viernes, 13 de diciembre de 2024

No nos guiémos por los aplausos

"En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
"¿A quién se parece esta generación?
Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado".
Esta pregunta y afirmación de Jesús bien podría ser dicha en el día de hoy, y en todos los días de estos años, porque, en realidad, somos una generación inconformista, y no sólo con la religión, sino con todo: nada nos conforma, nada nos gusta, porque no hay un sentido trascendental en la vida de las personas, o, por lo menos, en la mayoría de las personas.
Hoy nos movemos por los gustos, por la moda, por los ídolos y modelos de turno, por la sensiblería y por los likes de las redes sociales, y, sobre todo, por lo que "dicen de mi", como si lo que la gente opinara de mí fuera el mejor de los termómetros para conocerme.
Y eso es lo que nos falta: vida interior. Si nos conociéramos como Dios nos conoce, no tendríamos tantos problemas ni tanta necesidad de sentir las alabanzas de los demás. Por eso, ya en el Señor le decía al profeta Jeremías:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones».
Por eso necesitamos estar más en contacto con nuestro Dios y Señor, pues Él es el único que nos conoce verdaderamente, y, porque nos conoce, nos ama aún con nuestras imperfecciones y pecados, aún sabiendo que no lo amamos tanto como Él a nosotros, pero quiere lo mejor para nosotros y sabe cuál es el camino que nos lleva a amarnos a nosotros mismos como Él nos ama. Por eso, no busquemos la alabanza de los hombres, sino que dejémonos conducir por Su Mano que es la Mano del Amor que nos cuida, nos protege, nos da vida verdadera.

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