"Pero si dijere aquel mal siervo para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
¿Habéis pensado cuál es la suerte de los hipócritas? Yo, por lo menos, me he quedado pensando en eso. Pero tiene que ser algo muy fuerte sobre todo por el rechinar de dientes, que es lo que menos nos gusta, es un ruido horrible.
Y debe ser algo horrible porque muchas veces, Jesús, ha dicho cosas muy fuertes sobre los hipócritas, y cuando el hipócrita sólo confía en su hipocresía, eso ha de ser algo, también, muy malo. Es una de las veces en que Jesús más fuerte ha hablado, lo escuchábamos ayer en el evangelio.
Lo extraño es que aún escuchándolo durante tantos años a ese evangelio, todavía hoy no hallamos encontrado un remedio dentro de nuestras comunidades cristianas para combatir la hipocresía reinante. Sí, porque todavía tenemos mucha hipocresía dentro de nuestras filas, e hipócritas que creen sus propias hipocresías y viven como si fueran los mejores y más santos de la comunidad, queriendo servirse de la inocencia de otros que están a su lado para servirlos.
"Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
¿Quién es el criado fiel y prudente, a quien el señor encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas?"
Y ¿cómo nos preparamos para esa Hora en la que el Señor venga a buscarnos? O ¿cómo nos preparamos para cada hora en que el Señor nos pida ser fieles a Su Voluntad?
¿Creemos que lo podremos engañar al Señor? No, no lo podremos engañar, aunque nos engañemos a nosotros mismos diciéndonos que lo que hacemos lo hacemos por Dios, no es verdad. Nos falta mirarnos de frente al Señor y descubrir que lo que estamos viviendo no es la Verdad del Evangelio, sino que nos hemos creado una mentira que nos creemos que es nuestra única verdad.
Hoy el mundo nos invita, constantemente, a la hipocresía, a llenar el vacio existencial con apariencias de felicidad, que, en el fondo, es para vender sus productos que hacen que dejemos de pensar en lo auténtico, en la verdad, en la plenitud del ser: "sólo la verdad os hará libres", nos decía el Señor, y, aunque esa verdad nos duela, tenemos que afrontarla para alcanzar la conversión de nuestro corazón y vivir en plenitud la Verdad en Cristo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.