martes, 17 de agosto de 2021

Déjate conducir por Dios

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
También nosotros, muchas veces, pensamos que salvarse es imposible, que vivir el evangelio con todo lo que eso implica, es imposible en estas épocas, que las palabras de Jesús no son fáciles de aceptar, y no es posible llegar a alcanzar la santidad que nos pide el Señor.
Y, lo peor, es que es cierto. Ser santo es imposible para el hombre, porque siempre pensamos las cosas de Dios confiando en nuestras propias fuerzas y gustos, en nuestros propios defectos y pecados, y no lo pensamos desde el querer de Dios, desde Su Gracia, desde Su Poder.
"Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo".
Es ahí cuando nos damos cuenta que no le dejamos lugar a Dios en nuestras vidas, pues queremos tener todo bajo nuestro control. No nos damos cuenta que no hemos aceptado la primera condición que nos dijo Jesús: "quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo".
Sí, incluso para negarnos a nosotros mismos necesitamos de la Gracia de Dios, pero, una vez que hemos aceptado el seguirlo a Cristo, contamos con su Gracia, pero debemos hacer el esfuerzo de la negación a nuestros gustos, ideas, proyectos y ponernos en relación con el Padre para saber cuál es Su Voluntad para nuestras vidas.
En el diálogo de Gedeón con el Ángel del Señor, podemos ver cuál es la duda que surge cuando el Señor nos llama:
"Gedeón replicó:
"Perdón, mi Señor ¿con qué voy a salvar a Israel? Mi clan es el más pobre de Manasés y yo soy el menor de la casa de mi padre».
El Señor le dijo:
«Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como a un solo hombre».
Y esa es la Verdad, Él estará con nosotros, siempre y cuando confiemos en Su Providencia y Su Gracia que nos acompaña y nos fortalecerá para vivir según Su Voluntad.

 

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