De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
Revistámonos de concordia, manteniéndonos en la humildad y en la continencia,
apartándonos de toda murmuración y de toda crítica y manifestando nuestra
justicia más por medio de nuestras obras que con nuestras palabras. Porque
está escrito: ¿Va a quedar sin respuesta tal palabrería?, ¿va a tener
razón el charlatán?
Es necesario, por tanto, que estemos siempre dispuestos a obrar el bien, pues
todo cuanto poseemos nos lo ha dado Dios. Él, en efecto, ya nos ha prevenido
diciendo: Mirad, el Señor Dios llega con poder, y con él viene su salario y su
recompensa lo precede y paga a cada hombre según sus acciones. De esta forma,
pues, nos exhorta a nosotros, que creemos en él con todo nuestro corazón, a que,
sin pereza ni desidia, nos entreguemos al ejercicio de las buenas obras. Nuestra
gloria y nuestra confianza estén siempre en él; vivamos siempre sumisos a su
voluntad y pensemos en la multitud de ángeles que están en su presencia, siempre
dispuestos a cumplir sus órdenes. Dice, en efecto, la Escritura: Miles de
millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él y
gritaban, diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos, llena
está la tierra de su gloria!»
Nosotros, pues, también con un solo corazón y con una sola voz, elevemos el
canto de nuestra común fidelidad, aclamando sin cesar al Señor, a fin de tener
también nuestra parte en sus grandes y maravillosas promesas. Porque él ha
dicho: Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios
ha preparado para los que lo aman.
¡Qué grandes y maravillosos son, amados hermanos, los dones de Dios! La vida en
la inmortalidad, el esplendor en la justicia, la verdad en la libertad, la fe en
la confianza, la templanza en la santidad; y todos estos dones son los que están
va desde ahora al alcance de nuestro conocimiento. ¿Y cuáles serán, pues, los
bienes que están preparados para los que lo aman? Solamente los conoce el
Artífice supremo, el Padre de los siglos; sólo él sabe su número y su belleza.
Nosotros, pues, si deseamos alcanzar estos dones procuremos, con todo ahínco,
ser contados entre aquellos que esperan su llegada. ¿Y cómo podremos lograrlo,
amados hermanos? Uniendo a Dios nuestra alma con toda nuestra fe, buscando
siempre con diligencia lo que es grato y acepto a sus ojos, realizando lo que
está de acuerdo con su santa voluntad, siguiendo la senda de la verdad y
rechazando de nuestra vida toda injusticia.
miércoles, 27 de octubre de 2021
Sigamos la senda de la Verdad
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