«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí".
Una vez alguien me preguntó, en función a esta lectura: ¿es cierto que Jesús quiere que odiemos a nuestros padres?
¿Qué les parece a ustedes?
A mí me parece claro que no quiere que odiemos a nuestros padres ni a nadie. Lo que quiere es que no antepongamos el amor a las personas al amor a Dios, porque sería una excusa para no vivir la Voluntad de Dios.
No somos pocos los que siempre encontramos una excusa para no hacer la Voluntad de Dios, y no nos damos cuenta que el llamado de Jesús es una exigencia radical en nuestra vida. Pero, claro, lo primero es que no entendemos que ser cristianos implica un cambio radical de nuestra mentalidad, de nuestra formar de pensar y ver las cosas.
Como humanos que somos siempre anteponemos, a cualquier cosa, lo que nos gusta, lo que quiero, lo que tengo ganas, y, en estos tiempos, sobre todo, mi libertad.
Y Jesús me dice: El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.
Por eso, antes que pretender entender las exigencias del evangelio, tengo que comprender qué es la vida que digo que vivo, porque ser cristiano, no sólo es un nombre, sino una vida a vivir. Y así nos lo explica san Pablo:
"Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús".
Es una vida nueva que nace el día de nuestro bautismo. Pero no es una vida igual a todos los demás con algo diferente, sino que es una vida que nace para ser vivida en unión con Cristo, y por eso, tiene una exigencia principal que es el llamdo de Cristo:
"quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame".
Y para poder seguirlo, tengo que hacer un cambio de mentalidad: dejar de pensar como piensa el mundo, en donde lo primero y principal soy yo y mi libertad, para ponerme a pensar cuál es la Voluntad de Dios para mi vida. Y ahí tendré que responder: Sí o No, simple y categóricamente a Dios.
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