viernes, 31 de octubre de 2025

Usar varas distintas

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos lo estaban espiando.
Había allí, delante de él un hombre enfermo de hidropesía y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos:
«¿Es lícito curar los sábados, o no?». Ellos se quedaron callados.
Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió.
Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en seguida en día de sábado?»
Y no pudieron replicar a esto".
Es un párrafo pequeño del Evangelio pero que nos dice mucho, sobre todo, teniendo en cuenta que antes de ese episodio hubo quienes lo habían cuestionado a Jesús por hacer curaciones en sábado, les habían dicho que eso no se debía hacer, pero Él también salió al frente con el mismo argumento: no queremos que cures a la gente en sábado porque el sábado no se pueden hacer trabajos, pero si el buey o el asno hay que darles de comer lo hacemos y ¿eso no es trabajo también?
A veces queremos o criticamos lo que los otros hacen, pero nosotros hacemos cosas parecidas o iguales y no lo tenemos en cuenta. Como diría Jesús sabemos ver muy bien la paja en el ojo ajeno pero no la viga que hay en el nuestro, somos muy permisivos con nosotros mismos, pero muy justicieros con los demás. En definitiva somos los mejores fariseos que hay en la vida.
No quiere Jesús que nos sintamos mal con todo esto, sino que veamos cómo actuamos para poder convertirnos, para poder descubrir que no usamos los mismos parámetros unos con otros, incluso, no usamos la misma vara de medir con los que queremos y con los que nos resultan odiosos. A los que queremos le dejamos hacer todo y a los demás los criticamos y si podemos los condenamos de por vida.
Es a eso a lo que se refiere Jesús que debemos ser justos y misericordiosos con todos, incluso, con uno mismo. Pero siempre mirando desde la Voluntad de Dios, desde lo que Dios quiere para mí y para los demás, ayudándonos mutuamente a crecer en la fidelidad a la Voluntad de Dios, y no dejándonos llevar por el espíritu del mundo, sino buscar siempre construir, unidos, una nueva relación, un nuevo camino de perfección desde el amor.

jueves, 30 de octubre de 2025

Eres tú quien se aleja

"Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor".
Es cierto que nada que viene de fuera de nosotros puede separarnos del amor de Dios si nosotros no se lo permitimos, pero (siempre hay un pero) somos nosotros mismos los que nos separamos del amor de Dios, somos nosotros mismos los que renegamos del Amor de Dios, los que por X o por Z nos alejamos del Señor. Siempre tenemos alguna excusa para poder enfadarnos con Dios porque no hizo esto o aquello, o porque no me escucha o porque .... cuando el hombre no quiere aceptar su error, su propio pecado, siempre busca echarle la culpa a alguien, y, generalmente, se la echamos a Dios porque no nos ayuda como queremos.
Cuando, como san Pablo, se ha conocido verdaderamente al Padre y se ha tomado conciencia del amor del Hijo, no se puede pensar que Ellos no van a estar a nuestro lado para que podamos recorrer el camino de la santidad.
"Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Acaso Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios, y que además intercede por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?: ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?".
Claro que Dios siempre va a estar con nosotros. Podremos perder la Gracia de Dios por el pecado, pero Él siempre estará como Buen Padre esperando nuestro regreso. Nos parecerá a nosotros que Él se ha ido, pero en realidad somos nosotros los que nos vamos alejando por esto o por aquello, por la falta de tiempo, por las cosas del mundo, por nuestro propio pecado, por la angustia, la turbación, etc. etc. Por eso siempre tenemos que tener en cuenta lo que nos dijo Jesús: "si alguno está fatigado y agobiado que venga a Mí, porque mi yugo es suave y mi carga liviana, aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón".

miércoles, 29 de octubre de 2025

Llamando a la Puerta

«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:
“Señor, ábrenos”; pero él os dirá:
“No sé quiénes sois”:
Muchos creemos que el Señor es tan bueno que siempre nos perdonará, que no hay problema y que podemos hacer lo que queramos porque confiamos en su Misericordia que es infinita. Todo eso está bien pero... nos olvidamos de todo aquello que Él nos dice acerca del día del encuentro definitivo con Él, como en este pasaje del Evangelio, y eso nos tiene que dar a pensar ¿seré tan bueno y he actuado tan bien como para que el Señor me abra la puerta cuando me encuentre con Él? o ¿Habré hecho algunas cosas que no han estado tan bien como para que el Señor no abra la puerta al llegar al Cielo? ¿Diré igual que aquella gente...?
"Entonces comenzaréis a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.
Es que, más de una vez, nos hemos portado mal con el Señor, al portarnos mal con nuestros hermanos: hemos hablado de más, hemos difamado al prójimo, no hemos respetado sus opiniones, no hemos respetado su vida, hemos sembrado cizaña, etc. etc., todas esas cosas y muchas más somos capaces de hacer y quedarnos muy tranquilos con lo que hemos hecho, sabiendo que cuando nos confesemos el Señor nos perdonará.
Y ¿estás seguro que el Señor te perdonará por el daño que le has causado a tu hermano? ¿Tus palabras y gestos estás seguro que han sido la verdad y que has actuado con misericordia como quieres que el Señor actúe contigo? ¿No has sido acaso malicioso con tus palabras y gestos para con tu hermano, para con tu prójimo?
¿Qué es lo que quiere decir el Señor en este Evangelio? Que no nos quedemos solamente con que lo hemos escuchado y que ha estado por nuestra casa, que hemos ido a misa y que hemos rezado el rosario, sino ¿qué efecto ha causado todo eso en nuestra alma? ¿En verdad he actuado siempre con amor hacia mi prójimo? ¿He tenido las actitudes y las palabras de Jesús? ¿He amado como Jesús me ha amado? ¿He perdonado como Jesús me ha perdonado? Por eso, antes que tengamos que llamar a la Puerta de Jesús busquemos arrepentirnos y reconciliarnos con todos para que Él no tenga nada que decirnos y nos pueda abrir la Puerta al Paraíso.

martes, 28 de octubre de 2025

Alegria y responsabilidad

"Hermanos:
Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular".
Una afirmación y exhortación que nos hace san Pablo para darnos a entender quiénes somos en verdad: conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. No sólo es un título sino que es una realidad, una realidad que nos otorga no sólo una dignidad (la dignidad perdida por el pecado original) sino que crea o genera una gran responsabilidad: que se nos vea ser lo que en realidad somos.
Ser parte de los santos de la familia de Dios no es pequeña cosa, sino que es una realidad que nos da el Espíritu Santo que habita en nosotros, por eso es una alegría profunda el sabernos parte del Reino y familia de Dios. Es la alegría de la Vida Nueva en Jesucristo, una Vida Nueva que se va renovando día a día en la medida en que somos fieles a Su Espíritu, al espíritu de Cristo y no al espíritu del mundo.
Podríamos decir que el edificio que vamos construyendo se va levantando piedra a piedra mientras somos fieles a la Voluntad del Padre, cuando nos dejamos cautivar por el mundo y dejamos de lado la Voluntad de Dios es entonces cuando dejamos de construir el hombre nuevo en nosotros y vamos perdiendo la Gracia Santificante y nos convertimos en falso testimonio ante los demás.
Toda construcción es costosa, pero tenemos la suerte que contamos con la Gracia de Dios, una Gracia que sólo está disponible si nosotros estamos disponibles para usarla como debemos, como diría san Pablo no haciendo el mal que queremos sino buscando y haciendo el bien que debemos, por eso siempre examinando no sólo nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu, sino fundamentalmente nuestra relación con los demás: "en la medida en que lo hagáis con uno de éstos mis hermanos conmigo lo hacéis", por eso en cómo trato yo a los demás así sera el Señor conmigo, pues la Gracia que El dispone para mí esta en relación con mi amor hacia los demás, especialmente a los que menos me gustaría tratar o a los que menos cariño quisiera tener porque "amar a los que me aman, eso también lo hacen los paganos y pecadores".

lunes, 27 de octubre de 2025

Con un nuevo sentido

"Hermanos:
Somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios".
Desde el día de nuestro bautismo nuestra vida está en manos del Padre, pues hemos sido consagrados a Dios por la Gracia que nos dio el Hijo con su muerte y resurrección y nos envió Su Espíritu para devolvernos la dignidad de hijos de Dios. Una dignidad que debemos conservarla y madurarla a lo largo del tiempo, contando con la ayuda del mismo Espíritu que inhabita en nosotros. Un Espíritu que nos hace descubrir que somos verdaderos hijos de Dios, a imagen del Hijo Unigénito Nuestro Señor Jesucristo.
"Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».
Por esa razón, porque el Hijo nos ha regalado Su Vida para que también nosotros seamos hijo, es lo que Pablo nos habla de vivir de acuerdo al Espíritu Santo y no de acuerdo a la carne, o al espíritu del mundo que nos lleva al pecado y a la muerte.
Nos olvidamos, muchas veces, que debemos recordarnos, cada día, esta verdad que somos para que al despertar podamos ponernos en Manos de nuestro Padre para que sea el Espíritu quien nos vaya guiando y fortaleciéndonos para no caer en las redes del mundo, sino que permanezcamos fieles a la Vida de Cristo que hay en nosotros.
No es tarea sencilla ir contra la corriente del mundo, a veces creemos que no podemos avanzar en el camino de la santidad, pero es porque no lo dejamos al Espíritu conducirnos, no nos ponemos al comienzo de la mañana a tomar conciencia de quienes somos y de lo que necesitamos para ser Fieles, sino que nos hemos acostumbrado a vivir sin el Espíritu porque ya sabemos lo que tenemos que hacer. Sin embargo, cuando al despertar nos ponemos bajo su protección podremos, seguro, hacer las mismas cosas pero desde Dios, consagrar el día al comenzar la mañana es poder hacer las cosas ordinarias de manera extraordinarias porque las hago consagrándolas y entregándoselas al Padre.
Así nuestro día a día, nuestra rutina, ya no nos cansa sino que nos consigue la Gracia y los Dones del Espíritu para hacer que todo lo que hagamos lo hagamos por amor al Padre, al Hijo y al Espíritu, en favor de mi alma y de la conversión de los pecadores. O con cualquier otro deseo o intención con la cual quiera ofrecer el día a día. Y todo tendrá un nuevo sentido.

domingo, 26 de octubre de 2025

No seas fariseo

"En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano...".
Hay parábolas que no es necesario volver a leerlas todo entero porque ya sabemos como sigue, pero ¿volvemos a reflexionarlas sobre nosotros mismos? Porque, a veces, creo, que como ya sabemos cómo sigue las dejamos pasar de largo y ¡chau! ¡listo! ya se como es el final, pero no dejo que la Palabra cale en lo profundo de mi corazón, y, en ese caso soy como el fariseo pues ya me considero justo y bueno, por lo tanto no hace falta que piense si el Señor dice esto por mí, porque seguramente será para otro que es pecador y no como yo que soy una persona "super cristiana" y se todo.
Y ahí está nuestro error. Nos consideramos tan justos, tan buenos, tan buenos cristianos que nos resbala la Palabra de Dios y no dejamos que nos interpele para seguir creciendo, para seguir madurando, para seguir convirtiéndonos. Porque nuestro camino hacia Dios es una camino en santidad, y en ese camino siempre, pero siempre, tendremos que seguir convirtiéndonos, pues nuestra vida es una conversión constante. Por eso san Pablo dice de sí mismo:
"Yo estoy a punto de ser derramado en liberación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe".
Y, precisamente, no habla de ser soldado y estar en el campo de batalla, sino que habla del combate que ha tenido que vivir internamente entre la carne y el espíritu, entre lo que deseaba y lo que debía hacer, porque, recordando las palabras de Jesús "el justo peca siete veces por día", y ¿tú no pecas ni una vez por día?
No es que tengamos que ser grandes pecadores, pero ya con el hecho de decir ¡esto ya lo sé, no es para mí! ya estoy dejando de lado la Palabra de Dios y pensando que no me está hablando a mí, porque yo ya sé cómo tengo que vivir. Y de eso no se trata, sino que hay que escuchar al Señor, dejar que entre en diálogo con mi alma y descubrirás que sólo ese hecho te está marcando como un fariseo que se cree muy sabio y justo y no escucha al Señor.

sábado, 25 de octubre de 2025

Buscar siempre la Gracia

«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Los discípulos, como muchos de nosotros, pensaban que cuando alguien tenía una desgracia era porque había pecado y por eso Dios lo castigaba con algo terrible. Sin embargo, Jesús quiere advertir que no es así, pero que si piensan así también ellos recibirán el mismo castigo, porque si el pecado es el que nos trae el castigo por parte de Dios, entonces no sólo aquellos pecadores serán castigados sino también nosotros lo seremos.
Pero sabemos, porque Jesús nos lo ha revelado, que el pecado no trae el castigo de Dios, sino que nos quedamos sin la Gracia de Dios por el pecado y así lo que se va quedando sin vida es nuestra alma pues no recibe la fortaleza que nos da la Gracia de Dios.
El pecado nos separa de Dios, nos aleja de Su Amor, por eso vamos perdiendo fuerza y cuanto más pecamos más nos alejamos, y así llegamos al momento de no tener Vida en nosotros. Por eso mismo san Pablo también nos alerta:
"El deseo de la carne es muerte; en cambio el deseo del Espíritu, vida y paz. Por ello, el deseo de la carne es hostil a Dios, pues no se somete a la ley de Dios; ni puede someterse. Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.
Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo".
Siempre brilla en nosotros la Esperanza de saber que el Padre puede perdonar si nos arrepentimos de corazón y devolvernos la Gracia para que continuemos luchando contra la carne y alcanzar la meta de la santidad. Por eso, aunque en nosotros abunde el pecado, el arrepentimiento y pedido de perdón nos devuelve la Gracia en abundancia.

viernes, 24 de octubre de 2025

Una ayuda necesaria

"En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?
¡Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor!".
¿Quién no se ha sentido así? Cuando nos hemos decidido por el Camino de Cristo y comenzamos a recorrerlo es cuando mas nos sentimos así, descubrimos que en nuestro interior y en nuestro corazón hay un gran deseo de seguir a Cristo, de vivir como Cristo, pero una y otra vez caemos en el mismo pecado, hacemos las mismas cosas y, muchas veces, caemos en la desesperanza de que no vamos a poder nunca llegar a ser lo que Dios quiere.
Sin embargo, San Pablo nos llama a la esperanza de que sera posible alcanzar la santidad que el Padre quiere de nosotros, pues él mismo se compromete a darnos una y otra vez la fortaleza para levantarnos y seguir caminando, a seguir luchando contra nosotros mismos con la fuerza de Cristo.
Lo que pasa que muchas veces queremos lograr la meta con nuestras propias fuerzas, y nos olvidamos que las metas sobrenaturales y extraordinarias como la santidad son metas inspiradas por el Espíritu que habita en nosotros, y esas metas solo las alcanzaremos si dejamos al Espíritu guiarnos, fortalecernos. Para alcanzar la santidad necesitamos reconocernos pequeños y necesitados, tan necesitados que tenemos que pedir una ayuda extraordinaria para alcanzarla, y es una ayuda que no viene solo de los sacramentos que son lo más importante, sino de los instrumentos que el Padre pone a nuestro alcance como son los acompañantes espirituales.
"Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?".
Un acompañante espiritual nos ayudará a saber interpretar, mejor, los signos del tiempos por medio de los cuales, también, nos habla el Señor. Nos dará una mano para aprender a discernir qué es lo bueno y lo malo para mi camino en santidad, porque no siempre puedo ser objetivo cuando me juzgo y me doy las indicaciones para el camino. Así, el Espíritu Santo nos ayudará a encontrar la mejor fórmula para avanzar hacia la meta que el Padre ha soñado para mí.

jueves, 23 de octubre de 2025

La exigencia del Camino

"Hermanos:
Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos para vuestra santificación".
Son duras las palabras de San Pablo, pero son duras porque ama no sólo al Señor que le ha dado la vida, sino que ama a aquellos que aman al Señor y todavía no encuentran el camino de la salvación, o mejor dicho, todavía no pueden desprenderse de las actitudes del hombre viejo, del hombre esclavo del pecado. Por eso, exigido por el amor utiliza palabras duras para que se comprenda hacia dónde nos lleva el pecado y hacia donde nos lleva al vida en Dios.
Como nos decía Dios por el profeta: pongo ante ti el bien y el mal, la vida y la muerte, tú elijes. San Pablo, como el Padre, no quiere la muerte de los que ama sino que quiere la salvación de los hombres por eso habla fuertemente, lo mismo que hizo Jesús en su predicación:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo, tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!"
El Camino de la Vida es una camino de entrega constante, de darnos cuenta que no lo vamos a poder hacer solos y que nos llevará toda la vida alcanzar la santidad, pero sera el mejor camino recorrido, pero implicara tener la fortaleza suficiente para no claudicar, por eso el fuego del Espíritu sera Quien nos ayude a seguir sus Huellas, a no desfallecer pues tendremos que vivir el mismo bautismo que el Hijo, sabiendo sera para nosotros un combate interno y externo para defendernos de los ataques del mal y de las tentaciones del pecado.

miércoles, 22 de octubre de 2025

El administrador fiel

Pedro le dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Inconscientemente, no como Pedro, cuando escuchamos una exhortación de parte de Jesús nos hacemos la misma pregunta, o, a veces, decimos: ¡que bien que le vendría esto a fulanito! o no lo dice por mi, sino por... Y siempre intentamos que la pelota salga fuera del área para que no metan el gol a nosotros. Es decir, no queremos que esas palabras sean para nosotros porque tendríamos que descubrir que nos hemos equivocado o que estamos en pecado. Y, por supuesto, heridos en el orgullo intentamos que no nos toque a nuestro yo.
Y, sí, Jesús no habla para el que esta a mi lado sino que me habla a mí, si soy yo quien lo escucha es para mí su Palabra, el otro que escuche lo que sea para él, pero tú no desvíes la mirada ni cierres los oídos a las Palabras del Señor, porque si los cierras no encontrarás el camino de la salvación y seguirás siempre con el mismo pecado que te vaya quitando la Gracia de Dios.
Porque así nos lo pide el Padre por medio de san Pablo:
"Que el pecado no siga reinando en vuestro cuerpo mortal, sometiéndoos a sus deseos; no pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos de injusticia; antes bien, ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned vuestros miembros, al servicio de Dios, como instrumentos para la justicia".
Por eso, siempre tenemos que estar preparados para escuchar, saber hacer silencio porque las Palabras del Señor nos ayudan a mantenernos en el Camino de la Vida, a dejar de lado el pecado para hacernos instrumentos de su Amor, de Su Verdad, de su Paz poniendo nuestra vida al Servicio de Dios y no del mundo.
Porque, también, tenemos que tener en cuenta que "al que mucho se le dio, mucho se le pedirá". Sí, se nos ha dado una vida nueva que Jesús nos consiguió con su muerte y resurrección, ese fue el pago del Señor por nuestra salvación, Él no nos lo reclamara pero también nosotros tenemos que saber que por todo lo que Él nos dio también tenemos que seguir entregándonos para que otros alcancen la Vida así como nosotros la hemos recibido.

martes, 21 de octubre de 2025

Estar siempre preparados

«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame".
Generalmente estas exhortaciones de Jesús, a primera vista, parece que nos estuviera hablando del día de nuestra muertes, el día en que nos llame para volver a la Casa del Padre, que estemos preparados para presentarnos ante Él. Quizás también sea así, estar preparados para ese día es un buen comienzo del día, porque eso nos indica que sabemos que ese día llegará, pero no sabemos cuando y tenemos que estar listos, sin miedo y con esperanzas de que volver a la Casa del Padre será el viaje que nos lleve a la Luz, al Amor y a la Paz, pues el encuentro con el Padre ha de ser el esperado por todos los hijos.
Sí, es una realidad que no la pensamos, que no la queremos pero que la tendremos que vivir y sin desesperarnos porque llegara, vivir en la esperanza de que todavía el Señor nos quiere aquí para seguir trabajando, como dice san Pablo: "Para mí la vida es Cristo y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en esta alternativa: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros".
Pero, también se puede entender la exhortación de Jesús en el hecho de estar siempre preparados y prevenidos para que al escuchar Su Voz, y discernir Su Voluntad podamos hacerla prontamente. Es que, muchas veces, no estamos preparados para que el Señor nos diga algo que no queremos escuchar, o simplemente no estamos preparados para discernir Su Voluntad para nuestras vidas.
Vivimos tan preocupados por nuestros planes que nunca estamos disponibles para el Señor, por eso Él nos pide que estemos con la cintura ceñida y las lámparas encendidas, figura de aquél que Dios le pidió a su pueblo estar preparados porque les iba a conceder la liberación. Así también nosotros sin preocuparnos de nosotros mismos, sino ocupándonos de las cosas del Señor estaremos siempre listos para salir a Su Encuentro, escuchar Su Voz y hacer lo que Él nos diga, pues sabemos que Su Voluntad es lo que nos proporciona el milagro de la felicidad, de la Bienaventuranza: "Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».

lunes, 20 de octubre de 2025

Ricos y pobres ante Dios

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
Ser rico ante Dios es la mejor de las riquezas, pero ¿cómo se hace eso? No es que tengamos que tirar por la ventana todos los bienes que hemos alcanzado durante la vida, sino saber que todo eso viene de Dios pues es Él quien nos ha dado los dones con los que hemos podido alcanzar tales y cuales bienes. Lo que pasa que, muchas veces, alcanzar, hoy en día y siempre, todos los bienes que queremos nos va quitando vida, no nos va dejando vivir lo que Dios quiere que vivamos, nos centramos tanto en tener que nos olvidamos de ser.
También es cierto que hoy en día no solo nos ocupamos del tener, sino que, también, nos preocupa el aparentar. Si, hoy es más la gente que aparenta tener que lo que tiene, y eso también es una pobreza ante Dios porque renegamos de lo que somos o de lo que tenemos y buscamos dar una imagen diferente de lo que somos, es decir, mentimos sobre quienes somos.
La vida del mundo y su forma de actuar nos lleva, más de una vez, a mentir sobre nuestra forma de ser, de pensar, de vivir y eso también va en contra de lo que Dios quiere de nosotros, porque nos esclaviza a un ritmo de vida que no es el que deberíamos vivir.
Cuando nos dejamos guiar por el Espíritu y vamos buscando la Voluntad de Dios para nuestras vidas no tenemos que estar ni aparentando ni acumulando nada, porque quien busca la Voluntad del Padre e intenta, con la Gracia del Espíritu, ser Fiel a Dios su vida se va llenando de todo aquello que le hace falta para alcanzar la santidad. Es ahí cuando nuestra vida se enriquece porque va alcanzando la plenitud de su ser, de su vida, de aquello que realmente le hace ser lo que debe ser, y no tiene necesidad ni de aparentara ni de acumular, porque el que es Fiel al Padre va recibiendo y va entregando, y cuanto más se entrega a los hermanos más recibe. Así los bienes que recibo de Dios serán bienes para mi alma y no males que me alejen del camino que Dios quiere para mi vida, el camino que me conduce a la salvación de mi alma.

sábado, 18 de octubre de 2025

Poneos en camino

«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino".
Hoy más que en el aquella época es necesario que nos pongamos en marcha, pero en la marcha que el Señor quiere y no en la marcha que nosotros queramos o que pensemos que es tal o cual.
Hoy hay muchos que teniendo como baluarte el tema de la Iglesia sinodal lo único que buscan es mandar en la comunidad, no buscan el servir en la comunidad o ir de misión que es lo que sería lo mejor, sino tener el poder de hacer que los demás hagan lo que ellos quieren. Es que el apetito de poder sigue reinando en los hombres, y más en aquellos que creen que lo saben todo y buscan tener un "nombre" o un "status" dentro de una comunidad cristiana.
El Señor nos envía a todos a anunciar el Reino confiando sólo en su Providencia, y, sobre todo, no deteniéndonos en el camino por nada, sino que con el corazón puesto en su Corazón y nuestra mente buscando su Voluntad.
Está claro que todos somos necesarios en la misión de la Iglesia, porque todos somos parte del Cuerpo de Cristo, pero, también, es cierto que cada miembro tiene una función diferente y especial, nadie es más que nadie, pero todos tenemos funciones y lugares diferentes en este Cuerpo Místico de Cristo. Por eso, en estos tiempos tan complicados y tan envueltos en las tinieblas del mundo debemos buscar y saber cuál es nuestro lugar, qué es lo que el Padre quiere y qué es lo que debo hacer para alcanzar la perfección que Dios ha pensado para mí.
Para ello necesitamos vaciarnos del espíritu del mundo y de mi propio yo para que, llenos del Espíritu del Señor, podamos discernir cuál es nuestra propia vocación, cuál es el llamado que Dios nos está haciendo y habiéndolo descubierto, sin miedo y con plena confianza en Su Voluntad, poder lanzarnos a alcanzar la meta.
Hay un mundo que está esperando que llevemos la Palabra de Dios, que le mostremos el Camino de la Salvación, viviendo, sobre todas las cosas, el mandamiento principal: "amaos unos a otros como Yo os he amado, pues en esto conocerán que sois mis discípulos".

viernes, 17 de octubre de 2025

El vacío de la hipocresía

"En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse".
No es sólo una exhortación para aquellos días ni tan sólo para los apóstoles, sino que nos viene bien a todos en todos los tiempos, pero, fundamentalmente, en estos tiempos en donde la hipocresía parece un virus que se propaga por el aire. La falsedad en la vida diaria es algo tan común que lo vamos publicando constantemente en las redes sociales y por la calle también, y, lo peor es que nos creemos que esa es la vida verdadera de los otros y también de nosotros.
Claro que al llegar a la soledad de nuestra casa, de nuestra familia, todas las máscaras se caen y comienza el calvario de reconocernos a nosotros mismos, y surge la pregunta tan demoledora, en algunos casos de ¿quién soy? Para muchos no hay respuesta pues no saben responder, se ha vivido tanto para dar una imagen que el mundo quiere que demos que se han olvidado de buscar la esencia personal, de buscar el sentido de la vida.
"Por eso, lo que digáis den la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea".
Y sí, al final sale a la luz lo que no estoy viviendo, lo que no soy o lo que soy en verdad, y ese vacío es el que produce dolor en el alma, el que descubran que mi vida no es tal como la pinto, y, por sobre todas las cosas, el descubrir que mi vida no como digo que es sino que hay un vacío inmenso en el interior de mi corazón.
Hoy es ese el peligro que se está viviendo y que no nos damos cuenta, las Redes sociales son sólo una muestra de lo que llevamos en el corazón: vacío que se hace foto y se muestra como lo mejor de la vida, sin embargo la vida está vacía y no tiene hacia dónde ir.
Darse cuenta a tiempo de esa verdad es aprender a sanar y a llenar el vacío con lo mejor que se nos ha regalado: la Vida en Dios, pues es el único que sabe hacia dónde está la meta que satisface a mi vida, la meta que da sentido a mi vida, y el sentido que da felicidad a mi caminar. Encontrar al Señor en el camino de nuestras vidas es el mejor estímulo para recorrer todo el sendero y alcanzar lo que tanto ansía el corazón.

jueves, 16 de octubre de 2025

Cazarlo para acusarlo

"¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros, no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!».
Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo implacablemente y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, tendiéndole trampas para cazarlo con alguna palabra de su boca".
Esto es algo que nos suele ocurrir a todos: cuando alguien nos acusa de algo o nos hace ver que hemos cometido un error o que lo estamos por cometer, no nos ponemos a analizar lo que hemos hecho o lo que vamos a hacer para ver cómo corregirnos, sino que comenzamos a ver al otro como un enemigo y empezaremos a buscar argumentos para no escuchar lo que nos quieren decir para ayudarnos.
Los maestros de la Ley no se pusieron a pensar el por qué Jesús les decía esas cosas, sino que heridos en su orgullo se pusieron a idear trampas para poder acusarlos y así no tener que pensar en las cosas que les dijo porque era un embustero.
El orgullo y la vanidad y ni que hablar de la soberbia nos impiden reconocer nuestros errores, los que hemos hecho o los que estamos por cometer, y por eso mismo dejamos, muchas veces, de hablar con alguien, de cortarnos solos, de no pedir consejos, porque no me gusta que me orienten, ni que me aconsejen porque ya soy adulto y se lo que tengo que hacer y cómo debo hacerlo.
Nos engañamos tanto a nosotros mismos que por esa razón no llegamos a alcanzar la meta que el Padre quiere para nosotros, no llegamos, tampoco, a estar tranquilos con nosotros mismos porque sabemos que no estamos haciendo del todo bien las cosas. Nos quedamos, mas en estos tiempos, con la apariencia de que estoy conforme con lo que vivo, pero sé que en el fondo no estoy del todo bien, y no tengo el valor de pedir ayuda a quien puede orientarme en el camino de la santidad, ni tan solo aprendo a escuchar a los que me quieren para que pueda "acomodar" mi vida y mi búsqueda de la Voluntad de Dios.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Perseverar siendo niños

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
En estas dos frases Jesús nos llama a vivir el mismo espíritu: la infancia espiritual, es decir no hacer los grandes porque no lo somos, sino que debemos confiar en el Padre y, por lo tanto, volver a ser niños junto a Él.
Si dejamos de lado nuestra "adultez" de creernos ya conocedores de todo y que todo lo sabemos, entonces no aprenderemos nada más de Dios y no podremos madurar en nuestro amor hacia Él. Cuando dejamos de lado nuestra capacidad intelectual y nos relacionamos como hijos pequeños con el Padre entonces Él nos revelará todo lo que necesitamos en nuestro caminar en santidad.
Y, por otro lado, al dejar de ser "tan adultos" podremos dejar de ser "tan" autosuficientes de creer que todo lo podemos hacer, que no hay nadie como yo que haga las cosa tan bien, que no me voy a quejar, que necesito más horas para hacer las cosas... etc., etc. Y descubrir que puedo no hacer todo y si me canso puedo recurrir al Señor, que Él no me exige tanto como yo me estoy exigiendo, que no es que Él me esté cargando los hombros con muchas cruces, sino que soy yo quien me voy cargando solo con lo que no me corresponde. Pero si las cruces que el Padre pone en mi camino son pesadas y me cuesta llevarlas, entonces busca al Hijo, Él te ayudará a cargarlas porque será tu cirineo en el camino.
Todo esto lo podemos vivir si nos dejamos guiar por el Padre, si dejamos que su Espíritu nos fortalezca para reconocer que no podemos solos, que no tenemos ni el conocimiento ni la fuerza para recorrer el Camino que nos lleva a Él. Dejarnos guiar por la Voluntad del Padre no es tarea de flojos, sino de niños fuertes en el espíritu, sabiendo que todo lo podemos en Quien nos conforta día a día con Su Palabra y con Su Vida.

martes, 14 de octubre de 2025

Dar a conocer a Jesús vivencialmente

Al comenzar la carta a los romanos san Pablo va dando pautas hacia dónde quiere ir y cuál es el deseo de Dios para los que la lean:
"Hermanos:
No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego".
En un tiempo donde el cristiano era perseguido por su fe era necesario fortalecerlos, darles esperanzas y sabiduría, sobre todo contagiar el valor de seguir defendiendo su fe en cualquier ámbito. Así, de este modo, nos lo da a nosotros quienes, muchas veces, ocultamos nuestra fe delante de alguien o de algunos, incluso, no somos capaces, otras veces, de decir abiertamente qué es la fe para nosotros, cómo la vivimos, qué buscamos, qué significa creer en nuestro Dios y Señor.
Y hoy, particularmente, en estos tiempos que vivimos el Señor nos llama a ser apóstoles para dar a conocer Su Nombre, Su Verdad, Su Camino a cuantos quieran oírlo y conocerlo, lo cual implica para nosotros mismos un mayor conocimiento, una mayor madurez en la fe, y, sobre todo, en el conocimiento de nuestro Dios y Señor, lo cual no se realiza solamente a nivel intelectual, sino que debemos hacerlo a nivel personal con el Señor, pues en esa relación Él nos dará su Espíritu para que el Espíritu quien hable en y por nosotros y no sólo nuestra capacidad intelectual, porque intelectualmente el hombre de hoy se ha alejado de Dios.
"Porque lo que de Dios puede conocerse les resulta manifiesto, pues Dios mismo se lo manifestó.
Pues lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son perceptibles para la inteligencia a partir de la creación del mundo a través de sus obras; de modo que son inexcusables, pues, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios, ni le dieron gracias; todo lo contrario, se ofuscaron en sus razonamientos, de tal modo que su corazón insensato quedó envuelto en tinieblas.
Alardeando de sabios, resultaron ser necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.
Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos; es decir cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre".
Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

lunes, 13 de octubre de 2025

A qué generación pertenecemos?

«Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación".
¿Seguiremos siendo una generación perversa para Jesús? Es una pregunta que debemos hacernos para poder encauzar nuestra vida espiritual, nuestra vida de discípulos del Señor.
Jesús le decía eso a los fariseos que siempre le pedían un signo más para poder creer, pero, en realidad, no querían creer sino que querían ver qué respondía Jesús. Y la respuesta fue esa: generación perversa.
Una generación que por no querer creer busca hacer daño con sus palabras, con sus gestos, con sus acciones. Y, lamentablemente, nos encontramos con muchos que pertenecen a esa generación que sólo buscan destruir lo que se ha construido, destruir la Verdad, y destruir a los que buscan la Verdad, porque no quieren ver la Verdad, la Verdad los cuestiona y por eso cualquier rayo de luz buscan apagarlo, sea como sea.
Y no estoy hablando sólo de la gente de afuera de la Iglesia, sino, lamentablemente son los que se dicen ser cristianos que están tapando y oscureciendo con sus acciones, con su cizaña, con su maldad, la luz que pueda llegar a brillar en una comunidad, en una familia, en la Iglesia.
Sí, todavía hay gente que pertenece a la generación perversa que porque no tiene el lugar que cree que le corresponde comienza a echar tierra sobre sus hermanos, que comienzan a buscar la palabra y el gesto para sembrar la enemistad, la desunión. Y lo peor es que creen que están haciendo lo mejor para esa comunidad porque se creen los mejores cristianos.
"La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón".
Por Gracia de Dios todavía queda gente realmente buena y cristiana que, con la ayuda del Espíritu, siguen defendiendo la Verdad, que buscan la Voluntad de Dios, y que saben escuchar a Dios por medio de Su Palabra, e intentan seguir caminando por el verdadero Camino de la Luz que es Cristo. Serán ellos los que juzguen a los que van destruyendo lo que con tanto esfuerzo se levantó de las ruinas, serán ellos los que sostendrán la fe de los pequeños que buscan y aceptan la Verdad de la Palabra de Dios.
Mientras tanto analicemos nuestras palabras y obras para saber a qué generación pertenecemos.

domingo, 12 de octubre de 2025

Perseverar junto a María

"Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos."
Los Hechos de los apóstoles nos narra cómo pudieron perseverar los apóstoles después de la crucifixión de Jesús: unidos en oración con María y sus hermanos. Lo que nos ayuda a nosotros a poder, también, perseverar en la fidelidad a la voluntad de Dios, en nuestras vidas, aún cuando tengamos miedo, cuando no entendamos, cuando queramos renegar de Dios o de nuestra fe.
No siempre tendremos ni tenemos días alegres y llenos de sol, el camino hacia la Patria Verdadera tiene momentos de tristeza, de cruz, de dolor, de muerte, y son en esos momentos donde la fe se pone a prueba, no porque Dios nos quiera tentar y poner a prueba, sino que no siempre estamos preparados para lo que Él nos puede pedir vivir o lo que Él os permita vivir.
No son pocos los que creen que si creen no les va a tocar nunca una mala racha, una enfermedad, una cruz pesada, y, sin embargo, la vida tiene también esos días que no nos gustan y que no tenemos intención de vivir, pero ¿renegar de nuestra fe por la Cruz que el Padre nos pueda pedir?
Y ahí, justo en ese momento, es cuando necesitamos perseverar en la oración, en el encuentro con María nuestra Madre, y, también saber que tenemos hermanos que nos ayuden a encontrar el camino de la fortaleza por medio de la oración, para que nos acompañen como cirineos en el camino de la Cruz.
No es fácil perseverar, no es fácil ser fieles en los momentos de tormentas, pero nunca el Señor nos dijo que lo sería, sino que nos dio las herramientas y nos advirtió de lo que podría suceder en el camino, por eso tomemos el ejemplo de los apóstoles que cuando más miedo tenían más se reunían a rezar y lo hacían junto a María, la Madre del Señor.

sábado, 11 de octubre de 2025

Amar y respetar y viceversa

"Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Y ¿quienes son los hermanos pequeños del Señor? "Si no os hacéis como niños no entrareis en el reino de los cielos", dice el Señor. "Bienaventurados los pobres de espíritu porque ellos heredarán el reino de los cielos", dice el Señor. Y así podemos ir viendo que todo los que aceptamos el reino de los cielos podemos llegar a ser los hermanos pequeños del Señor.
Cuando aceptamos que sólo el Señor es el Señor, nos hacemos pequeños ante Él, y cuando reconocemos que Él es nuestro Padre, entonces permanecemos siendo hijos ante Él. Cada uno de los hijos de Dios, cada uno de los que han recibido el Espíritu de Cristo, llegamos a ser los hermanos pequeños de Jesús, y así Él está en el corazón de cada uno de ellos.
Pero, también está en el corazón de aquellos que no lo han llegado a conocer, de los que viven en la pobreza cierta y segura de la vida, como dice el Papa León en la exhortación Dilexi Te: La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deberíamos hablar quizás más correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad.
Por lo tanto, como no podemos ver con los ojos de nuestro cuerpo quiénes son los pobres, quienes son los hermanos pequeños del Señor, tenemos que aprender a amar sin mirar a quien, tenemos que saber respetar al otro simplemente por ser otro, porque el otro, como yo tiene los mismos derechos y obligaciones, y tiene el mismo deseo de que lo amen y respeten como al mismo Señor y Dios.

viernes, 10 de octubre de 2025

Nuestras divisiones

«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino?".
En esta discusión que Jesús mantiene con algunos de entre la multitud nos habla de la división que se produce en el reino, pero es también interesante pensarla sobre nosotros mismos. Sí, sobre nosotros mismos porque, muchas veces, estamos divididos interiormente porque no sabemos cómo actuar o nos dejamos llevar por lo que otros dicen o por lo que otros hacen o por las modas del momento.
Sabemos que desde el día de nuestro bautismo comenzamos un proceso de santificación, aunque en esos días no lo sabíamos pero ahora sí, y en ese proceso tenemos que ir haciendo elecciones y tomando decisiones de cómo vivir y dándonos un sentido para vivir. Pero, en estos tiempos que vivimos estamos rodeados de un sinsentido de la vida y de una libertad sin límites (mal entendida) y por eso, a veces, no estamos seguros de si queremos vivir como hijos de dios o si queremos seguir el ritmo del mundo.
Es división que se crea en nuestro corazón es la que no nos deja crecer, o madurar como verdaderos hijos de Dios. Es cierto que las cosas y el ritmo del mundo se vuelven atractivas, pero mucha más felicidad y plenitud me dará la fidelidad a la Voluntad de Dios, porque, en realidad, como nos dijo Jesús "estamos en el mundo pero no somos del mundo", una verdad que no siempre la tenemos en cuenta porque no hemos sido educados para no ser del mundo, sino que a pesar de vivir en familias cristianas no se nos ha formado para "no ser del mundo" y ser de Dios.
Igualmente, la lucha interna siempre estará porque nacimos en el mundo, pero sabemos, porque el Espíritu Santo nos lo va diciendo que tenemos que buscar el Reino de Dios, ese Reino por el cual pedimos cada día que venga a nosotros, y somos nosotros los que lo tenemos porque "reino de dios está en nosotros", como lo dijo Jesús, pero debemos hacerlo realidad en las decisiones de cada día, a pesar de que muchas veces nos cueste un perú ser obediente a la Voluntad de Dios.

jueves, 9 de octubre de 2025

Pedir y buscar es la cuestión

"Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre".
Pero ¿qué hemos de buscar? ¿Qué hemos de pedir? Porque la experiencia es que muchas veces pedimos y no recibimos, buscamos y no encontramos, y eso que lo hacemos con insistencia. Y, muchas veces, por la insistencia y por no recibir lo que pedimos ni encontrar lo que buscamos perdemos la esperanza, nos desilusionamos y hasta perdemos la fe en nuestro Dios.
Hay momentos, en nuestras vidas, que nos dejan así: desilusionados porque no encontramos el camino para salir de nuestro pecado, porque no recibimos la fuerza para poder levantarnos, y hasta incluso no vemos la luz para decir ¡ahí está Dios!
Por eso, Jesús, no deja nuestras preguntas sin respuestas y a pesar de que nos dice que siempre que pidamos vamos a recibir, y siempre que busquemos vamos a encontrar, pero nos dice qué lo más importante que debemos pedir:
"Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se le piden?".
Sí, es el Espíritu Santo. Sólo el Espíritu Santo que inhabita en nosotros es lo que tenemos que seguir pidiendo, pero no porque no lo tengamos sino para que podamos dejarlo hablar en nosotros, pues es Él quien nos puede enseñar a pedir, a buscar, a encontrar y a recibir, pues el Espíritu sabe lo que necesitamos y nos abre la mente y el corazón para encontrar el camino que el Padre quiere recorramos.
Es el Espíritu quien nos dará todos los dones necesarios para encontrar el sentido de nuestra vida en Cristo, la luz para ver por dónde caminar, la fortaleza para aceptar lo que nos cueste hacer, la esperanza para no desfallecer cuando las cosas no salgan bien, nos ayudará a buscar la misericordia del Padre para sanar nuestra alma, para convertirnos de nuestros pecados y ¡tantas cosas más! y sobre todo seguirá llenando nuestro corazón de amor para que amando la Voluntad del Padre, podamos alcanzar la meta de la santidad.

martes, 7 de octubre de 2025

Virgen del Rosario

En este día de la Virgen del Rosario la lectura de los Hechos de los apóstoles nos lleva aquellos días, después de la crucifixión de Jesús, cuando los apóstoles, por miedo, se reunían a rezar, y en medio de ellos estaba María, la Madre de Jesús y nuestra Madre. Esa imagen es la que se me hace que podemos llegar a pensar cuando estamos rezando el Rosario: María está junto a nosotros, acompañándonos mientras meditamos los misterios de la vida de Jesús y de María, y, sobre todo, donde intentamos elevar nuestra mente y nuestro espíritu hacia Dios.
Porque, a veces, nos olvidamos que en todas las oraciones, ya sean las hechas (Padre nuestro, Ave María, Gloria, Rosario, Via Crucis, etc.) siempre estamos elevando nuestra alma a lo Divino y sobrenaturalizando lo natural, pues en cada rezo o diálogo que tenemos con las personas divinas, ellas están junto a nosotros.
La oración es la que nos lleva al diálogo con el Padre, o el Hijo, el Espíritu Santo, o con la Madre que intercede por nosotros, o los santos que también llevan nuestras oraciones hasta el corazón del Padre.
Queremos, está claro, que nuestra oración sea escuchada y se haga lo que pedimos, pero no siempre, como dice san Pablo, sabemos pedir lo que nos conviene. Pero lo que es cierto que siempre nuestra voz es escuchada en los Cielos, aún cuando no digamos nada porque el Espíritu que habita en nosotros y nuestro Ángel custodio siempre están llevando nuestros deseos y necesidades al corazón del Padre.
El Rosario, que es el arma que nos ha dado La Madre, nos ayuda a contemplar y recordar la vida de Jesús y María, son misterios que nos llevan a los momentos más importantes de sus vidas y que lo son para nosotros porque en ellos el Padre comenzó la tarea de nuestra salvación. Así mientras desgranamos las cuentas del Rosario meditando cada palabra, le vamos entregando al Padre por manos de María nuestro tiempo, nuestra vida para que esa oración ayude a quienes lo necesita, interceda por nosotros y por la salvación del mundo, trayendo la paz a nuestro corazón y, por medio de nosotros, a cuántos el Padre quiera dársela.

lunes, 6 de octubre de 2025

Quien es el prójimo?

 De Benedicto XVI, papa


La parábola del buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37) nos lleva sobre todo a dos aclaraciones importantes. Mientras el concepto de “prójimo” hasta entonces se refería esencialmente a los conciudadanos y a los extranjeros que se establecían en la tierra de Israel, y por tanto a la comunidad compacta de un país o de un pueblo, ahora este límite desaparece. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora. La Iglesia tiene siempre el deber de interpretar cada vez esta relación entre lejanía y proximidad, con vistas a la vida práctica de sus miembros.

En fin, se ha de recordar de modo particular la gran parábola del Juicio final (cf. Mt 25, 31-46), en el cual el amor se convierte en el criterio para la decisión definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida humana. Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde, encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios.

domingo, 5 de octubre de 2025

Pedir lo necesario

 “En aquel tiempo los apóstoles le dijeron al Señor: Auméntanos la fe”!.

Muchas veces ese es también nuestro pedido al Señor, pues vemos que no tenemos suficiente fe, o que hay personas que tienen más fe que nosotros. ¿Por qué es eso? La fe no se mide por cantidades, ni por peso, ni si hay más o menos. La Fe es un Don De Dios y los dones De Dios siempre son abundantes, Dios no es mezquino para darnos lo que necesitamos.

Y, entonces ¿qué es lo que pasa? Es que no sabemos, por un lado, madurar en la fe recibida, ni usar la fe que nos ha sido dada.

Por eso, el Señor les pone esa comparación o exhortación a los apóstoles:

«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería”.

Por que no hace falta la cantidad, sino saber usarla, saber madurar en nuestra vida de fe: creer no sólo es creer, sino también madurar en una relación con el Señor que me permita conocer cómo habla, cómo expresa Su Voluntad, cómo quiere que viva, cómo escucharlo, todo eso me permitirá “usar” la fe que Él me ha regalado, pues sabiendo qué es lo que quiere podré tener la fe suficiente para pode realizar o aceptar lo que Él me está pidiendo.

Lo que pasa es que creemos que la fe es una llave que abre las manos De Dios para que Él me de todo lo que yo quiero en el momento que lo necesito, y eso no es la fe, eso es querer utilizar el poder De Dios para lo que me interesa. Que es los que, muchas veces, se hace con los padres de la tierra: utilizo el cariño que me tienen para poder, por medio de caprichos, tener lo que quiero. Pero nuestro Padre Dios, es un Padre, sí amoroso, pero no sólo sabe lo que quiero, sino, sobre todo, sabe lo que necesito, porque el Espíritu Santo que hay en nosotros está en permanente relación con el Padre y le cuenta cómo soy y qué necesito. Por eso, dirá san Pablo: dejemos que el Espíritu nos ayude a orar como debemos, y nos enseñe de ese modo a pedir lo que necesitamos.

Porque dice el Señor al final de la parábola del “pedid y se os dará” ¡cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiera! Y ahí está nuestra mejor oración, dejar que el Espíritu Santo hablen en nosotros para que nos enseñe qué es lo que El Padre quiere, y hable por nosotros para pedir lo que verdaremente necesitamos para ser Fieles a la Voluntad De Dios.

sábado, 4 de octubre de 2025

Debemos ser sencillos

 Carta de San Francisco de Asís dirigida a todos los fieles


La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno tan santo y tan glorioso, fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre diciendo: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz.

Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.

¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y al prójimo como a ti mismo! Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y con mente pura, ya que él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice: Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad. Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y verdad. Y dirijámosle, día y noche, nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos; porque debemos orar siempre sin desanimarnos.

Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.

No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrario debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana criatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que así obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de nuestro Señor Jesucristo.

viernes, 3 de octubre de 2025

Estad siempre alegres en el Señor

 Del tratado del Pseudo-Ambrosio sobre la carta a los Filipenses.


Estad siempre alegres en el Señor

Como acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: “Estad siempre alegres en el Señor”. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello, añade el Apóstol: “Os lo repito, estad alegres”.

Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.

“Que vuestra mesura la conozca todo el mundo”, es decir, que vuestra santidad de vida sea patente no solo ante Dios, sino también ante los hombres; así seréis ejemplo de modestia y sobriedad para todos los que en la tierra conviven con vosotros y vendréis a ser también como una imagen del bien obrar ante Dios y ante los hombres.

El Señor está cerca. “Nada os preocupe”: el Señor está siempre cerca de los “que lo invocan sinceramente”, es decir, de los que acuden a él con fe recta, esperanza firme y caridad perfecta; él sabe, en efecto, lo que vosotros necesitáis ya antes de que se lo pidáis; él está siempre dispuesto a venir en ayuda de las necesidades de quienes lo sirven fielmente. Por ello, no debemos preocuparnos desmesuradamente ante los males que pudieran sobrevenirnos, pues sabemos que Dios, nuestro defensor, no está lejos de nosotros, según aquello que se dice en el salmo: “El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor”. Si nosotros procuramos observar lo que él nos manda, él no tardará en darnos lo que prometió.

“En toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”, no sea que, afligidos por la tribulación, nuestras peticiones sean hechas —Dios no lo permita— con tristeza o estén mezcladas con murmuraciones; antes, por el contrario, oremos con paciencia y alegría, “dando constantemente gracias a Dios por todo”.

jueves, 2 de octubre de 2025

Ellos te cuidarán

 De los sermones de San Bernardo


A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos». Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.

Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.

En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.

Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.


miércoles, 1 de octubre de 2025

En el corazón de la Igkesia seré el amor

De Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia


Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.


Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.


Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.


Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado».