domingo, 8 de diciembre de 2024

La libertad de María

"María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

En un tiempo donde la libertad es lo primero que buscamos vivir, María se nos presenta como Ideal cristiano aceptando o mejor convirtiéndose en Esclava de la Voluntad de Dios. Es esa esclavitud de María la que, muchas veces, repugna a los oídos de los cristianos, y, ni que hablar, del mundo de hoy.
Y ¿por qué María toma esa postura frente a la Voluntad de Dios? Porque ha aprendido escuchando sobre la historia de su Pueblo, sobre la palabra de los Profetas, que, desde el momento en que Dios elige, desde ese mismo instante, nuestra vida es sólo de Él para Él y por Él. María ha comprendido desde su pequeñez que no hay otro camino para alcanzar la felicidad, ni tampoco otro posible para ser instrumentos de Dios.
Ella comprende, en su humildad, que Dios la llama a una gran misión: ser la Madre del Salvador, que en sus entrañas comenzará a nacer Aquél que había sido prometido por Dios desde siglos antes, y que esa misión sólo la podría cumplir siendo Fiel al Señor.
María ha ido aprehendiendo desde pequeña que Dios se vale de instrumentos para dar a conocer Sus Planes, Sus Proyectos, porque lo ha escuchado en las narraciones bíblicas acerca de lo vivido por el Pueblo de Israel y por aquellos que fueron protagonistas del Caminar del Pueblo. Por eso no duda del mensaje que le transmite el Ángel, aunque no llega a comprender el cómo, pero confía.
La confianza que María nos demuestra con sus palabras es una confianza heroica en la Voluntad de Dios, pues ante las palabras del Ángel, Ella se deshace de sí misma y entrega su voluntad para sólo vivir en la Voluntad de Dios.
Hoy en día podríamos decir que María le hace un cheque en blanco a Dios para que Él lo lleno con lo que necesita de Ella, por eso, en estos tiempos tan turbados que vivimos, no hay mejor camino para encontrar, no sólo nuestra salvación, sino nuestra perfección y felicidad, que el ejemplo de María: ser instrumentos dóciles en las Manos del Padre es lo que nos brinda seguridad en nuestro caminar, porque sólo Él conoce cuál es nuestro verdadero Camino, y, por eso, si nos dejamos, como Ella, conducir nos llevará por los mejores lugares.
Está claro que los mejores lugares por los que el Padre nos puede llevar nos serán siempre los menos dolorosos, pero siempre, como lo hizo con María, tendremos la Gracia necesaria y suficiente para poder vivirlos. María nos lo muestra desde Nazaret hasta el Calvario, y desde el Calvario, pasando por Pentecostés, hasta su asunción en cuerpo y alma al Cielo, que en todo momento ha sido la Bienaventurada por todas las generaciones.

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