"Consolad, consolad a mi pueblo - dice vuestro Dios -; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados".
Hermosa exhortación de Dios a su Pueblo por medio de Isaías: consolad. Pero ¿por qué hay que consolar al pueblo? Por que Dios ha pagado el precio de sus pecados. Ya no tiene que sufrir el pueblo por sus pecados pues todo ha sido pagado por Dios.
El consuelo es algo que todos necesitamos, aunque no todos lo expresamos, pero siempre está en el corazón ese deseo de ser consolados pues siempre está el dolor de los pecados. Y ese consuelo es el que mejor nos sienta: sabernos perdonados por los pecados cometidos. Y ¿por dónde viene ese consuelo? Por la Gracia de la Reconciliación, a través del Sacramento de la Reconciliación.
Pero, claro, hay un pequeño detalle: ya no tenemos conciencia de pecado, en muchos casos, ni tenemos, por ello, necesidad de volver al sacramento de la reconciliación. Y es ahí donde no recibimos el consuelo de la Gracia, el consuelo del abrazo de Dios por medio de ese hermoso sacramento.
"¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños".
El Padre sale a buscarnos, envía a sus instrumentos a echarnos una mano para volver a sus brazos, pero los que están perdidos no saben que lo están, ni tan siquiera tienen conciencia que se han perdido y, en muchos casos, quieren seguir lejos del Padre, pues no les dice nada el Padre o no quieren tener relación con él. Como el hijo pródigo han rechazado vivir con el Padre y por eso han partido a tierras lejanas a vivir según sus propios criterios y objetivos.
Por eso, muchos no buscan la reconciliación pues sus valores no son los valores del Padre, y viven según sus propios estilos, el estilo del mundo y con los valores del mundo que son cambiantes y no eternos como los que nos enseñó Jesús.
Y le sigue diciendo Dios a Isaías:
"Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; sí, la hierba, es el pueblo; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre».
martes, 10 de diciembre de 2024
Grita
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