"Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe".
¿Puede tener la vida del cristiano un mejor final? Poder decir que se ha combatido el noble combate, es saber que se ha hecho lo posible por ser fiel hasta el último día de la vida. Y, sobre todo, saber que esa fidelidad a la vida no ha sido nada fácil, pues en todo momento han habido pruebas que había que pasar y piedras que saltar, y, sin desmerecer, hubo caídas de las cuales hubo que levantarse y ser fuerte, en todo momento, incluso frente al pecado de uno.
Muchas veces, en nuestras vidas, nos encontraremos con miles de obstáculos, tendremos miles de tropiezos, e, incluso muchas caídas, pero todo es un combate, un combate contra nosotros mismos para que la desesperanza no nos gane la batalla, sino que, como escribía san Pablo que le dijo el Señor: "te basta mi gracia", porque, en todo momento, si nos mantenemos o intentamos mantenernos en el Camino del Señor, siempre su Gracia estará en nosotros para seguir luchando, para seguir recorriendo el camino de la santidad hacia la Vida.
¿Cuándo se termina de combatir? Cuando el Señor, Justo Juez, nos venga a buscar y dejemos de estar prisioneros en este cuerpo que es nuestra cárcel terrena, pero que es el instrumento de salvación que el Señor nos ha regalado, no sólo para salvar nuestra alma, sino para llevar a otras hasta Su Reino, hasta Su Voluntad, para que, no sólo nosotros, sino todos aquellos que lo busquen encuentren Su Rostro.
¿Cuál es el combate? Cada uno lo sabe, como dicen algunos, cada uno sabe cuáles son sus demonios, y no debemos comparar nuestros demonios, ni nuestras cruces, ni nuestras vidas, pues cada uno tiene su propia vida y su propio camino de salvación y santidad, y en ese camino nos encontraremos cada uno batallando contra lo que Dios permita y quiera, pero, sin olvidar, que neceistaremos en esa batalla de Su Gracia, pues sólo vencermos si estamos unidos a Él y viviendo en Él, a pesar de nuestros defectos, errores y pecados. Pues es Él quien nos ha elegido y llamado para ser sus instrumentos, y, por eso, nos ha dado las armas necesarias para la batalla.
Y así nos lo recordaba Jesús: "el reino de los cielos sufre violencia, y sólo los violentos lo arrebatan". La violencia que tenemos que hacernos día a día para no hacer nuestra voluntad, sino la del Padre, es la violencia que nos ayuda a alcanzar el Reino de los Cielos, para hacerlo vida aquí en la tierra.
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