"En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».
Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
El Tercer Domingo de Adviento es llamado de la Alegría, Gaudete, Gozo, porque estamos cerca de la Navidad y ya vamos percibiendo, en la mayoría de los hogares, la alegría del Nacimiento. Un Nacimiento que nos abre una puerta a la Esperanza, y al recuerdo de las Promesas de Dios.
Una Puerta a la Esperanza que, unida al Jubileo del 2025, del que nos llama a participar el Papa Francisco, nos hace mirar hacia el futuro. Un futuro de paz, de vida, de fraternidad que es el Reino de los Cielos, un lugar de Luz Infinita y de Puro Amor en la contemplación real y definitiva de nuestro Dios y Señor.
Pero no sólo es un Reino futuro, sino que es un Reino presente, es un futuro presente que se concretó con el nacimiento de Nuestro Dios y Señor, desde ese momento el Reino de los Cielos permanece en la tierra porque permanece en cada uno de los corazones de los que han sido llamado, elegido y consagrados a Dios por el bautismo.
Por eso, Jesús, nos enseñó a recordar, cada día de nuestras vidas, esa realidad: “venga nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad en la tierra como en el Cielo”, y, además, en cada altar al consagrarse el Pan y el Vino, el Cielo se une a la tierra pues Nuestro Señor se hace Eucaristía para estar con nosotros y en nosotros. Así, alimentados del Pan de la Vida mantenemos vivo el Reino de los Cielos en nosotros, y, por nosotros, se hace presente en la vida cotidiana de nuestra familia, de nuestro lugar de trabajo, en la escuela, en el colegio, en el mercado, y por todos los lugares en que nos encontremos.
Y ¿cuál es el recuerdo de las Promesas de Dios? Es esa misma, por el profeta Isaías nos decía: Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel. Ese Emmanuel es el Dios-con-nosotros que nació en Belén y, en cada Eucaristía, se hace presente para nacer, morir y resucitar para nuestra Salvación.
Es una promesa que se cumple porque Él es el único fiel a Su Palabra, y así nos asegura que todo lo que nos ha prometido se cumplirá, brindándonos, siempre, una esperanza cierta de saber que siempre estará con nosotros, aunque nosotros no siempre estemos con Él
Decía al principio que no en todas las casa se podrá vivir la alegría de la Navidad, pues en este año muchos han regresado a la Casa del Padre, pero la Navidad nos abre a la Esperanza de saber que un día, cuando el Señor nos haya preparado el lugar podremos compartir con ellos la alegría del Cielo eterno y veradero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.