sábado, 21 de diciembre de 2024

Visitando a María

Último sábado de Adviento y qué mejor que comenzar el día con la visita de María a casa de Isabel y Zacarías, una visita que transforma la vida de Isabel y la del niño que lleva en su vientre. La transforma no porque la visite María, sino que la transforma porque Dios los visita por medio de María. María, portadora del Hijo de Dios en su seno lleva a casa de Isabel y Zacarías la Promesa de Dios hecha vida, lleva en su seno al Mesías Esperado y es Él quien las llena del Espíritu Santo a las dos y conmueve al niño que está en el seno de Isabel.
Así son las visitas de María a nosotros cuando nos acercamos a Ella y le abrimos el corazón para que Su Hijo nos hable, nos envíe el Espíritu y nos anuncie la Verdad del Evangelio, que es el camino que nos conduce al Padre, y nos da una alegría desbordante.
La hermosa exclamación de Isabel, que rezamos todos en el Ave María, no es algo que María le dijera que dijese, sino que es el Espíritu Santo quien suscita en ella esa hermosa bienaventuranza que, nosotros, con fe y Espíritu, también le regalamos a María.
Así, si intentamos hacer de esta visita una comparación con nuestra vida, al rezar el Ave María también estamos recibiendo el mismo Espíritu que llenó a Isabel de alegría y gozo por el encuentro con el Señor, por el encuentro con la Madre del Señor. Y, de este modo, podemos llegar a experimentar, también, la misma dicha que ellas experimentaron en ese encuentro. Descubriendo así, como dijo Isabel: "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre".
¿Quién soy yo? Por la Gracia de Dios y el Amor de Jesús, soy un hijo más de María, la Madre del Señor, y es esa la alegría que debe inundar nuestro corazón porque, como dice san Juan, no sólo nos llamamos hijos de Dios sino que ¡lo somos! Y la filiación divina que nos ha regalado el Señor por medio del Espíritu Santo en el bautismo, es lo que llena nuestra alma con todos sus dones y nos hace portadores, como María, de una gran noticia: Dios está en mí, y si Dios está en mí ¿quién contra mi? ¿Qué podrá separarnos del Amor de Dios?
Por eso, también, puede servir para nosotros mismos la bienaventuranza que Isabel proclama sobre María, por la fe de Ella, y por nuestra fe en lo que Dios hace en nosotros:
"Bienaventurada la que ha creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá".

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