domingo, 29 de agosto de 2021

El culto vacío

“Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío…”
Durante la semana hemos escucha en el Evangelio los “¡Ay!” de Jesús, los lamentos y exhortaciones por las actitudes de hipocresía de los fariseos y doctores de la Ley. Hipocresía que es casi lo peor de lo que siempre se ha dolido Jesús, pues demuestra la falta de honestidad de las personas hacia sí mismas, los demás y Dios, creyendo que los demás y Dios no se dan cuenta de quién es cada quien.
Nos consideramos, muchas veces, mejores que los demás, como les dice Jesús, “porque pagan el diezmo, la menta y el comino” (aunque en estos tiempos nadie lo paga…), lo que sería para nosotros en este siglo XXI, parece que hacen muchas cosas, pero en el fondo sólo quieren hacerse notar y que les digan que son buenos, y, en el fondo, no tienen nada de bueno, y no hacen las cosas por amor a Dios y a los hermanos, sino a ellos mismos.
Y así suele ser nuestra vida espiritual o nuestra vida religiosa: pura apariencia, pues no hemos llegado a comprender la esencia del Evangelio, pues nos hemos quedado sólo en “cumplir” con requisitos “necesarios”, pero no hemos sabido convertir el corazón al Amor del Evangelio. Así nuestro corazón se ha quedado duro con la piedra, y seco, aunque siempre esté cubierto del agua bautismal o de los rezos de todos los días.
Decía un amigo que la procesión más larga y dura que tiene que hacer una persona de fe, es la procesión que va de la cabeza al corazón. Porque creemos que sabemos muchas cosas, pero no llegamos a vivirlas o a dejar que la Palabra que escuchamos y que sabemos de memoria, nos transforme el corazón y nos haga más misericordioso y amantes como lo es Dios con nosotros.
Cuando no nos abrimos a la Gracia de la conversión nuestro corazón sigue viviendo en el pecado y así de la abundancia del corazón hablan los labios y nuestras acciones: Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación…..


 

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