martes, 12 de octubre de 2021

No es el título

«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Leyendo este pasaje me acorde de una charla del P. Efraín Sueldo a los padres, les decía: "muchas veces le dicen a los hijos, 'estos es así porque soy tu padre', y los hijos no ponen en duda la paternidad cuando discuten con los padres, sino que les den razones para hacer lo que tienen que hacer". Y ¿a que viene esto? Jesús no quiere que seamos cristianos porque llevamos el título de cristianos, sino porque vivamos como cristianos, y para eso Él nos ha dado razones, no sólo nos dio su Espíritu para ser hijos de Dios, sino que nos enseñó a ser hijos de Dios, viviendo Él primero como hijo, pues "siendo Dios no dudó en abajarse y hacerse hombre, siendo rico se hizo pobre" y, sobre todo, se hizo obediente, cargando sobre sí nuestros pecados, y obediente hasta la muerte y muerte en Cruz.
Por eso cuando decimos que somos cristianos ¿somos verdaderamente cristianos o sólo ostentamos, como tantos otros, un título que no dice nada de lo que somos?
No quiso, como ya lo hemos escuchado tantas veces, dejar de alabar a María, pues Él la amaba porque era su madre, pero no quería que se la alabara a María sólo por ser su madre, sino porque la Bienaventuranza de María ha sido por su obediencia fiel a la Palabra de Dios: "he aquí la esclava del Señor", y eso lo vivió siempre, por eso en Ella se cumplieron aquella palabras que Ella misma dijo: "me llamarán bienaventurada todas las generaciones", porque, como le dijo Isabel: "Feliz de tí por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor".
Y ahí está nuestra razón para ser cristianos: nos fue anunciado el Evangelio de Cristo para que tengamos vida verdadera, para que seamos veraderos cristianos, viviendo en fidelidad a la Palabra de Dios, se nos anunció el Evangelio. Y, así: "lo que hemos visto y conocido os lo anunciamos", y será nuestra vida la que anuncie lo que ha visto, conocido y creído, y, sobre todo, vivido quien predique lo que somos: hijos de Dios que, como el Hijo, viven en Fidelidad a la Palabra, en Fidelidad a su Voluntad.

 

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