“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”.
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los matarlos".
Siempre que surgen estas parábolas en las que Jesús nos habla de la justicia de Dios, y, sobre todo, de los castigos de Dios Padre, nos parece que exagera, que Dios no puede ser tan justo ni castigarnos por no hacer lo que debemos o lo que Él nos pide. Pero es algo que tenemos que tomar más en serio, pues no puede haber amor verdadero sin justicia, no se puede ser infinitamente misericordioso si no hay castigo. Dios no es un gran abuelo que le da todos los caprichos a los nietos, sino que es un Padre Amoroso que sabe educar a sus hijos y que, por supuesto, quiere lo mejor para ellos.
Es cierto que sus castigos no son como muchas veces creemos: nos manda desgracias, nos enferma o nos pega con algo; sino que el castigo es simple: no recibimos la Gracia necesaria para hacer lo que queremos o para ir contra su Voluntad, nos soltamos de su Mano y contamos sólo con nuestros recursos. Y, muchas veces, perdemos de vista tanto el camino que no podemos volver, pues no tenemos la fuerza y nuestro orgullo nos impide pedir perdón para volver a encontrar la senda verdadera.
Dios siempre está llamando y siempre nos está regalando la Vida que nos consiguió su Hijo por medio de su muerte y resurrección, una Vida que nos ha sido dada gratis (como nos lo dice san Pablo: gratis lo habeis recibido dadlo gratis) y, por eso mismo, muchas veces, no valoramos la vida espiritual que nos ha sido concedida, no valoramos el ser hijo de Dios y dejamos de lado la vida junto al Padre.
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.”
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”
El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».
Todos hemos sido llamados, pero pocos serán elegidos para particpar de la Vida Eterna junto al Padre, pues no todos hemos sabido valorar el llamado y responder como debíamos, pues no sólo es responder con palabras, sino con la vida misma.
"Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios;
entonces yo digo: «Aquí estoy».
« - Como está escrito en mi libro -
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas»
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.