martes, 31 de mayo de 2022
La disponibilidad mariana
lunes, 30 de mayo de 2022
Ha sido muy claro
domingo, 29 de mayo de 2022
Vivir con alegría
sábado, 28 de mayo de 2022
Dos vidas
De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor;
de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de
nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra
en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad,
la otra en el premio de la contemplación.
La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por el apóstol Juan.
La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la
segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en
el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme; en cambio de Juan se dice: Si
yo quiero que él permanezca así hasta mi venida, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la
imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para
otorgar mis bienes.» Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta,
impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida
para perfeccionarla.»
El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el
sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado
de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos
de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los
bienes del Señor en el país de la vida.
Aquellas palabras de Cristo: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida no
debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino
en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la
alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: Tú,
sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos. Pero nadie separe lo que
significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos
estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del
otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro,
esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.
Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las
tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de
cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro
habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.
Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos,
con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos, unidos
inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el
evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida
arcana.
En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan
quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñarla con su predicación, la doctrina acerca de
la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios - y lo demás acerca de la divinidad
de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas
que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que
mirar como en un espejo y oscuramente -, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este
mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.
viernes, 27 de mayo de 2022
Estad alegres
jueves, 26 de mayo de 2022
Estad siempre alegres
miércoles, 25 de mayo de 2022
Hay cosas que no queremos oír
martes, 24 de mayo de 2022
Celebrar la Fe
lunes, 23 de mayo de 2022
El Espíritu Santo nos renueva
Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad
El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte; nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste. para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del infierno.
Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así como su doctrina.
Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro cuerpo y nuestra alma.
Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu, dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego.
domingo, 22 de mayo de 2022
Todavía no podéis comprender
sábado, 21 de mayo de 2022
No sois del mundo
viernes, 20 de mayo de 2022
En busca de la Verdad
jueves, 19 de mayo de 2022
La Eucaristía es la Pascua del Señor
De los Tratados de san Gaudencio de Brescia, obispo
Uno solo murió por todos, el mismo que ahora. en cada una de las asambleas
cristianas, por el sacramento del pan y del vino, nos rehace con su inmolación,
por la fe en él nos da la vida y ofreciéndose a sí mismo en sacrificio.
consagra a los que ofrecen esta oblación.
Ésta es la carne y la sangre del Cordero. pues aquel pan bajado del cielo
afirma: El pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del mundo.
Y con razón su sangre es significada por el vino, ya que, al afirmar él mismo en el
Evangelio: Yo soy la vid verdadera, manifiesta con suficiente claridad que el
vino es su sangre ofrecida en el sacramento de su pasión; en este sentido el patriarca
Jacob había profetizado de Cristo: Lava su ropa en vino y su túnica en sangre de
uvas. En efecto, él lavó con su propia sangre la vestimenta de nuestro cuerpo que
había tomado sobre sí como una vestidura.
El mismo Creador y Señor de la naturaleza, el que hace salir el pan de la
tierra. convirtió el pan en su propio cuerpo (porque podía hacerlo y así lo había
prometido); y el que había convertido el agua en vino convirtió después el vino en su
sangre.
Es la Pascua del Señor, dice la Escritura. esto es, el paso del
Señor; no tengas por cosa terrena lo que ha sido convertido en algo celestial por obra
de aquel que pasó a esa materia y la ha convertido en su cuerpo y sangre.
Lo que recibes es el cuerpo de aquel pan bajado del cielo y la sangre de
aquella vid sagrada. En efecto, al dar a sus discípulos el pan y el vino consagrados,
les dijo: Esto es mi cuerpo; ésta es mi sangre. Creamos, pues, en aquel en quien
hemos puesto nuestra confianza: el que es la verdad en persona no puede engañarnos.
Por esto. cuando hablaba a la multitud de comer su cuerpo y beber su sangre.
Y la multitud murmuraba desconcertada: ¡Duras son estas palabras! ¿Quién es capaz de
aceptarlas?, queriendo Cristo purificar con fuego celestial estos pensamientos que,
como antes he dicho, han de ser evitados. añadió: El espíritu es el que da vida; la
carne no vale nada. Las palabras que yo os he dicho son espíritu y vida.
miércoles, 18 de mayo de 2022
Permanecer sin dividir
martes, 17 de mayo de 2022
Sin perder la fe
lunes, 16 de mayo de 2022
El primogénito de la Nueva Creación
De las Disertaciones de san Gregario de Nisa, obispo
Ha llegado el reino de la vida y ha sido destruido el imperio
de la muerte. Ha hecho su aparición un nuevo nacimiento, una vida nueva, un
nuevo modo de vida, una transformación de nuestra misma naturaleza. ¿Cuál es
este nuevo nacimiento? El de los que nacen no de la sangre ni del deseo
carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
Sin duda te preguntarás: -¿Cómo puede ser esto?- Pon
atención, que te lo vaya explicar en pocas palabras. Este nuevo germen de vida
es concebido por la fe, es dado a luz por la regeneración bautismal, tiene por
nodriza a la Iglesia, que lo amamanta con su doctrina y enseñanzas, y su
alimento es el pan celestial; la madurez de su edad es una conducta perfecta, su
matrimonio es la unión con la Sabiduría, sus hijos son la esperanza, su casa es
el reino y su herencia y sus riquezas son las delicias del paraíso; su fin no es
la muerte, sino aquella vida feliz y eterna, preparada para los que se hacen
dignos de ella.
Éste es el día en que actuó el Señor, día en gran
manera distinto de los días establecidos desde la creación del mundo, que son
medidos por el paso del tiempo. Este otro día es el principio de una segunda
creación. En este día, efectivamente, Dios hace un cielo nuevo y una tierra
nueva, según palabras del profeta. ¿Qué cielo? El firmamento de la fe en Cristo.
¿Qué tierra? El corazón bueno de que habla el Señor, la tierra que absorbe la
lluvia, que cae sobre ella, y produce fruto multiplicado.
El sol de esta nueva creación es una vida pura; las estrellas
son las virtudes; el aire es una conducta digna; el mar es el abismo de
riqueza de la sabiduría y ciencia; las hierbas y el follaje son la recta
doctrina y las enseñanzas divinas, que son el alimento con que se apacienta la
grey divina, es decir, el pueblo de Dios; los árboles frutales son la
observancia de los mandamientos.
Éste es el día en que es creado el hombre verdadero a imagen
y semejanza de Dios. ¿No es todo un mundo el que es inaugurado para ti por
este día en que actuó el Señor? A este mundo se refiere el profeta, cuando
habla de un día y una noche que no tienen semejante.
Pero aún no hemos explicado lo más destacado de este día de
gracia. Él ha destruido los dolores de la muerte, él ha engendrado al
primogénito de entre los muertos.
Cristo dice: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios
y a vuestro Dios. ¡Oh mensaje lleno de felicidad y de hermosura! El que por
nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y,
para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en
ella consigo a todos los de su misma raza.
domingo, 15 de mayo de 2022
La poda de Dios
sábado, 14 de mayo de 2022
Señor, muéstranos a quien has elegido
viernes, 13 de mayo de 2022
El Cielo en la tierra
jueves, 12 de mayo de 2022
Conforme a mi Corazón
miércoles, 11 de mayo de 2022
Unidad natual con Dios
Del Tratado de san Hilario. obispo, Sobre la Santísima Trinidad
Si es verdad que la Palabra se hizo carne, también lo
es que en el sagrado alimento recibimos a la Palabra hecha carne; por eso hemos
de estar convencidos que permanece en nosotros de un modo connatural aquel que,
al nacer como hombre, no sólo tomó de manera inseparable la naturaleza de
nuestra carne, sino que también mezcló, en el sacramento que nos comunica su
carne, la naturaleza de esta carne con la naturaleza de la eternidad. De este
modo somos todos una sola cosa, ya que el Padre está en Cristo, y Cristo en
nosotros. Por su carne, está él en nosotros, y nosotros en él, ya que, por él,
lo que nosotros somos está en Dios.
Él mismo atestigua en qué alto grado estamos en él. por el
sacramento en que nos comunica su carne y su sangre, pues dice: El mundo ya
no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros
también; porque yo estoy en mi Padre, y vosotros estáis en mi y yo estoy en
vosotros. Si se hubiera referido sólo a la unidad de voluntades, no hubiera
usado esa cierta gradación y orden al hablar de la consumación de esta unidad,
que ha empleado para que creamos que él está en el Padre por su naturaleza
divina, que nosotros, por el contrario, estamos en él por su nacimiento
corporal, y que él, a su vez, está en nosotros por el misterio del sacramento.
De éste modo se nos enseña la unidad perfecta a través del Mediador, ya que,
permaneciendo nosotros en él, él permanece en el Padre y, permaneciendo en el
Padre, permanece en nosotros; y, así, tenemos acceso a la unidad con el Padre.
ya que, estando él en el Padre por generación natural, también nosotros estamos
en él de un modo connatural, por su presencia permanente y connatural en nosotros.
A qué punto esta unidad es connatural en nosotros lo atestigua él
mismo con estas palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi,
y yo en él. Para estar en él, tiene él que estar en nosotros, ya que sólo él
mantiene asumida en su persona la carne de los que reciben la suya.
Ya antes había enseñado la perfecta unidad que obra este
sacramento. al decir: Asi como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo
por el Padre, de la misma manera quien me come vivirá por mi. Él, por tanto,
vive por el Padre; y, del mismo modo que él vive por el Padre, así también
nosotros vivimos por su carne.
Emplea, pues, todas estas comparaciones adecuadas a nuestra
inteligencia, para que podamos comprender, con estos ejemplos, la materia de que
trata. Ésta es, por tanto, la fuente de nuestra vida: la presencia de Cristo por
su carne en nosotros, carnales; de manera que nosotros vivimos por él a la
manera que él vive por el Padre.
martes, 10 de mayo de 2022
Las obras hablan
lunes, 9 de mayo de 2022
Cristo, Buen Pastor
De las Homilías de san Gregario Magno, papa, sobre los Evangelios
Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir,
las amo, y ellas me conocen a mi. Es como si dijese con toda claridad:
«Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía
no la conoce.
Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro,
pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si
sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si
percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino
por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son
estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios»,
y no guarda sus mandamientos, miente.
Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el
Padre me conoce a mi, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo
que equivale a decir: «En esto consiste mi conocimiento del Padre y el
conocimiento que el Padre tiene de mí, en que doy mi vida por mis ovejas; esto
es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre.»
Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco
y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Y un poco antes había dicho
también acerca de ellas: El que entre por mi se salvará, disfrutará de
libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en
efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la
contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.
Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue
con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el
pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El
pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser
contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el
alimento de vida.
Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para
alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma
alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto,
hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos
nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino.
Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta
interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún
obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por
la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la
amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino.
domingo, 8 de mayo de 2022
Buen Pastor
sábado, 7 de mayo de 2022
También te quieres ir?