viernes, 3 de febrero de 2023

El martirio diario

Hoy, en el día San Blas, me puse a pensar cómo se lo conoce a este santo, y lo que me surgía es: el patrono de las gargantas, al que se le pide que cure las gargantas... Y si recorremos el santoral quizás a la mayoría se lo conozca por los milagros que puede hacer, pero nada más. Nada de su vida, nada de su obra, ni tan siquiera por qué llegó a ser santo, o, en este caso mártir.
Y eso me puso a pensar (sí, otra vez, para que sepan que, a veces, pienso un poco) que poco leemos cosas espirituales, y más la vida de los santos. Conocemos lo básico de algunos más grandes, pero lo normal es que se conozca al santo por lo que se le puede pedir y por lo que puede hacer. Es nuestra pobreza católica, pues la vida de los santos es un estímulo para nuestra vida, para saber que, también, nosotros, sí cada uno, puede alcanzar, también, ese ideal de santidad.
¿Cómo alcanzar el ideal de santidad? Con el Evangelio, no sólo encontramos frases bonitas y cercanas, sino que, como en la carta a los Hebreos, encontramos todo un montón de ítems que nos dicen cómo vivir para alcanzar la santidad.
"Hermanos:
Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, “hospedaron” a ángeles.
Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne.
Que todos respeten el matrimonio, el lecho nupcial que nadie lo mancille, porque a los impuros y adúlteros Dios los juzgará".
Esto es una parte de lo que nos va diciendo Dios por medio del escritor sagrado. Pero claro tengo que leerlo, meditarlo y llevarlo a la vida. Y ahí está cuando tengo que hacer el mayor sacrificio: renunciar a mis proyectos y decisiones y ponerme a trabajar en lo que Dios quiere y no en lo que yo quiero, sino adecuar mi vida a Su Voluntad.
Sino me pasa como a Herodes en el evangelio de hoy, que dejándose llevar por los instintos humanos hizo una promesa que, gracias a su soberbia y vanidad, después tuvo que cumplir, y por eso, no pudo renunciar al pedido de matar a Juan Bautista a quién él estimaba. Y así nos pasa muchas veces, por dejarnos llevar por los ideales del mundo, por el qué dirán, por las modas, por los instintos humanos, dejamos de lado el camino de la santidad y sólo apuntamos a vivir lo mediocre o lo menos ideal, sólo para quedar bien y, a veces, quedar bien conmigo mismo.
¿Cual es el problema? Que los ideales del mundo y los instintos humanos no satisfacen nuestros deseos espirituales y dejan un vacío enorme en nuestro interior que cuando necesitamos "tirar" de espíritu o de sentido para vivir no encontramos nada, sólo un vacío interior que nos lleva a la tristeza, a la desesperanza.
El martirio diario de renunciar a nosotros mismos para ser Fieles a la Vida que Dios nos muestra, es el mejor camino para encontrar la fuerza y el sentido para todo lo que tenemos que vivir.

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