva es la vida que Jesús hubiera llevado, si Él se hubiera hecho eco de las idologías modernas y de la forma de vivir de este mundo que, cada día, va denigrando más al hombre y dejándolo sin sentido para vivir.
Nos nos damos cuenta pero en realidad es el mundo quien ha comprado nuestra libertad y nos ha hecho esclavos de sus ideologías, dejando de lado la opción de ser originales con nuestra vida, y convirtiendonos en fotocopias de otras vidas que nos parecen, a simple vista, las mejores vidas pues tienen todo lo que mundo aspira: fama, dinero, poder. Sin embargo no tienen lo que Dios nos da...

lunes, 14 de marzo de 2022

Moisés y Cristo

De las Catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo

    Los judíos vieron maravillas; también tú las verás, y más grandes y sorprendentes que cuando los judíos salieron de Egipto. Tú no viste sumergirse al Faraón con su ejército, pero has visto al diablo con todo su poder cubierto por las olas. Los judíos atravesaron el mar Rojo; tú has atravesado ,el dominio de la muerte. Ellos fueron liberados de Egipto; tú has sido liberado de los demonios. Los judíos escaparon de la esclavitud en país extranjero; tú has escapado de la esclavitud, mucho más triste, del pecado.
    ¿Quieres aún más pruebas de que has sido honrado con dones mayores? Los judíos, entonces, no pudieron contemplar el rostro glorificado de Moisés, a pesar de que era consiervo y congénere suyo; tú, en cambio, has contemplado la gloria del rostro de Cristo. Y el apóstol Pablo afirma: Todos nosotros reflejamos como en un espejo en nuestro rostro descubierto la gloria del Señor.
    Ellos tenían entonces a Cristo que los seguía; pero, de un modo mucho más real, nos sigue ahora a nosotros. Pues entonces el Señor los acompañaba en atención a Moisés, pero ahora os acompaña no sólo en atención a Moisés, sino por vuestra obediencia. Ellos, al salir de Egipto, encontraron el desierto; tú, al salir de este mundo, encontrarás el cielo. Ellos tuvieron como guía e ilustre caudillo a Moisés; pero nosotros tenemos como guía y caudillo al otro Moisés, que es Dios mismo.
    ¿Cuál fue la nota distintiva del primer Moisés? Moisés -dice la Escritura- era el hombre más humilde del mundo. Esta característica se la podemos atribuir, sin temor a equivocarnos, a nuestro Moisés, ya que en él moraba íntima y consubstancial mente el Espíritu suavísimo. Entonces, Moisés, alzando las manos al cielo, hacía caer el maná, pan de ángeles; nuestro Moisés alza las manos al cielo y nos proporciona el alimento eterno. Aquél golpeó la roca e hizo salir torrentes de agua; éste toca la mesa, golpea la mesa espiritual y hace manar las fuentes del Espíritu. Por esto la mesa está situada en medio, cual una fuente, para que los rebaños acudan a la fuente desde todo lugar y beban de sus aguas salvadoras.
    Disponiendo, pues, de una fuente tal, de una mesa abastecida con tal abundancia de alimentos de toda clase, de tanta abundancia de bienes espirituales, acerquémonos con un corazón sincero y una conciencia pura, para que alcancemos gracia y misericordia en el tiempo oportuno: la gracia y la misericordia del Hijo único, nuestro Señor y salvador Jesucristo, por el cual y con el cual sea la gloria, el honor y el poder al Padre y al Espíritu dador de vida, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 13 de marzo de 2022

Qué bien estamos aquí!

Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
«Maestro ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Siempre me ha gustado mucho este pasaje de la transfiguración del Señor, pues me imagino el gozo inmenso que tendrían los apóstoles al ver a Jesús divinizado, percibir en su propia piel la Verdad de un Dios con nosotros, pues eso fue la transfiguración: Jesús se mostró como Dios frente a los apóstoles, para adelantarles lo que después de su resurrección comprenderían.
Es la misma experiencia que el Señor quiere regalarnos cuando nos ponemos frente a Él, ya sea ante el Sagrario o en la Exposición del Santísimo Sacramento. Es cierto que no podemos llegar a verlo como los vieron los apóstoles, pero nuestra fe nos ayuda a descubrir su Presencia Viva y Real, una Presencia que nos habla desde el silencio y nos revela, si lo dejamos, los misterios de su Corazón, y, como a los apóstoles nos inunda el deseo de permanecer siempre ahí, junto a Él, en una experiencia que sólo el corazón del que Ama pueda sentir, pero que no se puede expresar con palabras humanas, pues su Presencia en nuestro corazón es inexplicable, pero necesaria.
Hay una oración de Santo Tomás de Aquino al Santísimo Sacramento que dice: “en la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido”. Y así es, aunque nuestros ojos ven una cosa, nuestro corazón experimenta otra, porque gracias al Don de la Fe y la Luz del Espíritu podemos sentirnos y sentarnos frente al Señor y comenzar un diálogo de corazón a Corazón, para que Él reciba todo lo que hay en el mío y yo pueda recibir todo lo que hay en el de Él, para que me purifique, renueve y fortalezca para poder, después, volver a la vida diaria y, como le dijo el Señor a Pedro: confirmar a mis hermanos en la Fe, en el Amor y la Esperanza.
En realidad debemos sentirnos afortunados por que se nos ha dado el Don de la Fe, la gracia de poder tener a un Dios cercano, Vivo y Real, que está siempre pendiente de nosotros, aún cuando nosotros no estemos pendientes de Él, pero que cuando lo dejamos entrar en nuestras vidas, Él se encarga de transformarlos, pues siempre quiere que “subamos” al Monte de la Transfiguración para que no sólo experimentemos su cercanía, sino que escuchando Su Voz podamos vivir Su Voluntad para nuestras vidas.


 

sábado, 12 de marzo de 2022

No sólo buenos, santos

Dios no nos ha obligado a seguirlo, ni nos obliga a creerle, ni nos obliga a cumplir su voluntad, sino que Él nos ha invitado a elegirlo o a seguirlo, y somos nosotros los que hemos dicho que sí (bueno, eso es lo que supongo) Por eso, ya en el Antiguo Testamento, cuando le hizo esa misma invitación al Pueblo de Israel, el Pueblo dijo que Si sería su Dios y ellos su Pueblo, por eso Dios les dice:
"Hoy has elegido al Señor para que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos".
Porque hemos decidido seguirlo, sabiendo las consecuencias de la decisión tomada, es que Él nos dice: bueno, ahora ajustaros el cinturón y vivid de acuerdo a lo que os mando, porque Quien sabe el Camino que es mejor recorrer soy YO porque YO lo he diseñado para que alcancéis la plenitud y la vida eterna.
Lo mismo hizo Jesús, no nos obligó a seguirlo, sino que nos invitó a seguirlo, nos hizo una propuesta: "si alguien quiere venir en pos de mí...", si alguien significa que no nos obliga, sino que lo da como posibilidad.
Y nosotros hemos dicho que ¡sí! queremos seguirte, pues bien, "YO soy el Camino, nadie va al Padre sino por mí". Y ahí está el Camino, su Vida es el Camino, y lo que Él nos dice no es sugerencia para quienes hemos decidio seguirlo, sino que es la condición sin la cual no podremos seguirlo, o diremos que lo seguimos pero vivimos otra cosa que no es Su Vida.
Y en este seguirlo no quiere que seamos como todos los demás que se conforman con lo mediocre, sino que quiere que alcancemos la perfección, pero no la perfección humana, sino la perfección divina, pues tenemos el Espíritu del Hijo que nos hace hijos, por lo tanto, la perfección es en el amor. Y así nos los dice:
«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».
No sólo bueno, ¡santos e irroprochables por el amor!

 

viernes, 11 de marzo de 2022

Una caricatura

"Insistís: "No es justo el proceder del Señor." Escuchad, casa de Israel: ¿Es injusto mi proceder?, ¿No es más bien vuestro proceder el que es injusto?".
Esta es la respuesta que me surge cuando me dice: "Y ¿qué hace Dios con estas cosas como la guerra, por qué no actúa?"
Y Dios nos ha dado la libertad para que vivamos y no nos la quitará. ¿Es culpa de Dios la guerra, el hambre, la desnudez, las injusticias...? O ¿no es culpa nuestra que no hemos sabido vivir como hermanos? Nuestros egoísmos, vanidad, soberbia, apetito de poder, y todos las plagas de Egipto que llevamos dentro nuestro, ¿no serán acaso las que provocan tanto desmadre en el mundo?
¿Podría Dios enviar otro diluvio universal y destruirnos a todos para volver a hacer una nueva humanidad?
En realidad ya lo envió y volvimos a hacer lo mismo. Envió a Su Hijo al Mundo para enseñarnos a vivir y seguimos haciendo lo mismo.
Incluso los que nos decimos muy cristianos seguimos haciendo lo mismo, porque nos creemos los mejores y no lo somos, porque nos creemos justos y no lo somos, porque nos erigimos en jueces y verdugos y no lo somos.
Por eso el Señor nos dice:
"Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá".
Es tiempo de recapacitar. No es tiempo de echarle las culpas a nadie sino que nos miremos y reconozcamos nuestros errores y pecados, y, así, con la Gracia de la Reconciliación, podamos volver a empezar y a vivir como hermanos que somos. No bastan sólo algunos esbozos de solidaridad para ser hermanos, sino que en el día a día vamos a descubrir si, realmente, somos lo que decimos ser, o somos simplemente una caricatura de lo que debemos ser.

 

jueves, 10 de marzo de 2022

Imitemos al Señor en su manera de apacentar

De las Homilías de san Asterio de Amasea, obispo

    Si queréis asemejaras a Dios, puesto que habéis sido hechos a su imagen, imitad su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, nombre que en sí mismo implica la bondad, imitad el amor de Cristo.
    Considerad las riquezas de su bondad, ya que, queriendo venir a los hombres haciéndose él mismo hombre, envió ante sí a Juan, como pregonero y ejemplo de penitencia, y, antes de Juan, a todos los profetas, los cuales exhortaban a los hombres a que se arrepintieran, a que volvieran a la vida, a que se enmendaran.
    Luego, al venir él en persona, clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. ¿Y cómo acogió a los que hicieron caso de esta invitación? Les concedió sin dificultad el perdón de sus pecados, al momento los libró de todo aquello que los agobiaba: el Hijo los santificó, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo fue sepultado en el agua bautismal y el hombre nuevo, regenerado, resplandeció por la gracia.
    ¿Qué se siguió de ahí? El que antes era enemigo se convirtió en amigo, el que era un extraño en hijo, el que era profano en sagrado y santo.
    Imitemos el estilo del Señor en su manera de apacentar; meditemos los evangelios y, viendo en ellos, como en un espejo, su ejemplo de diligencia y benignidad, aprenderemos a fondo estas virtudes.
    En ellos, en efecto, encontramos descrito, con un lenguaje parabólico y misterioso, a un hombre, pastor de cien ovejas, el cual, cuando una de las cien se separó del rebaño e iba errando descarriada, no se quedó con las demás que continuaban paciendo ordenadamente, sino que se marchó a buscar a la descarriada, atravesando valles y desfiladeros, subiendo montes altos y escarpados, pasando por desiertos, y así le fue siguiendo la pista con gran fatiga, hasta que la halló errante.
    Una vez hallada, no le dio de azotes, ni la hizo volver con prisas y a empujones al rebaño, sino que la cargó sobre sus hombros y, tratándola suavemente, la llevó al rebaño, con una alegría mayor por aquella sola que había encontrado. que por la muchedumbre de las demás. Reflexionemos sobre el significado de este hecho, envuelto en la oscuridad de una semejanza. Esta oveja y este pastor no significan simplemente una oveja y un pastor cualquiera, sino algo más profundo.
    En estos ejemplos se esconde una enseñanza sagrada. En ellos se nos advierte que no tengamos nunca a nadie por perdido sin remedio y que, cuando alguien se halle en peligro, no seamos negligentes o remisos en prestarle ayuda, sino que a los que se han desviado de la recta conducta los volvamos al buen camino, nos alegremos de su vuelta y los agreguemos a la muchedumbre de los que viven recta y piadosamente.

miércoles, 9 de marzo de 2022

Habeis oído que se dijo

"Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
Somos muy duros de corazón para entender que Dios nos llama a la conversión verdadera. Sí, a una verdadera conversión. Pero ¡si yo no tengo nada de qué convertirme! Es porque no escucho el Evangelio, porque si lo escuchara y dejara que la Palabra llegará a mi corazón, entonces sabría de qué convertirme.
No somos pocos los que ignoramos la Ley del Amor del Evangelio, el Mandamiento del Amor que nos dio Jesús, y, por eso, hacemos oídos sordos a esa Ley, pues es la más difícil de vivir. Y así nos escudamos en que los 10 mandamientos están cumplidos, pero no están vividos como nos lo pidió Jesús. Porque Jesús nos dijo:
"Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la gehenna del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la gehenna. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la gehenna..."
Os daís cuenta, no es sólo cumplir un mandamiento, sino vivirlo en plenitud como nos lo mandó Jesús, para eso hemos aceptado el Camino del cristianismo, para vivir el Evangelio, no para quedarnos estancados en el Antiguo Testamento:
"Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
"No he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud", dijo Jesús, y así es como lo tenemos que intentar vivir, pero no quedarnos en las buenas intenciones, sino que, con la ayuda de la oración, la limosna y el ayuda, recibiendo la Gracia del Espíritu Santo, poder alcanzar la perfección.