"Dios dijo entonces a Jonás:
«¿Por qué tienes ese disgusto tan grande por lo del ricino?».
Él contestó:
«Lo tengo con toda razón. Y es un disgusto de muerte».
Dios repuso:
«Tú te compadeces del ricino, que ni cuidaste ni ayudaste a crecer, que una noche surgió y en otra desapareció, ¿y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?».
¿Cuáles son las cosas que más nos disgustan? ¿Cuáles son nuestros problemas? A veces vemos cómo la gente se hace problemas por situaciones que no valen la pena, y se olvidan de lo que le pasa a quien tienen a su lado. Vivimos tan pendientes de lo que queremos y anhelamos que nos olvidamos de disfrutar de lo que tenemos y de las personas que tenemos a nuestro lado. Se nos pasa el tiempo buscando alcanzar algo inalcanzables, sin ponernos a pensar que en esa carrera por algo se nos pasa el tiempo sin alcanzar lo esencial que es el tiempo compartido con quienes qeremos.
El disgusto de Jonás fue porque Dios fue misericordioso con Nínive, porque los perdonó de sus pecados y no destruyó la ciudad. Pero también se disgustó porque el ricino que ni el plantó pero que se secó y dejó de darle sombra.
¿Con cuánta gente nos disgustamos y no volvemos a hablarle? ¿A cuánta gente hemos herido con nuestras palabras o acciones y no hemos tenido el valor de pedir disculpas o perdón? ¿Cuántas familias o amistades hemos dejado desunidas o hemos perdido y no hemos tenido la capacidad de volver a unirlas? Sin embargo nos ponemos mal porque se nos rompió tal cosa o no pudimos comprar tal otra.
"Allí donde esté tu tesoro estará tu corazón", si nuestro tesoro está en las cosas materiales o en los sueños inalcanzables del tener y poseer, nuestro corazón estará vacío porque nos hemos olvidado de amar a quienes verdaderamente tenemos que amar.
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