lunes, 28 de febrero de 2022

Renacemos del agua y del Espíritu Santo

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios.

    ¿Qué es lo que viste en el bautisterio? Agua, desde luego, pero no sólo agua; viste también a los diáconos ejerciendo su ministerio, al obispo haciendo las preguntas de ritual y santificando. El Apóstol te enseñó, lo primero de todo, que no hemos de fijarnos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Pues, como leemos en otro lugar, desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad, son conocidos mediante las obras. Por esto dice el Señor en persona: Si no me creéis a mí, creed a las obras. Cree, pues, que está allí presente la divinidad. ¿Vas a creer en su actuación y no en su presencia? ¿De dónde vendría esta actuación sin su previa presencia?
    Considera también cuán antiguo sea este misterio, pues fue prefigurado en el mismo origen del mundo. Ya en el principio, cuando hizo Dios el cielo y la tierra, el espíritu -leemos- se cernía sobre las aguas. Y si se cernía es porque obraba. El salmista nos da a conocer esta actuación del espíritu en la creación del mundo, cuando dice: La palabra del Señor hizo el cielo; el espíritu de su boca, sus ejércitos. Ambas cosas, esto es, que se cernía y que actuaba, son atestiguadas por la palabra profética. Que se cernía, lo afirma el autor del Génesis; que actuaba, el salmista.
    Tenemos aún otro testimonio. Toda carne se había corrompido por sus iniquidades. No permanecerá mi espíritu en el hombre -dijo Dios- porque no es más que carne. Con las cuales palabras demostró que la gracia espiritual era incompatible con la inmundicia carnal y la mancha del pecado grave. Por esto, queriendo Dios reparar su obra, envió el diluvio y mandó al justo Noé que subiera al arca. Cuando menguaron las aguas del diluvio, soltó primero un cuervo, el cual no volvió, y después una paloma que, según leemos, volvió con una rana de olivo. Ves cómo se menciona el agua, el leño, la paloma, ¿y aún dudas del misterio?
    En el agua es sumergida nuestra carne, para que quede borrado todo pecado carnal. En ella quedan sepultadas todas nuestras malas acciones. En un leño fue clavado el Señor Jesús, cuando sufrió por nosotros su pasión. En forma de paloma descendió el Espíritu Santo, como has aprendido en el nuevo Testamento, el cual inspira en tu alma la paz, en tu mente la calma.

domingo, 27 de febrero de 2022

Corrección fraterna

"¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano".
Muchas veces estas frases nos sirven para escudarnos de los consejos o llamadas de atención que nos hacen nuestros hermanos, pues lo que está en juego en una corrección fraterna es el propio yo, nuestro orgullo y, a veces, nuestra vanidad de sabernos tan buenos y santos que nadie puede o debe corregirnos. Sin embargo, Jesús, no quiere que esta exhortación nos sirva de escudo, sino que nos sirva para pensarnos a nosotros mismos, para descubrir que, así como es bueno ayudar a nuestros hermanos con la corrección fraterna, también debemos aprender a aceptar de nuestros hermanos las correcciones que tengan para nosotros mismos.
Sí, pues la corrección fraterna es parte de nuestra en comunidad, y es algo que Jesús nos pide que realicemos con nuestros hermanos, para lo que necesitamos, no ser perfectos, sino vivir el amor de hermanos, y hacer las correcciones no porque me molesten a mí, sino porque quiero lo mejor para mi hermano, de acuerdo con la Voluntad de dios.
A muchos nos gusta señalar y corregir los errores y defectos de los demás, pero cuando nos toca recibirlas no somos tan “buenitos” y simples, sino que, a veces, sacamos las garras para defendernos de todo aquello que parece que es algo injusto hacia mí. Sin embargo, siempre estamos necesitados de que nos ayuden a crecer, a madurar, a corregir nuestros errores. Claro es que la corrección fraterna nos lleva a profundizar en un diálogo con mi hermano, no sólo a decirle lo que veo sino a escuchar lo que él vive, lo que lo llevó a hacer tal o cual cosa o a decir tal o qué cosa.
Y eso es algo que no estamos acostumbrados a hacer: escuchar a mi hermano. Como dicen por ahí, estamos más acostumbrados a escuchar para responder, que, a escuchar para saber, para entender, para poder dialogar. A veces, en reuniones estamos hablando de tantas cosas a la vez que no sabemos por dónde va la conversación, y menos si hay algo que decirle a alguien, siempre estamos preparados para contestar devolviendo el argumento con otros que nos defiendan o ataquen, pues “no hay mejor defensa que un buen ataque”, dicen por ahí.
Y vuelvo al principio, no es que Jesús no quiere que nos ayudemos a crecer, sino que no lo hagamos simplemente por justicia, rencor o venganza, sino porque Dios nos pide que lo hagamos según Su Voluntad y no la mía.


 

sábado, 26 de febrero de 2022

Nuestro corazón se dilata

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la segunda carta a los Corintios
   
    Nuestro corazón se dilata. Del mismo modo que el calor dilata los cuerpos, así también la caridad tiene un poder dilatador, pues se trata de una virtud cálida y ardiente. Esta caridad es la que abría la boca de Pablo y dilataba su corazón. «No os amo sólo de palabra --es como si dijera-, sino que mi corazón está de acuerdo con mi boca; por eso os hablo. confiadamente, con el corazón en la mano.» Nada encontraríamos más dilatado que el corazón de Pablo, el cual, como un enamorado, estrechaba a todos los creyentes con el fuerte abrazo de su amor, sin que por ello se dividiera o debilitara su amor, sino que se mantenía íntegro en cada uno de ellos. Y ello no debe admirarnos, ya que este sentimiento de amor no sólo abarca a los creyentes, sino que en su corazón tenían también cabida los infieles de todo el mundo.
    Por esto, no dice simplemente: «Os amo», sino que emplea esta expresión más enfática: «Nuestro corazón está abierto de par en par y se dilata; os llevamos a todos dentro de nosotros, y no de cualquier manera, sino con gran amplitud.» Porque aquel que es amado se mueve con gran libertad dentro del corazón del que lo ama; por esto dice también: Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros, mientras en el vuestro no hay lugar para nosotros. Date cuenta, pues, de cómo atempera su reprensión con una gran indulgencia, lo cual es muy propio del que ama. No les dice: «No me amáis», sino: «No me amáis como yo», porque no quiere censurarles con mayor aspereza.
    Y si vamos recorriendo todas sus cartas, descubrimos a cada paso una prueba de este amor casi increíble que tiene para con los fieles. Escribiendo a los romanos, dice: Tengo deseo de veros; y también: Me he propuesto muchas veces ir a visitaros; como también: Pido a Dios que por fin alguna vez me allane el camino para que pueda ir a visitaros. A los gálatas les dice: Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto; y a los efesios: Por todo ello doblo mis rodillas por vosotros; a los tesalonicenses: ¿Cuál es nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, sino vosotros? Añadiendo, además, que los lleva consigo en su corazón y en sus cadenas.
    Asimismo escribe a los colosenses: No quiero que desconozcáis la dura lucha que estoy librando por vosotros y por cuantos no me han visto personalmente; y deseo infundir aliento en vuestros corazones; y a los tesalonicenses: Como una madre que cuida con cariño de sus hijos, de esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser. Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros, dice. Y no les dice solamente que los ama, sino también que es amado por ellos, con la intención de levantar sus ánimos. Y da la prueba de ello, diciendo: Tito nos refirió los grandes deseos que teníais de verme, vuestro disgusto por lo que había pasado y vuestro amor por mí.
 

viernes, 25 de febrero de 2022

No os quejéis unos contra otros

"Hermanos, no os quejéis, unos de otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas".
Las quejas de unos contra otros... es el pan nuestro de cada día porque queremos que todos sean como yo quiero que sean, y, si alguno se sale de esos parámetros, ya me quejo, lo juzgo y, generalmente, lo condeno frente a los demás.
Nuestra vanidad y orgullo nos enemistan, muchas veces, con personas que pueden ser necesarias para mi vida, sobre todo, para crecer en la paciencia, en la comprensión, y, sobre todo, en la base de todo que es el amor, el respeto.
No pocas veces nos encontramos que estamos criticando, y a veces duramente, y otras dejando de lado, a las personas que no son como a mi gustan, que hablan de determinada manera, que actúan de otra forma, que esto o que lo otro. Siempre, en realidad, tenemos excusas para poder criticar a alguien, pero muy pocas veces encontramos argumentos para "amar como Jesús no amó".
Has pensado que si Jesús usara tus mismos criterios para poder amarte ¿podría amarte o te criticaría como tú lo haces con los demás? Eso es lo que Él dice: "la vara que uséis para los demás se usará para vosotros".
"Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor; mirad: nosotros proclamamos dichosos a los que tuvieron paciencia".
¿No le pides acaso tú paciencia al Señor para que te comprenda, para que te escuche? Y ¿tú no puedes tener la misma paciencia para con tus hermanos, para escucharlos, para comprenderlos, o solamente para amarlos tal y como son?
"Y, sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni hagáis otro tipo de juramento; que vuestro sí sea sí y vuestro no, no, para que no caigáis bajo condena".
Se nos llena la boca, muchas veces, diciendo que somos cristianos, o los mejors cristianos, pero ¿Cristo, Jesús, que es tu modelo de vida, actuaría como tú actúas? Ahí vamos a descubrir que no somos tan cristianos como parece y, por eso, el Señor, sabiendo que, muchas veces, decimos o vivimos sin ponernos a pensar en cómo lo hacemos, nos ha dejado el Sacramento de la Reconciliación. Claro que este sacramento no es mágico, y no funciona si no pido perdón primero a mi hermano, a quien he ofendido, contra quien he hablado mal: "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden". El Señor nos perdonará si antes hemos pedido perdón a quien se lo tenemos que pedir, si antes me he convertido y convencido de que tengo que amar de verdad y no sólo a quien me ama, pues eso también lo hacen los pecadores y los paganos. Por eso mismo, antes de pedir perdón al Señor en el Sacramento, tengo que dar el paso de pedirle perdón a quien he ofendido.

 

jueves, 24 de febrero de 2022

La insondable profundidad de Dios

De las Instrucciones de san Columbano, abad

    Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de sí mismo: Yo soy -dice- un Dios cercano, no lejano. El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos. Si somos dignos de que él esté en nosotros, entonces somos realmente vivificados por él, como miembros vivos suyos: Pues en él -como dice el Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.
    ¿Quién, me pregunto, será capaz de penetrar en el conocimiento del Altísimo, si tenemos en cuenta lo inefable e incomprensible de su ser? ¿Quién podrá investigar las profundidades de Dios? ¿Quién podrá gloriarse de conocer al Dios infinito que todo lo llena y todo lo rodea, que todo lo penetra y todo lo supera, que todo lo abarca y todo lo trasciende? A Dios ningún hombre vio ni puede ver. Nadie, pues, tenga la presunción de preguntarse sobre lo indescifrable de Dios, qué fue, cómo fue, quién fue. Éstas son cosas inefables, inescrutables, impenetrables; limítate a creer con sencillez, pero con firmeza, que Dios es y será tal cual fue, porque es inmutable.
    ¿Quién es, por tanto, Dios? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo Dios. No indagues más acerca de Dios; porque los que quieren saber las profundidades insondables deben antes considerar las cosas de la naturaleza. En efecto, el conocimiento de la Trinidad divina se compara con razón a la profundidad del mar, según aquella expresión del Eclesiastés: Profundo quedó lo que estaba profundo: ¿quién lo alcanzará? Porque, del mismo modo que la profundidad del mar es impenetrable a nuestros ojos, así también la divinidad de la Trinidad escapa a nuestra comprensión. Y por esto, insisto, si alguno se empeña en saber lo que debe creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario, al ser buscado, el conocimiento de la divinidad se alejará más aún que antes de aquel que pretenda conseguirlo.
    Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la perfección de una buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de un corazón sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en una sabiduría irreverente. Por tanto, si buscas mediante el discurso racional al que es inefable, estará lejos de ti, más de lo que estaba; pero, si lo buscas mediante la fe, la sabiduría estará a la puerta, que es donde tiene su morada, y allí será contemplada, en parte por lo menos. Y también podemos realmente alcanzarla un poco cuando creemos en aquel que es invisible, sin comprenderlo; porque Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo.

miércoles, 23 de febrero de 2022

No seas fanfarrón

Me parecen realmente geniales las cartas de Santiago, no será por qué será que ahora me llegan más que antes. ¿Será que me describen a mi? Quizás. Pero quizás nos describen a más de uno, y, por eso, como dice el refrán: "a quien le quepa el manto que se lo ponga":
"Atención, ahora lo que decís: “Hoy o mañana iremos a tal ciudad y allí pasaremos un año, hacemos negocio y ganaremos dinero”. ¡Si ni siquiera sabéis qué será del día de mañana! ¿Qué es vuestra vida? Pues sois vapor que aparece un instante y después desaparece.
Más bien deberíais decir: «Si el Señor quiere y estamos vivos, haremos esto o lo otro».
No siempre programamos nuestra vida en base a lo que Dios quiere, sino en base a lo que yo quiero. Y eso es lo que viene a decir Santiago, no programes tu vida (si eres cristiano) en función sólo de tus gustos, porque tú rezas cada día: "hágase Tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo". Pero no es que tengan que ser los demás quienes hagan la Voluntad de Dios, sino yo, tú. Quien lo reza es quien lo tiene que vivir. No rezo para que los otros hagan lo que yo no hago, sino para que la Gracia me ayude a hacer lo que tengo que hacer.
"Sin embargo, ahora presumís con vuestras fanfarronerías, todo alarde de ese estilo es malo".
Seguramente no nos creemos fanfarrones, pero lo somos. Lo somos cuando frente a Dios presumimos de lo bien que hemos hecho las cosas, de lo bien que nos ha ido en la vida, y cuando la cosa va mal es porque Dios no nos ayuda. Es ahí cuando se ve que he sido fanfarrón, es decir, he confiado sólo en mi fuerza (porque como dice otro refrán, y nos lo creemos: querer es poder) pero llegado el caso me doy cuenta que no puedo, que todo se ha ido de mis manos y no he podido hacer lo que verdadermente tenía que hacer.
"Por tanto, el que sabe cómo hacer en bien y no lo hace, ese está pecando".
Y ¿a qué bien se refiere Santiago? Al bien que Dios quiere que haga, o, mejor dicho, al Bien que Dios quiere hacer por medio de mí, porque soy un instrumento de Dios (en cualquier estilo de vida: laical, consagrado, sacerdotal...) Por eso no seas tan fanfarrón y pídele al Señor que te ayude a madurar en la humildad y la disponibilidad a Su Voluntad.

 

martes, 22 de febrero de 2022

La firmeza de la Piedra

De los sermones de San León Magno, papa

De todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente por Cristo. La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.
El Señor pregunta a sus apóstoles qué es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.
Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único».
Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo».
Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza -quiere decir- construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro».
El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.
Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos de la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno o que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de todos los pastores de la Iglesia.

lunes, 21 de febrero de 2022

Nuestro corazón se dilata

 De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la segunda carta a los Corintios 

     Nuestro corazón se dilata. Del mismo modo que el calor dilata los cuerpos, así también la caridad tiene un poder dilatador, pues se trata de una virtud cálida y ardiente. Esta caridad es la que abría la boca de Pablo y dilataba su corazón. «No os amo sólo de palabra --es como si dijera-, sino que mi corazón está de acuerdo con mi boca; por eso os hablo. confiadamente, con el corazón en la mano.» Nada encontraríamos más dilatado que el corazón de Pablo, el cual, como un enamorado, estrechaba a todos los creyentes con el fuerte abrazo de su amor, sin que por ello se dividiera o debilitara su amor, sino que se mantenía íntegro en cada uno de ellos. Y ello no debe admirarnos, ya que este sentimiento de amor no sólo abarca a los creyentes, sino que en su corazón tenían también cabida los infieles de todo el mundo.
    Por esto, no dice simplemente: «Os amo», sino que emplea esta expresión más enfática: «Nuestro corazón está abierto de par en par y se dilata; os llevamos a todos dentro de nosotros, y no de cualquier manera, sino con gran amplitud.» Porque aquel que es amado se mueve con gran libertad dentro del corazón del que lo ama; por esto dice también: Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros, mientras en el vuestro no hay lugar para nosotros. Date cuenta, pues, de cómo atempera su reprensión con una gran indulgencia, lo cual es muy propio del que ama. No les dice: «No me amáis», sino: «No me amáis como yo», porque no quiere censurarles con mayor aspereza.
    Y si vamos recorriendo todas sus cartas, descubrimos a cada paso una prueba de este amor casi increíble que tiene para con los fieles. Escribiendo a los romanos, dice: Tengo deseo de veros; y también: Me he propuesto muchas veces ir a visitaros; como también: Pido a Dios que por fin alguna vez me allane el camino para que pueda ir a visitaros. A los gálatas les dice: Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto; y a los efesios: Por todo ello doblo mis rodillas por vosotros; a los tesalonicenses: ¿Cuál es nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, sino vosotros? Añadiendo, además, que los lleva consigo en su corazón y en sus cadenas.
    Asimismo escribe a los colosenses: No quiero que desconozcáis la dura lucha que estoy librando por vosotros y por cuantos no me han visto personalmente; y deseo infundir aliento en vuestros corazones; y a los tesalonicenses: Como una madre que cuida con cariño de sus hijos, de esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser. Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros, dice. Y no les dice solamente que los ama, sino también que es amado por ellos, con la intención de levantar sus ánimos. Y da la prueba de ello, diciendo: Tito nos refirió los grandes deseos que teníais de verme, vuestro disgusto por lo que había pasado y vuestro amor por mí.

domingo, 20 de febrero de 2022

Tambien los pecadores lo hacen

"Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo".
Generalmente, en las confesiones de niños, me gusta recordarles este pasaje del Evangelio para saber que todo lo que hagamos a los demás, es lo que queremos permitir a los demás que hagan con nosotros. Y así, si nos ponemos a pensar cómo tratamos o qué decimos de los demás ¿te gustaría que lo hicieran contigo o lo dijeran de ti?
Pero siempre viene bien recordar. Bueno, en realidad tenemos que recordar muchas cosas del Evangelio, porque, en verdad, se nos van escapando detalles esenciales de los consejos evangélicos. Pareciera que sólo queremos recordar pequeños partes del evangelio, sobre todo las que no hablan de que tenemos que convertirnos y vivir de acuerdo con la Ley del Amor.
Es muy sutil nuestra apreciación del Evangelio cuando queremos escudarnos en que lo que hicimos con nuestro hermano no ha sido injusto o malintencionado, sino que lo hemos hecho con todo el amor, aún cuando no se ha visto ni amor, ni compasión, ni, sobre todo, deseo de corrección fraterna. Sino que, muchas veces, somos muy “justicieros” con los demás, pero no hacemos nada por estar junto a él para ayudarlo a cambiar, o, por lo menos, para decirle cómo lo veo. Comenzamos, generalmente, por el final de lo que Jesús nos ha dicho sobre la corrección fraterna. Está bien os lo voy a recordar:
1º paso: Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
2º paso: Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos.
3º paso: Si no les hace caso, díselo a la comunidad,
4º paso: y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
A veces, cuando algo no nos gusta de alguien (y ni siquiera estoy hablando de que haya pecado contra mí) voy y lo comento a toda la comunidad, pero no tengo el valor (que sería lo mínimo requerido) para ir a preguntarle a mi hermano, en privado, “esto que veo de ti ¿es así? ¿por qué lo haces? ¿puedo ayudarte?”
Y así sigue el Evangelio, diciéndonos no que hagamos lo mínimo sino que aspiremos a lo máximo del amor.


 

sábado, 19 de febrero de 2022

El arma más letal del hombre

Sólo volver a repetir la lectura de la carta de Santiago nos va a dar para pensarnos, pero en serio, acerca de nuestro obrar, actuar y, sobre todo, de nuestro hablar.
"No os constituyáis muchos en maestros, hermanos míos, pues sabemos que nosotros recibiremos una sentencia más severa, porque todos faltamos a menudo.
Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo.
A los caballos les metemos el freno en la boca para que ellos nos obedezcan, y así dirigimos a todo el animal. Fijaos también que los barcos, siendo tan grandes e impulsados por vientos tan recios, se dirigen con un timón pequeñísimo por donde el piloto quiere navegar.
Lo mismo pasa con la lengua: es un órgano pequeño, pero alardea de grandezas.
Mirad, una chispa insignificante puede incendiar todo un bosque. También la lengua es fuego, un mundo de iniquidad; entre nuestros miembros, la lengua es la que contamina a la persona entera y va quemando el curso de la existencia, pero ella es quemada, a su vez, por la «gehenna».
Pues toda clase de fieras y pájaros, de reptiles y bestias marinas pueden ser domadas y de hecho lo han sido por el hombre. En cambio, la lengua nadie puede domarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios. De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos".
Creo que un verdadero examen de conciencia sobre esta carta nos ayudará mucho a ser no sólo mejores, sino a saber que vamos transitando por el camino de la conversión hacia la santidad.

 

viernes, 18 de febrero de 2022

Cuáles son tus obras?

Dos breves frases de la carta de Santiago que nos sirvirían para hacer un Tratado y no una pequeña reflexión, pero como no soy un experto, sólo voy a hacer una pequeña reflexión:
"Tú crees que hay un solo Dios. Haces bien. Hasta los demonios lo creen y tiemblan".
Como veréis los demonios también creen en Dios, pero ellos no viven según Dios, sino en contra de Dios, ese es el sentido de sus vidas: hacer que el Plan de Dios no funcione, se frustre y así poder tener "poder" sobre los hombres. Por eso no basta con decir que creemos en Dios, que conocemos las Escrituras. Los demonios también conocen a Dios, saben las Escrituras y las conocen a la perfección, mejor que nosotros. Pero ellos no viven lo que conocen, ni tan siquiera aman al que conocen.
Por lo cual Santiago nos exhorta a pensar y a vivir de acuerdo a lo que decimos creer y conocer:
"¿Quieres enterarte, insensato, de que la fe sin las obras es inútil? Abrahán, nuestro padre, ¿no fue justificado por sus obras al ofrecer a Isaac, su hijo, sobre el altar? Ya ves que la fe concurría con sus obras y que esa fe, por las obras, logró la perfección".
Así es, podemos decir todo lo que queramos, podemos decir que creemos todo lo que quieras, podemos decir que somos los más grandes y santos cristianos que el mundo haya conocido, pero... si nuestras obras no hablan de lo que decimos que somos, entonces no sirve de nada lo que estamos diciendo. Y, para que lo tengamos en cuenta, un cristiano que, realmente, vive el espíritu de Cristo da frutos según el Espíritu Santo, y esas son las obras de las que habla Santiago, para iluminarnos San Pablo le dice a los Gálatas:
"En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu. No seamos vanidosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros".
Así, con este elenco de frutos del Espíritu podremos saber si lo que estamos haciendo o cómo estamos viviendo es porque verdaderamente creemos o solamente decimos que creemos.
Las obras y las palabras que hago y digo son las que hablarán de mi fe, las dos juntas.

 

jueves, 17 de febrero de 2022

Abre tu boca a la Palabra de Dios

De los Comentarios de san Ambrosio, obispo, sobre los salmos.

    En todo momento tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar la justicia, siempre debes llevar en el corazón la ley de tu Dios. Por esto te dice la Escritura: Hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. Hablemos, pues, del Señor Jesús, porque él es la sabiduría, él es la palabra, y Palabra de Dios.
    Porque también está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Por él anhela quien repite sus palabras y las medita en su interior. Hablemos siempre de él. Si hablamos de sabiduría, él es la sabiduría; si de virtud, él es la virtud; si de justicia, él es la justicia; si de paz, él es la paz; si de la verdad, de la vida, de la redención, él es todo esto.
Está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Tú ábrela, que él habla. En este sentido dijo el salmista: Voy a escuchar lo que dice el Señor, y el mismo Hijo de Dios dice: Abre tu boca y yo la saciaré. Pero no todos pueden percibir la sabiduría en toda su perfección, como Salomón o Daniel; a todos sin embargo se les infunde, según su capacidad, el espíritu de sabiduría, con tal de que tengan fe. Si crees, posees el espíritu de sabiduría.
    Por esto, medita y habla siempre las cosas de Dios, estando en casa. Por la palabra casa podemos entender la iglesia o, también, nuestro interior, de modo que hablemos en nuestro interior con nosotros mismos. Habla con prudencia, para evitar el pecado, no sea que caigas por tu mucho hablar. Habla en tu interior contigo mismo como quien juzga. Habla cuando vayas de camino, para que nunca dejes de hacerlo. Hablas por el camino si hablas en Cristo, porque Cristo es el camino. Por el camino, háblate a ti mismo, habla a Cristo. Atiende cómo tienes que hablarle: Quiero -dice- que los hombres oren en todo lugar levantando al cielo las manos purificadas, limpias de ira y de altercados. Habla, oh hombre, cuando te acuestes, no sea que te sorprenda el sueño de la muerte. Atiende cómo debes hablar al acostarte: No daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob. Cuando te levantes, habla también de él, y cumplirás así lo que se te manda. Fíjate cómo te despierta Cristo. Tu alma dice: Oigo a mi amado que me llama, y Cristo responde: Ábreme, amada mía. Ahora ve cómo despiertas tú a Cristo. El alma dice: ¡Muchachas de Jerusalén, os conjuro a que no vayáis a molestar, a que no despertéis al amor! El amor es Cristo.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Un buen cristiano

"Tened esto presente, mis queridos hermanos: que toda persona sea pronta para escuchar, lenta para hablar y lenta a la ira, pues la ira del hombre no produce la justicia que Dios quiere.
Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía".
No nos damos cuenta, muchas veces, que el arma más letal que tenemos los humanos es nuestra lengua, porque por ella salen miles de palabras y con ella damos vida o muerte a quien se nos antoja, con verdad o sin ella. Y, muchas otras veces, pareciera que la lengua tiene vida propia, pues para algunos no son ellos los que hablan sino sus lenguas, sin saberlo sus dueños.
Hay un refrán, por ahí, que dice: "antes de poner tu lengua en movimiento pon tu cerebro en funcionamiento", pues pareciera que la lengua tiene un cerebro propio o funciona independientemente del cerebro de las personas.
Pero a este refrán le faltaría completarlo con las palabras de la carta de Santiago, y con el mandamiento del amor de Jesús, pues antes de poner la lengua en movimiento habría que poner amor en nuestros pensamientos, para seguir el consejo de San Agustín, sobre esto: "Ama y haz lo que quieras, pero primero ama", pues juzgamos sin amor, sin misericordia, creyéndonos los mejores del mundo, y con el derecho de sentenciar a quien nos parece y a quien se nos ponde difícil de entender o comprender, o simplemente porque me han dicho que había que juzgarlo
Por eso mismo el Señor nos ha dicho: "con la misma vara con que juzgueis seréis juzgados", pero, claro, esa vara que yo uso con los demás no me gusta que la usen conmigo, pues es una vara muy llena de vanidad, de soberbia, de orgullo, y hasta de mentiras, y a mi nadie me tiene por qué juzgar, ni sentenciar, ni hablar de mí, pues yo soy muy cristiano...
"Si alguien se cree religioso y no refrena su lengua, sino que se engaña a sí mismo, su religiosidad está vacía".
Y son tan ciertas estas palabras del apóstol Santiago, que, a veces, creemos que somos muy cristianos porque juzgamos y sentenciamos a los demás, porque comentamos y chismorreamos sobre sus vidas, pero no somos capaces, como nos dice el Señro: "si tu hermano peca, primero ve y habla con tu hermano", pero no quiero salvar la vida de mi hermano, en realidad no me interesa que mi hermano me de sus argumentos de por qué hizo lo que hizo o si de verdad hizo lo que dicen que hizo. Lo único que me interesa es seguir tirando mentiras o juicios sobre la vida de mi hermano. Y, eso ¿en qué me convierte? ¿en un buen cristiano?

 

martes, 15 de febrero de 2022

Dios me tienta

Hoy Santiago nos responde a una cuestión que siempre nos apremia, y de la cual, muchas veces pensamos mal o no sabemos cómo contestar:
"Cuando alguien se vea tentado, que no diga: «Es Dios quien me tienta»; pues Dios no es tentado por el mal y él no tienta a nadie.
A cada uno le tienta su propio deseo cuando lo arrastra y lo seduce; después el deseo concibe y da a luz el pecado, y entonces el pecado, cuando madura, engendra muerte".
Somos nosotros mismos quienes nos tentamos con lo que no debemos hacer, o con lo que es menos bueno para nosotros. Y eso nos pasa no sólo a nivel moral, sino también a nivel físico. Cuando el médico nos dice que no debemoms tomar las comidas con sal, o no debemos usar azúcar ¿qué es lo primero que deseamos? Aquello que no nos hace bien, o que nos hace mal. ¿Por qué? Porque así ha quedado dañado nuestro ser por el pecado original. Ya lo dice el mismo Pablo:
«Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí. Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero. Y, si hago lo que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí. Descubro, pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me presenta. Pues me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Así pues, soy yo mismo quien con la razón sirve a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado.»
Es por ello que necesitamos estar más en realción con Cristo, con Su Palabra, con su Eucaristía, para que nuestro espíritu esté siempre vigilante y atento para evitar caer en la tentación. Pero, si caemos sabemos a Quien recurrir para que nos levante y nos re-oriente en el caminar diario. Porque Él no sólo nos perdona sino que vuelve a darnos las pautas necesarias para seguir caminando, pues tampoco tenemos que comenzar de cero, sino que seguimos en el Camino, pues Él es nuestro Camino.
Cuando no recurrimos a Él, que es Quien tiene la Gracia para levntarnos de nuestras caídas, posiblemente nos quedemos tirados sobre nuestro pecado y dolor, y no avancemos hacia la meta, y, en algunos casos, hasta perdamos la fe.
En los tropiezos y caídas, ya sabemos a Quien recurrir y a Quien tenderle la mano, pero también nos toca a nosotros, como dice el acto de contricción: "evitar las tentaciones próximas al pecado".

 

lunes, 14 de febrero de 2022

Haz crecer y mantiene en la unidad a la Iglesia

De la Vida eslava de Constantino

    Constantino Cirilo, sobrecargado de trabajo, cayó enfermo y, cuando hacía ya muchos días que soportaba su enfermedad, tuvo en cierta ocasión una visión divina y se puso a cantar estas palabras:
    «Qué alegría para mi espíritu y qué gozo para mi corazón cuando me dijeron: «Entraremos en la casa del Señor.» Después. permaneció así todo el día, lleno de alegría y diciendo:
    «Desde ahora soy siervo, no ya del emperador ni de otro hombre alguno, sino tan sólo del Dios todopoderoso. Antes no existía, pero ahora existo y existiré para siempre. Amén.»
    Al día siguiente vistió el santo hábito monástico y, como quien añade más luz a la luz, tomó el nombre de Cirilo. Con este hábito permaneció durante cincuenta días.
    Al acercarse ya la hora de recibir el descanso y de trasladarse a las moradas eternas, elevando sus manos hacia Dios, rogaba con lágrimas en sus ojos, pronunciando estas palabras:
    «Señor, Dios mío, tú que creaste las diversas categorías de ángeles y todas las fuerzas incorpóreas, que extendiste el cielo, diste solidez a la tierra y sacaste de la nada todo lo que existe, tú que escuchas siempre a los que cumplen tu voluntad, te respetan y observan tus preceptos, escucha mi oración y guarda a la grey de tus fieles, al frente de la cual me pusiste a mí, tu siervo inepto e indigno.
    Líbralos de la malicia de los impíos y paganos que blasfeman de ti, haz crecer en número a tu Iglesia y mantenla siempre en la unidad. Haz que tu pueblo se distinga por su concordia en la fe verdadera y por la recta profesión de la misma, e inspira en sus corazones la palabra de tu doctrina: porque es don tuyo el que nos hayas aceptado como predicadores del Evangelio. de tu Ungido, incitándonos a que practicáramos las buenas obras que te son agradables. Te devuelvo los que me confiaste, porque son tuyos; gobiérnalos con tu diestra poderosa y cúbrelos con la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen tu nombre, el del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»
    Besó a todos con el ósculo santo y dijo:
    «Bendito el Señor, que no nos entregó como presa a los dientes de nuestros adversarios invisibles, sino que rompió su red y nos libró del mal que tramaban contra nosotros.»
    Y así se durmió en el Señor, a la edad de cuarenta y dos años.
    El papa mandó que todos los griegos que se encontraban en Roma, así como los romanos, se reuniesen, con cirios en las manos, para cantar en sus exequias, que quiso que se celebraran como si se tratase del mismo papa; y así se hizo.

domingo, 13 de febrero de 2022

Cambio de mentalidad

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados".
Desde el comienzo de su predicación, Jesús, no quiso dejarnos sin saber a qué nos comprometíamos y qué significaría seguirlo. Lo primero que nos dijo fue: “quien quiera venir en pos de mí niéguese a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame. Una condición sin la cual no podemos seguir a Jesús, y, a partir de ahí, podemos comenzar a comprender todas las cosas que seguirán.
Las Bienaventuranzas no se pueden llegar a comprender si no hacemos un cambio de mentalidad, pues no podemos entenderlas desde una mentalidad mundana y materialista como la que tenemos en este siglo XXI, ni tampoco desde una lectura literal de cada bienaventuranza. ¿Por qué? Porque Jesús no busca ni nuestra tristeza, ni nuestra desgracia, ni nuestra muerte, sino todo lo contrario. Es por ello por lo que nos ha pedido negarnos a nosotros mismos para comprender lo demás.
La pobreza a la que nos invita el Señor, y la que nos dice que nos va a traer la bienaventuranza no es la pobreza material, sino la espiritual, pues la pobreza espiritual es la que nos hace descubrirnos pequeños y sin medios suficientes para alcanzar la santidad a la que nos llama el Padre de los cielos. Tampoco es que nos pida que confiemos sin mostrarnos Quién es Él, sino que nos da razones para poder confiar y esperar, nos da razones para que, con la Gracia del Espíritu, nos hagamos fuertes en nuestra pequeñez y dejemos así actuar al Padre en nuestras vidas, pues Él mismo, Jesús, “aprendió, por medio del sufrimiento, a obedecer”, y supo que, aceptando la Voluntad del Padre, era el único Camino para llegar a la Resurrección.
Así, cuando nosotros confiamos y creemos en su Palabra, podemos, también, aunque con dolor, aceptar desde el Amor y la obediencia, la Voluntad de Dios para alcanzar las Bienaventuranzas que Jesús ha proclamado. Pero si no partimos de lo primero, no vamos a alcanzar lo último: llegar a Su Reino.


 

sábado, 12 de febrero de 2022

Decisiones incorrectas

"Si el pueblo continúa subiendo para ofrecer sacrificios en el templo del Señor en Jerusalén, el corazón del pueblo se volverá a su señor, Roboán, rey de Judá, y me matarán».
Y tras pedir consejo, el rey fundió dos becerros de oro y dijo al pueblo:
«Basta ya de subir a Jerusalén. Este es tu dios, Israel, el que te hizo subir de la tierra de Egipto», e instaló uno en Betel y otro en Dan. Este hecho fue ocasión de pecado..."
El miedo no siempre nos hace tomar buenas decisiones o no nos deja ir a bucar buenos consejos, pero tampoco nos deja discernir bien lo que vamos a hacer. Muchas veces tomamos consejos de aquellos que no buscan mi bien, sino quedar bien y si no discierno como corresponder puedo caer, nuevamente, en el lugar del que quiero salir.
Joroboán recibió malos consejos y su pueblo cayó en la ruina y desapareció, porque sus consejos le dijeron que se creara nuevos dioses y así lo hizo (cualquier coincidencia con gobernantes actuales de cualquier país es eso, solo una coincidencia) Y el pueblo siguió y obedeció al rey antes que a Dios, a quien le debía fidelidad.
Hoy en día pasa algo parecido, pues los gobernantes de la tierra van dejando de lado a Dios para convertirse ellos mismos en los dioses sobre la tierra, tienen poder y con ese poder se van "comprando" adeptos que sólo miran por sus ojos y aceptan sus mandatos, alejándose de toda moral y todo límite, cayendo así en las más grandes atrocidades que suceden día a día en muchas ciudades del mundo.
La violencia generalizada en todos los niveles etarios no es algo que surja así como así, no es un acto de magia, sino que es un decisión constante que se va tomando, no sólo en una clase de gente sino a nivel general, y todo porque no hay un orden moral que nos ayude a vivir en armonía y fraternidad. No hay un orden moral que ayude a respetar la vida del otro sino que cada uno decide quien debe vivir o quien debe morir.
Así sucedió con la casa de Joroboán:
"Este proceder condujo a la casa de Jeroboán al pecado y a su perdición y exterminio de la superficie de la tierra".

 

viernes, 11 de febrero de 2022

Reconoce tu dignidad

De los Sermones de san León Magno, papa

    Al nacer nuestro Señor Jesucristo como hombre verdadero, sin dejar por un momento de ser Dios verdadero, realizó en sí mismo el comienzo de la nueva creación y, con su nuevo origen, dio al género humano un principio de vida espiritual. ¿Qué mente será capaz de comprender este misterio, qué lengua será capaz de explicar semejante don? La iniquidad es transformada en inocencia, la antigua condición humana queda renovada; los que eran enemigos y estaban alejados de Dios se convierten en hijos adoptivos y herederos suyos.
    Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las creaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivo de alabanza y gloria del Creador.
    Deja que tus sentidos corporales se impregnen de esta luz corporal y abraza, con todo el afecto de tu mente, aquella luz verdadera que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre, y de la cual dice el salmista: Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si somos templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en nosotros, es mucho más lo que cada fiel lleva en su interior que todas las maravillas que contemplamos en el cielo.
    Con estas palabras, amadísimos hermanos, no queremos induciros o persuadiros a que despreciéis las obras de Dios, o que penséis que las cosas buenas que ha hecho el Dios bueno significan un obstáculo para vuestra fe; lo que pretendemos es que uséis de un modo racional y moderado de todas las creaturas y de toda la belleza de este mundo, pues, como dice el Apóstol, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
    Por consiguiente, puesto que hemos nacido para las cosas presentes y renacido para las futuras, no nos entreguemos de lleno a los bienes temporales, sino tendamos, como a nuestra meta, a los eternos; y, para que podamos mirar más de cerca el objeto de nuestra esperanza, pensemos qué es lo que la gracia divina ha obrado en nosotros. Oigamos las palabras del Apóstol: Habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de gloria, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 10 de febrero de 2022

Las migajas de los niños

"Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
"Las migajas que tiran los niños", siempre me hace pensar a las cosas que nosotros no valoramos de nuestra fe, de nuestra liturgia, de nuestros sacramentos. Y, a veces, tampoco dejamos a otros que los neceistan acercarse a ellos, y no porque se lo impidamos, sino porque nuestro testimonio es tan malo que no quieren acercarse.
Tenemos un tesoro tan grande dentro de nuestra Iglesia que no sabemos valorar, ni tampoco valoramos nuestra vida cristiana pues la dejamos de cuidar, de madurar, y, muchas veces, como Solomón nos dejamos convencer por otros dioses de personas a las que queremos.
"Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos de Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre".
¿Por qué vamos buscando soluciones en otros dioses que no es nuestro Dios y Padre? Por que, en realidad, no hemos conocido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, nos hemos quedado con lo aprendido en una catequesis de niños y se nos ha quedado inmaduro el saber. Y, además, las cosas del mundo nos quitan y nos dejamos absorver tanto que nunca tenemos tiempo para lo esencial de nuestra fe.
Y así, con una fe inmadura no damos buen testimonio de cristiano, y dejamos que el Banquete Celestial quede vacío de hijos que necesitan alimentarse. Y lo que es peor que nuestro testimonio no ayuda a los que buscan al Señor para acercarse al Banquete, sino que los alejan cada día más.
¿Somos conscientes que nuestra actitud en la vida diaria es un testimonio de nuestra vida de fe? ¿Somos conscientes que nuestras palabras y nuestras actitudes con los hermanos, la familia, los amigos, e, incluso, con la gente que no me es grata es también un testimonio para los que buscan a Dios?
¿Encuentran en mi vida un testimonio bueno para acercarse a Dios? ¿Encuentran en mi la alegría, la esperanza, la fe, el amor, la fraternidad, la amabilidad y tantos otros frutos del Espíritu Santo?
Aunque a veces pensemos que no somos dignos de ser apóstoles del Señor, desde el bautismo el Señor nos ha enviado al mundo a ser sus apóstoles, sus discípulos, evangelizadores, testigos veraces de la Buena Noticia de la Salvación. Le puedes poner el nombre que quieras pero si tus palabras y obras no hablan de Dios, entonces....

 

miércoles, 9 de febrero de 2022

Lo que sale del corazón

«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».
Jesús nos ha dado una hermosa lista de pecados para que vayamos preparando nuestro corazón, o, mejor dicho, para que comencemos una purificación de nuestro corazón. O, simplemente, para que sigamos aprendiendo cómo es el corazón del hombre y nos ayudemos a descubrir cuáles son los pecados que afectan a nuestra vida espiritual y a las relaciones con Dios y con los hombres.
Sí, porque el pecado no es sólo un dolor para nuestra alma, sino que también afecta a la relación con Dios porque nos alejamos de Su Gracia, y, por otro lado, en la mayoría de esos pecados afecta la relación con los demás, pues muchos hablan de la relación con los hermanos.
Claro es que, a veces, nos hace falta recordar cuáles o qué cosas son pecados para el hombre de hoy, pues vivimos en una sociedad que parece libre de pecado, pero, en realidad, es una sociedad sin formación moral cristiana, por lo que le da lo mismo que algo sea pecado o no lo sea, y así se vive en la libertad de la inmoralidad.
Por eso, el Señor, con Su Palabra nos vuelve a recordar y nos ayuda a descubrir que, siempre estamos o podemos estar disponibles para encontrar el camino de la salvación, el camiino de la paz, el camino de volver a descubrir el valor de la vida en la Gracia y de la santidad de vida.
Porque no es que a Él le gusta hacernos ver como grandes pecadores, sino que lo que Jesús quiere es que recibamos su Gracia Santificante para que nuestra vida sea una luz para los que buscan a Dios, para los que necesitan un sentido para su vida. Así como la reina de Saba fue a buscar la sabiduría de Salomón, y por él descubrió al Señor, así los que lleguen a nosotros puedan encontrar la alegría y la fuerza de la Gracia Salvaora que nos otorga el Señor cuando nos decidimos a caminar según Su Voluntad, a dejar de lado la vida del mundo y vivir según Dios.

 

martes, 8 de febrero de 2022

Mis propias leyes

"Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Comenzamos bien el día con una palabra fuerte de Jesús que no es sólo para los fariseos o doctores de la Ley, sino para todos nosotros, para que nos volvamos a revisar en nuestra conducta personal.
En lo común podríamos decir: hecha la ley, hecha la trampa; porque siempre se encuentra un resquicio por donde poder descubrir qué o cómo hacer para no hacer lo que debo hacer. Siempre encontramos un argumento válido (para nosotros) para no obedecer a Dios, sino para poder hacer lo que queremos.
Pero, siempre tenemos muy a flor de piel la ley para hacerla cumplir a los demás. Ahí sí que somos muy justicieros e intentamos que los demás hagan lo que digo: ya sea en mi pareja, en mi familia, en mi trabajo, en mi comunidad; en cualquier lugar siempre estoy mirando con el rabillo del ojo para el otro lado para ver qué están haciendo y cómo lo están haciendo. Y, generalmente, no miro para aprender de los demás y crecer, sino que miramos para poder descubrir el error, para decirle o señalar con el dedo el pecado o error de mi hermano.
También es cierto que, muchas veces, me quedo con su pecado para cubrir mi falta de amor hacia los demás. Descubrir sus errores me ayuda a poder quedarme muy tranquilo para decir: "a fulanito... no, con ese no hablo porque... ¡ese! es un tal o cual", y así creo que estoy bien cubierto por si viene el Señor y me dice: "no has amado a tu hermano".
Y, así, voy gestionando "mentiras piadosas" sobre mí mismo para cubrir mis faltas de amor, de humildad, de pureza, de pobreza, y de tantas otras faltas al evangelio. Soy yo mismo quien gestiono mis propias leyes para no cumplir con los mandamientos, y, sobre todo, para no vivir el mandamiento del amor.
"Anuláis el mandamiento de Dios para mantener vuestras tradiciones", así lo hacemos para quedarnos muy cómodos sentados en nuestros 13 y no comprometernos con nada, salvo conmigo mismo.

 

lunes, 7 de febrero de 2022

Conocer a Jesús es conocer la Sagrada Escritura

Del Breviloquio de san Buenaventura, obispo

    El origen de la sagrada Escritura no hay que buscarlo en la investigación humana, sino en la revelación divina, que procede del Creador de los astros, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra, de quien por su Hijo Jesucristo se derrama sobre nosotros el Espíritu Santo, y por el Espíritu Santo, que reparte y distribuye a cada uno sus dones como quiere, se nos da la fe, y por la fe habita Cristo en nuestros corazones. En esto consiste el conocimiento de Jesucristo, conocimiento que es la fuente de la que dimana la firmeza y la comprensión de toda la sagrada Escritura. Por esto es imposible penetrar en el conocimiento de las Escrituras, si no se tiene previamente infundida en sí la fe en Cristo, la cual es como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura. En efecto, mientras vivimos en el destierro lejos del Señor, la fe es el fundamento estable, la luz directora y la puerta de entrada de toda iluminación sobrenatural; ella ha de ser la medida de la sabiduría que se nos da de lo alto, para que nadie quiera saber más de lo que es justo, sino que abriguemos sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que Dios le ha dado.
    La finalidad o fruto de la sagrada Escritura no es cosa de poca importancia, pues tiene como objeto la plenitud de la felicidad eterna. Porque la Escritura contiene palabras de vida eterna, puesto que se ha escrito no sólo para que creamos, sino también para que alcancemos la vida eterna, aquella vida en la cual veremos, amaremos y serán saciados todos nuestros deseos; y, una vez éstos saciados, entonces conoceremos verdaderamente el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, y así quedaremos colmados hasta poseer toda la plenitud de Dios. En esta plenitud, de que nos habla el apóstol, la sagrada Escritura se esfuerza por introducirnos. Ésta es la finalidad, ésta es la intención que ha de guiarnos al estudiar, enseñar y escuchar la sagrada Escritura.
    Y, para llegar directamente a este resultado, a través del recto camino de las Escrituras, hay que empezar por el principio, es decir, debemos acercarnos, sin otro bagaje que la fe, al Creador de los astros, doblando las rodillas de nuestro corazón, para que él, por su Hijo, en el Espíritu Santo, nos dé el verdadero conocimiento de Jesucristo y, con el conocimiento, el amor, para que así, conociéndolo y amándolo, fundamentados en la fe y arraigados en la caridad, podamos conocer la anchura y la longitud, la altura y la profundidad de la sagrada Escritura y, por este conocimiento, llegar al conocimiento pleno y al amor extático de la santísima Trinidad; a ello tienden los anhelos de los santos, en ello consiste la plenitud y la perfección de todo lo bueno y verdadero.

domingo, 6 de febrero de 2022

Es ilógico

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

¡Cuántas veces hemos tenido miedo de salir de nuestra zona de confort para hacer la Voluntad de Dios! Y ¿cuántas nos hemos quedado quietos por miedo a lo que no conocemos, por miedo a la novedad de lo que Dios nos pueda pedir?
Pedro, un gran pescador desde la cuna, puede tener razón al decirle a Jesús que ya no había peces, que no había posibilidad de pescar. Pero, siento algo en su corazón y obedece a la palabra del Señor, y hace lo que Él le dice. Cree, aunque la lógica humana le dice que no va a pasar nada. Y por la fe se produce el milagro de la pesca milagrosa.
También tenemos, muchas veces, miedo a lo que los demás puedan decir si nos lanzamos a hacer algo nuevo, algo diferente. Ese miedo, otras veces, nos paraliza y nos quedamos en el sofá con los pies para arriba esperando que otros hagan lo que veo que es necesario hacer.
Pero con miedo a nosotros mismos, o con miedo a los que los demás dirán, no construimos nada nuevo, no seguimos la Palabra del Señor que nos llama a “remar mar a dentro y a echar las redes”. Nuestra lógica nos dice: ¡quédate en casa, para que te vas a meter en esas cosas que te van a quitar tiempo! ¡qué van a decir tus amigos de ti! Y seguimos firmes en nuestra lógica humana y tonta que nos impide ser protagonistas de la historia de la salvación.
Si Pedro se hubiese quedado, pues tenía toda la lógica del mundo y, sobre todo, todo el cansancio del día no hubiese sido el apóstol que fue, no hubiese cambiado la vida de tantas personas por su predicación, que, aún siendo un simple pescador, pudo mover los corazones de muchos a Dios.
Dios nos llama, a cada uno y a todos, a escuchar su Llamada, a seguir su Voz y, aunque la lógica humana y el cansancio nos digan ¡quédate en casa! te tienes que animar a echar las redes, pues Él con su Sabiduría y su Gracia, contigo quiere hacer grandes cosas. No te quedes como extra en la historia de la salvación, sino se protagonista junto a Jesús.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».