"Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy toda la creación entera está gimiendo y sufre dolores de parto.
Y no sólo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo".
En realidad no iba a copiar toda la carta de san Pablo, pero cuando lo hice no pude borrar ningún renglón, dado que si borraba algo, seguramente, no se entendería todo el resto. Así que volví a copiar todo.
Me parece un relato muy alentador y oportuno para estos días, dado que, si vemos bien, toda la creación necesita de nosotros. Y no sólo los animales y las plantas, sino que la humanidad entera necesita que nos manifestemos como lo que somos: hijos de Dios, instrumentos de salvación para la creación entera. Y, sin embargo, a veces, parece que no nos damos cuenta que todo depende de nosotros los que decimos que somos hijos de Dios.
Está claro que la salvación no depende de nosotros sino que nos ha salvado Nuestro Señor, pero somos nosotros quienes manifestamos con nuestras palabras y obras aquellos que creemos, pero que, todavía, no llegamos a vivir en plenitud.
¿Por qué no llegamos a vivir en plenitud? Porque no siempre nos dedicamos a la Obra de Dios, sino que nos dejamos atrapar por el mundo y perdemos de vista lo que es de Dios y lo que no es de Dios. Y en esto está claro que no me refiero a si nos disfrazamos de zombies o de no sé qué. Sino que me refiero a que no vivimos de acuerdo a los mandamientos ni a la Voluntad de Dios, y vamos aceptando, día a día, lo que no es de Dios.
"Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará". Es seguro que no sólo se refiere, San Pablo, a los sufrimientos físicos, sino, también, a los sufrimientos espirituales y morales, porque no aceptar vivir como el mundo nos exige, nos lleva a tener una lucha interna y externa con nosotros mismos y con aquellos que nos están, constantemente, invitando a dejar de lado a Dios.
Las luchas interiores para aceptar y vivir según Dios son las más feroces en estos tiempos, por eso necesitamos, cada día más, estar en relación con el Señor, con su Palabra, recibirlo en la Eucaristía y dejarnos llenar de Su Gracia, para fortalecer nuestro espíritu y así poder manifestar su poder por medio de nuestra debilidad.
martes, 31 de octubre de 2023
El mundo necesita a los hijos de Dios
lunes, 30 de octubre de 2023
No nos apartemos de la Voluntad de Dios
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
Vigilad, amadísimos, no sea que los innumerables beneficios de Dios se conviertan para nosotros en motivo de condenación por no tener una conducta digna de Dios y por no realizar siempre en mutua concordia lo que le agrada. En efecto, dice la Escritura: El Espíritu del Señor es como una lámpara que sondea lo más íntimo de las entrañas.
Consideremos cuán cerca está de nosotros y cómo no se le oculta ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es, por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. Vale más que ofendamos a hombres necios e insensatos, soberbios y engreídos en su hablar, que no a Dios.
Veneremos al Señor Jesús, cuya sangre fue derramada por nosotros; respetemos a los que dirigen nuestras comunidades, honremos a nuestros presbíteros, eduquemos a nuestros hijos en el temor de Dios, encaminemos a nuestras esposas por el camino del bien. Que ellas sean dignas de todo elogio por el encanto de su castidad, que brillen por la sinceridad y por su inclinación a la dulzura, que la discreción de sus palabras manifieste a todos su recato, que su caridad hacia todos sea patente a cuantos temen a Dios, y que no hagan acepción alguna de personas.
Que vuestros hijos sean educados según Cristo, que aprendan el gran valor que tiene ante Dios la humildad y lo mucho que aprecia Dios el amor casto, que comprendan cuán grande sea y cuán hermoso el temor de Dios y cómo es capaz de salvar a los que se dejan guiar por él, con toda pureza de conciencia. Porque el Señor es escudriñador de nuestros pensamientos y de nuestros deseos, y su Espíritu está en nosotros, pero cuando él quiere nos lo puede retirar. Todo esto nos lo confirma nuestra fe cristiana, pues el mismo Cristo es quien nos invita, por medio del Espíritu Santo, con estas palabras: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.
El Padre de todo consuelo y de todo amor tiene entrañas de misericordia para con todos los que lo temen y en su entrañable condescendencia reparte sus dones a cuantos a él se acercan con un corazón sin doblez. Por eso, huyamos de la duplicidad de ánimo y que nuestra alma no se enorgullezca nunca al verse honrada con la abundancia y riqueza de los dones del Señor.
domingo, 29 de octubre de 2023
Amarnos para amar
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero.
El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
A veces no es tan difícil amar a los demás, sino amarse a uno mismo. Hoy en día los estándares de belleza exterior hacen que muchas personas no estén conformes consigo mismas. Y no digo la belleza en cuanto rostro, arrugas y eso, que también afecta a muchos; sino la belleza que da el tener un buen empleo, una buena casa, etc. Hay estándares que hacen que uno viva pendiente de lo que tiene y no de lo que es, y eso, para ciertos temperamentos es muy estresante.
Cuando vivimos pendientes de lo que tenemos que mostrar, entonces es porque no amamos, no queremos lo que tenemos y buscamos complacer a los demás y no a nosotros mismos, o lo que es más, para los cristianos, buscar vivir la Voluntad de Dios para nuestra vida, es decir, buscar nuestra propia vocación o estilo de vida.
Buscar ser como los demás, o necesitar que los demás no progresen para no sentirme menos, o conseguir lo que me he propuesto alcanzar a cierto tipo de edad, o en determinado tiempo, es una constante que desgasta no sólo los ánimos y el entusiasmo, sino que desgasta las relaciones personas, pues no vivo bien las relaciones con aquellas personas que pueden ser para mí causa de estorbo, o desilusión o envidia.
Todo ello lleva, a muchas personas, a no crecer espiritualmente, es más, lo van desgastando día a día, hasta el punto de la depresión por no alcanzar un estándar de vida que no el propio. Así pasa o pasaba, normalmente, con la adolescencia porque nos comparábamos con nuestros amigos del instituto o la secundaria, con sus familias, con lo que tenían. Pero ahora esa envidia o comparación se produce, también, en los adultos: nos comparamos mucho con los demás y, sobre todo, con lo que el mercado nos ofrece y lo que vemos que deberíamos tener y no tenemos.
Por eso no podemos, muchas veces, amar a los demás porque no terminamos de amarnos a nosotros mismos, estamos a disgusto con nuestra vida, con lo que tenemos, y no sabemos valorar, y por eso des-preciamos, no apreciamos, lo que hemos logrado, perdiendo así la perspectiva de lo que debemos vivir, de lo que Dios nos está pidiendo y de lo que Él nos está dando, en la familia, en los amigos, en el día a día.
No dejemos que la vida del mundo nos intente convencer de que somos menos que los demás, amemos lo que Dios nos ha dado.
sábado, 28 de octubre de 2023
Como me envió a mí así os envío
Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan
Nuestro Señor Jesucristo instituyó a aquellos que habían de ser guías y maestros de todo el mundo y administradores de sus divinos misterios, y les mandó que fueran como astros que iluminaran con su luz no sólo el país de los judíos, sino también a todos los países que hay bajo el sol, a todos los hombres que habitan la tierra entera. Es verdad lo que afirma la Escritura: Nadie se arroga este honor; sólo lo toma aquel que es llamado por Dios. Fue, en efecto, nuestro Señor Jesucristo el que llamó a sus discípulos a la gloria del apostolado, con preferencia a todos los demás.
Aquellos bienaventurados discípulos fueron columnas y fundamento de la verdad; de ellos afirma el Señor que los envía como el Padre lo ha enviado a él, con las cuales palabras, al mismo tiempo que muestra la dignidad del apostolado y la gloria incomparable de la potestad que les ha sido conferida, insinúa también, según parece, cuál ha de ser su estilo de obrar.
En efecto, si el Señor tenía la convicción de que había de enviar a sus discípulos como el Padre lo había enviado a él, era necesario que ellos, que habían de ser imitadores de uno y otro, supieran con qué finalidad el Padre había enviado al Hijo. Por esto, Cristo, exponiendo en diversas ocasiones las características de su propia misión, decía: No he venido a invitar a los justos a que se arrepientan, sino a los pecadores. Y también: He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para cumplir la voluntad de aquel que me ha enviado. Dios no ha enviado su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
De este modo resume en pocas palabras la regla de conducta de los apóstoles, ya que, al afirmar que los envía como el Padre lo ha enviado a él, les da a entender que su misión consiste en invitar a los pecadores a que se arrepientan y curar a los enfermos de cuerpo y de alma, y que en el ejercicio de su ministerio no han de buscar su voluntad, sino la de aquel que los ha enviado, y que han de salvar al mundo con la doctrina que de él han recibido. Leyendo los Hechos de los apóstoles o los escritos de san Pablo, nos damos cuenta fácilmente del empeño que pusieron los apóstoles en obrar según estas consignas recibidas.
viernes, 27 de octubre de 2023
Sin desanimarnos
Yo creo que no somos pocos los que nos sentimos, a veces, como san Pablo:
"Así pues, descubro la siguiente ley: yo quiero hacer lo bueno, pero lo que está a mi alcance es hacer el mal.
En efecto, según el hombre interior, me complazco en la ley de Dios; pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros".
Es cierto que la ley del pecado que residen en nosotros, desde el pecado original, es más fuerte que todos nuestros deseos de ser fieles al Señor. Los instintos primarios que hay en nosotros, la realidad que vive el mundo, las tentaciones que se nos presentan todos los días, no hacen más que sensibilizar nuestra piel para que se ponga en marcha hacia el pecado.
No obstante, siempre tendremos que luchar contra ello. NO es argumento válido decir que peco porque el pecado reside en mí, sino que ante el pecado tengo que seguir intentando no caer, y o levantarme con más fuerza sabiendo cuáles son las piedras que me hacen tropezar.
Pero, igualmente, la "receta" nos la da el mismo Pablo:
"¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo nuestro Señor!".
Es nuestra relación con Jesús quien nos fortalece y libera de todas nuestras malas inclinaciones, cuánto más cerca esté de Él y cuánto más me llene de Su Gracia, tanto más fuerte estaré para luchar contra el mal que habita en mí. Sabiendo, por supuesto, que cuanto más viva Cristo en mí, más me tentará Satanás para hacerme perder esa relación con el Señor, pues su deseo no es mi santidad sino mi caída constante hasta que al final deje de vivir en Cristo.
El desánimo que muchas veces me provoca el Tentador, es el más perjudicial en mi lucha contra el pecado, y me va quitando el deseo de seguir caminando junto al Señor. Por eso mismo el Señor siempre nos tiende la Mano para que volvamos a levantarnos, pero con más fuerzas, con más deseos de seguir, con Su Gracia, creciendo en santidad, en la búsqueda constante del bien, del amor y la justicia, para que siempre en mi vida brille la alegría de saberme no sólo amado por Dios, sino rescatado por la Sangre de Su Hijo que, por amor a mí, se entregó y se nos entregó en la Cruz y resucitó para nuestra Salvación.
jueves, 26 de octubre de 2023
No he venido a traer paz
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo, tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división..."
¿Cuál es el fuego que vino a traer Jesús? ¿Por qué no vino a traer paz? Al leer esto pensaba en una frase de san Juan de Capistrano que "colgué" ayer: "si lo que busco es agradar a la gente, ya no seré siervo de Cristo", que, también, como esta de hoy, es muy complicada de entender.
¿Cuál es el fuego? El fuego del Espíritu, el fuego del deseo de encender los corazones de los hombres por vivir una Vida Nueva, el fuego que quema el pecado y la maldad en el corazón del hombre, el fuego que elimina todo lo que no es de Dios y hace renacer la originalidad en el hombre. Ese fuego es el que vino a traer Jesús, un fuego que es deseado, en esencia y en el fondo del corazón, por el hombre pero que, muchas veces, no se da cuenta qué es lo que necesita o, mejor dicho, no se da cuenta que lo que necesita es el fuego de Dios.
Y ¿por qué no ha venido a traer paz? Porque la búsqueda constante de ese fuego de Dios, de la vida en Dios, trae, como dice san Pablo, una guerra interior en el hombre: "hay en mí una lucha entre la carne y el espíritu", pero, a la vez, una lucha entre los que quieren vivir en Dios y los que no dejan vivir en Dios. Hay una lucha entre los que quieren ser fieles a Dios y. predican Su Palabra, y los que no quieren "matar" a Dios y quitarlo de la sociedad y de la vida del mundo.
Es por eso que san Juan de Capistrano decía que no se puede, solamente, agradar a los hombres, porque cuando se predica el Evangelio, cuando se vive el Evangelio, no siempre se agrada a todo el mundo. Diría el mismo san Pablo que la Palabra de Dios es como una espada afilada que corta por los dos lados.
La Palabra de Dios revela lo que hay en el corazón del hombre, y ese hombre no siempre quiere acercarse a la Verdad de Dios, sino que prefiere vivir en el pecado del mundo.
"Hablo al modo humano, adaptándome a vuestra debilidad natural: lo mismo que antes ofrecisteis vuestros miembros a la impureza y a la maldad, como esclavos suyos, para que obrasen la maldad, ofreced ahora vuestros miembros a la justicia, como esclavos suyos para vuestra santificación.
Pues cuando erais esclavos del pecado, erais libres en lo que toca a la justicia. ¿Y qué frutos obteníais entonces? Cosas de las que ahora os avergonzáis, porque conducen a la muerte.
Ahora, en cambio, liberados del pecado y hechos esclavos de Dios, dais frutos para la santidad que conducen a la vida eterna.
Porque la paga del pecado es la muerte, mientras que el don de Dios e la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro".
miércoles, 25 de octubre de 2023
Esclavo o libre? De quién?
"Pedro le dijo:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
No siempre, pero sí siempre el Señor nos dice algo a nosotros. A veces no queremos oír lo que nos dice y, por eso, hacemos oídos sordos a sus Palabras, pero siempre hay algo que nos quiere decir. También es cierto que, otras veces, nos dice las cosas para que se las digamos a alguien, pero, como en las malas dietas, siempre hay un efecto rebote que nos afecta a nosotros mismos.
Claro que pensamos que no siempre el Señor tendrá algo que decirnos, o que queramos que eso que nos dice no sea para nosotros, porque pensamos que nos siempre tenemos que estar mirándonos para cambiar, o que no siempre tenemos que hacer algo por el Señor. Pero sí, mientras estemos en este "valle de lágrimas", siempre tendremos algo que convertir, algo que cambiar, algo para hacer, porque hemos venido para "hacer la Voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo", y eso es todos los días de la vida.
Por que, como dice san Pablo a los romanos:
"¿No sabéis que, cuando os ofrecéis a alguien como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia?".
Nos hemos consagrado a Dios por el bautismo, por ello nos hemos ofrecido al Señor para el bien, para el amor, para la paz, para la justicia... y, sobre todo, para alcanzar la santidad viviendo según su Voluntad. Y esa esclavitud es la que más nos libera, pues el Señor no nos quiere esclavos sino libres, y la mejor forma de ser libres es ser esclavos de Su Voluntad, como lo fue María, Nuestra Madre.
Sí, es una contradicción, pero es que la Voluntad de Dios nos da la plenitud que buscamos, pues Él es quien sabe para qué nos ha creado y conoce nuestro interior mejor que nosotros mismos. En cambio el pecador, aquél que quiere destruir nuestra vida, nos esclaviza con el pecado, que es, en definitiva, el ir en contra de la voluntad de Dios, no haciendo lo que nos hace bien, sino destruyendo aquello que nos da vida verdadera.
martes, 24 de octubre de 2023
No quiero sacrificios
Hoy me quiero centrar en el Salmo, que no sólo es algo para rellenar la liturgia, sino que son cánticos inspirados por Dios (por eso están dentro la liturgia) que, por esa razón, es propio que se canten dentro de la misa, pues han sido escrito para cantarlos (aunque a algunos no les guste, pero es así) Y el Salmo de hoy me gusta reflexionarlo, aunque siempre es complicarlo llevarlo a la práctica. Pero bueno, eso es lo interesante de la Palabra de Dios, que implica un esfuerzo de nuestra parte para alcanzar la Bienaventuranza que deseamos.
"Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy».
«- Como está escrito en mi libro -
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas».
Creemos, muchas veces, que a Dios le vamos a ganar el corazón si hacemos muchos sacrificios y ofrendas, pero con una sola bastaría, siempre y cuando sea verdadera: nuestra renuncia a nuestra voluntad para hacer Su Voluntad. Que, en realidad, eso es lo que decimos todos los días: hágase Tu Voluntad en la tierra como en el cielo.
Y ¿quién tiene que hacer Tu Voluntad? ¿El vecino, mi esposo, mi hijo, mi amigo, el que se sienta en el banco de al lado...? Pues no. Te aseguro que quien tiene que hacer la Voluntad de Dios soy yo, eres tú, no el otro.
Sí, el otro también, pero no puedo hacer depender mi decisión de fidelidad a Dios si el otro no hace lo que Dios quiere. A mí se me va a pedir cuentas de si he sido fiel a Dios o no, no se me va a preguntar si mi hermano ha sido fiel o no..
Por eso, los sacrificios, ofrendas y oblaciones sirven siempre y cuando me ayuden a renunciar a mí mismo para hacer la Voluntad de Dios. Pero si sólo son gestos externos que los uso para cumplir un trámite burocrático para ver si Dios me ayuda o no, de poco o casi nada sirven para mi salvación.
Recuerda que lo único que quiere el Padre es que salves tu alma, y no la salvas porque hagas mil veces el camino a Santiago, o te vayas caminando a Luján, o te rapes la cabeza, o... sino que dejes de pensar en lo que te gusta, en lo que le gusta al mundo, y comiences a pensar qué es lo que Dios quiere para tu vida, qué es lo que Dios quiere que hagas, qué es lo que Dios quiere que vivas para alcanzar la salvación de tu alma y la Bienaventuranza aquí en el tierra y en el cielo.
lunes, 23 de octubre de 2023
Comulgar
Del Tratado de san Fulgencio de Ruspe, obispo, Contra Fabiano
Cuando ofrecemos nuestro sacrificio realizamos aquello mismo que nos mandó el Salvador; así nos lo atestigua el Apóstol, al decir: Jesús, el Señor, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de pronunciar la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Éste es mi cuerpo, que se da por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza que se sella con Mi sangre. Cada vez que la bebáis hacedlo en memoria mía.» Porque cuantas veces coméis de este pan y bebéis de este cáliz, vais anunciando la muerte del Señor hasta que él venga.
Nuestro sacrificio, por tanto, se ofrece para anunciar la muerte del Señor y para reavivar, con esta conmemoración, la memoria de aquel que por nosotros entregó su propia vida. Ha sido el mismo Señor quien ha dicho: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Y porque Cristo murió por nuestro amor, cuando hacemos conmemoración de su muerte en nuestro sacrificio pedimos que venga el Espíritu Santo y nos comunique el amor; suplicamos fervorosamente que aquel mismo amor que impulsó a Cristo a dejarse crucificar por nosotros sea infundido por el Espíritu Santo en nuestros propios corazones, con objeto de que consideremos al mundo como crucificado para nosotros y nosotros sepamos vivir crucificados para el mundo; así, imitando la muerte de nuestro Señor, como Cristo murió al pecado de una vez para siempre, y su vida es vida para Dios, también nosotros vivamos una vida nueva, y, llenos de caridad, muertos para el pecado vivamos para Dios.
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado y la participación del cuerpo y sangre de Cristo, cuando comemos el pan y bebemos el cáliz, nos lo recuerda, insinuándonos, con ello, que también nosotros debemos morir al mundo y tener nuestra vida escondida con la de Cristo en Dios, crucificando nuestra carne con sus concupiscencias y pecados.
Debemos decir, pues, que todos los fieles que aman a Dios y a su prójimo, aunque no lleguen a beber el cáliz de una muerte corporal, deben beber, sin embargo, el cáliz del amor del Señor, embriagados con el cual, mortificarán sus miembros en la tierra y, revestidos de nuestro Señor Jesucristo, no se entregarán ya a los deseos y placeres de la carne ni vivirán dedicados a los bienes visibles, sino a los invisibles. De este modo, beberán el cáliz del Señor y alimentarán con él la caridad, sin la cual, aunque haya quien entregue su propio cuerpo a las llamas, de nada le aprovechará. En cambio, cuando poseemos el don de esta caridad, llegamos a convertirnos realmente en aquello mismo que sacramentalmente celebramos en nuestro sacrificio.
sábado, 21 de octubre de 2023
El Espíritu intercede por nosotros
De la carta de san Agustín, obispo, a Proba
Quien pide al Señor aquella sola cosa que hemos mencionado, es decir, la vida dichosa de la gloria, y esa sola cosa busca, éste pide con seguridad y pide con certeza, y no puede temer que algo le sea obstáculo para conseguir lo que pide, pues pide aquello sin lo cual de nada le aprovecharía cualquiera otra cosa que hubiera pedido, orando como conviene. Esta es la única vida verdadera, la única vida feliz: contemplar eternamente la belleza del Señor, en la inmortalidad e incorruptibilidad del cuerpo y del espíritu. En razón de esta sola cosa, nos son necesarias todas las demás cosas; en razón de ella, pedimos oportunamente las demás cosas. Quien posea esta vida poseerá todo lo que desee y allí nada podrá desear que no sea conveniente.
Allí está la fuente de la vida, cuya sed debemos avivar en la oración mientras vivimos aún de esperanza. Pues ahora vivimos sin ver lo que esperamos, seguros a la sombra de las alas de aquel ante cuya presencia están todas nuestras ansias; pero tenemos la certeza de nutrirnos un día de lo sabroso de su casa y de beber del torrente de sus delicias, porque en él está la fuente viva y su luz nos hará ver la luz; aquel día en el cual todos nuestros deseos quedarán saciados con sus bienes y ya nada tendremos que pedir gimiendo, pues todo lo poseeremos gozando.
Pero como esta única cosa que pedimos consiste en aquella paz que sobrepasa toda inteligencia, incluso cuando en la oración pedimos esta paz hemos de decir que no sabemos pedir lo que nos conviene. Porque no podemos imaginar cómo sea esta paz en sí misma y, por tanto, no sabemos pedir lo que nos conviene. Cuando se nos presenta al pensamiento alguna imagen de ella, la rechazamos, la reprobamos, reconocemos que está lejos de la realidad, aunque continuamos ignorando lo que buscamos.
Pero hay en nosotros, para decirlo de algún modo, una docta ignorancia; docta, sin duda, por el Espíritu de Dios, que viene en ayuda de nuestra debilidad. En efecto, dice el Apóstol: Si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos con anhelo y constancia. Y añade a continuación: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y aquel que escudriña los corazones sabe cómo son los deseos del Espíritu, es decir, que su intercesión en favor de los fieles es según el querer de Dios.
No hemos de entender estas palabras como si dijeran que el Espíritu de Dios, que en la Trinidad divina es Dios inmutable y un solo Dios con el Padre y el Hijo, orase a Dios como alguien distinto de Dios, intercediendo por los santos; si el texto dice que el Espíritu intercede en favor de los fieles es para significar que incita a los fieles a interceder, del mismo modo que también se dice: Os tienta el Señor vuestro Dios para ver si lo amáis, es decir, para que vosotros conozcáis si lo amáis. El Espíritu, pues, incita a los fieles a que intercedan con gemidos inefables, inspirándoles el deseo de aquella realidad tan sublime que aún no conocemos, pero que esperamos ya con paciencia. Pero ¿cómo se puede hablar cuando se desea lo que ignoramos? Ciertamente que si lo ignoráramos del todo no lo desearíamos; pero, por otro lado, si ya lo viéramos no lo desearíamos ni lo pediríamos con gemidos inefables.
viernes, 20 de octubre de 2023
Confianza para convertirnos
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis den la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea".
En este mundo o en el otro todo se sabrá de lo que he vivido y de lo que no he vivido. Por eso, el Señor, nos advierte acerca de la hipocresía, de querer dar una imagen de alguien que no somos.
Claro es que la imagen de lo que no somos puede verse desde dos puntos de vista: una falsa humildad o por soberbia y vanidad.
Sí, una falsa humildad es cuando alguien se hace pasar por humilde o por alguien que no sabe hacer nada o que no entiende nada, y, en el fondo lo que está buscando es no comprometerse con nada ni con nadie. Esa falsa humildad también es hipocresía.
Por otro lado, o en el punto contrario está la vanidad y la soberbia, de querer hacer creer a los demás lo buenos que somos, cuántas cosas hago, cuánto rezo, cuanto... y lo único que pongo delante de todo es a mi yo, pero en el fondo, me olvido, como dice muchas veces Jesús, de la misericordia, la compasión, la empatía, porque todo lo hago para lucirme, para que vean lo bueno que soy, pero nunca me ocupo de mis hermanos.
Claro es que siempre y en muchos momentos se nos va a colar el pecado de la hipocresía, de la soberbia, de la vanidad, de la falsa humildad. Pero no debemos preocuparnos porque siempre estará el Señor para ayudarnos a convertir nuestro pecado en virtud, a poder salir de ese camino del error y volver a encauzar nuestra vida según el Plan de Dios.
"A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la gehenna. A ese tenéis que temer, os lo digo yo".
No quiere, por supuesto, hacernos caer en el miedo de lo que puede pasar, sino que tengamos confianza en el Padre que siempre estará para ayudarnos pues Él quiere lo mejor para nosotros, quiere iluminar nuestro camino hacia la Vida Nueva, hacia la Vida Eterna. La confianza en la Providencia del Padre es lo que nos ayudará, en cada momento, a salir de nuestros errores y pecados, y buscar Su Gracia, Su Amor para alcanzar la plenitud de nuestro ser hijo de Dios.
jueves, 19 de octubre de 2023
No sabemos pedir como conviene
De la carta de san Agustín, obispo, a Proba
Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que no sabemos pedir lo que nos conviene, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.
Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando en medio de la sublimidad de sus revelaciones le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo abofeteaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: Te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder.
Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien por la paciente tolerancia de estos males esperemos obtener bienes mayores, y así en la debilidad se muestra perfecto su poder. Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.
Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. De ello nos dio ejemplo aquel divino mediador, el cual dijo en su pasión: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Por lo cual, entendemos perfectamente que por la obediencia de uno solo todos quedarán constituidos justos.
miércoles, 18 de octubre de 2023
Tener cuidado
"Querido hermano:
Demas me ha abandonado, enamorado de este mundo presente, y se marchó a Tesalónica; Crescente a Galacia; Tito, a Dalmacia; Lucas es el único que está conmigo. Toma a Marcos y tráetelo contigo, pues me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Éfeso".
En muchas, por no decir en todas, san Pablo siempre nos muestra su lado más humano, sobre todo cuando se entristece por aquellos que abandonan del Camino de Jesús por amor al mundo presente. Así podemos ver que siempre el mundo ha tenido un atractivo muy fuerte sobre todos, y, claro es, que su atracción es en todos los tiempos para todos los hombres, varones y mujeres.
Por eso necesitamos estar convencido del Camino que vamos a comenzar a recorrer y, también, de las consecuencias que puede tener para nuestra vida: tanto las buenas consecuencias ya que es el Camino que el Señor ha recorrido para y por nosotros; pero, también, las consecuencias más duras, pues tendremos que luchar contra nosotros mismos para estar siempre atentos a las tentaciones que salen a nuestro caminar.
Tendremos que tener en cuenta que las tentaciones no sólo vendrán del mundo que nos rodea, sino de aquellos que caminan a nuestro lado y que, muchas veces, nos tientan con abandonar como ellos el mismo camino.
"Alejandro, el herrero, se ha portado muy mal conmigo; el Señor le dará el pago conforme a sus obras. Guárdate de él también tú, porque se opuso vehementemente a nuestras palabras".
Hay algunos compañeros, hermanos, amigos que por alguna razón dejan, en un momento tal, de ser nuestros compañeros, amigos, hermanos, y suelen ser, a veces, un estorbo en nuestro caminar. Y, lamentablemente, san Pablo nos enseña a tener, también, cuidado con ellos porque nos pueden "arrastrar" el su mismo camino y hacernos salir de la Voluntad de Dios.
"En mi primera defensa, nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron. ¡No les sea tenido en cuenta!".
Y, ante todo, lo que nos pueda ocurrir no buscar, en ningún momento, venganza alguna ni que nazca el rencor hacia aquellos que dejaron de ser nuestros amigos, compañeros o hermanos por haber seguido otro camino o por no habernos defendido en el momento que necesitábamos o por cualquier otro motivo. Pues esos sentimientos de rencor o venganza u otros deseos malos que surjan nos quitarán la Gracia del Señor para estar fortalecido en todo momento.
martes, 17 de octubre de 2023
Radicales para vivir nuestra Fe
"Alardeando de sabios, resultaron ser necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles.
Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus propios cuerpos; es decir cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y dando culto a la criatura y no al Creador, el cual es bendito por siempre".
A veces intento ponerme en el lugar de los que han escrito, en la antigüedad, cartas como la de San Pablo, y me pregunto ¿hoy escribirían lo mismo? Y sí, hoy escribirían lo mismo y, quizás, con más dureza en las palabras.
Hoy día la necedad de los hombres es más profunda o más radical que la de aquellos antiguos, sean romanos, griegos o judíos. Y si dudáis de eso mirad la realidad en la que vivimos y que no está lejos de nuestras casas.
El hombre, varón y mujer, que Dios creó a su imagen en lugar de ir madurando y perfeccionándose, va degradándose y perdiendo su dignidad, de tal manera que ya no son sólo algunos adultos o mayores, los que podrían haber perdido el sentido de sus vidas, los que intentan contra su propia vida, sino que son más los adolescentes y jóvenes que, sin sentido, o habiendo perdido el camino caen en la desesperación y el sinsentido hasta que pierden su vida.
Para muchos parecerá una expresión muy exagerada, pero son resultados que no se muestran, que no salen en los noticieros o telediarios, sino que se ocultan para parecer que el ritmo que nos imprimen las nuevas ideologías de libertad son las mejores, sabiendo que la muerte es el el final de esas "nuevas" vidas.
Por eso mismo, como Pablo, tenemos que volver a lo nuestro:
"No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, primero del judío, y también del griego.
Porque en él se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: «El justo por la fe vivirá».
Así que el sabio de este mundo se vuelve tan radical con la promoción de sus ideologías, también nosotros, los hijos de Dios, los que no sólo nos llamamos, sino que somos cristianos, tenemos que volver a vivir de nuestra fe, a iluminar el camino de los que se pierden a mostrar la verdadera dignidad del hombre creado a imagen y semejanza de Dios, y restaurado en su hermosura original por la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pues la verdadera libertad que nos conduce a la salvación pasa por Cristo que entregó su vida para que tuviéramos vida y vida en abundancia.
lunes, 16 de octubre de 2023
Amonestarnos con la oración
De la carta de san Agustín, obispo, a Proba
Deseemos siempre la vida dichosa y eterna, que nos dará nuestro Dios y Señor, y así estaremos siempre orando. Pero, con objeto de mantener vivo este deseo, debemos, en ciertos momentos, apartar nuestra mente de las preocupaciones y quehaceres que, de algún modo, nos distraen de él y amonestarnos a nosotros mismos con la oración vocal, no fuese caso que si nuestro deseo empezó a entibiarse llegara a quedar totalmente frío y, al no renovar con frecuencia el fervor, acabara por extinguirse del todo.
Por eso, cuando dice el Apóstol: Presentad públicamente vuestras peticiones a Dios, no hay que entender estas palabras como si se tratara de descubrir a Dios nuestras peticiones, pues él continuamente las conoce, aun antes de que se las formulemos; estas palabras significan, más bien, que debemos descubrir nuestras peticiones a nosotros mismos en presencia de Dios, perseverando en la oración, sin mostrarlas ante los hombres por vanagloria de nuestras plegarias.
Como esto sea así, aunque ya en el cumplimiento de nuestros deberes, como dijimos, hemos de orar siempre con el deseo, no puede considerarse inútil y vituperable el entregarse largamente a la oración, siempre y cuando no nos lo impidan otras obligaciones buenas y necesarias. Ni hay que decir, como algunos piensan, que orar largamente sea lo mismo que orar con vana palabrería. Una cosa, en efecto, son las muchas palabras y otra cosa el afecto perseverante y continuado. Pues del mismo Señor está escrito que pasaba la noche en oración y que oró largamente; con lo cual, ¿qué hizo sino darnos ejemplo, al orar oportunamente en el tiempo, aquel mismo que, con el Padre, oye nuestra oración en la eternidad?
Se dice que los monjes de Egipto hacen frecuentes oraciones, pero muy cortas, a manera de jaculatorias brevísimas, para que así la atención, que es tan sumamente necesaria en la oración, se mantenga vigilante y despierta y no se fatigue ni se embote con la prolijidad de las palabras. Con esto nos enseñan claramente que así como no hay que forzar la atención cuando no logra mantenerse despierta, así tampoco hay que interrumpirla cuando puede continuar orando.
Lejos, pues, de nosotros la oración con vana palabrería; pero que no falte la oración prolongada, mientras persevere ferviente la atención. Hablar mucho en la oración es como tratar un asunto necesario y urgente con palabras superfluas. Orar, en cambio, prolongadamente es llamar con corazón perseverante y lleno de afecto a la puerta de aquel que nos escucha. Porque con frecuencia la finalidad de la oración se logra más con lágrimas y llantos que con palabras y expresiones verbales. Porque el Señor recoge nuestras lágrimas en su odre y a él no se le ocultan nuestros gemidos, pues todo lo creó por medio de aquel que es su Palabra, y no necesita las palabras humanas.
domingo, 15 de octubre de 2023
Vestir bien, esa es la cuestión
"Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?".
Si tomamos literalmente esta parábola de Jesús, pareciera que nos está hablando de cómo vamos vestidos a la fiesta. Aunque sabemos que siempre vamos bien vestidos a una fiesta. Bueno, aunque con los vestidos rotos que hay ahora… pero no entremos en la moda, pues “lo que es moda no incomoda”, aunque…
Pero no, Jesús no quiere hacer referencia a si nos vestimos bien o mal. Quiere mostrar, como siempre en sus parábolas, algo que va más allá de lo físico, y quiere llegar a los espiritual.
Cada día, sobre todo los domingos, tenemos una invitación especial a un Banquete, al que no tenemos que llevar ni un vestido de gala, ni un regalo, pero sí ir bien preparado. Pero para ir bien preparado tengo que saber a dónde voy, a qué voy y por qué voy.
¿Por qué voy al Banquete Celestial que se celebra en la Misa? ¿Voy por obligación? ¿Voy porque si no voy es pecado mortal? Si mi respuesta es sí, entonces todavía no he comprendido nada, o no he vivido nada de lo que sucede en el Banquete Celestial.
Por eso ¿qué es para ti la Misa? Es sólo cumplir con un compromiso y listo. ¿Lo hago sólo por cumplir con un trámite al que estoy acostumbrado?
Porque la Misa no es un simple acto social, sino que en la Misa se celebra una vez más la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Un rito, sí, pero lleno de un contenido que va más allá de lo que podemos ver, para el que debemos tener preparado el corazón y la mente para no dejarnos llevar por cosas que no son parte de ese Hermoso Banquete.
Cuando Jesús celebró la Última Cena con sus apóstoles y nos dejó como Memorial Perpetuo la Eucaristía, lo hizo porque necesitamos tener siempre con nosotros, porque necesitamos alimentar nuestra vida con Su Vida, porque necesitamos alimentar nuestro amor con Su Amor. Por eso, ir a Misa no es ir al bar a tomar un café con amigos (aunque muchas veces parece que así es por los cotilleos que se dan entre los bancos antes de la Misa)
Por eso, el Señor mirará mi corazón y mi actitud y pensará: ¡este no viene con el vestido de fiesta! Porque no se ha preparado para venir a Mi Banquete, al que yo he pagado con mi Sangre, sino que viene por venir y no por amor.
¿Lo entiendes?
sábado, 14 de octubre de 2023
Feliz de tí por haber creído
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Seguramente para María ha sido algo muy hermoso poder ser madre, pues es un sentimiento que todas las mujeres lo tienen. Pero en Ella no sólo se unía el sentir la maternidad como un momento de plenitud, sino que también, y sobre todo, se unía con el saber que en Ella se cumplía la Promesa de Dios de darle al Pueblo el Salvador Prometido, el Mesías, el Señor.
Una Promesa que el Pueblo Elegido esperaba que se cumpliera durante siglos, y en Ella, la pequeña María comenzó a cumplirse cuando en Nazaret le dio el Sí al Señor. Así también se lo dijo Isabel en aquél saludo tan hermoso y lleno del Espíritu: ¡Feliz de tí porque lo que te ha dicho de parte del Señor se cumplirá!
Todo eso, seguramente, que lo tenía Jesús en su corazón. Conocía la felicidad de María, de Su Madre, por el don de la Vida de Su Hijo, pero también, porque la Gracia del Señor seguía en Ella porque era Fiel al Sí que dio aquél día, y no sólo se quedó con que fue un día, sino que, cada día, desde la Anunciación Ella fue Fiel a la Voluntad de Dios, pues no sólo concibió en su seno al Hijo de Dios, sino que la Palabra de Dios se hizo vida en Ella, gracias a su perseverancia y fidelidad a Dios.
También, Jesús ha podido ver en José y María cómo vivieron esa fidelidad a Dios, como en ellos, también como en Él, se daba aquello de "mi alimento es hacer la Voluntad de Dios", por eso sabía que no era cuestión de título: ser la Madre de Jesús, sino que era una cuestión de vida, de fidelidad al Amor de Dios por ellos y por los Hombres, pues la misión que le fue encomendada iba más allá de sus posibilidades.
Así, hoy, nos lo dice a nosotros: sed Fieles al Sí dado al Señor, mirad a mi Madre que Ella, en todo momento, sea agradable o no, sea en la Luz o en la oscuridad, en la alegría o el dolor, siempre se mantuvo Fiel a la Voluntad de Dios, no sólo tuvo el título de Madre de Jesús, sino que hizo vida la Palabra de Dios, y así fue bienaventurada aquí en la tierra y coronada en el Cielo.
viernes, 13 de octubre de 2023
No dejarnos vencer
"El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama".
En el medio del relato del Evangelio está esta frase que, al parecer, quiere pasar desapercibida, y, quizás, para nosotros, sería mejor que pasase desapercibida pues nos exige más de lo que, a veces, queremos dar.
No hay términos medios en la vida cristiana. Aunque, la más de las veces, vivimos mediocremente y ¡así nos va! No hay término medio porque Él no vivió su vida mediocremente, y a lo que nos ha invitado no es a seguirlo como un perrito a su dueño, sino que nos ha invitado a ser sus discípulos, a llevar una vida como la llevó Él. Por eso, desde el principio nos lo advirtió, y, en muchos. momentos del evangelio tenemos la misma advertencia.
¿Por qué no quiere que vivamos mediocremente nuestra vida cristiana? Porque estamos luchando contra el enemigo de Dios, porque estamos en una batalla contra el enemigo del Hombre, contra aquél que quiere impedir que alcancemos la plenitud de nuestra vida y llevemos a cabo el Plan de Dios, para nosotros y para toda la Humanidad.
Y, a las batallas no van los peores o los más débiles, sino los más fuertes y decididos, pues hay que saber combatir y tener la fuerza necesaria para hacerlo en muchas batallas, pues el enemigo no se cansa de combatir contra Dios y contra los que quieren vivir como sus hijos.
"Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice:
Volveré a mi casa de donde salí.
Al volver se la encuentra barrida y arreglada.
Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí.
Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio".
Tener nuestra alma bien limpia y dispuesta, y, sobre todo, fortalecida con los Dones del Espíritu para que cuando llegue el momento sepamos cómo responder y como defendernos de esos ataques, para que no caer en sus redes, sino que, a pesar de las tentaciones que ponga en el camino, poder mirar hacia la Cruz y tener la fuerza de decir: Señor que se haga Tu Voluntad y no la mía, pues esa es la fórmula con la que el Señor triunfó ante el dolor de la Cruz.
jueves, 12 de octubre de 2023
Elogio a la virgen del Pilar
Elogio de la Virgen del Pilar
Según una piadosa y antigua tradición, ya desde los albores de su conversión, los primitivos cristianos levantaron una ermita en honor de la Virgen María, a las orillas del Ebro, en la ciudad de Zaragoza. La primitiva y pequeña capilla, con el correr de los siglos, se ha convertido hoy en una basílica grandiosa que acoge, como centro vivo y permanente de peregrinaciones, a innumerables fieles que, desde todas las partes del mundo, vienen a rezar a la Virgen y a venerar su Pilar.
La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles: difícilmente podrá encontrarse en el amplio territorio patrio un pueblo que no guarde con amor la pequeña imagen sobre la santa columna. Muchas instituciones la veneran también como patrona.
Muy por encima de milagros espectaculares, de manifestaciones clamorosas y de organizaciones masivas, la virgen del Pilar es invocada como refugio de pecadores, consoladora de los afligidos, madre de España. Su quehacer es, sobre todo, espiritual. Y su basílica en Zaragoza es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.
La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de su continente el doce de octubre, es decir, el mismo día del Pilar. Como prueba de su devoción a la Virgen, los numerosos mantos que cubren la sagrada imagen y las banderas que hacen guardia de honor a la Señora ante su santa capilla testimonian la vinculación fraterna que Iberoamérica tiene, por el Pilar, con la patria española.
Abierta la basílica durante todo el día, jamás faltan fieles que llegan al Pilar en busca de reconciliación, gracia y diálogo con Dios.
miércoles, 11 de octubre de 2023
Convertíos en nuevas criaturas
De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Tralianos
Revestíos de mansedumbre y convertíos en creaturas nuevas por medio de la fe, que es como la carne del Señor, y por medio de la caridad, que es como su sangre. Que ninguno de vosotros tenga nada contra su hermano. No deis pretexto con ello a los paganos, no sea que, ante la conducta insensata de algunos de vosotros, los gentiles blasfemen de la comunidad que ha sido congregada por el mismo Dios, porque ¡ay de aquel por cuya ligereza ultrajan mi nombre!
Tapaos, pues, los oídos cuando oigáis hablar de cualquier cosa que no tenga como fundamento a Cristo Jesús, descendiente del linaje de David, hijo de María, que nació verdaderamente, que comió y bebió como hombre, que fue perseguido verdaderamente bajo Poncio Pilato y verdaderamente también fue crucificado y murió, en presencia de los moradores del cielo, de la tierra y del abismo y que resucitó verdaderamente de entre los muertos por el poder del Padre. Este mismo Dios Padre nos resucitará también a nosotros, que amamos a Jesucristo, a semejanza del mismo Jesucristo, sin el cual no tenemos la vida verdadera.
Huid de los malos retoños: llevan un fruto mortífero y si alguien gusta de él muere al momento. Estos retoños no son plantación del Padre. Si lo fueran aparecerían como ramas de la cruz y su fruto sería incorruptible; por esta cruz Cristo os invita, como miembros suyos que sois, a participar en su pasión. La cabeza, en efecto, no puede nacer separada de los miembros, y Dios, que es la unidad, promete darnos parte en su misma unidad.
Os saludo desde Esmirna, juntamente con las Iglesias de Asia, que están aquí conmigo y que me han confortado, tanto en la carne como en el espíritu. Mis cadenas, que llevo por doquier a causa de Cristo mientras no ceso de orar para ser digno de Dios, ellas mismas os exhortan: perseverad en la concordia y en la oración de unos por otros. Conviene que cada uno de vosotros, y en particular los presbíteros, reconfortéis al obispo, honrando así a Dios Padre, a Jesucristo y a los apóstoles.
Deseo que escuchéis con amor mis palabras, no sea que esta carta se convierta en testimonio contra vosotros. No dejéis de orar por mí, pues necesito de vuestro amor ante la misericordia de Dios para ser digno de alcanzar aquella herencia a la que ya me acerco, no sea caso que me consideren indigno de ella.
Os saluda la caridad de los esmirniotas y de los efesios. Acordaos en vuestras oraciones de la Iglesia de Siria, de la que no soy digno de llamarme miembro, porque soy el último de toda la comunidad. Os doy mi adiós en Jesucristo a todos vosotros, los que estáis sumisos a vuestro obispo, según el querer de Dios; someteos también, de manera semejante, al colegio de los presbíteros. Y amaos todos, unos a otros, con un corazón unánime.
Mi espíritu se ofrece como víctima por todos vosotros, y no sólo ahora, sino que se ofrecerá también cuando llegue a la presencia de Dios. Aún estoy expuesto al peligro, pero el Padre es fiel y cumplirá, en Cristo Jesús, mi deseo y el vuestro. Deseo que también vosotros seáis hallados en él sin defecto ni pecado.
martes, 10 de octubre de 2023
Una cosa es necesaria
"Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
¿Cuántas veces hemos escuchado esta parte del Evangelio? ¿Cuántas veces nos lo habrán dicho? ¿Cuántas veces hemos pensado en él? Pero... seguimos cayendo en la misma trampa del actuar, de hacer muchas cosas, y de no dejarnos tiempo para el Señor. Seguro que nos lo proponemos para esta semana que comienza... como las dietas: el lunes comienzo, pero el lunes pasa y, quizás, un día sí, otro también, pero al tercero...
Y nos seguimos metiendo dentro del ritmo acelerado del mundo y vamos dejando lo necesario para después, porque "ahora estoy bien" y "sé lo que tengo que hacer".
Nos sentimos tan autosuficientes para hacer lo que sabemos que tenemos que hacer que ya no nos interesa, demasiado, ponernos en manos de Dios. O sí, creemos que nos ponemos en manos de Dios, pero, en realidad, sólo estamos en nuestras manos y con nuestras fuerzas. ¿Por qué? Porque creemos que con hacer bien las cosas está bien. Y, sí, está bien hacer bien las cosas, pero a nosotros, los que nos llamamos y somos cristianos, no nos basta con hacer bien las cosas, sino que tenemos que buscar la Voluntad de Dios para que las cosas no sólo sean buenas, sino que ayuden a la Salvación de los hombres y, por ende, a mi conversión y santidad.
Por eso necesitamos ponernos, todos los días, sí, todos los días a los pies del Señor. Claro que, según nuestro propio estilo de vida, para algunos serán 15 minutos, para otros media hora, y otros tendrán todo un día para estar en oración. No le puedes pedir a un padre o madre de familia que esté dos o tres horas en oración, por que tendrán sus trabajos sus actividades. Pero sí se le puede pedir que hagan oración para estar con el Señor, para recibir de Él su Gracia y buscar su Voluntad para ese día.
Que también se pueden tener diferentes pequeños momentos de oración en la vida cotidiana, porque son "pequeños oasis" donde recargo las pilas, donde encuentro paz, sosiego, alimento para ese día o ese momento en el que me gustaría estrangular a alguien... o simplemente un descanso para aclarar ideas, para preguntarle al Padre si está bien así o no.
Cuando te acostumbras a esos momentos de paz siempre los buscarás, y harás lo necesario para tenerlos, porque comprendes que no es perder el tiempo sino que es ganar tiempo y, sobre todo, ganar Gracia para seguir avanzando.
Por eso, no sólo te acuerdes de las palabras de Jesús, sino ponlas en práctica para que busques siempre lo necesario y no te dejes "comer" por el activismo de la vida diaria.
lunes, 9 de octubre de 2023
Orar por la Iglesia
Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre Caín y Abel.
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo. Alabar a Dios es lo mismo que hacer votos y cumplirlos. Por eso se nos dio a todos como modelo aquel samaritano que, al verse curado de la lepra juntamente con los otros nueve leprosos que obedecieron la palabra del Señor, volvió de nuevo al encuentro de Cristo y fue el único que glorificó a Dios, dándole gracias. De él dijo Jesús: No ha vuelto ninguno a dar gloria a Dios, sino este extranjero. Levántate —le dijo— y vete; tu fe te ha salvado.
Con esto el Señor Jesús en su enseñanza divina te mostró, por una parte, la bondad de Dios Padre y, por otra, te insinuó la conveniencia de orar con intensidad y frecuencia: te mostró la bondad del Padre haciéndote ver cómo se complace en darnos sus bienes para que con ello aprendas a pedir bienes al que es el mismo bien; te mostró la conveniencia de orar con intensidad y frecuencia no para que tú repitas sin cesar y mecánicamente fórmulas de oración, sino para que adquieras el espíritu de orar asiduamente. Porque con frecuencia las largas oraciones van acompañadas de vanagloria y la oración continuamente interrumpida tiene como compañera la desidia.
Luego te amonesta también el Señor a que pongas el máximo interés en perdonar a los demás cuando tú pides perdón de tus propias culpas; con ello tu oración se hace recomendable por tus obras. El Apóstol afirma, además, que se ha de orar alejando primero las controversias y la ira, para que así la oración se vea acompañada de la paz del espíritu y no se entremezcle con sentimientos ajenos a la plegaria. Además, también se nos enseña que conviene orar en todas partes: así lo afirma el Salvador cuando dice, hablando de la oración: Entra en tu aposento.
Pero, entiéndelo bien, no se trata de un aposento rodeado de paredes, en el cual tu cuerpo se encuentra como encerrado, sino más bien de aquella habitación que hay en tu mismo interior, en la cual habitan tus pensamientos y moran tus deseos. Este aposento para la oración va contigo a todas partes, y en todo lugar donde te encuentres continúa siendo un lugar secreto, cuyo solo y único árbitro es Dios.
Se te dice también que has de orar especialmente por el pueblo de Dios, es decir, por todo el cuerpo, por todos los miembros de tu madre la Iglesia, que viene a ser como un sacramento del amor mutuo. Si sólo ruegas por ti, también tú serás el único que suplica por ti. Y si todos ruegan solamente por sí mismos, la gracia que obtendrá el pecador será, sin duda, menor que la que obtendría del conjunto de los que interceden si éstos fueran muchos. Pero, si todos ruegan por todos, habrá que decir también que todos ruegan por cada uno.
Concluyamos, por tanto, diciendo que, si oras solamente por ti, serás, como ya hemos dicho, el único intercesor en favor tuyo. En cambio, si tú oras por todos, también la oración de todos te aprovechará a ti, pues tú formas también parte del todo. De esta manera obtendrás una gran recompensa, pues la oración de cada miembro del pueblo se enriquecerá con la oración de todos los demás miembros. En lo cual no existe ninguna arrogancia, sino una mayor humildad y un fruto más abundante.
domingo, 8 de octubre de 2023
Cuál hubiera sido tu piedra angular?
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Seguramente, si miramos bien en nuestra vida, hemos desechado muchas piedras angulares, no sólo a Dios, si no, quizás, a muchas personas que por X o Z las hemos dejado de lado y hemos descubierto, después, que las necesitábamos para crecer, para madurar.
Cuando nos dejamos llevar por prejuicios o por el qué dirán o por el me dijeron… entonces podemos llegar a cometer muchos errores en las elecciones fundamentales para nuestra vida. Sobre todo, teniendo en cuenta que nuestra vida, nuestra historia, se va haciendo con pequeñas decisiones que voy tomando cada día.
Dios nos ha creado y nos ha llamado a la vida con un fin determinado, que, cuando lo descubro, es lo que le da sentido a mi vida. Y ese sentido, vocación o profesión, lo voy desarrollando o me va motivando para que, cada día, toma una decisión particular en favor de una decisión fundamental.
Cuando Jesús les dice a los judíos que han desechado la piedra angular, es porque no lo han reconocido como el Mesías esperado, sobre el que se basaba toda su fe, toda la Ley y los Profetas. Al desecharlo como el Mesías todo se derrumba y ya no hay esperanza, o, mejor dicho, la esperanza la deben volver a poner en las profecías que, para algunos, se cumplían en Jesús, pero para otros aún no se han cumplido.
Por eso, cuando miramos a Jesús, cuando leemos Su Palabra, cuando nos encontramos con Él en la oración, estamos manteniendo la Piedra Angular de nuestra fe, de nuestra vida, porque sobre Él se asienta nuestra esperanza, Él es nuestra Salvación, nuestra Vida, nuestro Camino, nuestra Verdad. Así que, cuando nos dejamos llevar por nuestros propios instintos y principios y dejamos fuera a Cristo, es cuando se nos viene encima todo lo que creemos y dejamos de creer y tener esperanzas, porque donde se sostenía nuestra vida cristiana ya no existe, porque he dejado de tener a Cristo como centro y he puesto mi yo u otra persona en su lugar.
No nos dejemos llevar por historias mundanas o ideologías mundanas que nos hacen creer que nuestra fe en Cristo es falsa, sino que volvamos a renovar, día a día, nuestra relación con Él para que sea Él quien nos ayude a seguir cimentando nuestra vida en Su Palabra, en Su Vida, en Su Amor por cada uno de nosotros, por mí y por ti.
sábado, 7 de octubre de 2023
Conviene meditar los misterios de la Salvación
De los Sermones de san Bernardo, abad
El hijo, en ti engendrado, será santo, será Hijo de Dios. ¡La fuente de la sabiduría, la Palabra del Padre en las alturas! Esta Palabra, por tu mediación, Virgen santa, se hará carne, de manera que el mismo que afirma: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí podrá afirmar igualmente: Procedo y vengo del Padre.
Ya al comienzo de las cosas —dice el Evangelio— existía la Palabra. Manaba ya la fuente, pero hasta entonces sólo dentro de sí misma. Y continúa el texto Sagrado: Y la Palabra estaba con Dios, es decir, morando en la luz inaccesible; y el Señor decía desde el principio: Mis designios son de paz y no de aflicción. Pero tus designios están escondidos en ti, y nosotros no los conocemos; porque, ¿quién había penetrado la mente del Señor?, o ¿quién había sido su consejero?
Pero llegó el momento en que estos designios de paz se convirtieron en obra de paz: La Palabra se hizo carne y ha puesto ya su morada entre nosotros; ha puesto ciertamente su morada por la fe en nuestros corazones, ha puesto su morada en nuestra memoria, ha puesto su morada en nuestro pensamiento y desciende hasta la misma imaginación. En efecto, ¿qué idea de Dios hubiera podido antes formarse el hombre, que no fuese un ídolo fabricado por su corazón? Era incomprensible e inaccesible, invisible y superior a todo pensamiento humano; pero ahora ha querido ser comprendido, visto, accesible a nuestra inteligencia.
¿De qué modo?, te preguntarás. Pues yaciendo en un pesebre, reposando en el regazo virginal, predicando en la montaña, pasando la noche en oración; o bien pendiente de la cruz, en la lividez de la muerte, libre entre los muertos y dominando sobre el poder de la muerte, como también resucitando al tercer día y mostrando a los apóstoles la marca de los clavos, como signo de victoria, y subiendo finalmente ante la mirada de ellos hasta lo más íntimo de los cielos.
¿Hay algo de esto que no sea objeto de una verdadera, piadosa y santa meditación? Cuando medito en cualquiera de estas cosas, mi pensamiento va hasta Dios y, a través de todas ellas, llego hasta mi Dios. A esta meditación la llamo sabiduría, y para mí la prudencia consiste en ir saboreando en la memoria la dulzura que la vara sacerdotal infundió tan abundantemente en estos frutos, dulzura de la que María disfruta con toda plenitud en el cielo y la derrama abundantemente sobre nosotros.
viernes, 6 de octubre de 2023
Estad siempre alegres en el Señor
Del Tratado de san Ambrosio, obispo, sobre la carta a los Filipenses
Como acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: Estad siempre alegres en el Señor. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello añade el Apóstol: Otra vez os lo digo: Estad alegres.
Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.
Que vuestra bondad sea conocida de todos, es decir, que vuestra santidad de vida sea patente no sólo ante Dios, sino también ante los hombres; así seréis ejemplo de modestia y sobriedad para todos los que en la tierra conviven con vosotros y vendréis a ser también como una imagen del bien obrar ante Dios y ante los hombres.
El Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna: El Señor está siempre cerca de los que lo invocan sinceramente, es decir, de los que acuden a él con fe recta, esperanza firme y caridad perfecta; él sabe, en efecto, lo que vosotros necesitáis ya antes de que se lo pidáis; él está siempre dispuesto a venir en ayuda de las necesidades de quienes lo sirven fielmente. Por ello no debemos preocuparnos desmesuradamente ante los males que pudieran sobrevenirnos, pues sabemos que Dios, nuestro defensor, no está lejos de nosotros, según aquello que se dice en el salmo: El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor. Si nosotros procuramos observar lo que él nos manda, él no tardará en darnos lo que prometió.
En toda necesidad presentad a Dios vuestras peticiones mediante la oración y la súplica, acompañadas con la acción de gracias, no sea que, afligidos por la tribulación, nuestras peticiones sean hechas -Dios no lo permita- con tristeza o estén mezcladas con murmuraciones; antes, por el contrario, oremos con paciencia y alegría, dando continuamente gracias a Dios por todos sus beneficios.
jueves, 5 de octubre de 2023
No te olvides del Señor
"No sea que, cuando comas hasta saciarte, cuando edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes en todo, se engría tu corazón y olvides al Señor, tu Dios..."
Si miramos bien a nuestro alrededor, a la humanidad toda, vamos a poder comprobar cómo el corazón del hombre se ha engreído y se ha olvidado del Señor. Cada día que pasa está más lejos del Señor, su Dios. Y no es que el Señor nos castigue por olvidarnos de Él, sino que ¿quién es ahora el modelo y medida de valor para la vida del hombre? El Príncipe de este mundo es, ahora, el fundamento de los valores del hombre, son las ideologías mundanas que van denigrando, día a día, la humanidad del hombre y le quitan aquello que más valor le da: su libertad y dignidad.
Creemos, o nos quieren hacer creer, que, cada día que pasa, el hombre es más libre y más digno porque hace lo que piensa y lo que quiere, pero si volvemos a mirar la realidad vemos cómo hay más muerte, más desesperación, más guerras, más divisiones, más perversión. Y, lamentablemente, no se da sólo entre personas adultas sino que vemos cómo los niños y los jóvenes, ya viven en un ritmo que no es el mejor, y buscando y buscando sólo encuentran referentes que los desvían del Camino del Señor.
Sí, es una mirada pesimista de la realidad, pero no tan alejada de ella, y, lo hago, sobre todo, para tomar conciencia de cuán importante es que no nos dejemos conducir por el mundo, sino que volvamos la mirada, constantemente, hacia el Señor: ¡El es nuestro Dios y Señor! no nos dejemos envolver por doctrinas e ideologías mundanas que nos apartan de su Voluntad y de Su Gracia.
Recordemos las palabras de Jesús: "vosotros sois la luz del mundo", "vosotros sois la sal de la tierra", Él nos ha elegido y nos destinado a transformar el mundo, no con nuestras fuerzas, sino con Su Gracia y Poder, desde Su Verdad y en Su Camino, para poder dar una Vida nueva al mundo en el que vivimos, y, sobre todo darle Vida al Hombre.
miércoles, 4 de octubre de 2023
Prontos y dispuestos
Hoy recordamos a San Francisco de Así, a quien el Evangelio lo hizo replantearse toda su vida y su entrega a Dios. Claro que, seguramente, como todos nosotros, había escuchado muchas veces este Evangelio y tantos otros, pero hubo un día en que el Señor le permitió que Su Palabra le llegase de una forma más profunda y le susurrase al oído: ¡Ven y sígueme!
En ese momento fue que se dió cuenta del llamado del Señor y dejándolo todo en manos de su padre, se lanzó a vivir en fidelidad a lo que el Señor le pedía. Una fidelidad incondicional que, si miramos bien su vida, nos daremos cuenta que la vivió intensamente, no sin tener tentaciones y noches oscuras.
La llamada del Señor, a cada uno según su propia vocación, no se puede demorar, pues para ese momento Él tiene la Gracia necesaria y suficiente para que podamos entregarnos por completo a Él. Por eso mismo vemos en el Evangelio lo cortante que son sus palabras a los argumentos/excusas que ponían quienes estaban siendo llamados por el Señor.
Seguirlo a Jesús no es un segui-miento, sino un aceptar con todas las letras y consecuencias Su Llamado, pues no es por nosotros que nos llama, sino para el bien de los Hombres, nuestros hermanos. No nos llama por nuestras capacidades sino por su poder y su Gracia. Por eso nos exige una respuesta rápida y pronta, con la prontitud y disponibilidad que tuvo María en el momento de la Anunciación.
Esa prontitud que el Señor nos exige en la respuesta es, sobre todo, para que no comencemos a mirarnos a nosotros mismos, sino que, como Pedro cuando comenzó a caminar sobre el agua, le miremos siempre a Él y mantengamos nuestras manos unidas a las de Él, solo así podremos seguir caminando sobre las aguas de nuestras debilidades, sin temor a las tempestades que surjan en el caminar, pues estamos guiados y sostenidos por nuestro Dios y Señor, entonces ¿qué puedo temer?
Así el Señor nos llama y nos exhorta a no dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy, y, sobre todo, a no dejar para mañana una respuesta pronta y confiada en Su Gracia, para que Él haga de nosotros verdaderos instrumentos de Su Palabra y de Su Paz.
martes, 3 de octubre de 2023
No nos distraigamos en el caminar
"Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea".
¿Qué es lo primero que nos sale cuando alguien nos hace daño o habla mal de nosotros? Buscar venganza, dejar de hablar a tal o cual persona, guardar lo que nos han hecho para "cobrárnoslo" en otra oportunidad, o, comenzar a serle indiferente y dejar de estar con esa persona.
Es cierto que no debemos buscar estar con quien nos hace daño o quien es una mala influencia para nuestra vida, pero tampoco tomar la decisión de hacer el mismo o más daño que el que nos han hecho. Por eso Jesús regañó a sus discípulos, para que no tomen las mismas decisiones malas que otros toman.
Quien sabe bien quién es, no necesita del homenaje de nadie; como tampoco nos hace daño lo que otros puedan decir de mí. Lo que otros dicen de uno o no dicen, es cuestión de ellos, pues cada uno pagará por lo que hace o dice, y si nos hacemos cargo de lo que están diciendo de mí, entonces, también, ganan los malos pues me hacen daño e intentan deprimirme.
Aprendamos de Jesús que sin hacer caso a los prejuicios de los samaritanos sigue su camino, pues Él sabe lo que tiene que hacer y por dónde debe caminar. Jesús está confiado en Su Padre y sabe qué es lo que tiene que hacer, por eso, también, no se para a tomar represalias o a responder a situaciones que lo pueden hacer perder el rumbo.
Sabemos que en el camino de la vida no todos estarán conformes con lo que hacemos o decimos, pero sí que debemos estar confiados en quienes somos y que lo que hacemos es lo que, entendemos, que el Padre quiere de nosotros. No nos distraigamos en el Camino de la Fidelidad a Dios teniendo que dar explicaciones o tomando venganza por lo que otros dicen o hacen, sino que, con la mirada puesta en la Voluntad de Dios, sigamos caminando decididos hasta la meta.
lunes, 2 de octubre de 2023
Que te guarden en tus caminos
De los Sermones de san Bernardo, abad
A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos.» Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.
A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.
Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.
En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.
Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.
domingo, 1 de octubre de 2023
Qué te parece?
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue".
La pregunta es sencilla, pero la respuesta es difícil, pues nos cuestiona a nosotros y a nuestra forma de vivir en Dios. ¿Hago o no hago la Voluntad de Dios?
Decimos que somos cristianos, y, en realidad, lo somos por el Espíritu Santo que nos configuró a imagen de Jesús el día de nuestro bautismo, pero, si me permiten la expresión, eso sería sólo como el título que nos dieron un día… y después de ese día ¿hemos seguido perfeccionando nuestra vida en función de lo que hemos recibido?
Quizás nuestros padres y padrinos no se hayan ocupado de nuestra fe como prometieron el día del bautismo. Quizás nosotros como padres o padrinos no nos comprometemos con la fe de nuestros hijos y ahijados.
Pero ¿aunque no lo hayan hecho o no lo hayamos hecho? ¿Podemos comenzar a hacerlo? ¿Podemos comenzar a perfeccionar nuestra vida de fe en función de lo que hemos recibido?
Claro ¿cómo poder hacer la Voluntad de Dios si no escucho nunca su Voz? ¿Cómo poder discernir o aceptar o rechazar si no sé cómo se discierne Su Voluntad? Es verdad, si nadie nos enseña cómo poder aprender.
Pero, eso, en realidad no se lo podemos decir al Padre Dios. No, porque desde siempre nos ha ido enseñando, es más nos ha dado su Espíritu para que Él nos enseñe desde dentro. Y, sobre todo, en las Escrituras están todos los caminos por los cuales Él se nos comunica o nos comunica Su Voluntad.
Ahora ¿nos hemos detenido más de un momento un día para reflexionar y orar con Su Palabra? ¿Cuántos minutos nos tomamos en el día para hacer orar y estar en silencio con el Padre o el Hijo o el Espíritu? Porque, en realidad, el primer paso es querer tener tiempo para estar en Dios, para estar en silencio con Dios, pues es el primer medio o camino para poder escuchar. Si no aprendemos a hacer silencio en Dios nunca vamos a poder escuchar Su Palabra, y así nunca vamos a poder aprender a discernir Su Voluntad para mi vida.
Una vez que aprenda a querer tener tiempo para Dios, es cuando Él comenzará a hablarme con más claridad, en Su Palabra, en los hermanos, en los acontecimientos de cada día, y, sobre todo, desde la celebración de la Eucaristía y de la Reconciliación, en donde Él se hace presente.