lunes, 31 de diciembre de 2018

La magia de fin de año...

Último día del año y pareciera que termina todo y que el último día fuera mágico, porque a partir de hoy ya mañana será algo nuevo y diferente... nooo. Mañana estaremos, eso sí, algunos, con la resaca de la fiesta de Nochevieja y todavía nos faltará la comida y las sobras de Año Nuevo... Por estos lados con mucho frío, por otros lados con mucho calor... Pero no será una noche mágica en donde todo cambia simplemente por haber cambiado el número del año. No.
Pero, sí, todo puede cambiar si me doy cuenta de lo que he vivido y cómo lo he vivido y cómo lo quiere vivir a partir de hoy, porque el cambio no depende del número del año o del día o del horóscopo o de las brujas (que dicen que no existen, pero que las hay...) sino que depende de mi disposición a la Gracia y a aprender de mis errores (claro que antes tengo que reconocer que me he equivocado)
Para nosotros, los cristianos, sabemos que para poder cambiar, primero tenemos que reconocer que nos hemos equivocado y después estar dispuestos a la Gracia de Dios para que nos ayude a cambiar aquello quen no nos permite ser santos. Y, por eso mismo, tenemos que estar convencido que Dios nos ha llamado a la santidad. Sí, a todos los bautizados nos ha llamado a la santidad, y por eso mismo nos ha dado el Espíritu Santo que nos hace sus hijos.
Cuando no reconocemos nuestra realidad de hijos de Dios es cuando nos volvemos en contra del Señor, porque como el mismo lo dijo: "quien no está conmigo está en contra de mí, quien no recoge conmigo desparrama", y por eso mismo San Juan, en su carta nos dice:
"Habéis oído que iba a venir un anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es la última hora.
Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.
En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo, y todos vosotros lo conocéis.
Os he escrito, no porque desconozcáis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira viene de la verdad".
No es que el anticristo sea un ser monstruoso al que le han salido cuernos y cola colarada y ante tirando rayos fulminantes por los ojos, sino que anticristo es todo aquél que siendo cristiano vive como si no lo fuera o hablando en contra del Señor. O, simplemente, aquél que teniendo que vivir en la Verdad del Evangelio vive en la mentira del mundo y lo que siembra es cizaña y no paz, verdad y fraternidad.
Y en eso podemos identificarnos muchos porque cuando nos enfadamos con alguien lo primero que hacemos es sembrar calumnias sobre esa persona, y lo que nos pide el Padre es que vayamos y arrepentidos pidamos perdon y seamos instrumentos de paz.
Pero bueno, a fin de año aún tenemos tiempo para descubrir que no hemos sido tan buenos cómo creíamos y no hemos sido instrumentos de paz como pensábamos, por eso al hacer el "famoso balance" de fin de año, pidamos al Señor al Gracia para convertirnos, para buscar el perdón y volver a caminar por los pasos de Jesús, vivir Su Vida y alcanzar le ideal que el Padre a puesto en nuestros corazones: "sed santos como vuestro Padre Celestial es santo, sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto", porque "habeis sido llamados desde antes de la creación del mundo para ser santos e irreprochables ante Él por el amor".
¡Feliz fin de año y buen comienzo de 2019! Que todos podamos seguir caminando en la Fe, la Esperanza y el Amor.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Familia santa

El día de la Sagrada Familia de Nazaret, un día en el que rezamos por las familias de todo el mundo, y miramos a José, María y Jesús para ayudarnos a alcanar la perfección como familias cristianas, una perfección que, claro está, no se da en ser inmaculados, justos o dioses, sino en buscar lo que Ellos encontraron para forjar una familia santa.
"Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todas esto en su corazón".
Si pensamos en la Sagrada Familia podemos verlos como un ejemplo muy lejano e imposible de alcanzar, porque cada uno de ellos alcanzó una perfección espiritual muy alta, y, generalmente, no estamos atentos a lo que vivieron. Pero, Ellos, como nuestras familias han pasado por muchos momentos parecidos, y nos lo demuestra este pequeño pasaje de Jesús perdido y hallado en el Templo (sí, como el misterio del Rosario) Jesús adolescente se aleja de la vista de sus padres y se queda solo en Jerusalen, sin decirle nada a ellos. María y José, confiados vuelven a su pueblo, pero en el viaje se dan cuenta que no estaba Jesús entre ellos y comienzan a buscarlo. Sí, son cosas que pasan y ese descuido no los marca como "malos padres", porque se olvidaron de su hijo.
Al encontrar a Jesús surge ese hermoso diálogo, aunque, un poco difícil de entender por la respuesta que da Jesús a sus padres, que, a nosotros nos puede parecer un poco fuera de lugar porque "no esas las formas de contestar a los padres", pero Jesús era un adolescente. Pero, en el fondo, en la respuesta hay algo que siempre ha estado en la Familia de Nazaret: la obediencia a Dios antes que a los hombres: "¿no sabíais que yo debía estaar en las cosas de mi Padre?". "Estar en las cosas de Dios", fue el centro de la vida de los tres, porque sus vidas estaba marcada por la presencia de Dios, por la escucha de la Palabra y la vivencia plena de la Voluntad de Dios en todo momento, tanto en el gozo de la anunciación como en el dolor del Calvariio.
Es cierto que esa respuesta de Jesús a sus padres no les impidió llevárselo a su casa y seguir, Jesús, obedeciendo a sus padres. Aunque María y José no entendieran lo que les quiso decir, pero, seguramente sabían en sus corazones que eso se lo habían enseñado ellos con su vida. Y así, Jesús siguió bajo su techo y creciendo con el ejemplo de María y José, viviendo en obediencia a quienes Dios había puesto para ser sus padres.
Por eso creo que a pesar de todo lo que han tenido que pasar, pues fueron una familia como la de cualquiera de nosotros, pudieron alcanzar (como diría san Pablo) "la meta" por la viviencia en plenitud de la Voluntad de Dios, la Fidelidad a la Vida que Dios les iba mostrando. Es esta fidelidad a Dios la que Ellos quieren mostrarnos a nosotros, que si nuestras vidas como familias están sostenidas y unidas en el mismo Ideal podremos alcanzar la santidad como Ellos la vivieron.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Fidelidad a la Palabra

Dentro de la octava de Navidad hemos tenido y tenemos muchos temas para meditar y para iluminar nuestro caminar en la Fe: San Esteban, protomártir; San Juan, evangelista; los Santos Inocentes, mártires; y hoy se nos presenta el evangelio de la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de María, lo pongo así porque es algo que lo tenemos escuchado por los misterios del Rosario. Es un evangelio que siempre me ha llamado la atención porque si uno se lo pone a pensar humanamente, no tendrían por qué haber hecho tal cosa María y José. Es decir, no tenían por qué ir a consagrar al Niño al Templo porque el Niño es Dios, no necesita ser consagrado a Dios. Tampoco tendría María que ir a purificarse al Templo porque Ella es la Purísima. Y sin embargo, como dice el evangelio:
"Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Como buenos religiosos quisieron cumplir con lo que establecía la Ley de Moisés, porque, seguramente, no cabía en ellos la posibilidad de no vivir la Ley de Moisés. Eran Fieles a lo que Dios había dejado escrito y lo que las prescripciones de la Ley Judía decía. No había en ellos dudas de que debían hacerlo.
Por eso, cuando Jesús dice: "felices los que escuchan la Palabra de Dios y la practican", habla casi directamente de sus padres, de María y José, porque en ellos vio y conoció cómo se debe vivir la Ley de Moisés, cómo se debe ser Fiel a la Voluntad de Dios.
Y San Juan nos lo vuelve a recordar en su carta:
"En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud.
En esto conocemos que estamos en él.
Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó".
Porque no son pocos los cristianos que queremos hacer nuestros propios mandamientos, vivir o cumplir algunos mandamientos porque no todos son adecuados para este tiempo. Y sin embargo nunca han sido dado de baja ninguno de los mandamientos, ni han cambiado ni una sola letra de lo que dijo Jesús. Pero nos gusta hacer nuestro propio cristianismo y vivir lo que se nos da la gana, por eso es bueno recordar las palabras que Jesús dijo acerca de la fidelidad y las que San Juan nos dice en este día:
"Quien dice que permanece en él (Jesús) debe caminar como él caminó". No hay medias tintas...

viernes, 28 de diciembre de 2018

Santos inocentes

"Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos".
El apetito de poder sumado a la ira o a la cólera, más la vanidad y el orgullo de creer que sólo uno tiene la verdad, es lo que le permitió a Herodes llegar a hacer aquella gran matanza. Una matanza que no sólo se dió aquél día sino que, en muchos lugares, también se sigue haciendo. Aún hoy, en este siglo XXI, hay quienes siguen matando cristianos por el simple hecho de tener una religión diferente. Hoy también sigue habiendo mártires inocentes que prefieren la muerte antes que renunciar a su fe, a su Dios.
También hoy, hay otros mártires inocentes: los niños que son asesinados en el vientre de sus madres que no pueden ni siquiera profesar una fe, ni tienen la oportunidad de opinar acerca de la vida o de la muerte. Son, también, mártires inocentes, producto del sinsentido de la vida de los hombres, varones y mujeres, que se creen dueños de la vida y de la muerte, que pueden decidir sobre quién vive y quién muere ¿Cuál es la diferencia entre ellos y Herodes?
Pero también existe otra manera de matar que es la que nace de los corazones enfermos de apetito de poder, de vanidad, de soberbia, de envidias y rencores que fulminan con la lengua a quienes no soportan, a quienes dicen la verdad, a quienes buscan la Verdad. Hay lenguas que constantemente matan o creen matar porque "no son de los nuestros", como pensaban los apóstoles en un momento, pero que Jesús les llamó la atención y les hizo comprender que esa no era la manera de actuar.
Hoy nos hemos dejado llevar por el instinto humano y por el espíritu del mundo, y, muchas veces, nos convertirmos en jueces y verdugos de la vida de los demás y sin más miramientos decidimos quién es bueno y quien es malo, y aunque, no tengamos argumentos que avalen nuestra actitud comenzamos a sembrar de maldad y cizaña una comunidad, una familia, un pueblo, por el simple hecho de que alguien ha herido mi orgullo, o me ha quitado poder, o simplemente porque no me gusta su forma de actuar.
Sí, ¿cuál es la diferencia entre esa gente y Herodes? ¿Podemos seguir actuando de esa manera? ¿No será hora de que intentemos un cambio en nuestras vidas y comencemos a vivir como Cristo nos enseñó y mandó?
Cuando dejamos que nos venza la ira, la cólera, la vanidad, el orgullo, o el rencor, entonces no estamos actuando conforme al evangelio, no estamos siendo verdaderos cristianos. Pero, muchas veces, creemos que lo hacemos por el bien y no es así. Debemos poner atención en nuestra forma de comportarnos y discernir cuál es la Voluntad de Dios y cuál es mi comportamiento.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Vio y creyó

"Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó".
No siempre es fácil creer en lo que no vemos, no sentimos, no escuchamos. Somos seres que se guían por la percepción, en cambio, también, somos seres espirituales aunque al espíritu tampoco lo vemos, ni lo sentimos, pero sabemos que existe. Así nos pasa con lo que nos cuesta creer, porque para negar siempre hay un camino fácil: decimos que no creemos en tal cosa y ¡listo! seguimos viviendo. Aunque para decir que algo no existe, primero he tenido que saber que existe, pero no me quiero meter en ese berenjenal.
A los apóstoles les costó creer lo que le decían las mujeres, y hasta que no vieron no creyeron, aunque en este pasaje del evangelio, en realidad, no vieron nada, porque no estaba Jesús, pero podría haber sido, como dijeron otros, que se habían robado el cadaver. Juan y Pedro al llegar al sepulcro no vieron a Jesús, pero tenían en su mente las palabras que Él les había dicho, y en su corazón esperaban que esas palabras fueran ciertas, lo mismo que lo que le había dicho María Magdalena. Tenían el deseo de creer, por eso cuando vieron la tumba vacía, creyeron.
Seguramente nos ha pasado muchas veces algo similar en orden a la fe: siempre nos cuesta creer en las cosas de Dios, sobre todo. Digo sobre todo en las cosas de Dios, porque nos encontramos con gente que cree en montón de otras supersticiones, siendo cristiana, pero no cree demasiado en las cosas de Dios. O, mejor dicho, porque no tiene la suficiente confianza en la Providencia Divina, en el Amor del Padre, y por eso comienza a creer en muchas otras "creencias" o supersticiones que no son cristianas, y, en algunos casos, son contrarias a lo que decimos creer como cristianos.
El camino de la Fe, la vida de fe que intentamos vivir no es una vida fácil, pues, se podría decir, que creemos sin ver, sin tocar, sin sentir, sin experimentar sensaciones que nos demuestren que lo que creemos es verdad. Sabemos que es verdad lo que creemos pero aún seguimos caminando en oscuridad, nos sostenemos de Verdades que nos han transmitido y dejamos que el Espíritu Santo confirme esas verdades con la Paz que le da a nuestra alma.
Por eso es tan necesario, en nuestra vida, en nuestro camino de fe, tener una constante relación con las Personas Divina, para que siempre pueda permanecer unido a ellas, para que el Amor, la Gracia, el Fuego siempre esten en mí. Que el Amor al Padre nos ayude a sentirnos hijos que son cuidados y amados por un Padre Todopoderoso y creador de Cielos y Tierra. Para que la Gracia que el Hijo nos dió con su muerte y resurrección, permanezca y nos perfeccione como hijos de Dios, para que siempre podamos aceptar y vivir en la Voluntad del Padre. Y así, el Fuego de los Dones del Espíritu nos ayude a madurar nuestras fe y nos encienda en la entrega cotidiana de nuestra vida hacia la santidad.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Las armas de la caridad

De los Sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo

    Ayer celebrábamos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el martirio triunfal de su soldado.
    Ayer nuestro Rey, con la vestidura de gala de nuestra carne, salió del palacio del seno virginal y se dignó visitar el mundo; hoy su soldado, abandonando la tienda de su cuerpo, ha entrado triunfante en el cielo.
    Nuestro Rey, a pesar de su condición altísima, por nosotros viene humilde, mas no con las manos vacías: él trae para sus soldados una dádiva espléndida, ya que no sólo les otorga copiosas riquezas, sino que les da también una fortaleza invencible en el combate. En efecto, trae consigo el don de la caridad, que eleva a los hombres hasta la participación de la. naturaleza divina.
    Y, al repartir estos dones, en nada queda él empobrecido, sino que de un modo admirable enriquece la pobreza de sus fieles sin mengua de sus tesoros inagotables.
    La misma caridad que hizo bajar a Cristo del cielo a la tierra ha hecho subir a Esteban de la tierra al cielo. La misma caridad que había precedido en la persona del Rey resplandeció después en su soldado.
    Esteban, para merecer la corona que significaba su nombre, tuvo por arma la caridad, y ella le dio siempre la victoria. Por amor a Dios no cedió ante la furia de los judíos, por amor al prójimo intercedió por los que lo apedreaban. Por esta caridad refutaba a los que estaban equivocados, para que se enmendasen de su error; por ella oraba por los que lo apedreaban, para que no fuesen castigados.
    Apoyado en la fuerza de esta caridad, venció la furia y crueldad de Saulo y, habiéndolo tenido por perseguidor en la tierra, logró tenerlo por compañero en el cielo. Movido por esta santa e inquebrantable caridad, deseaba conquistar con su oración a los que no había podido convertir con sus palabras.
    Y ahora Pablo se alegra con Esteban, goza con él de la gloria de Cristo, con él desborda de alegría, con él reina. Allí donde entró primero Esteban, aplastado por las piedras de Pablo, entró luego Pablo, ayu1ado por las oraciones de Esteban.
    Ésta es, hermanos míos, la verdadera vida, donde Pablo no es avergonzado por la muerte de Esteban, donde Esteban se congratula de la compañía de Pablo, porque en ambos es la caridad la fuente de su alegría. La caridad de Esteban, en efecto, superó la furia de los judíos, la caridad de Pablo cubrió la multitud de los pecados, la caridad de ambos les hizo merecer juntamente la posesión del reino de los cielos.
    La caridad, por tanto, es la fuente y el origen de todo bien, la mejor defensa, el camino que lleva al cielo. El que camina en la caridad no puede errar ni temer, porque ella es guía, protección, camino seguro.
    Por esto, hermanos, ya que Cristo ha colocado la escalera de la caridad, por la que todo cristiano puede subir al cielo, aferraos a esta pura caridad, practicadla unos con otros y subid por ella cada vez más arriba.

martes, 25 de diciembre de 2018

Reconoce tu dignidad

De los Sermones de san León Magno, papa

    Nuestro Salvador, amadísimos hermanos, ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa.
    Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvamos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca a la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida.
    Al llegar el momento dispuesto de antemano por los impenetrables designios divinos, el Hijo de Dios quiso asumir la naturaleza humana para reconciliada con su Creador; así el diablo, autor de la muerte, sería vencido mediante aquella misma naturaleza sobre la cual él mismo había reportado su victoria.
    Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?
    Demos, por tanto, amadísimos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo, pues, por la inmensa misericordia con que nos amó, ha tenido piedad de nosotros y, cuando estábamos muertos por nuestros pecados, nos vivificó con Cristo, para que fuésemos en él una nueva creatura, una nueva obra de sus manos. Despojémonos, por tanto, del hombre viejo y de sus acciones y, habiendo sido admitidos a participar del nacimiento de Cristo, renunciemos a las obras de In carne. Reconoce, oh cristiano, tu dignidad y, ya que ahora participas de la misma naturaleza divina, no vuelvas a tu antigua vileza con una vida depravada. Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. Ten presente que has sido arrancado del dominio de las tinieblas y transportado al reino y a la claridad de Dios.
    Por el sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no ahuyentes, pues, con acciones pecaminosas un huésped tan excelso, ni te entregues otra vez como esclavo del demonio, pues el precio con que has sido comprado es la sangre de Cristo.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Magnificat

Del Comentario de san Beda el Venerable, presbítero, sobre el evangelio de san Lucas

    María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.»
    «El Señor -dice- me ha engrandecido con un don tan magnífico e inaudito que no se puede explicar con palabras humanas, y el mismo corazón con todo su amor apenas puede llegar a comprenderlo. Por lo tanto, me entrego con todas mis fuerzas a la alabanza y a la acción de gracias, contemplando la gran deza de aquel que es eterno, y gustosamente le consagro mi vida, sentimientos y pensamientos, porque mi espíritu se alegra en la divinidad eterna de Jesús, es decir, del Salvador, que se ha revestido de mi carne y reposa en mi seno.»
    Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
    Estas palabras se relacionan con el comienzo del cántico, donde se dice: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Sin duda que sólo aquel en quien el Poderoso hace obras grandes sabrá proclamar dignamente la grandeza del Señor y podrá exhortar a los que, como él, se sienten enriquecidos por Dios, diciendo: Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
    Pues el que no proclama la grandeza del Señor, sabiendo que es infinita, y no bendice su nombre será el último en el reino de los cielos. Se dice que su nombre es santo porque, por su inmenso poder, trasciende toda creatura y está infinitamente por encima de todas las cosas creadas.
    Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su misericordia. Con toda propiedad el cántico llama siervo o niño del Señor a Israel, pues, para salvarlo, Dios lo acogió como se acoge a un niño obediente y humilde, según aquello que dice Oseas: Cuando Israel era un niño yo lo amé.
    Porque quien no quiere humillarse no puede tampoco ser salvado ni decir con el profeta: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida, pues, el que se haga pequeño tal como este niño será el más grande en el reino de los cielos.
    Como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
    Al hablar aquí de la descendencia de Abraham no se refiere a la descendencia según la carne, sino según el espíritu, es decir, no sólo habla de aquellos que han sido engendrados según la carne, sino también de todos aquellos que han seguido los pasos de Abraham por medio de la circuncisión de la fe. Porque Abraham creyó cuando estaba en la circuncisión y, ya entonces, su fe le fue tenida en cuenta para la justificación.
    Por lo tanto la venida del Salvador fue prometida a Abraham y a su descendencia por siempre, es decir, a los hijos de la promesa, de quienes se dice: Si sois de Cristo sois por lo mismo descendencia de Abraham, herederos según la promesa.
    Con razón la madre del Señor y la madre de Juan se adelantaron con sus respectivas profecías al nacimiento de sus hijos; con ello, de la misma forma que el pecado comenzó por la mujer, también por la mujer se inicia la salvación, y la vida, que fue perdida por el engaño que sedujo a una sola mujer, es ahora devuelta al mundo por la profecía de dos mujeres que compiten en su empeño por anunciar la salvación.

sábado, 22 de diciembre de 2018

El poder de Dios se muestra en la sencillez de su servidora

Creo que es imposible no emocionarse con el canto del Magnificat, leer cada una de sus palabras y recordare el momento en que fue dicho y por quién. Creo que, además, si podemos situarnos en aquél día donde dos mujeres se llenaron del Espíritu y dejaron que Él mismo hablara por ellas y desde ellas, podremos entender el por qué emociona leerlo o escucharlo.
Cuando María entra en la casa de Isabel y Zacarías, el evnagelista nos dice que el niño saltó de alegría en el seno de Isabel y ella llena del Espíritu Santo exclamó la primera bienaventuranza sobre María: ¡Bendita tú entre las mujeres! Una bienaventuranza que surgió de un corazón lleno del Espíritu Santo. Una bienaventuranza que volvemos a proclamar todos los días cuando rezamos el Ave María, pensando que María, como en ese día, viene a nuestro encuentro y nos transmite aquél mismo Espíritu que la cubrió y la transformó en la Madre del Señor.
Y, aunque pareciera un acto de vanidad y soberbia, María, también, llena del Espíritu Santo clama un cántico de novedad, un cántico de Bienanventuranza sobre sí misma, pero es sobre todo, sobre le poder del Señor que la llamó a ser la Madre de su Unigénito:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.
"Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
María consciente de su pequeñez no puede no alabar al Señor, porque su poder ha sido demostrado en su condición de Madre del Salvador; pero, además, no puede no mostrar una verdad: el poder del Señor se demuestra desde la humildad de su servidora. Esa Humildad que se muestra en la disponibilidad ante la Voluntad de Dios, y que, ya desde Nazaret María comenzó a vivirla, cuando le dijo al Ángel: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".

viernes, 21 de diciembre de 2018

Dipsonibiildad y prontitud

"¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?", fueron las palabras de Santa Isabel cuando escuchó el saludo de María. Ella no sabía que María estaba esperando al Mesías, pero sí el Espíritu Santo le comunicó esa Gracia, pues María llevaba en su seno al Hijo de Dios, y el Espíritu Santo la acompañaba. Isabel como María tenía una gran disposición a la Voz del Espíritu, por eso comprendió enseguida el mensaje y se alegró en el Señor.
Pero a la pregunta podemos responder: eres quien me necesita, estás embarazada y necesitas ayuda; eres anciana y neceistas ayuda en este momento; escuché que podría estar en problemas y por eso vine a ayudarte. En realidad eres alguien que necesita ayuda por eso voy a tu encuentro, no necesito tener muchas excusas para ayudarte, no neceistas tener ningún título ni nada, sólo creí que necesitabas ayuda y vine a tu encuentro.
Cuando estamos libres de nosotros mismos y con el corazón disponible a la acción del Espíritu, siempre encontraremos qué hacer por los demás, no hará falta que me digan has esto o aquello, sino que simplemente lo haré porque siento compasión, porque soy servicial, porque hay una necesidad, y, sobre todo, María nos muestras no sólo un corazón disponible sino pronto para dar respuesta.
La disponibilidad de María nos habla también de prontitud a la hora de responder a algo, ya sea a la Voz del Señor o a la necesidad de los hermanos. Lo vemos en este pasaje que sale presurosa a la casa de Zacarías e Isabel, lo vemos cuando se da cuenta de que faltaba vino en la Boda de Caná de Galilea...
Cuando dejamos de mirarnos tanto a nosotros mismos, cuando dejamos de compadecernos tanto de nosotros mismos, cuando nos damos cuenta que afuera de nosotros hay una vida que neceesita de nuestra vida, entonces todo cambia porque el amor necesita entregarse, ponerse al servicio de los demás, y cuanto más nos entregamos en el servicio por amor a los demás, más Gracias el Señor derrama en nuestros corazones para que sigamos siendo Fieles a la Vida que está a nuestro lado.
María nos demuestra que su disponibilidad a la Voluntad de Dios se manifiesta siempre en una respuesta rápida y presurosa para ayudar a los demás, para estar atenta a las necesidades de los que tiene a su lado.

jueves, 20 de diciembre de 2018

El mundo entero espera la respuesta de María

De las Homilías de san Bernardo, abad, Sobre las excelencias de la Virgen Madre

    Has oído, Virgen, que concebirás y darás a luz un hijo. Has oído que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta: ya es tiempo de que vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, condenados a muerte por una sentencia divina, esperamos, Señora, tu palabra de misericordia.
    En tus manos está el precio de nuestra salvación; si consientes, de inmediato seremos liberados. Todos fuimos creados por la Palabra eterna de Dios, pero ahora nos vemos condenados a muerte; si tú das una breve respuesta, seremos renovados y llamados nuevamente a la vida.
    Virgen llena de bondad, te lo pide el desconsolado Adán, arrojado del paraíso con toda su descendencia. Te lo pide Abraham, te lo pide David. También te lo piden ardientemente los otros patriarcas, tus antepasados que habitan en la región de la sombra de muerte. Lo espera todo el mundo, postrado a tus pies.
    Y no sin razón, ya que de tu respuesta depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación de todos los hijos de Adán, de toda tu raza.
    Apresúrate a dar tu consentimiento, Virgen, responde sin demora al ángel, mejor dicho, al Señor, que te ha hablado por medio del ángel. Di una palabra y recibe al que es la Palabra, pronuncia tu palabra humana y concibe al que es la Palabra divina, profiere Una palabra transitoria y recibe en tu seno al que es la Palabra eterna.
    ¿Por qué tardas?, ¿por qué dudas? Cree, acepta y recibe. Que la humildad se revista de valor, la timidez de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal olvide ahora la prudencia. Virgen prudente, no temas en este caso la presunción, porque, si bien es amable el pudor en el silencio, ahora es más necesario que en tus palabras resplandezca la misericordia.
    Abre, Virgen santa, tu corazón a la fe, tus labios al consentimiento, tu seno al Creador. Mira que el deseado de todas las naciones está junto a tu puerta y llama. Si te demoras, pasará de largo y entonces, con dolor, volverás a buscar al que ama tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por el amor, abre por el consentimiento. Aquí está -dice la Virgen- la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Seguridades o confianza?

"Zacarías replicó al ángel:
«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».
Respondiendo el ángel le dijo:
«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».
¿Cómo estaré seguro de eso? preguntó Zacarías, y es una pregunta que siempre nos hacemos cuando buscamos la Voluntad de Dios, sin recordar que en el orden de la Fe no podemos encontrar ninguna seguridad humana, sino sólo la seguridad que nos da saber que el Señor es quien nos habla y nos muestra su Voluntad. Por eso el Ángel Gabriel le dice a Zacarías: "... porque no has dado fe a mis palabras". Una respuesta muy diferente a lo que sucedió con María.
Es lógico que siempre busquemos seguridad en lo que hacemos, que siempre busquemos una respuesta lógica o concreta cuando estamos queriendo discernir la Voluntad de Dios, o saber si éste o aquél es el camino que he de seguir. Pero no siempre encuentro esa seguridad como yo quiero encontrarla, porque en el Camino de la Fe no hay seguridades humanas, porque estamos viviendo en otro plano, en otra realidad, la realidad sobrenatural, y si todo estuviera tan claro no necesitaríamos del Don de la Fe para poder avanzar. "Aunque camine por oscuros valles nada temo, porque tu vara y tu bastón están conmigo", nos hace pensar el Salmo 22. Y es así, sólo la confianza en la Providencia Divina es lo que nos sostiene y calma nuestra ansiedad en los momentos de caminar en la oscuridad de la Fe.
Cuando buscamos seguridades es porque hemos perdido confianza en el Señor. Cuando buscamos seguridades humanas es porque hemos perdido nuestra confianza en el Padre. Cuando dudamos de dar un paso es porque no hemos confiado lo suficiente, o porque no nos hemos puesto en Sus Manos verdaderamente.
Cuando usamos demasiado la lógica humana y el razonamiento de todo ante todo, es porque no hemos conocido el Amor de Dios que nos pide, muchas veces, dar un salto al vacío en la fe, para poder sostenernos y revelarnos el Camino hacia la plenitud.
En el día a día, si estamos en Dios, vamos a ir viendo muchas confirmaciones que Él nos da para saber por dónde ir. Pero si no abrimos nuestro corazón a los Dones del Espíritu, o, mejor, si no estamos dispuesto a dejarnos conducir por el Espíritu por donde Dios quiera llevarnos, entonces no podremos ver esas miguitas de pan que el Señor va dejando para que las sigamos, y por eso, serán otras almas dispuestas las que las encuentren y las sigan.
Como le dijo el Ángel a Zacarías y a María, también nos lo dice a nosotros: "No temas, porque tu ruego ha sido escuchado... porque has hallado gracia delante de Dios".

martes, 18 de diciembre de 2018

Logicamente correcto

En el Evangelio de hoy se nos muestra cómo la lógica humana es superada por la Voluntad de Dios. Vemos como san José actúa con mucha lógica, porque al ver a María que viene de la casa de Zacarías e Isabel con un embarazo de 3 meses, y aún no habían convivido juntos, entonces, sin saber el por qué de esa situación, reacciona como habrían reaccionado todos los varones de esa época. Tenía dos opciones: 1. si María había sido infiel y estaba embarazada por otro hombre, debía acusarla en público de adulterio y enotnces tenía que ser apedreada en la plaza del pueblo hasta la muerte. 2. Si como pareja habían tenido relaciones y entonces había quedado embarzada sin estar aún juntos, entonces el varón debía ser deportado del país y perder toda condición de ciudadano, porque había llevado a la mujer al pecado.
El amor de José por María era tan grande que aún sin saber el cómo María estaba embarazada, decide asumir él la culpa y por eso quiere abandonarla en secreto. Pero es ahí cuando actúa el Señor y en sueños le revela a José la verdad, y eso le basta para casarse con María y asumir la paternidad adoptiva de Jesús, el hijo de Dios.
José, como buen varón judío, debe actuar con lógica pero también con amor, porque no le basta sólo lo que es lógico y está escrito, sino que el amor puede y va más allá de lo que debe hacer, aunque, igualmente él quiere hacer lo correcto.
Dios siempre espera que hagamos lo correcto pero no siempre lo correcto y lógico es lo que Dios quiere que hagamos, porque muchas veces, hay cosas que nos parecen ilógicas pero así mismo el Señor nos pide que las realicemos, porque su "locura es más sabia que la sabiduría de los hombres", y así, aunque muchas cosas nos parecen una locura, en Dios son una genialidad que nos muestran algo que nunca habíamos pensado y nos hace hacer cosas que jamás se nos huiberan ocurrido. Pero, con su Gracia, todo sale de maravillas, porque todo está dentro de sus Planes de Salvación para la humanidad.
Así san José nos ayuda a descubrir que ante lo que es la Ley tenemos que saber discernir, no sólo desde la lógica humana, sino también desde el amor al otro, y por sobre la lógica y el amor, ponernos en manos de Dios para que Él nos haga descubrir cuál es Su Voluntad en todo momento, porque nuestra vida en santidad, no es hacer lo lógico, sino lo que es Voluntad de Dios, ser Fiel a la Vida es mucho más que ser lógicamente correcto.

lunes, 17 de diciembre de 2018

El misterio de nuestra reconciliación

San León Magno
Carta 31,2-3
De nada sirve reconocer a nuestro Señor como hijo de la bienaventurada Virgen María y como hombre verdadero y perfecto, si no se le cree descendiente de aquella estirpe que en el Evangelio se le atribuye.
Pues dice Mateo: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán; y a continuación viene el orden de su origen humano hasta llegar a José, con quien se hallaba desposada la madre del Señor.
Lucas, por su parte, retrocede por los grados de ascendencia y se remonta hasta el mismo origen del linaje humano, con el fin de poner de relieve que el primer y el último Adán son de la misma naturaleza.
Para enseñar y justificar a los hombres, la omnipotencia del Hijo de Dios podía haber aparecido, por supuesto, del mismo modo que había aparecido ante los patriarcas y los profetas, es decir, bajo apariencia humana: por ejemplo, cuando trabó con ellos un combate o mantuvo una conversación, cuando no rehuyó la hospitalidad que se le ofrecía y comió los alimentos que le presentaban.
Pero aquellas imágenes eran indicios de este hombre; y las significaciones místicas de estos indicios anunciaban que él había de pertenecer en realidad a la estirpe de los padres que le antecedieron.
Y, en consecuencia, ninguna de aquellas figuras era el cumplimiento del misterio de nuestra reconciliación, dispuesto desde la eternidad, porque el Espíritu Santo aún no había descendido a la Virgen ni la virtud del Altísimo la había cubierto con su sombra, para que la Palabra hubiera podido ya hacerse carne dentro de las virginales entrañas, de modo que la Sabiduría se construyera su propia casa; el Creador de los tiempos no había nacido aún en el tiempo, haciendo que la forma de Dios y la de siervo se encontraran en una sola persona; y aquel que había creado todas las cosas no había sido engendrado todavía en medio de ellas.
Pues de no haber sido porque el hombre nuevo, encarnado en una carne pecadora como la nuestra, aceptó nuestra antigua condición y, consustancial como era con el Padre, se dignó a su vez hacerse consustancial con su madre, y, siendo como era el único que se hallaba libre de pecado, unió consigo nuestra naturaleza, la humanidad hubiera seguido para siempre bajo la cautividad del demonio. Y no hubiésemos podido beneficiarnos de la victoria del triunfador, si su victoria se hubiera logrado al margen de nuestra naturaleza.
Por esta admirable participación ha brillado para nosotros el misterio de la regeneración, de tal manera que, gracias al mismo Espíritu por cuya virtud Cristo fue concebido y nació, hemos nacido de nuevo de un origen espiritual.
Por lo cual, el evangelista dice de los creyentes: Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Qué debemos hacer?

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».
¿Por qué la gente le hace esta pregunta a Juan Bautista? Tenemos que pensar en el momento en que lo hacen: es después de recibir la exhortación de Juan Bautista a convertirse y recibir el bautismo de penitencia y conversión, el bautismo de agua. Por eso, al recibir el agua bautismal y estar dispuesto a la conversión para la llegada del Mesías, surgía espontáneamente la pregunta e inquietud: Y ahora ¿qué debemos hacer?
Es lógico que cuando encontramos el sentido de la vida, cuando nos decidimos a cambiar de vida, cuando encontramos un nuevo estilo de vida que nos llena y satisface, tengamos que preguntarnos qué hacemos ahora. Porque si no está esa pregunta de cómo vivir a partir de ahora, es porque lo que hemos decidido no es un cambio de vida o, en nuestro caso, no es de acuerdo con la Vida en Cristo.
¿Qué significa que no nos preguntemos cómo debemos vivir o qué debemos hacer a partir de nuestro bautismo? Quiere decir que no hemos descubierto nada nuevo, o que no queremos que nos digan cómo tenemos que vivir. Y es porque, en realidad, no nos interesa lo que nos presenta el cristianismo como forma de vida, o que tampoco me he preguntado si tengo que modificar mi estilo de vida para ser verdaderamente cristiano.
Y, por otro lado, a diferencia de los que le preguntaban a Juan el Bautista, o incluso al mismo Jesús, cuando aquél joven le dijo: “¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?”, es porque no nos ha cautivado la vida que ellos nos presentan, o mejor dicho, el modelo de vida que nos presentan y el para qué nos presentan ese modelo nuevo de vida.
Y ahí surge otra cuestión: ¿sé lo que significa ser cristiano? ¿Me ha convencido Cristo con sus Palabras para que yo quiera seguir su propio estilo de vida? ¿Conozco cuál es el estilo de vida cristiano?
En este último domingo de Adviento sería bueno que nos repreguntáramos acerca de nuestro ser cristiano, porque celebrar el Nacimiento de Cristo, es celebrar, también una Vida Nueva que ha venido a mi vida y de la cual quiero formar parte. ¿O simplemente me uno a una fiesta más?

sábado, 15 de diciembre de 2018

Dichosos los que se durmieron en el amor

El escritor del Eclesiástico da una hermosa definición del Profeta Elías:
"En aquellos días, surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha".
Y también dice algo de aquellos que lo pudieron conocer:
"Dichosos lo que te vieron y se durmieron en el amor".
Dos frases que me han dejado pensando mucho, porque las dos me impactaron, pero una me ha quedado dando más vuelta en la cabeza ¿sabéis cuál es?
Al definir a Elías dice que era como un fuego, que su palabra quemaba, y esto me hace acordar a aquello que decía Jesús de sí mismo: "vine a traer fuego sobre la tierra y cómo desearía que ya estuviera ardiendo". Un realidad de lo que significa ser ¿invadido? por el fuego del Espíritu Santo, lo que significa estar totalmente ¿lleno? del Espíritu del Amo, porque esa es la sensación cuando uno se deja atrapar por el Amor del Espíritu: es un fuego ardiente que quema desde adentro e intenta salir hacia los demás, con la misma intensidad y con la misma bravura. O ¿acaso no lo habéis sentido cuando os enamorasteis por primera vez?
Sí, el fuego del Amor no quiere quedarse encerrado en nuestra vida sino que intenta contagiar a todos los que están cerca, y a los que están lejos, el fuego del Amor se expande por sí solo, pero necesita que alguien lo reciba para poder darse. Así también lo decía san Pablo: "¡Ay de mí si no predicase!", porque Dios había llenado su vida y no podía dejar que toda esa vida estuviera encerrada en su pobre vida, sino que tenía que hablar aunque no quisiera, tenía que predicar aunque no quisiera, porque la Palabra tiene Vida por sí misma y esa Vida rebasa nuestra propia vida.
Pero la frase que me llamó la atención fue la segunda, y no la primera parte, sino la segunda. Porque "dichosos los que te vieron", es fácil comprenderlo, porque pudieron conocer un gran Profeta y escuchar de su boca palabras de consuelo, de esperanza, pero también, los llamados a la conversión y a la búsqueda de Dios con una vida santa, a la búsqueda del perdón y la renovación de la fidelidad con Dios.
Sino que la que no podía entender fue la segunda parate: "y se durmieron el amor". Creo, no porque sea un gran exégeta (que no lo soy ni por casualidad) que muchas veces se utiliza en el antiguo testamento el "dormir" como el morir, y por eso, escuchando al Profeta Elías y aceptando sus Palabras pudieron "morir en el amor", una, me parece, hermosa definición de una muerte santa, pero también de una vida santa.
"Morir en el amor", significa que he vivido en el amor, o por lo menos que lo he conocido y que ha entrado en mi vida, es parte de mí, y por eso, simplemente he dejado que el amor llenase mi vida. Y ¿por qué he pensado eso? Porque el fuego con el que se proclama la Palabra de Dios, es el fuego del Amor del Padre que quiere que lo descubramos, que nos abramos a una verdad que puede cambiar nuestras vidas, y llevarnos a vivirla en la verdadera plenitud, en esa plenitud que no deja ningún resquicio en nuestro corazón sin que pueda dejar de amar, pues el Amor que la Palabra nos quiere dar es el Amor del Padre, el Amor del Espíritu, que enciende nuestras vidas como la del Profeta, como la de Jesús, y nos llama a transmitirlo con el mismo fuego, a dar a conocer la intensidad de una Vida vivida en el Amor Verdadero, en el Amor que da Vida, y no sólo en el amor que satisface una necesidad humana.
Por eso mismo "dichosos los que conocieron y se durmieron en el Amor".

viernes, 14 de diciembre de 2018

A quién le hago caso?

Hoy la liturgia nos presenta dos cortas lecturas, pero con un profundo sentido y con mucho para pensar y reflexionar.
La primera lectura, seguimos con Isaías:
"Esto dice el Señor, tu libertador, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir.
Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar; tu descendencia como la arena, como sus granos, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido aniquilado, ni eliminado de mi presencia».
No sólo vemos un rostro de Dios libertado y Señor de todo, sino que son palabras que cualquier padre o madre podría decirle a sus hijos, porque todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y por eso, a pesar de las debilidades y errores, ellos quieren educar y mostrar el mejor de los caminos a recorrer. Quuizás como hemos escuchado muchas veces: "no quiero que te equivoques como yo lo hice", o "aprende de los errores de los demás".
Pero nosotros, los hijos, hemos pensado o dicho: "quiero aprender con mis propios errores porque soy libre", y nadie quiere quitarte la libertad, nadie quiere esclavizarte, sino que queremos transmitir la sabiduría que nos da la experiencia de los años.
Y si así actúan los padres que, como dice Jesús en una parábola: "si ustedes que son malos pueden dar cosas buenas a sus hijos ¡cuánto más mi padre del Cielo!" Pero ese dar cosas buenas a los hijos no siempre es darles lo que quieren y lo que les gusta, sino darles lo que necesitan y mostrarles el camino hacia el Bien. Por eso dice el Señor: "Yo, el Señor, tu Dios, te instruyo por tu bien, te marco el camino a seguir".
El Camino no sólo está marcado, sino que está recorrido, ahora nos toca a cada uno discernir y elegir ¿qué camino queremos recorrer? Y depende de la decisión que tomemos será el resultado del final del camino. Por eso mismo sigue diciendo el Señor: "si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río..." Que es lo mismo que nos han dicho nuestro padres cuando hemos llegado a casa llorando o tristes por los resultados de una mala decisión: "ya te lo dije... pero no quisiste hacer caso".
Y a veces hemos respondido o solemos responder: "pero si me hubieras obligado..." Y así vamos, si me lo dicen porque me quieren cortar la libertad, si no me obligan porque no me quieren...
Dice Jesús, hablando de esta generación (y era la de hace dos mil años...)
"Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:
"Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado".
Y bueno... seguimos pensando... que decisión tomar o a quién hacerle caso, a mi yo humano o mi Dios y Señor.

jueves, 13 de diciembre de 2018

En quién tengo puesta mi esperanza?

"Yo, el Señor, tu Dios, te tomo por tu diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor- tu libertador es el Santo de Israel".
En los momentos más duros y oscuros llega la Voz del Señor para darnos esperanzas, para recordarnos Quién es el que tiene el poder sobre todo y en Quién debemos poner nuestra esperanza. Porque, muchas veces, ponemos nuestra esperanza en cosas, en personas humanas, pero no pueden darnos la seguridad que nos da el Señor del Universo, porque, todos somos imporfectos, todos somos falibles.
Cuando ponemos nuestra esperanza en las cosas de este mundo esa esperanza es efímera porque las cosas pasan, se estropean, y hasta nos la pueden robar, y con ellas se marcha nuestra esperanza.
Cuando ponemos nuestra esperanza en personas humanas esa esperanza dura lo que puede durar el cariño, o la fidelidad, o los celos, porque todos podemos cambiar de opinión, todos podemos cometer errores, y así, con esas cosas se acaba nuestra esperanza porque se terminó nuestra confianza en esa persona porque no obró como yo quería, porque no dijo lo que yo esperaba, porque no estuvo cuando lo necesitaba...
Pero si ponemos nuestra esperanza en el Señor entonces todo cambia, porque soy yo quién tiene que cambiar su forma de pensar, de ver, de sentir. Es el Señor quien tiene la Palabra que da Vida, es el Señor quien puede darme Vida, y por eso, es una Esperanza que salva, que sana, que fortalece y que alienta en todo momento.
Pero el Señor me pide que confíe en Él, que sepa que Él es el Señor y no yo, por eso a su Pueblo lo llama con palabras que pueden sonar muy duras, pero que en sí lo hace con cariño: "gusanillo de Jacob", habla de la pequeñez, pero de una pequeñez transformadora, pues en las manos del Señor el gusanillo se transformará en mariposa que cambia su suerte por algo mejor, porque el Señor es quien transforma la vida de los que en confían.
Es cierto, también, que nos parece que el Señor se ha alejado de nosotros, que nos ha dejado solos, pero eso nos pasa porque siempre esperamos algo concreto: queremos que nos diga tal cosa, que tal cosa salga de este modo, que lo que espero sea así o asá, y entonces como lo que espero no viene en el formato que quiero, entonces parece que no hay respuestas del otro lado.
"El que tenga oídos que oiga", nos dice Jesús. Porque cuando realmenten necesitamos escuchar una Palabra de aliento, o un buen consejo, lo oímos en cualquier lado, pero cuando estamos cerrados a ver algo que no nos gusta, entonces somos los más ciegos y sordos del mundo. El Señor nos está hablando constantemente, pero no siempre estamos dispuestos a escucharlo porque no siempre queremos escucharlo, nos cerramos a que sea Él quien nos cambie los planes y proyectos de nuestra vida, que nos camibe la forma de mirar o pensar, y hasta incluso, algunas veces, que me cambie este modo de estar desesperanzado y triste, porque así puedo excusarme de mi situación y no hacer Su Voluntad.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Deja al autosuficiencia y pide ayuda al Señor

El Profeta Isaías le decía al Pueblo de parte de Dios:
"Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
Y Jesús nos repite:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Sabe el Padre y el Señor de nuestra fragilidad, de nuestra debilidad. Ellos conocen nuestro ser porque el Padre nos ha formado desde el vientre de nuestras madres y sabe cuánto podemos y hasta dónde podemos, por eso quieren ser Ellos nuestra Fortaleza en todo momento, pues conocen y comprenden nuestra debilidad. Jesús, que ha probado en su propia carne la debilidad de la naturaleza humana se compadece de nosotros porque Él supo del dolor, de la soledad, de la traición, de cuánto duele la separación de los seres queridos, de la tristeza y de la agonía, se hace para nosotros fuerza, gozo, y, sobre todo, se hace cireneo para ayudarnos a llevar nuestra Cruz.
Es cierto que cuando nos sentimos cansados y agobiados buscamos el descanso y la paz, pero no siempre la buscamos donde mejor la podemos encontar, porque, muchas veces, nos encerramos en nuestra propia soledad y buscamos salidas que no nos dejan el alma en paz sino que son quitan el cansancio del cuerpo, pero nada más. Jesús quiere venir en nuestra ayuda en esos momentos, pero somos nosotros los que tenemos que salir a su Encuentro, pues no quiere asumir Él lo que nosotros debemos buscar.
Y así el salir de nosotros mismos para ir a Su Encuentro es lo que nos ayuda a mirar fuera de nosotros y descubrir que en Él está nuestra salvación, en Él está nuestar fuerza, en Él está nuestro verdadero gozo, porque solo su Yugo y su Carga son liviana para mí, pues Él las lleva conmigo.
Hay momentos en los que las cargas de todos los días nos quitan la perspectiva de lo que estamos viviendo, y creemos que podemos llevar solos aquello que el Padre ha pensado que me ayuden a llevarlos otros, pero la autosuficiencia con que siempre me he movido, hace que crea que puedo, porque tengo en mi cabeza aquella mentira de "querer es poder", y sólo cuando caigo bajo el peso de las cargas y no tengo ya nada que perder, es cuando pido ayuda para poder llevarlas.
Y me olvido que las cargas que el Padre pone sobre mis hombres, quiere Él llevarlas conmigo, no pretende que las lleve solo, sino que simepre enviará a alguien que me de una mano, como lo hizo con Jesús en el Camino del Calvario. Pero ¿cómo hago para quitar de mi corazón mi orgullo y autosuficiencia? Deja de lado tu orgullo y permite que otros puedan acompañarte, deja que otros te ayuden a cargar con lo que tú no puedes, pero no esperes a mañana, pues mañana puede ser tarde. Cuando sientas el peso en el hombre levanta la mirada y busca al Señor, seguramente te abrirá los ojos y sanará tu corazón para que veas dónde está la aydua que buscas y necesitas.

martes, 11 de diciembre de 2018

Grita con tu vida

"Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».
La misión del profeta es alzar la voz, porque lo que tiene que anunciar viene de Dios y no de él. No se puede no hablar cuando la Palaba llena el corazón y hace que los labios pronuncien lo que sienten, lo que viven, lo que anhelan. Dios llena el corazón del profeta con sus Palabras e implora al profeta que las proclame, que no se quede callado, porque es el que anuncia una buena noticia o el que advierte de un peligro. El profeta nunca puede dejar en el olvido las Palabras del Señor, porque su misión es anunciar aunque no le guste lo que ha recibido de parte del Señor.
Si bien esta lectura nos habla de que el profeta anuncia el consuelo para Jerusalén porque llega el Señor, aún así le habla de lo efímero que es la vida sobre la tierra, y de la eternidad de la Palabra de Dios, puesto que es la Palabra lo que le da eternidad a la vida del hombre. Cuando el hombre recibe la Palabra no sólo recibe una palabra, sino que recibe el mismo Espíritu del que nos dirige la palabra y nos invita y nos conduce por un Camino Nuevo hacia nuestra salvación.
Hoy somos nosotros los nuevos profetas de este siglo, y por eso tenemos que saber escuchar la Palabra de Dios para que vaya penetrando en nuestro corazón y nuestros labios puedan anunciar lo que Dios quiere, pero, fundamentalmente lo anunciará nuestra vida toda, porque la Palabra que el hombre de hoy escuchará es la Vida misma del cristiano. Cuando el cristiano no es coherente con su vida y su palabra entonces da un mensaje distorsionado y los que buscaban a Dios en esa vida no lo encontrarán, o encontrarán un camino distorsionado que no los conducirá a la salvación, sino a la perdición.
De este modo vuelven a sonar las palabras de San Juan Bautista: "preparad el camino, allanad los senderos", preparémonos para que no seamos un obstáculo o un estorbo en el camino de aquellos que buscan a Dios, sino que, todo lo contario, nuestra vida llena de Dios sea una lámpara que ilumine el al que busca con sincero corazón.
Sabiendo de nuestra misión anunciemos con nuestra vida la llega del Señor, anunciemos con nuestra vida la alegría de ser cristianos, anunciemos con todo nuestro ser el gozo de haber encontrado el camino de la salvación y mostremos con sinceridad la Vida que Cristo nos ha dado.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Dios nos habló por medio de su Hijo

Del Tratado de san Juan de la Cruz, presbítero, Subida del monte Carmelo

    La principal causa por que en la ley de Escritura eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen revelaciones y visiones de Dios era porque aún entonces no estaba bien fundamentada la fe ni establecida la ley evangélica, y así era menester que preguntasen a Dios y que él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora entre otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía, y hablaba, y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
    Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces, porque en darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una Palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
    Y éste es el sentido de aquella autoridad con que comienza san Pablo a querer inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.
    Por lo cual. el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
    Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
    Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Que si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles.»

domingo, 9 de diciembre de 2018

Preparad el camino al corazón

"Testigo me es Dios del amor entrañable con que os quiero, en Cristo Jesús. Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.
Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios".
Hermosas y sentidas palabras de San Pablo a los Filipenses, que, al igual que la lectura de Baruc, nos invita a la alegría en la esperanza de saber que ya llega nuestra salvación, a la alegría en la esperanza de sabernos salvados por Cristo, por ese Cristo que va a nacer y que viene a quedarse entre y con nosotros. La alegría de la esperanza es el sentimiento que nos ayuda en los momentos de oscuridad y tristeza, porque no hace mirar hacia más adelante y más afuera de nosotros mismos, sabiendo que la ayuda viene de Dios, que la fortaleza viene de Dios, que la Luz viene de Dios, que la salvación nos la ha dado el Señor por Amor a nosotros.
Que no es fácil en los momentos de dificultad, cruz u oscuridad alzar la cabeza y buscar al Señor en lo alto, seguro; pero si no intentamos buscarlo en lo alto seguiremos cayendo hacia lo más profundo de la tristeza y la desesperación de no encontrar solución a nuestro dolor. En cambio el Señor nos promete sacarnos de nuestra oscuridad, librarnos de nuestro pecado y llevarnos por Caminos de Vida hacia la salvación.
Por eso San Juan Bautista anunciaba, antes de la llegada de Jesús, un bautismo de conversión, les ayuda a las gente de su tiempo a descubrir un camino de cambio para poder "ver" al que iba a venir, pues no se puede ver bien si tenemos la mirada ocupada en nuestros dolores, en nuestros pecados, en nuestros vicios, en nosotros mismos. Cuando nuestro ojos sólo miran nuestro ombligo nunca podrán descubrir lo que hay fuera de nosotros y que nos quiere dar un motivo de esperanza y consuelo.
Por eso, como el Profeta, Juan Bautista era:
«Voz del que grita en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos;
los valles serán rellenados,
los montes y colinas serán rebajados;
lo torcido será enderezado,
lo escabroso será camino llano.
Y toda carne verá la salvación de Dios».
La Voz que suena en nuestros corazones y nos invita a descubrir que aún no estamos en siendo Fieles como pensamos, que aún nos falta para poder entregarnos totalmente al Señor, que aún hay cosas en nuestros corazones a las que no hemos renunciado y que nos impiden recibir la Gracia necesaria para alcanzar la santidad que el Señor quiere de nosotros.
"Preparad el camino", ese camino que lleva de la cabreza al corazón, para que todo lo que decimos saber acerca de nuestra vida, todo lo que decimos que debemos hacer en nuestra vida, todo lo que decimos que tenemos que vivir, lo podamos vivir, lo podamos hacer, lo podamos llevar a plenitud, con la ayuda de la Gracia de Dios, a nuestra vida cotidiana.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Esclava del amor

Siempre me ha sorprendido, y no dejará de hacerlo, la respuesta de María al Ángel:
"He aquí la esclava del Señor".
¿Por qué me sorprende? Porque a ninguno de nosotros nos gustaría ser esclavo de nadie, menos en la vida espiritual, y ni qué hablar en la vida de todos los días en estos tiempos que corremos. Hoy, más que nunca en todos los tiempos, se ha impuesto la Ley de la libertad, pero una libertad tan distorsionada y mal usada que, en algunos casos, da asco ver cómo viven la libertad, pues los que portan la pancarta de la libertad no dejan a los que piensan diferente ser libres.
Y por eso y por tantas otras cosas me sigue sorprendiendo la "esclavitud" de María, porque para decir lo que Ella dijo hay que tener una clara conciencia de lo que eso significa, pero también una confianza enorme del Otro para dejarle mi vida en sus manos. Claro es que nos estamos ovlidando de algo muy especial que para vivir esta esclavitud que María profesa hay que amar como María amó al Señor. Si se conoce a Dios como lo conocía María no hay problemas de entregarle por entero la vida.
Pensamos en "esclavitu" y creemos que perdemos libertad, sin embargo María ha alcanzado la más bella de las libertades, pues su libertad fue purificada por el Espíritu y confirmada por la decisión de ser Fiel a la Vida que había recibido: "hágase en mí según tu palabra", pero no sólo en ese momento y en ese día, sino para toda su vida, porque la esclavitude María era a la Palabra de Dios que buscaba lo mejor para Ella, para que alcanzara el Ideal que tenía en su corazón, porque Ella, como dicen los Padres de la Iglesia, "antes de concebir al Hijo de Dios en su vientre había concebido a la Palabra en su corazón".
Nos eseña así María que ante el temor que tuvo al comienzo del anuncio prevaleció la confianza en el amor que tenía en su Dios y Señor, porque si bien el Ángel le dijo "no temas María" porque Ella se turbó ante sus palabras (como cualquiera lo hubiéramos hecho si viene un ángel a hablarnos) pero mientras se iba produciendo el diálogo y surgían sus dudas, así también se fortalecía su confianza en el Amor del Señor. Y la Gracia que Dios le dispensó la fortaleció para vivir en Fidelidad.
Así María se nos presenta hoy como modelo de disponibilidad ante la Voluntad de Dios, como modelo de mujer libre y Hombre pleno, que nos lleva a cotejar nuestro modo de vida cristiana con el modo de vivir de Ella, nuestra Madre y Modelo, porque no sólo el Señor nos la ha regalado como Madre, sino que el Pueblo entero la ama como Madre y la recuerda como modelo de mujer e imagen del Hombre Nuevo que nació de su vientre y nos dio un Camino a recorrer para alcanzar la plenitud de nuestro ser.