«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todas esto en su corazón".
Este Domingo I de Navidad es, también, el día de la Sagrada Familia que nos invita a contemplar a Jesús, María y José, como el modelo de la familia cristiana, unidos en el Amor al Padre, y en fidelidad a Su Voluntad. Una familia extraordinaria y ejemplar y, aunque probablemente lo pensemos, es una familia que como nosotros ha vivido casi las mismas cosas: alegrías, tristezas, dolor, gozo, y tantas cosas que, en el camino de la fidelidad a Dios, han tenido que pasar desde Nazaret a la Cruz.
El Amor a Dios que unió sus vidas es el mismo Amor que ha sido derramado en nuestros corazones, por eso, no podemos quedarnos dejar de verlos como ejemplo para que, también nosotros, podamos encontrar y discernir el camino de nuestra propia vocación y camino de santidad.
También, en este Domingo, así como lo hiciera el Papa Francisco el 24 en Roma, se dará comienzo al Año Jubilar 2025 “Peregrinos de la Esperanza” en nuestra Diócesis de Albacete. Por tal motivo y para que comprendamos un poco más este tiempo extraordinario dentro de nuestra Iglesia, he extractado algunos párrafos de la Carta de convocatoria del Jubileo:
El Jubileo ha sido siempre un acontecimiento de gran importancia espiritual, eclesial y social en la vida de la Iglesia. Desde que Bonifacio VIII instituyó el primer Año Santo en 1300 —con cadencia de cien años, que después pasó a ser según el modelo bíblico, de cincuenta años y ulteriormente fijado en veinticinco—, el pueblo fiel de Dios ha vivido esta celebración como un don especial de gracia, caracterizado por el perdón de los pecados y, en particular, por la indulgencia, expresión plena de la misericordia de Dios…
Debemos mantener encendida la llama de la esperanza que nos ha sido dada, y hacer todo lo posible para que cada uno recupere la fuerza y la certeza de mirar al futuro con mente abierta, corazón confiado y amplitud de miras. El próximo Jubileo puede ayudar mucho a restablecer un clima de esperanza y confianza, como signo de un nuevo renacimiento que todos percibimos como urgente. Por esa razón elegí el lema Peregrinos de la Esperanza. Todo esto será posible si somos capaces de recuperar el sentido de la fraternidad universal…
Por lo tanto, la dimensión espiritual del Jubileo, que nos invita a la conversión, debe unirse a estos aspectos fundamentales de la vida social, para formar un conjunto coherente. Sintiéndonos todos peregrinos en la tierra en la que el Señor nos ha puesto para que la cultivemos y la cuidemos (cf. Gn 2,15), no descuidemos, a lo largo del camino, la contemplación de la belleza de la creación y el cuidado de nuestra casa común.
Como todo tiempo extraordinario, dentro de la vida de la Iglesia, lleva consigo Gracias extraordinarias para que podamos alcanzar los fines propuestos por el Padre para nuestra salvación, por eso estemos atentos a todo lo que se vaya desarrollando en torno a este Año Santo.
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