sábado, 26 de junio de 2021

Creer y obedecer, esa es la cuestión

"Pero el Señor dijo a Abrahán:
-«¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: "De verdad que voy a tener un hijo, yo tan vieja”?
¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo».
El anuncio que le hacían los ángeles del Señor a Abrahán causaron risa a Sara, además de pensar que eso no era posible, pues ya era vieja para estar embarazada. Sin embargo el Señor que lee los corazones y las intenciones de cada uno comprendió la incredulidad de Sara, pero, igualmente, cumlió con su palabra y de ella nació Isaac, quizás, no por su incredulidad, sino por la fe que había en Abrahán a quien el Señor había elegido como padre de un gran nación.
Algo muy diferente a Sara lo vemos en el centurión que se acerca a Jesús para que sane a su sirviente:
"Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: "Ve" y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Además, del Don de la Fe que ve Jesús en este hombre, nos habla de la obediencia que él sabe vivir, y, que, cuando se tiene fe en Dios, cuando realmente se cree en Él, basta ese Don de la Fe, para obedecer aún en los momentos de mayor duda o dificiultad. Pues cuando hay fidelidad la obediencia, aunque cueste, se vive radicalmente.
Así también nos lo ha demostrado Jesús en todos los momentos de su vida, pero, sobre todo, en el Huerto de los Olivos, cuando el dolor de muerte llegó a su corazón y, humanamente, clamó al Padre que lo libre de ese Cáliz, y, sin embargo, quería e hizo Su Voluntad.
Los casos que nos presentan las lecturas podríamos decir que se centran en el Magníficat, pues María creyó lo increíble, y no dudó en entregarse por obediencia a la Palabra del Padre, y así alcanzó la Bienaventuranza que todos anhelamos, en la tierra y en el cielo. La disponibilidad a la Voluntad del Padre nos ayuda a alcanzar la plenitud de nuestra vida, y, aunque el camino sea arduo siempre tendremos su ayuda y su fortaleza para recorrerlo hasta el final sin perder la fe.

 

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