miércoles, 18 de diciembre de 2024

Preparar el corazón

Los últimos días del Adviento nos llevan a la genealogía y al momento de la concepción del Hijo de Dios en el seno de María, ayudándonos así a poner nuestro corazón donde debe estar en estos momentos: preparándose para celebrar el Nacimiento de Nuestro Dios y Señor.
Hoy por hoy no son muchas las casas cristianas que están poniendo el corazón donde debe estar, sino que hay mucho corre y prisas para preparar la fiesta familiar de la Navidad, sin darnos cuenta que la mejor fiesta es la está dentro nuestro, en nuestro espíritu, en nuestro ser cristianos.
El evangelio de hoy nos lleva a pensar en los dos actos extraordinarios de fe que han tenido María y José: la anunciación del Ángel y la aceptación de José de María.
Fue anoche cuando pensaba, sobre todo, en este hecho: el salto en la fe que han tenido que dar María y José. María para creer en las palabras del Ángel que le pedía permiso para que en Ella comenzase a nacer el Mesías, el Esperado por generaciones por su Pueblo, quería nacer en su vientre. Y, Ella, con toda la sencillez y humildad le dijo que Sí a Dios, y comenzó a nacer no sólo el Hijo de Dios en su vientre, sino que comenzó a nacer una nueva historia para la humanidad: la historia en donde Dios se hace hombre para salvar al hombre, para hacer de su historia una historia de Salvación.
Y, por otro lado, se lo ve a José. Dudando en un primer momento pero abriendo su corazón al mensaje de Dios y creyendo, creyendo con un corazón lleno de amor a Dios y a su prometida. Un corazón que dio un salto mortal al vacío y se dejó llenar, también él, por el fuego del Espíritu del Amor para comenzar a caminar junto al Hijo de Dios que estaba naciendo en María.
Y, hoy, Dios nos pide que nosotros también demos ese salto en la fe para creer que, como ellos, también somos protagonistas de la Historia de la Salvación porque llevamos en nuestro cuerpo el Espíritu Santo que nos hizo hijos de Dios, llevamos en nuestra alma el mismo Espíritu que hizo que el Hijo de Dios se encarnara en María, llevamos en nuestra alma el mismo amor que hizo que José aceptara la misión de ser rel padre del Hijo de Dios, llevamos en nuestra vida el mensaje de Salvación que nace de una vida entrega al Espíritu para vivir según la Voluntad de Dios.
Por eso debemos preparar nuestro corazón para que al celebrar la Navidad, no sólo brindemos por la felicidad, sino que brindemos por la Vida Nueva que nos dio el Hijo al nacer no sólo en María, sino que nos hizo renacer con Él para llevar al mundo la Alegría de la Vida en Dios.

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