Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
«No temas; basta que tengas fe».
No son pocas las veces que hemos escuchado, o que hemos dicho: no tengo fe, no me alcanza la fe, no tengo tanta fe. Y, muchas veces, hemos escuchado, también, que la fe no se puede medir, pues la Fe es un Don que nos regala el Señor, y los Dones de Dios son dados en la medida en que los necesitamos, pero nunca nos da de menos, sino que, siempre, nos da de más, pues a Él nadie le gana en generosidad. ¿Tú crees que Aquél que envió a Su Único Hijo a la Cruz para darnos Vida Nueva, puede no ser generoso? Él que nos ha dado todo con su propia Vida, ¿nos dará poca fe para vivir?
Claro que es cierto que lo que experimentamos también es verdadero, y no nos basta, en algunos días, el creer en Dios, pues las cosas que vienen en nuestra vida nos superan, nos duelen, nos angustian más de lo que pensábamos. Y es ahí donde descubrimos que “no tenemos tanta fe”, que no podemos encontrar un punto de apoyo que nos ayude a levantarnos, a tener esperanza o fortaleza para poder seguir andando.
Por eso tenemos que mirar a Jesús. Sí, ¿podemos decir que Jesús tenía mucha o poca fe? En realidad, Él conocía al Padre, sabía quién era el Padre, y, sobre todo, tenía una fuerte y constante relación con el Padre, pues Él mismo decía: “no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre”. Es cierto que no nos podemos comparar con Él, pero sí, con un momento de su vida: el Huerto de los Olivos, el momento de mayor dolor para Jesús; o, incluso, en la Cruz. En los dos momentos sintió un dolor tan fuerte que quiso, en uno, pedirle al Padre que aleje de Él el cáliz del dolor, y, en el otro, se sintió abandonado: “Padre, ¿por qué me has abandonado? Sin embargo, en los dos momentos se dejó caer en las Manos del Padre, pues al conocer Su Amor, sabía que nunca lo dejaría solo, y, sobre todo, sin fortaleza para seguir, hasta el final, aceptando Su Voluntad, pues ahí estaba el sentido del conocer al Padre, ahí radica el sentido de saber que tenemos fe: podemos dejarnos caer en las Manos del Padre…
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