"Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
En el espíritu no valen los títulos o las causas naturales, sino que vale la decisión y la acción acerca de lo que creemos y de lo que vivimos.
"Me llamarán bienaventurada todas las generaciones", dijo María, y eso no fue solamente porque concibio y dio a luz al Hijo de Dios, sino porque fue Fiel a la Voluntad de Dios, supo escuchar y abrir su corazón de par en para a la Voluntad de Dios: "he aquí la esclava del Señor, que se haga en mí según has dicho".
Por eso mismo, Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "Feliz de tí por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado por el Señor".
No, no bastan los títulos en el orden espiritual. A veces creemos, o, mejor dicho, algunos creen que por ostentar un título, un cargo, una profesión, son mejores que otros que no tienen nada en su haber pues no les llegó la oportunidad de llegar a esos títulos. Pero no nos equivoquemos: "a quien mucho se le dio mucho se le pedirá", y si has logrado mucho en la vida, pues mucho se te está exigiendo ¿están dando lo mismo que te han dado?
Pues la bienaventuranza de la que hace mención Jesús, y que en María, fue sobreabundante, no viene de los títulos sino de la Fidelidad a la Palabra de Dios, de la obediencia a Su Voluntad, de la Fidelidad a la Vida que nos ha dado el Señor. Porque Él nos ha dado su Espíritu para que vivamos como Él que "no ha venido a hacer su voluntad sino la de Aquél que lo envió", y por eso, nos ha otorgado ciertos dones y talentos para ponerlos al servicio de Su Palabra, de Su Voluntad y no de la nuestra.
Así, pues, para muchos que no han sabido ser Fieles a la Vida que Él nos ha dado y nos ha mostrado el camino, no ha llegado la bienaventuranza y van buscando por aquí y por allá aquello que sólo encontrarán en la Palabra, en los Sacramentos, en la vivencia plena de la Palabra de Dios, como lo hizo María.
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