martes, 31 de mayo de 2022

La disponibilidad mariana

"En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel".
Si en la Anunciación veíamos la disponibilidad de María para aceptar la Voluntad de Dios, aquí vemos la misma disponibilidad para ir al servicio de sus hermanos: "se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña".
Al enterarse de que Isabel necesitaba ayuda, no se puso a preguntar si otro podría ayudarla o si esto o aquello, sino que de prisa salió para ayudarla.
Muchas veces descubrimos que tenemos mucha disponibilidad para las "cosas de Dios", pero poca disponibilidad para los hermanos, y así nos damos cuenta de aquello que dice san Juan: "quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a sus hermanos a quienes ve, es un mentiroso", porque el Señor nos pide la misma disponibilidad para Él y, quizás, más para los hermanos, que, muchas veces, son más difíciles de amar que a Dios.
Hoy, en este final de mayo, último día de las Flores a María, debemos pedirle a La Madre que nos ayude a ser disponibles a Dios como lo fue Ella, en una disponibilidad que se ve materializada en la ayuda a los hermanos, especialmente a los que no me agradaría ayudar, por aquello que nos dice el Señor: "si amaís a quienes os aman, ¿qué mérito tenéis? eso también lo hacen los pecadores".
Entonces que nuestra disponibilidad sea heroica, es decir, que vayamos a servir a quienes necesiten ayuda pero sin mirar quiénes son o cómo han sido sus vidas, o nuestras relaciones con ellos, sino que, sabiendo que neceistan una mano ir a dárselas.
En eso consiste la verdadera disponibilidad y la exigencia del Amor.

 

lunes, 30 de mayo de 2022

Ha sido muy claro

"En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
"Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo".
Siemmpre, aunque sea en parábolas, Jesús ha hablado claro y no ha dejado nada de decirnos, quizás no siempre hemos estado atentos a lo que nos decía, porque no queríamos entender su mensaje, pero desde el primer momento nos ha hablado claro. En ningún momento ha dejado de darnos a conocer el Camino que hemos elegido y lo que tendríamos que pasar por haberlo elegido.
Si bien cuando elegimos ser cristianos no pensamos que tendríamos que vivir ciertas cosas, y aceptar otras renuncias que no quisiéramos, pero eso porque no escuchamos atentamente su Palabra, pues desde el comienzo de su predicación Él nos dijo: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame".
Y ahora, al final de su paso por este mundo, cuando la gente realmente le dice que cree en Él, les vuelve a decir: "en el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo". Porque como nos lo dijo en la Última Cena: "estamos en el mundo pero no somos del mundo", y eso, como dice san Pablo de sí mismo: "es una lucha constante entre la carne y el espíritu".
El mundo en el que vivimos nos quiere alejar, constantemente, de Dios, de Su Voluntad, y es ahí donde tendremos que luchar para no dejarnos convencer, sino que el Espíritu tiene que venir en nuestra ayuda para fortalecernos y ayudarnos seguir siendo Fieles a la Vida que Jesús nos ha mostrado que tenemos que vivir.
Si realmente estamos con Él no debemos temer a esa lucha interna, pues Él mismo es quien nos fortalece y Su Espíritu quien nos ayuda a discernir, lo que nosotros tenemos que poner de nuestra parte es la disponibilidad para vivir en Fidelidad a Su Voluntad, lo demás vendrá por añadidura. Por eso siempre ha sido tan claro al hablarnos y al invitarnos a seguirlo, pues el Camino no es fácil, pero no imposible con la Gracia de Dios.

 

domingo, 29 de mayo de 2022

Vivir con alegría

Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
Siempre tengo en el recuerdo esta imagen de Jesús elevándose hacia el cielo y los discípulos mirando como se elevaba. Es la misma figura que me hago cuando estamos en la Misa, pero al revés: Jesús que desciende del Cielo para “aterrizar” en el altar y convertirse en Pan y Vino, en la Eucaristía.
Porque ascendió al Cielo no para distanciarse de nosotros sino para estar siempre con nosotros hasta el fin de los tiempos, pero, sobre todo, para poder bajar a nosotros como lo hizo el día de la Anunciación.
Sí, suena loco, pero nuestra fe es una locura.
El día de la Anunciación Jesús bajó del Cielo y se encarnó en el seno de María Virgen por obra y gracia del Espíritu Santo, y nació y vivió entre nosotros. Pero no quería irse para siempre, sino que quería que nosotros viviéramos como Él, como hijos de Dios. Por esa razón se entregó en la Cruz y Resucitó para darnos una Nueva Vida, una Vida de hijos de Dios.
Y así, cada vez que baja al altar, desde los Cielos, baja para estar en nosotros como lo estuvo en el Seno de María, pues ese mismo Dios-Hombre vive en nosotros y nosotros vivimos por Él.
Por eso, luego de recibirlo en la Santa Eucaristía podemos, como los apóstoles volver a nuestros lugares “con gran alegría” y volver, cada día, al “templo bendiciendo a Dios”, que nos ha amado tanto que siempre estará no sólo cerca de nosotros, sino en nosotros cada vez que nos alimentemos con Su Cuerpo, Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad.
Me acuerdo de una frase de Santa Teresita de Lisieux que le decía a la Virgen María: “podría yo decir que soy más feliz que tú, Madre querida, pues a diferencia de ti yo te tengo a ti como Madre mía”. Y así podríamos nosotros decir de Jesús, pues nosotros lo tenemos a Él así como lo tuvo María, y, Él es la causa de nuestra verdadera alegría, del sentido de nuestras vidas, con sus cruces y gozos, pero sobre todo es la Vida Nueva que renueva mí y nuestro mundo, cada día.


 

sábado, 28 de mayo de 2022

Dos vidas

De los Tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan

    La Iglesia sabe de dos vidas, ambas anunciadas y recomendadas por el Señor; de ellas, una se desenvuelve en la fe, la otra en la visión; una durante el tiempo de nuestra peregrinación, la otra en las moradas eternas; una en medio de la fatiga, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la actividad, la otra en el premio de la contemplación.
    La primera vida es significada por el apóstol Pedro, la segunda por el apóstol Juan. La primera se desarrolla toda ella aquí, hasta el fin de este mundo, que es cuando terminará; la segunda se inicia oscuramente en este mundo, pero su perfección se aplaza hasta el fin de él, y en el mundo futuro no tendrá fin. Por eso se le dice a Pedro: Sígueme; en cambio de Juan se dice: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida, ¿a ti qué? Tú, sígueme. «Tú, sígueme por la imitación en soportar las dificultades de esta vida; él, que permanezca así hasta mi venida para otorgar mis bienes.» Lo cual puede explicarse más claramente así: «Sígame una actuación perfecta, impregnada del ejemplo de mi pasión; pero la contemplación incoada permanezca así hasta mi venida para perfeccionarla.»
    El seguimiento de Cristo consiste, pues, en una amorosa y perfecta constancia en el sufrimiento, capaz de llegar hasta la muerte; la sabiduría, en cambio, permanecerá así, en estado de perfeccionamiento, hasta que venga Cristo para llevarla a su plenitud. Aquí, en efecto, hemos de tolerar los males de este mundo en el país de los mortales; allá, en cambio, contemplaremos los bienes del Señor en el país de la vida.
    Aquellas palabras de Cristo: Si yo quiero que él permanezca así hasta mi venida no debemos entenderlas en el sentido de permanecer hasta el fin o de permanecer siempre igual, sino en el sentido de esperar; pues lo que Juan representa no alcanza ahora su plenitud, sino que la alcanzará con la venida de Cristo. En cambio, lo que representa Pedro, a quien el Señor dijo: Tú, sígueme, hay que ponerlo ahora por obra, para alcanzar lo que esperamos. Pero nadie separe lo que significan estos dos apóstoles, ya que ambos estaban incluidos en lo que significaba Pedro y ambos estarían después incluidos en lo que significaba Juan. El seguimiento del uno y la permanencia del otro eran un signo. Uno y otro, creyendo, toleraban los males de esta vida presente; uno y otro, esperando, confiaban alcanzar los bienes de la vida futura.
    Y no sólo ellos, sino que toda la santa Iglesia, esposa de Cristo, hace lo mismo, luchando con las tentaciones presentes, para alcanzar la felicidad futura. Pedro y Juan fueron, cada uno, figura de cada una de estas dos vidas. Pero uno y otro caminaron por la fe, en la vida presente; uno y otro habían de gozar para siempre de la visión, en la vida futura.
    Por esto, Pedro, el primero de los apóstoles, recibió las llaves del reino de los cielos, con el poder de atar y desatar los pecados, para que fuese el piloto de todos los santos, unidos inseparablemente al cuerpo de Cristo, en medio de las tempestades de esta vida; y, por esto, Juan, el evangelista, se reclinó sobre el pecho de Cristo, para significar el tranquilo puerto de aquella vida arcana.
    En efecto, no sólo Pedro, sino toda la Iglesia ata y desata los pecados. Ni fue sólo Juan quien bebió, en la fuente del pecho del Señor, para enseñarla con su predicación, la doctrina acerca de la Palabra que existía en el principio y estaba en Dios y era Dios - y lo demás acerca de la divinidad de Cristo, y aquellas cosas tan sublimes acerca de la trinidad y unidad de Dios, verdades todas estas que contemplaremos cara a cara en el reino, pero que ahora, hasta que venga el Señor, las tenemos que mirar como en un espejo y oscuramente -, sino que el Señor en persona difundió por toda la tierra este mismo Evangelio, para que todos bebiesen de él, cada uno según su capacidad.
 

viernes, 27 de mayo de 2022

Estad alegres

"En verdad, en verdad os digo, vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría".
El príncipe de este mundo y sus seguidores estaban alegres porque creían que habían dado muerte a Jesús, en cambio los que lo seguían y creían en Él cayeron en la tristeza de que su lider se había muerto y ya no lo tenían con ellos. En cambio al resucitar Jesús de entre los muertos, los discípulos recobraron la alegría y la fuerza de saber que Él está vivo y vive entre ellos, en cambio, el mundo y su príncipe y seguidores, se pusieron tristes porque no habían logrado su cometido.
Y así sigue pasando en la actualidad: quieren seguir matando a Dios para poder actuar según sus antojos, y con cada hazaña que hacen en contra de los que seguimos a Jesús y Su Evangeliio, se alegran. Pero Jesús sigue vivo en Su Iglesia y en sus discípulos, aunque seamos pocos y no muy buenos, pero sus enseñanzas siguen vivas en nuestro corazones e intentamos, con la ayuda del Espíritu Santo, seguir viviéndolas y madurando en la fe para que nuestro testimonio sirva para iluminar las tinieblas del pecado y del error.
Nuestra alegría no es la alegría de los que no tienen nada de qué preocuparse, sino que es la alegría de aquellos que saben que su Dios está vivo y vive para darles Vida y Vida en abundancia, pues Él es Fiel a su Palabra y dijo que siempre estaría con nosotros hasta el fin del mundo.
"También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada".
Ese día los apóstoles no le preguntaron nada porque sabían que era Él, porque con ellos comía, hablaba y los seguía instruyendo en el Camino que comenzaban a recorrer.
Hoy también podemos encontrarnos con Él como lo hicieron los apóstoles pues sabemos que está vivo y presente en la Eucaristía, que cuando nos reunimos dos o mas en Su Nombre está en medio de nosotros, y en tantos momentos cuando lo necesitamos siempre lo podemos encontrar. Por eso no tememos ni nos acobardamos, sino que con valentía seguimos confiando y llevando Su Palabra por donde vamos, porque Su Palabra vive en nosotros así como Él vive para nosotros y nosotros para Él.

 

jueves, 26 de mayo de 2022

Estad siempre alegres

De los Sermones de san Agustín, obispo

El Apóstol nos manda estar alegres, pero en el Señor, no en el mundo. Porque, como dice la Escritura, quien pretende ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. Así como el hombre no puede servir a dos señores, así también nadie puede estar alegre en el mundo y en el Señor.
Por lo tanto, que prevalezca el gozo en el Señor y que se extinga el gozo en el mundo. El gozo en el Señor debe ir creciendo continuamente, mientras que el gozo en el mundo debe ir disminuyendo hasta extinguirse. Esto no debe entenderse en el sentido de que no debemos alegrarnos mientras estamos en el mundo, sino que es una exhortación a que, aun viviendo en el mundo, nos alegremos ya en el Señor.
Pero alguno dirá: «Estoy en el mundo y, por lo tanto, si me alegro no puedo dejar de hacerlo en el lugar en que estoy.» A este tal yo le respondería: «¿Es que por estar en el mundo no estás en el Señor?» Atiende cómo el mismo Apóstol, hablando a los atenienses, como nos refieren los Hechos de los apóstoles, les decía respecto al Dios y Señor creador nuestro: En él vivimos, nos movemos y existimos. ¿Habrá algún lugar en que no esté aquel que está en todas partes? ¿No es éste el sentido de su exhortación, cuando dice: El Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna?
Gran cosa es ésta, que el mismo que asciende a lo más alto de los cielos continúa cercano a los que viven en la tierra. ¿Quién es éste, lejano y próximo a la vez, sino aquel que por su misericordia se nos hizo cercano?
En efecto, todo el género humano está representado en aquel hombre al que unos ladrones habían dejado tendido en el camino, medio muerto, junto al cual pasaron un sacerdote y un levita sin atenderlo, y al que se acercó para curarlo y socorrerlo el samaritano que pasó junto a él. Aquel que por su condición de inmortal y justo se hallaba tan alejado de nosotros, mortales y pecadores, descendió a nosotros y se hizo cercano a nosotros.
En efecto, no nos trata como merecen nuestros pecados; y esto porque somos hijos. ¿Cómo lo demostramos? El, el Hijo único, murió por nosotros para dejar de ser único. Murió él solo porque no quería ser él solo. El que era Hijo único de Dios hizo a muchos otros también hijos de Dios. Al precio de su sangre se compró una multitud de hermanos, con su reprobación los hizo probos, fue vendido para redimirlos, injuriado para hacerlos honorables, muerto para darles vida.
Así pues, hermanos, estad alegres en el Señor, no en el mundo, es decir: alegraos en la verdad, no en la iniquidad; alegraos en la esperanza de la eternidad, no en la flor pasajera de la vanidad. Ésta debe ser vuestra alegría; y, en cualquier lugar en que estéis y todo el tiempo que aquí estéis, el Señor está cerca; no os inquietéis por cosa alguna.

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

Hay cosas que no queremos oír

"Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
- «De esto te oiremos hablar en otra ocasión».
Muchas veces cerramos nuestros oídos y el corazón a las cosas que no entendemos o que no queremos oír, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y, nosotros, como buenos humanos, hay cosas del Evangelio que no nos gusta oír.
Nos gusta sí oír que Jesús es bueno, que Dios es misericordioso, que el Espíritu Santo no s ilumina, pero no nos gusta oír que tenemos que abrazar la cruz, que ofrecer los sacrificios, que aceptar la Voluntad de Dios, que tenemos que renunciar a nosotros mismos... y tantas otras cosas más que Jesús nos ha ido diciendo en su Evangelio.
¿Por qué? Porque vivimos, más ahora en este siglo XXI, en la cultura del sin esfuerzo, del poder tener sin esfuerzo, del gritar y tener lo que uno quiere, sobre todo en los más pequeños que están llenos de cosas, de las cuales la mayor parte son inútiles para la vida cotidiana, e, incluso, se usan unos días y después quedan arrumbadas en algún lugar de la casa.
Vivimos inmersos en la cultura del no-sacrificia, y del hacer las cosas que más nos gustan y que mayor placer nos dan, pues tenemos la libertad para hacerlas y queremos hacerlas, pues si no las hacemos como la hace el mundo, pareciera que no somos parte del mundo en el que vivimos.
Sin embargo, por esas mismas cosa que creemos que nos dan libertad y placer, se nos quita la libertad y el placer, pues nos esclavizamos del movil, de la moda, del mundo y, sobre todo, del pecado, creyendo que todo eso nos hace mejores y más plenos, pero cuando se acaba todo nos damos cuenta que no tenemos nada.
Y, así, haciendo caso al mundo y dejando de lado a Dios nos vamos perdiendo a nosotros mismos sin conseguir lo que anhelamos, seguimos adorando a un dios que creemos conocer, sin encontrarnos con el Dios verdadero que nos puede dar más de lo que anhelamos pues no sólo nos da el sentido para nuestra vida, sino que también nos da la Verdadera Vida.
Por eso cerremos los oídos y el corazón al dios del mundo y abrámoslo al Dios Verdadero, Padre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha hablado por su Hijo para que alcancemos la Vida Verdadera.

 

martes, 24 de mayo de 2022

Celebrar la Fe

 

«Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?».
Le contestaron:
«Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia».
Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa.
A aquellas horas de la noche, el carcelero los tomo consigo, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos; los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios".
Creo que esto resume lo que es el Camino de la Fe: un camino de salvación. Pero se nos ha olvidado que tenemos que salvarnos, que tenemos que alcanzar la Gracia para poder llegar al Cielo. Se nos ha olvidado que estamos "empecatados", es decir, que aún tenemos las secuelas del pecado original y si no alcanzamos al Gracia para vivir según la Voluntad del Padre, no alcanzaremos al salvación.
Claro es que alcanzar la salvación del alma no es un pensamiento que viva en nuestras vidas, pues vivimos más pendientes de cumplir requisitos que de vivir un cambio de vida, de buscar una convesión sincera y real en nuestras vidas. Nos hemos olvidado tanto de que el Cielo no es un regalo, sino que es el final de un Camino que tenemos que recorrer de acuerdo a la Voluntad de Dios, y que para poder recorrerlo necesitamos la Gracia santificadora que nos ayude a convertirnos de nuestros pecados, de nuestras malas conductas, de todo aquello que dejó dañado el pecado original.
Por eso ¿qué es lo que yo pienso de ser cristiano? ¿Por qué he elegido el cristianismo como modelo de vida, como camino de vida? ¿Para qué rezo (si lo hago), voy a Misa (si lo hago) si no es para alcanzar la salvación de mi alma?
Y si quiero alcanzar la salvación de mi alma ¿sé de qué tengo qué tengo que convertirme? ¿Sé cómo tengo que comenzar a vivir y qué cosas tengo que aceptar de Dios y qué cosas no aceptar del mundo?
Y, finalmente del párrafo que elegí de los Hechos de los apóstoles me gusta el final: "celebraron una fiesta de familia por haber creído" ¿Es realmente una alegría en mi vida creer en Dios? ¿Me alegra la vida creer en Jesús? ¿Alegro la vida de los demás por que creen en Cristo? ¿Ayudo a los demás a que se alegren por ser cristianos?

lunes, 23 de mayo de 2022

El Espíritu Santo nos renueva

 Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad


    El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte; nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste. para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del infierno.
    Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así como su doctrina.
    Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
    La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro cuerpo y nuestra alma.
    Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu, dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego.

domingo, 22 de mayo de 2022

Todavía no podéis comprender

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
No siempre entendemos, comprendemos lo que Dios nos quiere decir. Quedan en nuestro día a día muchos por qué sin respuestas, y, sobre todo, quedan muchos mensajes de Jesús que no recordamos. Por eso, Jesús quiere enviarnos su Espíritu para hacernos recordar, pero no para que lo tengamos en la memoria, sino para que lo bajemos al corazón, todas las Palabras que Él nos dijo, y todo lo que no lleguemos a entender el mismo Espíritu nos lo hará comprender.
Claro está que, por supuesto, no todo el Misterio de la Fe lo podremos llegar a entender, pues ya no sería un misterio de fe, o ya no necesitaríamos de la Fe si descubrimos todo. Porque tener Fe no significa saber y entender todo, sino aceptar que no todo lo entenderemos pero que sí lo podremos llegar a vivir y aceptar con la fuerza del Espíritu.
Muchas veces decimos o escuchamos: no tengo tanta fe… No es que no tengas tanta Fe, porque la Fe es un Don de Dios y los dones de Dios no son escasos, ni vienen en pequeñas porciones, sino que, a muchos nos ha pasado, que no hemos sabido madurar en la vida de fe. Y, aun así, siempre nos quedarán cosas por aprender y cosas por vivir desde la oscuridad de la fe.
Por eso siempre necesitaremos al Espíritu Santo que nos ayude, no a comprender, sino a conocer al Padre y al Hijo para saber cómo actúan y cómo nos hablan, y, más que nada, a aceptar Su Voluntad para vivir como lo hizo Jesús, confiando en el Amor Providente del Padre que todo lo saber y que todo lo quiere o permite para el bien de sus hijos.
Así, cuando nos disponemos de corazón a aceptar la Voluntad de Dios en nuestra vida, será el Espíritu Santo con sus Dones, quien nos vaya guiando y enseñando y fortaleciendo para que el camino siempre lo recorramos con firmeza y disponibilidad, para que, siendo fieles instrumentos en manos del Padre, Él pueda hacer maravillas con nosotros como lo hizo con María.


 

sábado, 21 de mayo de 2022

No sois del mundo

«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia".
Estas son de esas frases que no nos gusta recordar, o que, por lo menos, las dejamos ocultas en el inconsciente, de Jesús. Sí, no nos gusta recordar porque nos gustan mucho las ofertas que nos hace el mundo, porque, en realidad, no odiamos tanto al mundo como para dejarlo de lado en nuestras vidas, sino que vamos incorporando ideologías mundanas a nuestra vida cristiana.
Hoy en día hay tantas ideologías como idiomas o más casi, y somos tan susceptibles a ellas que las vamos incorporando a nuestra vida cristiana como si fuera el evangelio, o mejor, dicho, le damos más importancia a las idologías del mundo que al evangelio. Porque si en realidad nos importara el evangelio tendríamos más en cuenta que no tenemos por qué aceptar las cosas que se nos ofrecen en estos días como si fueran algo bueno para vivirlo.
En el mundo hoy todo vale, y si no vale todo, todo hay que probarlo para saber si me gusta o no me gusta, y ahí, después de probar todo veo si lo sigo usando o no. Claro que no hago lo mismo con el Evangelio, porque hay cosas que se que no me gustan y por eso las dejo de lado. Pero cuando viene el mundo y me dice: prueba esto que no te va a hacer mal, pero se que no está bien, igual lo pruebo, porque "como todos lo hacen ¿por qué yo no puedo hacerlo?"
Creo que el todos lo hacen (aunque sepa que no es verdad) me da permiso para dejar de lado el evangelio y vivir de acuerdo a esa mentira y pecado que el mundo me ofrece. Y ¿por qué lo hago? Para no quedar mal con mis amigos, para que no digan que soy esto o lo otro, porque en realidad me muevo más por el qué diran de mí que por lo que Dios quiere de mi.
Es ahí cuando me olvido de "no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo", y esta frase no es para los curas y los religiosos, sino para todos los que han recibido el Espíritu Santo el día del bautismo, es decir para todos los que decimos que somos cristianos.

 

viernes, 20 de mayo de 2022

En busca de la Verdad

Es muy lindo poder leer estos pasajes de los Hechos de los apóstoles, en donde se nos cuenta cómo pudieron, los apóstoles y los presbíteros, resolver las controversias que se habían suscitado por los comentarios de unos y otros. Surge así el Primer Concilio de Jerusalen, en donde se reúnes para buscar la Verdad, y deciden sobre la situación:
"Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos.... que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables..."
Muchas veces en nuestras comunidades surgen aquellas voces que saben más que el Señor Jesús y quieren imponer cosas o modificar el Evangelio, y así surgen las diferentes líneas dentro de la Iglesia universal y dentro de las iglesias particulares y, por supeusto, dentro de nuestras pequeñeas comundades.
¿Cuál es el tema? El problema es que no renunciamos a nuestros criterios para buscar la Verdad, pues sabemos y creemos que hay una única Verdad: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", dijo Cristo, y fue Él quien no pidió que para seguirlo renunciarámos a nosotros mismos ¿por qué? Porque sólo renunciando a nosotros mismos podremos ver la Verdad que viene del Espíritu.
Seguramente estarás pensando qué líneas hay en tu comunidad que produzcan divisiones o discusiones que no llevan a ningún lado. Podría hacer un gran elenco de situaciones que producen esas "rivalidades" entre las comundades, pero, sobre todo, haré mención a algo que el Señor nos dice en el evangelio de hoy:
"Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer".
Nuestra vida y nuestra misión no es hacer lo que yo tengo ganas, sino lo que es Voluntad de Dios, y lo primero que dice Dios es que tengo que amar al otro, a mi hermano, y amarlo significa comprender que, muchas veces, no tendré yo la razón, sino que la puede tener el otro, o que ambos tenemos parte de verdad, y juntos nos tendremos que poner en manos del Señor para poder encontrarla y llegar a la Verdad y así no contribuir a la desunión y al mal testimonio.

 

jueves, 19 de mayo de 2022

La Eucaristía es la Pascua del Señor

 De los Tratados de san Gaudencio de Brescia, obispo

    Uno solo murió por todos, el mismo que ahora. en cada una de las asambleas cristianas, por el sacramento del pan y del vino, nos rehace con su inmolación, por la fe en él nos da la vida y ofreciéndose a sí mismo en sacrificio. consagra a los que ofrecen esta oblación.
    Ésta es la carne y la sangre del Cordero. pues aquel pan bajado del cielo afirma: El pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del mundo. Y con razón su sangre es significada por el vino, ya que, al afirmar él mismo en el Evangelio: Yo soy la vid verdadera, manifiesta con suficiente claridad que el vino es su sangre ofrecida en el sacramento de su pasión; en este sentido el patriarca Jacob había profetizado de Cristo: Lava su ropa en vino y su túnica en sangre de uvas. En efecto, él lavó con su propia sangre la vestimenta de nuestro cuerpo que había tomado sobre sí como una vestidura.
    El mismo Creador y Señor de la naturaleza, el que hace salir el pan de la tierra. convirtió el pan en su propio cuerpo (porque podía hacerlo y así lo había prometido); y el que había convertido el agua en vino convirtió después el vino en su sangre.
    Es la Pascua del Señor, dice la Escritura. esto es, el paso del Señor; no tengas por cosa terrena lo que ha sido convertido en algo celestial por obra de aquel que pasó a esa materia y la ha convertido en su cuerpo y sangre.
    Lo que recibes es el cuerpo de aquel pan bajado del cielo y la sangre de aquella vid sagrada. En efecto, al dar a sus discípulos el pan y el vino consagrados, les dijo: Esto es mi cuerpo; ésta es mi sangre. Creamos, pues, en aquel en quien hemos puesto nuestra confianza: el que es la verdad en persona no puede engañarnos.
    Por esto. cuando hablaba a la multitud de comer su cuerpo y beber su sangre. Y la multitud murmuraba desconcertada: ¡Duras son estas palabras! ¿Quién es capaz de aceptarlas?, queriendo Cristo purificar con fuego celestial estos pensamientos que, como antes he dicho, han de ser evitados. añadió: El espíritu es el que da vida; la carne no vale nada. Las palabras que yo os he dicho son espíritu y vida.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Permanecer sin dividir

"En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia".
Aquí cabría aquello que muchas veces escuchamos: "toda la vida", sí desde toda la vida ha habiado quienes se creen más que otros, y quienes creen saber más que otros. Y eso, como vemos en el relato de los Hechos, produjo controversias, discusiones.
Cuando la soberbia y el orgullo nos hacen creer que podemos saber más que otros y sin consultar o dialogar nos ponemos a dogmatizar cuestiones personales, entonces es cuando surgen todo tipo de controversias y divisiones, porque ¿de quién es la Verdad?
Así los primeros apóstoles nos han enseñado que la Verdad es de Dios, no es nuestra y lo que vivimos y predicamos es lo que Jesús nos enseñó y lo que creemos que es Palabra de Dios. Por eso tenemos algo que se llama Magisterio y Tradición para poder seguir en fidelidad a lo que Jesús nos quiso dejar de parte del Padre. Y, cuando tengamos algo que sea diferente a lo que es la Tradición y el Magisterio tenemos que consultarlo para saber si realmente viene de Dios o no, como hicieron los apóstoles.
Esto porque no siempre vivimos los que Jesús nos pide en el evangelio: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada".
Porque, a veces, parece que permanecemos en Cristo, pero no es tan verdad, pues se nos van adhiriendo las ideas y las ideologías del mundo, y creyendo que estamos en Dios no lo estamos. Cuando nos surgan ideas nuevas tenemos que corroborarlo con el Señor para saber si son de Él, y cuando esas ideas estén lejos del evangelio saber que eso no es de Dios.
Permanecer no significa no crecer, no madurar, no tener inspiraciones de Dios para crear, sino que permanecer significa estar siempre en Cristo para vivir como Cristo y llevar la Palabra de Dios al mundo, y no intentar adecuar la palabra de Dios al querer del mundo, sino transformar el mundo de acuerdo a la Palabra de Dios.
Permanecer en Cristo para dar fruto abundante es vivir en Cristo, hasta poder llegar a decir con Pablo: "ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí".

 

martes, 17 de mayo de 2022

Sin perder la fe

Pablo y Bernabé, cuentan los Hechos de los apóstoles, que "animaban a los discípulos y los exhortaban a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios".
Uno podría pensar ¿no hay otra forma de animar ás que hablar de las tribulaciones que hay que pasar? Y creo que no. La mejor forma de exhortar para perseverar en la fe es dar un sentido a las tribulaciones que nos tocan en la vida, sabiendo que siempre, y en toda vida humana, habrá tribulaciones. Jesús no ha venido a quitarnos las tribulaciones, sino a darle sentido a lo que nos toca vivir cada día, para que, como dice san Pablo: estamos "atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo".
Hablar de una vida sin sufrimientos es una utopía que nunca se realizará, por eso hay que darle sentido a los sufrimientos que nos toque vivir, para que no sean piedra de escándalo ni estorbo, sino que nos ayuden a madurar y a fortalecer nuestro espíritu para las batallas más fuertes y difíciles que nos toquen vivir.
Igualmente, cada una de las cruces que nos toque asumir servirá para sostener a los que se sienten débiles y abatidos por el peso de sus pecados, sabiendo que, si todo lo unimos a la Cruz del Salvador, todo tendrá precio de redención, y así podremos acompañar a Nuestro Señor a salvar al mundo.
Por eso mismo, antes de volver al Padre Jesús nos dejó su paz para que nuestro corazón nunca se desvíe del Camino que Él comenzó a recorrer:
"La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde", así buscando siempre su Paz encontraremos la fortaleza para vivir y asumir nuestra vida de fe con valentía y sabiendo que Él nuestra nos dejará solos para poder alcanzar la meta y no perder la fe.

 

lunes, 16 de mayo de 2022

El primogénito de la Nueva Creación

De las Disertaciones de san Gregario de Nisa, obispo

    Ha llegado el reino de la vida y ha sido destruido el imperio de la muerte. Ha hecho su aparición un nuevo nacimiento, una vida nueva, un nuevo modo de vida, una transformación de nuestra misma naturaleza. ¿Cuál es este nuevo nacimiento? El de los que nacen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
    Sin duda te preguntarás: -¿Cómo puede ser esto?- Pon atención, que te lo vaya explicar en pocas palabras. Este nuevo germen de vida es concebido por la fe, es dado a luz por la regeneración bautismal, tiene por nodriza a la Iglesia, que lo amamanta con su doctrina y enseñanzas, y su alimento es el pan celestial; la madurez de su edad es una conducta perfecta, su matrimonio es la unión con la Sabiduría, sus hijos son la esperanza, su casa es el reino y su herencia y sus riquezas son las delicias del paraíso; su fin no es la muerte, sino aquella vida feliz y eterna, preparada para los que se hacen dignos de ella.
    Éste es el día en que actuó el Señor, día en gran manera distinto de los días establecidos desde la creación del mundo, que son medidos por el paso del tiempo. Este otro día es el principio de una segunda creación. En este día, efectivamente, Dios hace un cielo nuevo y una tierra nueva, según palabras del profeta. ¿Qué cielo? El firmamento de la fe en Cristo. ¿Qué tierra? El corazón bueno de que habla el Señor, la tierra que absorbe la lluvia, que cae sobre ella, y produce fruto multiplicado.
    El sol de esta nueva creación es una vida pura; las estrellas son las virtudes; el aire es una conducta digna; el mar es el abismo de riqueza de la sabiduría y ciencia; las hierbas y el follaje son la recta doctrina y las enseñanzas divinas, que son el alimento con que se apacienta la grey divina, es decir, el pueblo de Dios; los árboles frutales son la observancia de los mandamientos.
    Éste es el día en que es creado el hombre verdadero a imagen y semejanza de Dios. ¿No es todo un mundo el que es inaugurado para ti por este día en que actuó el Señor? A este mundo se refiere el profeta, cuando habla de un día y una noche que no tienen semejante.
    Pero aún no hemos explicado lo más destacado de este día de gracia. Él ha destruido los dolores de la muerte, él ha engendrado al primogénito de entre los muertos.
    Cristo dice: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. ¡Oh mensaje lleno de felicidad y de hermosura! El que por nosotros se hizo hombre, siendo el Hijo único, quiere hacernos hermanos suyos y, para ello, hace llegar hasta el Padre verdadero su propia humanidad, llevando en ella consigo a todos los de su misma raza.

domingo, 15 de mayo de 2022

La poda de Dios

 

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
No todo lo que nos ocurre es porque Dios lo quiere, sino que lo permite, y en ese permitir las cosas que nos suceden también nos da la receta para que cada cosa nos ayude a madurar, a crecer.
El Padre conoce de qué madera está hecho el hijo, sabe hasta qué punto puede ser fuerte, y, cuando sabe que no puede le ofrece la ayuda de Su Gracia para que se levante y siga el Camino. Así lo vemos, también, en el Camino de Jesús hacia el Calvario: la Verónica, María, el Cirineo fueron ayudas que el Padre le ofreció al Hijo para ayudarlo a seguir caminando. Así también nos ofrece a nosotros ayudas diarias para llevar nuestra cruz de cada día.
Claro está que para poder recibir la ayuda del Padre debemos estar unidos a Él, cuando nos alejamos de Su Mano no nos llega la ayuda necesaria y debemos cargar solos nuestra cruz de cada día. Sabemos, también, que, muchas veces, El Padre nos pide, como le pidió a Jesús, un sacrificio más grande, más fuerte, más duro para poder salvar a los hombres, para llevar a los que necesiten la Gracia de Su Salvación. Por eso san Pablo podía decir: “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia”.
Nos ayuda así, san Pablo, a comprender que los padecimientos que el Señor nos permite sufrir o que nos pide asumir, como lo hizo con Jesús, no son una desgracia o un castigo, sino que nos pide compartir la Cruz de Jesús para nuestra salvación y la salvación del mundo entero. Es un tesoro de Gracia que se va acumulando para que ayude a quienes más necesiten de fortaleza para combatir el pecado y alcanzar la salvación.
El aceptar con espíritu generoso la Cruz de cada día fortalece nuestro espíritu, por eso Jesús nos dice que, como el labrador poda la vid para que dé más fruto, así cuando aceptamos el desafío de la Cruz, la Gracia actúa en nosotros y los frutos que damos son duraderos y abundantes. Cuando por culpa de esas podas nos alejamos del Padre sufrimos por la lejanía y sufrimos por no recibir la Gracia que nos fortalece, y, vamos, como se dice habitualmente “perdiendo la fe”, pues pensamos que, por ser cristianos, no tendríamos que padecer ni sufrir, sino que tenemos que tener la garantía de que todo nos va a ir bien, lo que es un mal pensamiento acerca de nuestra vida cristiana.


sábado, 14 de mayo de 2022

Señor, muéstranos a quien has elegido

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre los Hechos de los apóstoles.

Uno de aquellos días, dirigiéndose Pedro a los hermanos reunidos, habló así. Pedro, a quien el Señor había encomendado su grey, vehemente como siempre, ejerce el papel de protagonista y es el primero en tomar la palabra: Hermanos, es preciso que elijamos a uno de entre nosotros. Permite que todos den su opinión, a fin de que el elegido sea recibido con agrado, precaviéndose de la envidia a que este hecho podía dar ocasión, ya que estas cosas, con frecuencia, son origen de grandes males.
¿Qué conclusión, por tanto, sacaremos de esto? ¿Es que Pedro no podía elegir por sí mismo? Ciertamente, podía; pero se abstuvo de ello, para no demostrar preferencia por nadie. Además, no había recibido aún el Espíritu Santo. Y presentaron a dos —dice el texto sagrado—: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. No los presenta él, sino todos, Él lo que hizo fue aconsejar esta elección, haciendo ver que la iniciativa no partía de él, sino que se trataba de algo ya profetizado de antemano. Por esto su intervención en este caso fue la del que interpreta los designios de Dios, no la del que manda algo.
Hay aquí entre nosotros —dice— hombres que han andado en nuestra compañía. Fijémonos cómo quiere que el elegido sea un testigo ocular; aunque luego había de venir el Espíritu Santo, pone en esto un gran interés.
Hombres que han andado en nuestra compañía, y añade: todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor. Se refiere a los que han convivido con él, y no a los que sólo han sido discípulos suyos. Es sabido, en efecto, que eran muchos los que lo seguían desde el principio. Y, así, vemos que dice el Evangelio: Era uno de los dos que, oídas las palabras de Juan, habían ido en seguimiento de Jesús.
Y prosigue: Todo el tiempo del ministerio público de Jesús, el Señor, es decir, desde el bautismo de Juan. Con razón señala este punto de partida, ya que los hechos anteriores nadie los conocía por experiencia, sino que los enseñó el Espíritu Santo.
Luego continúa diciendo: Hasta el día de la ascensión; es, pues, preciso que elijamos a uno de ellos para que, junto con nosotros, dé testimonio de la verdad de la resurrección. No dice: «Para que dé testimonio de la verdad de las demás cosas», sino taxativamente: Para que dé testimonio de la verdad de la resurrección. En efecto, había de ser más digno de crédito uno que pudiera afirmar: «Aquel mismo que comía, bebía y fue crucificado es el que ahora ha resucitado.» Por lo tanto, interesaba un testigo no de lo del tiempo pasado ni de lo del futuro ni de los milagros, sino escuetamente de la resurrección. Porque todas aquellas cosas eran patentes y manifiestas; la resurrección, en cambio, era algo oculto que sólo ellos conocían.
Y todos juntos oraron, diciendo: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muéstranos. «Tú, no nosotros.» Muy acertadamente invocan al que conoce los corazones, ya que él, y nadie más, era el que tenía que hacer la elección. Y hablan a Dios con esta confianza, porque saben que la elección es algo absolutamente necesario. Y no dicen: «Escoge», sino: «Muéstranos al elegido» —a quién has elegido, dice el texto—, pues saben que Dios lo tiene todo determinado ya de antemano. Echaron suertes entre ellos. Es que aún no se consideraban dignos de hacer por sí mismos la elección, y por esto deseaban alguna señal que les diera seguridad.

 

viernes, 13 de mayo de 2022

El Cielo en la tierra

"En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino".
Hace unos días alguien me preguntaba: el Cielo es nuestra meta o nuestro final, es algo a alcanzar? En realidad el Cielo es nuestra Casa, el lugar desde donde salimos para venir al mundo y el lugar a donde regrasaremos en el momento oportuno. Pero también es una meta a alcanzar y a realizar.
Esperamos llegar al Cielo, pues será el reencuentro definitivo y donde podremos contemplar a Nuestro Padre Dios, y vivir eternamente en el amor, la alegría y la paz. Esa es nuestra fe y nuestra esperanza, pues es lo que Jesús nos consiguió con su muerte y resurrección.
Pero también es lo que tenemos que construir en nuestro peregrinar por la tierra, y es lo que pedimos constantemente en nuestra oración: "venga a nosotros Tu Reino". El Reino de Dios es el Cielo en la tierra, para poder llegar a vivir en el Cielo. Sabemos, porque lo creemos que el Reino de Dios es un reino de personas que se aman, un lugar donde, como dice san Pablo, sólo se vive el Amor: "la fe y la esperanza pasarán, más el amor perdurará". Así el Cielo en la tierra es nuestra meta, y nuestra tarea diaria: vivir el "ámense unos a otros como Yo los he amado". No hay otra tarea mejor y más difícil para los cristianos.
Una tarea que se nos ha pedido y que pedimos diariamente: venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo. Nuestra meta es una tarea constante pues somos nosotros, cada uno con sus decisiones diarias y su forma de vivir, quienes vamos construyendo el Cielo en la tierra, para poder alcanzar la Vida eterna en el Cielo.
Claro que no es una tarea que hacemos en solitaria, sino que para eso el Señor nos ha dejado todo lo necesario para poder tener fortaleza, esperanza, amor, entrega, y toda la Gracia que necesitamos para estar siempre disponible para hacer la Voluntad de Dios. Y ahora nos toca a cada uno estar abiertos y disponibles a Su Voluntad para vivir, no sólo para cumplir con lo que debemos, sino para vivir como hijos de Dios, es un derecho y una obligación ser instrumentos en Sus Manos para llegar al mundo los dones espirituales que hagan de la vida diaria un Camino hacia al Vida verdadera.

 

jueves, 12 de mayo de 2022

Conforme a mi Corazón

San Pablo, haciendo referencia a la historia de Israel, nos recuerda que Dios "les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio diciendo: “Encontré a David, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”. Una hermosa definición sobre una pesona: "un hombre conforme a mi corazón", sin embargo David pecó, pero igual Dios sacó de Él un retoño Nuevo: "según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús".
Y de aquí podemos sacar dos cosas: ¿cómo llegar a tener un corazón según Dios? O, ¿cómo es el corazón de Dios? Para mejor saber cómo tiene que ser nuestro corazón.
No podemos llegar a tener un corazón conforme al Corazón de Dios, si no nos relacionamos con Dios, si no lo conocemos, y ¿cómo conocer a Dios? "Felipe, quien me ve a mí ve a mi Padre" "yo y el Padre somos una sola cosa". Así es, conociendo al Hijo conoceremos al Padre, y conociendo el Corazón del Hijo podremos asemejarnos al Corazón del Padre. Nuestra relación con Jesús va a determinar nuestra manera de ser, y asi alcanzaremos una configuración casi plena con Jesús y con el Padre, para que nuestro corazón sea a semejanza del Hijo y por lo tanto del Padre.
Claro está que, mientras estemos en este Valle de lágrimas, no podremos evitar tropiezos y pecados, así como los hizo David, pero, algo que no tenía David y que nosotros sí, Jesús nos ha dejado el Sacramento de la Reconciliación para liberarnos del peso del pecado y devolvernos la Gracia Santificadora que nos ayuda a levantarnos y seguir el Camino que Él recorrió primero.
Y esa es la segunda cosa a pensar de este pasaje: a pesar del pecado de David, Dios cumplió su promesa y sacó de su linaje un Salvador. Así, también, de nuestra vida imperfecta Dios puede saacar grandes santos que puedan mostrar un camino de salvación para los hombres, un camino que de sentido a la vida de muchos y que les ayude a renovar su andar por el mundo, y poder, como todos los santos, modificar la historia y hacer una historia de salvación que renueve la vida de los hombres.

 

miércoles, 11 de mayo de 2022

Unidad natual con Dios

Del Tratado de san Hilario. obispo, Sobre la Santísima Trinidad

    Si es verdad que la Palabra se hizo carne, también lo es que en el sagrado alimento recibimos a la Palabra hecha carne; por eso hemos de estar convencidos que permanece en nosotros de un modo connatural aquel que, al nacer como hombre, no sólo tomó de manera inseparable la naturaleza de nuestra carne, sino que también mezcló, en el sacramento que nos comunica su carne, la naturaleza de esta carne con la naturaleza de la eternidad. De este modo somos todos una sola cosa, ya que el Padre está en Cristo, y Cristo en nosotros. Por su carne, está él en nosotros, y nosotros en él, ya que, por él, lo que nosotros somos está en Dios.
    Él mismo atestigua en qué alto grado estamos en él. por el sacramento en que nos comunica su carne y su sangre, pues dice: El mundo ya no me verá; pero vosotros me veréis, porque yo seguiré viviendo y vosotros también; porque yo estoy en mi Padre, y vosotros estáis en mi y yo estoy en vosotros. Si se hubiera referido sólo a la unidad de voluntades, no hubiera usado esa cierta gradación y orden al hablar de la consumación de esta unidad, que ha empleado para que creamos que él está en el Padre por su naturaleza divina, que nosotros, por el contrario, estamos en él por su nacimiento corporal, y que él, a su vez, está en nosotros por el misterio del sacramento. De éste modo se nos enseña la unidad perfecta a través del Mediador, ya que, permaneciendo nosotros en él, él permanece en el Padre y, permaneciendo en el Padre, permanece en nosotros; y, así, tenemos acceso a la unidad con el Padre. ya que, estando él en el Padre por generación natural, también nosotros estamos en él de un modo connatural, por su presencia permanente y connatural en nosotros.
    A qué punto esta unidad es connatural en nosotros lo atestigua él mismo con estas palabras: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi, y yo en él. Para estar en él, tiene él que estar en nosotros, ya que sólo él mantiene asumida en su persona la carne de los que reciben la suya.
    Ya antes había enseñado la perfecta unidad que obra este sacramento. al decir: Asi como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera quien me come vivirá por mi. Él, por tanto, vive por el Padre; y, del mismo modo que él vive por el Padre, así también nosotros vivimos por su carne.
    Emplea, pues, todas estas comparaciones adecuadas a nuestra inteligencia, para que podamos comprender, con estos ejemplos, la materia de que trata. Ésta es, por tanto, la fuente de nuestra vida: la presencia de Cristo por su carne en nosotros, carnales; de manera que nosotros vivimos por él a la manera que él vive por el Padre.

martes, 10 de mayo de 2022

Las obras hablan

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi".
Jesús podía estar seguro de que no necesitaba que nadie diera testimonio sobre Él, pues sus obras hablaban de Él y, sobre todo, de la Voluntad de Dios para Él. Y es lo que también, muchas veces, nos ha dicho a nosotros: "no solo ruego por ellos, sino tamibén por los que crean en mí por la palbra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti qu eellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado".
También nuestro testimonio, no sólo de palabras, sino, sobre todo, por las obras conocerán que somos de Cristo, porque hacemos la Voluntal del Padre como Él la hizo, porque vivimos el amor como Él nos lo mandó. Por eso nos tenemos que preguntar, siempre, si nuestras obras, si nuestra vida habla de Jesús, habla del Evangelio, si vivimos la alegría del Evangelio, de la Buna Noticia de la Salvación.
"Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno".
Somos sí, seguidores de Jesús, no como algunos dicen que se nos quiere sin inteligencia para poder obedecer sin razonar, sino que, a pesar de la analogía del rebaño y del pastor, Dios mismo nos da razones para creer, y, por medio de Su Hijo, nos invitó a encontrar el Camino para alcanzar la Vida. La obedeciencia que Jesús nos pide vivir es una obediencia en el amor, con argumentos que nos ayuda a descubrir con los Dones del Espíritu y con los instrumentos que va poniendo a nuestro alcance.
No somos animales que obedecen sin preguntar ni razonar, sino que preguntando y razonando obtenemos la Gracia del Espíritu para poder obedecer y ser Fieles a la Vida que el Señor nos pide vivir, para alcanzar la plenintud y la Bienaventuranza. Por eso, en la medida que seguimos los Consejos del Evangelio y abrazamos la Voluntad de Dios, seremos testigos fieles y veraces del Amor de Dios y de la Vida Nueva que nos trajo Jesús.

 

lunes, 9 de mayo de 2022

Cristo, Buen Pastor

De las Homilías de san Gregario Magno, papa, sobre los Evangelios

    Yo soy el buen Pastor, y conozco a mis ovejas, es decir, las amo, y ellas me conocen a mi. Es como si dijese con toda claridad: «Los que me aman me obedecen.» Pues el que no ama la verdad es que todavía no la conoce.
    Ya que habéis oído, hermanos, cuál sea nuestro peligro, pensad también, por estas palabras del Señor, cuál es el vuestro. Ved si sois verdaderamente ovejas suyas, ved si de verdad lo conocéis, ved si percibís la luz de la verdad. Me refiero a la percepción no por la fe, sino por el amor y por las obras. Pues el mismo evangelista Juan, de quien son estas palabras, afirma también: Quien dice: «Yo conozco a Dios», y no guarda sus mandamientos, miente.
    Por esto el Señor añade, en este mismo texto: Como el Padre me conoce a mi, yo conozco al Padre y doy mi vida por mis ovejas, lo que equivale a decir: «En esto consiste mi conocimiento del Padre y el conocimiento que el Padre tiene de mí, en que doy mi vida por mis ovejas; esto es, el amor que me hace morir por mis ovejas demuestra hasta qué punto amo al Padre.»
Referente a sus ovejas, dice también: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna. Y un poco antes había dicho también acerca de ellas: El que entre por mi se salvará, disfrutará de libertad para entrar y salir, y encontrará pastos abundantes. Entrará, en efecto, al abrirse a la fe, saldrá al pasar de la fe a la visión y la contemplación, encontrará pastos en el banquete eterno.
    Sus ovejas encontrarán pastos, porque todo aquel que lo sigue con un corazón sencillo es alimentado con un pasto siempre verde. ¿Y cuál es el pasto de estas ovejas, sino el gozo íntimo de un paraíso siempre lozano? El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida.
    Busquemos, pues, queridos hermanos, estos pastos, para alegrarnos en ellos junto con la multitud de los ciudadanos del cielo. La misma alegría de los que ya disfrutan de este gozo nos invita a ello. Por tanto, hermanos, despertemos nuestro espíritu, enardezcamos nuestra fe, inflamemos nuestro deseo de las cosas celestiales; amar así es ponernos ya en camino.
    Que ninguna adversidad nos prive del gozo de esta fiesta interior, porque al que tiene la firme decisión de llegar a término ningún obstáculo del camino puede frenarlo en su propósito. No nos dejemos seducir por la prosperidad, ya que sería un caminante insensato el que, contemplando la amenidad del paisaje, se olvidara del término de su camino.

domingo, 8 de mayo de 2022

Buen Pastor

 

"Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano".
Cuarto Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor, una figura de Nuestro Señor que, muchas veces, o mejor dicho siempre, hace referencia al sacerdocio ministerial, al gran y hermoso Don que el Señor nos dejó en la Última Cena cuando instituye la Eucaristía y les da a los apóstoles el poder hacer ellos lo mismo.
Y, ser buen pastor, no es una tarea fácil ni para los que recibimos el llamado ni para los que tienen que aceptar nuestras debilidades, errores y defectos. Pero si intentamos mirar más allá de la persona humana que ha tenido la Gracia de ser ordenado sacerdote, podremos llegar a agradecer al Señor ese hermoso regalo que nos hizo en la Última Cena: quedarse en el Pan y el Vino, para que por las manos imperfectas y pecadores de un hombre, pueda ser el mismo Jesús quien viene a nuestro encuentro en la celebración eucarística, quien nos perdona de nuestros pecados, quien nos llena del Espíritu Santo en el Bautismo y la Confirmación, quien nos unge con el óleo santo para fortalecer nuestro espíritu y cuerpo en los momentos más difíciles de nuestra enfermedad.
Sabemos los sacerdotes que nos falta mucho para igualar al Buen Pastor, pero confiamos en Su Gracia que es la única que nos salva y convierte, fortalece y ayuda a caminar. Nosotros somos sólo instrumentos que el Señor usa para que Su Palabra y Su Vida llegue a todos los que lo busquen y los que lo quieran encontrar.
Por eso mismo no tenemos que buscar la palabra del sacerdote, sino que debemos escuchar la Palabra del Buen Pastor, es Él Quien quiere guiarnos y llevarnos por los caminos que El Padre ha preparado para nosotros. Los pastores que el Señor destinó para acompañarnos en nuestras vidas son instrumentos que nos ayudan (la mayor de las veces) a llegar hasta el Buen Pastor, para que nuestros oídos puedan estar siempre abiertos a Sus Palabras, y, con la ayuda del Espíritu, dejarnos guiar y conducir.
Por todo eso, no nos alejemos del Buen Pastor por los pastores que se cruzan en nuestros caminos, sino que siempre tengamos la mirada puesta en Él y los oídos abiertos para Sus Palabras, pues sólo Él puede salvarnos, pero, también, sólo Él puede alimentarnos y fortalecernos con el Pan de la Vida que los pastores confeccionan para el rebaño del Señor.


sábado, 7 de mayo de 2022

También te quieres ir?

"En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
En aquél tiempo decían eso de Jesús porque no podían comprender que pudieran comer su carne, pero hoy decimos que "el modo de hablar de Jesús es duro", es decir que Su Palabra es dura, es difícil de vivir, porque no queremos vivir las exigencias evangélicas, porque decimos que lo que el Evangelio y la Ley nos piden no es para este tiempo. Queremos en otras palabras que la Palabra de Dios se adecúe a lo que el mundo vive, quiere vivir y pretende vivir.
Como el mund vive en la tiniebla del error y del pecado, entonces pretendemos que la Palabra de Dios sea menos exigente, que nos deje hacer más las cosas que se hacen en el mundo, porque el mundo va por el mejor camino y tiene mejores frutos que el evangelio, lo cual es una verdadera mentira, pues los frutos del mundo (por lo menos como lo veo yo) no son de paz, alegría, fraternidad, justicia...
"Y dijo:
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él".
Y por esa razón, porque vivir el evangelio no es vivir como el mundo, muchos comienzan a dejar de ser cristianos, para poder vivir de acuerdo a sus gustos, instintos y seguir la corriente del mundo que, según dicen, da más libertad y dignidad a la persona humana. Con lo cual significa que no han conocido verdaderamente a Dios, al Padre de Nuestro Señor Jesucristo, ni siquiera se han acercado a conocer verdaderamente a Jesús, y poder intentar vivir según sus enseñanzas. Han tirado por la borda de la vida el evangelio sin conocerlo, y han dejado de creer en Jesús sin conocerlo y por eso sin amarlo.
Porque cuando, verdaderamente, se llega a conocer a alguien y, en nuestro caso, a Jesús el Hijo de Dios...
"Entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».