lunes, 21 de junio de 2021

Sal de tu tierra

"En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abran tenia setenta y cinco años cuando salió de Jarán".
Cuando Dios nos llama nos hace salir de "nuestra zona de confort", y no le importa la edad que tengamos, ni la situación en la que vivimos. Le importa cuál es su propósito y el para qué nos necesita, pues Él cuenta con la Gracia y los Dones necesarios para acompañar la misión que nos encarga.
Hoy, como en los tiempos de Abrán, Dios también nos está llamando a que salgamos de nuestra zona de confort, de nuestra tierra, de nuestra comodidad y vayamos a sembrar la Vida en otra tierra que no es la nuestra. Está claro y es evidente que no nos pide a todos que nos vayamos de nuestro pueblo o nación, sino que salgamos de la comodidad de que soy católico para quedarme encerrado en mi casa, pues, la mayoría, ni siquiera presta ayuda en su parroquia, pues está muy cómodo sólo yendo a misa para tener asegurado el paraíso.
Sin embargo, desde el momento en que el Espíritu Santo descendió sobre nosotros el día de nuestro bautismos, el Señor nos llamó para llevar la Buena Noticia a todos los hombres, nos libró del Hombre Viejo y nos convirtió en Hombres Nuevos que son capaces de transformar el mundo en el que viven con su sola presencia, y, por supuesto, con la ayuda del Señor.
Pero, para muchos, la religión, la fe, es para vivirla en mi casa y, si puedo, con mi familia; pero, en muchos casos, tampoco lo vivo con mi familia pues no he hecho el esfuerzo de acercarlos al Señor, porque eso supone mucho esfuerzo.
Salir, como Abrán de nuestra tierra, es, vuelvo a insistir, salir de nuestra zona de confort, poner nuestros talentos al servicio de la pastoral de mi comunidad parroquial, de mi ciudad, de mi barrio, entregar los Dones que el Señor ha puesto en mi corazón, ya sean 1 o 100, pero no dejar que se queden arrumbados en mí sin poder dar a los demás lo que el Señor me ha dado.
Por eso, recuerda, que como a Abrán a tí también, y no importa tu edad o condición, Dios te está pidiendo salir de tu zona de confort, que dejes ya de quedarte sentado en tu sofá mirando como pasa la vida, sino que aceptes el desafío de salir y anunciar el Evangelio.

 

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