sábado, 28 de agosto de 2021

Instrucciones del Señor

"Ya conocéis las instrucciones que os dijimos, en nombre del Señor Jesús.
Esto es la voluntad de Dios: vuestra santificación, que os apartéis de la impureza, que cada uno de vosotros trate su cuerpo con santidad y respeto, no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios.
Y que en este asunto nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche con engaño, porque el Señor venga todo esto, como ya os dijimos y aseguramos: Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino santa. Por tanto, quien esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo".
Dos recomendaciones, exhortaciones que nos hace San Pablo acerca de nuestro comportamiento con nosotros mismos y con los demás. Dos comportamientos que nacen del espíritu del mundo y de las apetencias humanas, todo muy lógico, pero para los que aceptamos el desafío de ser cristianos, un camino de santificación que nos lleva a luchar contra los instintos humanos, y la lógica del mundo.
"Tratar el cuerpo propio con santidad y respeto, no dejarnos dominar por la pasión", una exhortación complicada en estos tiempos que vivimos, donde el dejarnos llevar por la pasión o el deseo, hace que tengamos o que queramos vivir la libertad total hacia lo que queremos y no hacia lo que debemos. Por eso, san Pablo, antes de decirnos cómo vivir nos pone el argumento principal: "esto es la Voluntad de Dios". No sólo es un deseo de un hombre, sino que entendemos o deberíamos entender, comprender y aceptar, para poder vivirlo, como lo que es: voluntad de Dios para los que hemos decidido seguir a Cristo.
La segunda es similar pero hacia los demás, y no sólo en el ámbito de la pasión o el deseo, sino también:
"Que nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche co engaño".
Hay otro deseo que es ¿peor? que la pasión desordenada, que es el apetito de poder: poder estar por encima de los demás, creer que estoy por encima de los demás, y, por eso, utilizo a las personas según mi antojo para lograr mis objetivos, o, en otros casos más difíciles intento destruir a las personas para poder lograr mis objetivos. Es ahí cuando utilizo todas las armas para hacer lo que quiero o lograr lo que deseo, sin pensar a quién hago daño o a quien destruyo.
Por eso, antes de todo tengo que preguntarme, si es que he elegido el Camino de la santidad: ¿qué es lo que Dios quiere que haga o cómo quiere que viva? ¿Cuál es Su Voluntad para mi vida? Y el Señor, si estoy decidido a vivirla me concederá la Gracia necesaria y suficiente para asumir y vivir el camino de santidad que me preparado.

 

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