Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios.
¿Qué es lo que viste en el bautisterio? Agua, desde luego, pero no sólo agua;
viste también a los diáconos ejerciendo su ministerio, al obispo haciendo las
preguntas de ritual y santificando. El Apóstol te enseñó, lo primero de todo,
que no hemos de fijarnos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; lo que se
ve es transitorio, lo que no se ve es eterno. Pues, como leemos en otro lugar,
desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y divinidad,
son conocidos mediante las obras. Por esto dice el Señor en persona: Si no me
creéis a mí, creed a las obras. Cree, pues, que está allí presente la divinidad.
¿Vas a creer en su actuación y no en su presencia? ¿De dónde vendría esta
actuación sin su previa presencia?
Considera también cuán antiguo sea este misterio, pues fue prefigurado en el
mismo origen del mundo. Ya en el principio, cuando hizo Dios el cielo y la
tierra, el espíritu -leemos- se cernía sobre las aguas. Y si se cernía es porque
obraba. El salmista nos da a conocer esta actuación del espíritu en la creación
del mundo, cuando dice: La palabra del Señor hizo el cielo; el espíritu de su
boca, sus ejércitos. Ambas cosas, esto es, que se cernía y que actuaba, son
atestiguadas por la palabra profética. Que se cernía, lo afirma el autor del
Génesis; que actuaba, el salmista.
Tenemos aún otro testimonio. Toda carne se había corrompido por sus iniquidades.
No permanecerá mi espíritu en el hombre -dijo Dios- porque no es más que carne.
Con las cuales palabras demostró que la gracia espiritual era incompatible con
la inmundicia carnal y la mancha del pecado grave. Por esto, queriendo Dios
reparar su obra, envió el diluvio y mandó al justo Noé que subiera al arca.
Cuando menguaron las aguas del diluvio, soltó primero un cuervo, el cual no
volvió, y después una paloma que, según leemos, volvió con una rana de olivo.
Ves cómo se menciona el agua, el leño, la paloma, ¿y aún dudas del misterio?
En el agua es sumergida nuestra carne, para que quede borrado todo pecado carnal.
En ella quedan sepultadas todas nuestras malas acciones. En un leño fue clavado
el Señor Jesús, cuando sufrió por nosotros su pasión. En forma de paloma
descendió el Espíritu Santo, como has aprendido en el nuevo Testamento, el cual
inspira en tu alma la paz, en tu mente la calma.
lunes, 28 de febrero de 2022
Renacemos del agua y del Espíritu Santo
domingo, 27 de febrero de 2022
Corrección fraterna
sábado, 26 de febrero de 2022
Nuestro corazón se dilata
De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la segunda carta a los Corintios
Nuestro corazón se dilata. Del mismo modo que el calor dilata los cuerpos, así
también la caridad tiene un poder dilatador, pues se trata de una virtud cálida
y ardiente. Esta caridad es la que abría la boca de Pablo y
dilataba su corazón. «No os amo sólo de palabra --es como si dijera-, sino que
mi corazón está de acuerdo con mi boca; por eso os hablo. confiadamente, con el
corazón en la mano.» Nada encontraríamos más dilatado que el corazón de Pablo,
el cual, como un enamorado, estrechaba a todos los creyentes con el fuerte
abrazo de su amor, sin que por ello se dividiera o debilitara su amor, sino que
se mantenía íntegro en cada uno de ellos. Y ello no debe admirarnos, ya que este
sentimiento de amor no sólo abarca a los creyentes, sino que en su corazón
tenían también cabida los infieles de todo el mundo.
Por esto, no dice simplemente: «Os amo», sino que emplea esta expresión más
enfática: «Nuestro corazón está abierto de par en par y se dilata; os llevamos a
todos dentro de nosotros, y no de cualquier manera, sino con gran amplitud.»
Porque aquel que es amado se mueve con gran libertad dentro del corazón del que
lo ama; por esto dice también: Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros,
mientras en el vuestro no hay lugar para nosotros. Date cuenta, pues, de cómo
atempera su reprensión con una gran indulgencia, lo cual es muy propio del que
ama. No les dice: «No me amáis», sino: «No me amáis como yo», porque no quiere
censurarles con mayor aspereza.
Y si vamos recorriendo todas sus cartas, descubrimos a cada paso una prueba de
este amor casi increíble que tiene para con los fieles. Escribiendo a los
romanos, dice: Tengo deseo de veros; y también: Me he propuesto muchas veces ir
a visitaros; como también: Pido a Dios que por fin alguna vez me allane el
camino para que pueda ir a visitaros. A los gálatas les dice: Hijos míos, por
quienes sufro de nuevo dolores de parto; y a los efesios: Por todo ello doblo
mis rodillas por vosotros; a los tesalonicenses: ¿Cuál es nuestra esperanza,
nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, sino vosotros?
Añadiendo, además, que los lleva consigo en su corazón y en sus cadenas.
Asimismo escribe a los colosenses: No quiero que desconozcáis la dura lucha que
estoy librando por vosotros y por cuantos no me han visto personalmente; y deseo
infundir aliento en vuestros corazones; y a los tesalonicenses: Como una madre
que cuida con cariño
de sus hijos, de esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el
Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser. Hay mucho sitio en nuestro
corazón para vosotros, dice. Y no les dice solamente que los ama, sino también
que es amado por ellos, con la intención de levantar sus ánimos. Y da la prueba
de ello, diciendo: Tito nos refirió los grandes deseos que teníais de verme,
vuestro disgusto por lo que había pasado y vuestro amor por mí.
viernes, 25 de febrero de 2022
No os quejéis unos contra otros
jueves, 24 de febrero de 2022
La insondable profundidad de Dios
De las Instrucciones de san Columbano, abad
Dios está en todas partes, es inmenso y está cerca de todos, según atestigua de
sí mismo: Yo soy -dice-
un Dios cercano, no lejano. El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya
que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en
nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de
él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros
aquel que ha dicho: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos. Si somos
dignos de que él esté en nosotros, entonces somos realmente vivificados por él,
como miembros vivos suyos: Pues en él -como dice el
Apóstol- vivimos, nos movemos y existimos.
¿Quién, me pregunto, será capaz de penetrar en el conocimiento del Altísimo, si
tenemos en cuenta lo inefable e incomprensible de su ser? ¿Quién podrá
investigar las profundidades de Dios? ¿Quién podrá gloriarse de conocer al Dios
infinito que todo lo llena y todo lo rodea, que todo lo penetra y todo lo
supera, que todo lo abarca y todo lo trasciende? A Dios ningún hombre vio ni
puede ver. Nadie, pues, tenga la presunción de preguntarse sobre lo
indescifrable de Dios, qué fue, cómo fue, quién fue. Éstas son cosas inefables,
inescrutables, impenetrables; limítate a creer con sencillez, pero con firmeza,
que Dios es y será tal cual fue, porque es inmutable.
¿Quién es, por tanto, Dios? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo
Dios. No indagues más acerca de Dios; porque los que quieren saber las
profundidades insondables deben antes considerar las cosas de la naturaleza. En
efecto, el conocimiento de la Trinidad divina se compara con razón a la
profundidad del mar, según aquella expresión del Eclesiastés: Profundo quedó lo
que estaba profundo: ¿quién lo alcanzará? Porque, del mismo modo que la profundidad
del mar es impenetrable a nuestros ojos, así también la divinidad de la Trinidad
escapa a nuestra comprensión. Y por esto, insisto, si alguno se empeña en saber lo
que debe creer, no piense que lo entenderá mejor disertando que creyendo; al contrario,
al ser buscado, el conocimiento de la divinidad se alejará más aún que antes de aquel
que pretenda conseguirlo.
Busca, pues, el conocimiento supremo, no con disquisiciones verbales, sino con la
perfección de una buena conducta; no con palabras, sino con la fe que procede de
un corazón sencillo y que no es fruto de una argumentación basada en una sabiduría
irreverente. Por tanto, si buscas mediante el discurso racional al que es inefable,
estará lejos de ti, más de lo que estaba; pero, si lo buscas mediante la fe,
la sabiduría
estará a la puerta, que es donde tiene su morada, y allí será contemplada, en parte por
lo menos. Y también podemos realmente alcanzarla un poco cuando creemos en aquel que es
invisible, sin comprenderlo; porque Dios ha de ser creído tal cual es, invisible, aunque
el corazón puro pueda, en parte, contemplarlo.
miércoles, 23 de febrero de 2022
No seas fanfarrón
martes, 22 de febrero de 2022
La firmeza de la Piedra
De los sermones de San León Magno, papa
lunes, 21 de febrero de 2022
Nuestro corazón se dilata
De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre la segunda carta a los Corintios
Nuestro corazón se dilata. Del mismo modo que el calor dilata los cuerpos, así también la caridad tiene un poder dilatador, pues se trata de una virtud cálida y ardiente. Esta caridad es la que abría la boca de Pablo y dilataba su corazón. «No os amo sólo de palabra --es como si dijera-, sino que mi corazón está de acuerdo con mi boca; por eso os hablo. confiadamente, con el corazón en la mano.» Nada encontraríamos más dilatado que el corazón de Pablo, el cual, como un enamorado, estrechaba a todos los creyentes con el fuerte abrazo de su amor, sin que por ello se dividiera o debilitara su amor, sino que se mantenía íntegro en cada uno de ellos. Y ello no debe admirarnos, ya que este sentimiento de amor no sólo abarca a los creyentes, sino que en su corazón tenían también cabida los infieles de todo el mundo.Por esto, no dice simplemente: «Os amo», sino que emplea esta expresión más enfática: «Nuestro corazón está abierto de par en par y se dilata; os llevamos a todos dentro de nosotros, y no de cualquier manera, sino con gran amplitud.» Porque aquel que es amado se mueve con gran libertad dentro del corazón del que lo ama; por esto dice también: Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros, mientras en el vuestro no hay lugar para nosotros. Date cuenta, pues, de cómo atempera su reprensión con una gran indulgencia, lo cual es muy propio del que ama. No les dice: «No me amáis», sino: «No me amáis como yo», porque no quiere censurarles con mayor aspereza.
Y si vamos recorriendo todas sus cartas, descubrimos a cada paso una prueba de este amor casi increíble que tiene para con los fieles. Escribiendo a los romanos, dice: Tengo deseo de veros; y también: Me he propuesto muchas veces ir a visitaros; como también: Pido a Dios que por fin alguna vez me allane el camino para que pueda ir a visitaros. A los gálatas les dice: Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto; y a los efesios: Por todo ello doblo mis rodillas por vosotros; a los tesalonicenses: ¿Cuál es nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona de la que nos sentiremos orgullosos, sino vosotros? Añadiendo, además, que los lleva consigo en su corazón y en sus cadenas.
Asimismo escribe a los colosenses: No quiero que desconozcáis la dura lucha que estoy librando por vosotros y por cuantos no me han visto personalmente; y deseo infundir aliento en vuestros corazones; y a los tesalonicenses: Como una madre que cuida con cariño de sus hijos, de esta manera, amándoos a vosotros, queríamos daros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestro propio ser. Hay mucho sitio en nuestro corazón para vosotros, dice. Y no les dice solamente que los ama, sino también que es amado por ellos, con la intención de levantar sus ánimos. Y da la prueba de ello, diciendo: Tito nos refirió los grandes deseos que teníais de verme, vuestro disgusto por lo que había pasado y vuestro amor por mí.
domingo, 20 de febrero de 2022
Tambien los pecadores lo hacen
sábado, 19 de febrero de 2022
El arma más letal del hombre
viernes, 18 de febrero de 2022
Cuáles son tus obras?
jueves, 17 de febrero de 2022
Abre tu boca a la Palabra de Dios
De los Comentarios de san Ambrosio, obispo, sobre los salmos.
En todo momento tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar
la justicia, siempre debes llevar en el corazón la ley de tu Dios. Por esto te
dice la Escritura: Hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado
y levantado. Hablemos, pues, del Señor Jesús, porque él es la sabiduría, él es
la palabra, y Palabra de Dios.
Porque también está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Por él anhela
quien repite sus palabras y las medita en su interior. Hablemos siempre de él.
Si hablamos de sabiduría, él es la sabiduría; si de virtud, él es la virtud; si
de justicia, él es la justicia; si de paz, él es la paz; si de la verdad, de la
vida, de la redención, él es todo esto.
Está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Tú ábrela, que él habla.
En este sentido dijo el salmista: Voy a escuchar lo que dice el Señor, y el
mismo Hijo de Dios dice: Abre tu boca y yo la saciaré. Pero no todos pueden
percibir la sabiduría en toda su perfección, como Salomón o Daniel; a todos sin embargo
se les infunde, según su capacidad, el espíritu de sabiduría, con tal de que tengan fe.
Si crees, posees el espíritu de sabiduría.
Por esto, medita y habla siempre las cosas de Dios, estando en casa. Por la
palabra casa podemos entender la iglesia o, también, nuestro interior, de modo
que hablemos en nuestro interior con nosotros mismos. Habla con prudencia, para
evitar el pecado, no sea que caigas por tu mucho hablar. Habla en tu interior
contigo mismo como quien juzga. Habla cuando vayas de camino, para que nunca
dejes de hacerlo. Hablas por el camino si hablas en Cristo, porque Cristo es el
camino. Por el camino, háblate a ti mismo, habla a Cristo. Atiende cómo tienes
que hablarle: Quiero -dice- que los hombres oren en todo lugar levantando al
cielo las manos purificadas, limpias de ira y de altercados. Habla, oh hombre,
cuando te acuestes, no sea que te sorprenda el sueño de la muerte. Atiende cómo
debes hablar al acostarte: No daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob.
Cuando te levantes, habla también de él, y cumplirás así lo que se te manda. Fíjate
cómo te despierta Cristo. Tu alma dice: Oigo a mi amado que me llama, y Cristo
responde: Ábreme, amada mía. Ahora ve cómo despiertas tú a Cristo. El alma dice:
¡Muchachas de Jerusalén, os conjuro a que no vayáis a molestar, a que no despertéis
al amor! El amor es Cristo.
miércoles, 16 de febrero de 2022
Un buen cristiano
martes, 15 de febrero de 2022
Dios me tienta
lunes, 14 de febrero de 2022
Haz crecer y mantiene en la unidad a la Iglesia
De la Vida eslava de Constantino
Constantino Cirilo, sobrecargado de trabajo, cayó enfermo y,
cuando hacía ya muchos días que soportaba su enfermedad, tuvo en cierta ocasión
una visión divina y se puso a cantar estas palabras:
«Qué alegría para mi espíritu y qué gozo para mi corazón cuando me
dijeron: «Entraremos en la casa del Señor.» Después. permaneció así
todo el día, lleno de alegría y diciendo:
«Desde ahora soy siervo, no ya del emperador ni de otro hombre alguno,
sino tan sólo del Dios todopoderoso. Antes no existía, pero ahora existo y existiré
para siempre. Amén.»
Al día siguiente vistió el santo hábito monástico y, como
quien añade más luz a la luz, tomó el nombre de Cirilo. Con este hábito
permaneció durante cincuenta días.
Al acercarse ya la hora de recibir el descanso y de
trasladarse a las moradas eternas, elevando sus manos hacia Dios, rogaba con
lágrimas en sus ojos, pronunciando estas palabras:
«Señor, Dios mío, tú que creaste las diversas categorías de
ángeles y todas las fuerzas incorpóreas, que extendiste el cielo, diste solidez
a la tierra y sacaste de la nada todo lo que existe, tú que escuchas siempre a
los que cumplen tu voluntad, te respetan y observan tus preceptos, escucha mi
oración y guarda a la grey de tus fieles, al frente de la cual me pusiste a mí,
tu siervo inepto e indigno.
Líbralos de la malicia de los impíos y paganos que blasfeman
de ti, haz crecer en número a tu Iglesia y mantenla siempre en la unidad. Haz
que tu pueblo se distinga por su concordia en la fe verdadera y por la recta
profesión de la misma, e inspira en sus corazones la palabra de tu doctrina:
porque es don tuyo el que nos hayas aceptado como predicadores del Evangelio. de
tu Ungido, incitándonos a que practicáramos las buenas obras que te son
agradables. Te devuelvo los que me confiaste, porque son tuyos; gobiérnalos con
tu diestra poderosa y cúbrelos con la sombra de tus alas, para que todos alaben
y glorifiquen tu nombre, el del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»
Besó a todos con el ósculo santo y dijo:
«Bendito el Señor, que no nos entregó como presa a los
dientes de nuestros adversarios invisibles, sino que rompió su red y nos libró
del mal que tramaban contra nosotros.»
Y así se durmió en el Señor, a la edad de cuarenta y dos años.
El papa mandó que todos los griegos que se encontraban en Roma,
así como los romanos, se reuniesen, con cirios en las manos, para cantar en sus
exequias, que quiso que se celebraran como si se tratase del mismo papa; y así
se hizo.
domingo, 13 de febrero de 2022
Cambio de mentalidad
sábado, 12 de febrero de 2022
Decisiones incorrectas
viernes, 11 de febrero de 2022
Reconoce tu dignidad
De los Sermones de san León Magno, papa
Al nacer nuestro Señor Jesucristo como hombre verdadero, sin dejar por un momento
de ser Dios verdadero, realizó en sí mismo el comienzo de la nueva creación y,
con su nuevo origen, dio al género humano un principio de vida espiritual.
¿Qué mente será capaz de comprender este misterio, qué lengua será capaz de explicar
semejante don? La iniquidad es transformada en inocencia, la antigua condición humana
queda renovada; los que eran enemigos y estaban alejados de Dios se convierten en
hijos adoptivos y herederos suyos.
Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que
fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido
restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las creaturas visibles, como usas
de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo
lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivo de
alabanza y gloria del Creador.
Deja que tus sentidos corporales se impregnen de esta luz corporal y abraza,
con todo el afecto de tu mente, aquella luz verdadera que viniendo a este mundo
ilumina a todo hombre, y de la cual dice el salmista: Contempladlo y quedaréis
radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. Si somos templos de Dios y el
Espíritu de Dios habita en nosotros, es mucho más lo que cada fiel lleva en su
interior que todas las maravillas que contemplamos en el cielo.
Con estas palabras, amadísimos hermanos, no queremos induciros o persuadiros a
que despreciéis las obras de Dios, o que penséis que las cosas buenas que ha
hecho el Dios bueno significan un obstáculo para vuestra fe; lo que pretendemos
es que uséis de un modo racional y moderado de todas las creaturas y de toda la
belleza de este mundo, pues, como dice el Apóstol, lo que se ve es transitorio;
lo que no se ve es eterno.
Por consiguiente, puesto que hemos nacido para las cosas presentes y renacido
para las futuras, no nos entreguemos de lleno a los bienes temporales, sino
tendamos, como a nuestra meta, a los eternos; y, para que podamos mirar más de
cerca el objeto de nuestra esperanza, pensemos qué es lo que la gracia divina ha
obrado en nosotros. Oigamos las palabras del Apóstol: Habéis muerto y vuestra
vida está oculta con Cristo en Dios; cuando se manifieste Cristo, que es
vuestra vida, os manifestaréis también vosotros con él, revestidos de
gloria, el cual vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los
siglos de los siglos. Amén.
jueves, 10 de febrero de 2022
Las migajas de los niños
miércoles, 9 de febrero de 2022
Lo que sale del corazón
martes, 8 de febrero de 2022
Mis propias leyes
lunes, 7 de febrero de 2022
Conocer a Jesús es conocer la Sagrada Escritura
Del Breviloquio de san Buenaventura, obispo
El origen de la sagrada Escritura no hay que buscarlo en la investigación humana,
sino en la revelación divina, que procede del Creador de los astros, de quien
procede toda familia en los cielos y en la tierra, de quien por su Hijo Jesucristo
se derrama sobre nosotros el Espíritu Santo, y por el Espíritu Santo, que reparte
y distribuye a cada uno sus dones como quiere, se nos da la fe, y por la fe habita
Cristo en nuestros corazones. En esto consiste el conocimiento de Jesucristo,
conocimiento que es la fuente de la que dimana la firmeza y la comprensión de toda
la sagrada Escritura. Por esto es imposible penetrar en el conocimiento de las
Escrituras, si no se tiene previamente infundida en sí la fe en Cristo, la cual es
como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura. En efecto, mientras
vivimos en el destierro lejos del Señor, la fe es el fundamento estable, la luz
directora y la puerta de entrada de toda iluminación sobrenatural; ella ha de ser
la medida de la sabiduría que se nos da de lo alto, para que nadie quiera saber
más
de lo que es justo, sino que abriguemos sentimientos de justa moderación, cada uno
en la medida de la fe que Dios le ha dado.
La finalidad o fruto de la sagrada Escritura no es cosa de poca importancia, pues
tiene como objeto la plenitud de la felicidad eterna. Porque la Escritura contiene
palabras de vida eterna, puesto que se ha escrito no sólo para que creamos, sino
también para que alcancemos la vida eterna, aquella vida en la cual veremos,
amaremos y serán saciados todos nuestros deseos; y, una vez éstos saciados,
entonces conoceremos verdaderamente el amor de Cristo, que excede todo conocimiento,
y así quedaremos colmados hasta poseer toda la plenitud de Dios. En esta plenitud,
de que nos habla el apóstol, la sagrada Escritura se esfuerza por introducirnos.
Ésta es la finalidad, ésta es la intención que ha de guiarnos al estudiar,
enseñar y escuchar la sagrada Escritura.
Y, para llegar directamente a este resultado, a través del recto camino de las
Escrituras, hay que empezar por el principio, es decir, debemos acercarnos, sin
otro bagaje que la fe, al Creador de los astros, doblando las rodillas de
nuestro corazón, para que él, por su Hijo, en el Espíritu Santo, nos dé el
verdadero conocimiento de Jesucristo y, con el conocimiento, el amor, para que
así, conociéndolo y amándolo, fundamentados en la fe y arraigados en la caridad,
podamos conocer la anchura y la longitud, la altura y la profundidad de la
sagrada Escritura y, por este conocimiento, llegar al conocimiento pleno y al
amor extático de la santísima Trinidad; a ello tienden los anhelos de los
santos, en ello consiste la plenitud y la perfección de todo lo bueno y
verdadero.
domingo, 6 de febrero de 2022
Es ilógico
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
¡Cuántas veces hemos tenido miedo de salir de nuestra zona de confort para hacer la Voluntad de Dios! Y ¿cuántas nos hemos quedado quietos por miedo a lo que no conocemos, por miedo a la novedad de lo que Dios nos pueda pedir?