«¿De dónde ha salido ese cabrito? ¿No será robado? Devuélveselo a su dueño. No podemos comer cosas robadas».
Ella me aseguró:
«Es un regalo que me han hecho además de pagarme».
No la creí y, avergonzado por su comportamiento, insistí en que se lo devolviera a su dueño.
Entonces ella me replicó:
«¿Dónde están tus limosnas y buenas obras? Ya ves de que te han servido».
La duda o los prejuicios sobre los demás pueden llevarnos a destruir hermosas relaciones personales, ya sea de amistad o de familia, sobre todo, cuando nos dejamos conducir por esos prejuicios y dudas, o cuando nos dejamos llevar por "el que diran", o "lo que me dijeron", y no ponemos atención en lo que los demás me dicen. Se acentúa más y más la duda cuando algo nos aqueja el alma o cuando hay un dolor que no hemos asumido como Cruz, y, también nos va oscureciendo la razón.
Y, en ese contexto se puede ver claramente la reacción de Ana, la esposa de Tobit, cuando le replica: "¿Donde están tus limosnas y buenas obras? Ya ves de que te han servido". ¿Por qué esta réplica de ella a Tobit? Porque las buenas obras y las limosnas, y las oraciones, y los sacramentos son instrumentos para hacernos crecer en el amor, en la caridad, en la comprensión, en la fortaleza para asumir la Cruz.
Sin embargo, cuando reaccionamos dejándonos llevar por las dudas o la inseguridad, no parece que habiera caridad o comprensión en nuestras palabras, sino que estamos sólo acusando y juzgando sin detenernos a escuchar lo que nos están respondiendo, nos quedamos con "nuestra verdad" y no somos capaces de hacer oídos a lo que me están diciendo. Y eso también es falta de caridad.
Cuando, realmente, os hemos dejado conducir por el camino de la santidad, haciendo todo lo necesario para conquistarla, entonces no influyen en nosotros las dudas, prejuicios y todo lo demás, tampoco nos enceguece el dolor, ni le hacemos "pagar" a los demás lo que a mí me está pasando, sino que podemos alcanzar, o debemos alcanzar, la capacidad de ver más allá de lo que estamos viendo, o creer, sobre todo, en la palabra de aquellos a quienes queremos o a quienes estamos cuestionando con nuestras palabras.
Y, por sobre todas las cosas, no tienen que servir nuestras dudas o prejuicios para ir sembrando las mismas semillas en los corazones de los demás, porque así estaría actuando sin caridad ni misericordia y perjudicando la buena fama de las personas. Por eso, el cotilleo y chusmerío no es un acto de caridad, sino que va contra la verdad, el amor y la buena fama de las personas; además que, cuando un comentario comienza a caminar por el pueblo nunca sabemos cómo acaba, pero seguro que termina perjudicando a varios, y eso nunca se termina bien.
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