De la carta de san Agustín, obispo, a Proba
Quien dice, por ejemplo, como mostraste tu santidad a las naciones, muéstranos así
tu gloria y que tus profetas sean hallados fieles, ¿qué otra cosa dice sino
santificado sea tu nombre?
Quien dice: Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve,
¿qué otra cosa dice sino venga tu reino?
Quien dice: Asegura mis pasos con tu promesa, que ninguna maldad me domine, ¿qué
otra cosa dice sino hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo?
Quien dice: No me des pobreza ni riqueza, ¿qué otra cosa dice sino danos hoy
nuestro pan de cada día?
Quien dice: Señor, tenle en cuenta a David todos sus afanes, o bien: Señor, si
soy culpable, si hay crímenes en mis manos, si he causado daño a mi amigo, ¿qué
otra cosa dice sino perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a
los que nos ofenden?
Quien dice: Líbrame de mi enemigo, Dios mío; protégeme de mis agresores, ¿qué
otra cosa dice sino líbranos del mal?
Y si vas discurriendo por todas las plegarias de la santa Escritura, creo que nada
hallarás que no se encuentre y contenga en esta oración dominical. Por eso,
hay libertad de decir estas cosas en la oración con unas u otras palabras, pero no
debe haber libertad para decir cosas distintas.
Esto es, sin duda alguna, lo que debemos pedir en la oración, tanto para
nosotros como para los nuestros, como también para los extraños e incluso para
nuestros mismos enemigos, y aunque roguemos por unos y otros de modo distinto,
según las diversas necesidades y los diversos grados de familiaridad,
procuremos, sin embargo, que en nuestro corazón nazca y crezca el amor hacia
todos.
Aquí tienes explicado, a mi juicio, no sólo las cualidades que debe tener tu
oración, sino también lo que debes pedir en ella, todo lo cual no soy yo quien
te lo ha enseñado, sino aquel que se dignó ser maestro de todos.
Hemos de buscar la vida dichosa y hemos de pedir a Dios que nos la conceda. En
qué consiste esta felicidad son muchos los que lo han discutido y sus sentencias
son muy numerosas. Pero nosotros, ¿qué necesidad tenemos de acudir a tantos
autores y a tan numerosas opiniones? En las divinas Escrituras se nos dice de
modo breve y veraz: Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor. Para que podamos
formar parte de este pueblo, llegar a contemplar a Dios y vivir con él
eternamente, tenernos aquella exhortación cuyo objetivo no debe ser otro que
promover la caridad que proviene de un corazón sincero, de una conciencia recta
y de una fe sin fingimiento.
Al citar estas tres propiedades se habla de la conciencia recta aludiendo a la
esperanza. Por tanto, la fe, la esperanza y la caridad conducen hasta Dios al
que ora, es decir, a quien cree, espera y desea, al tiempo que descubre en la
oración dominical lo que debe pedir al Señor.
miércoles, 13 de octubre de 2021
Nada hallarás fuera del Padre nuestro
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