De los Sermones de san Lorenzo Justiniano, obispo
María iba reflexionando sobre todas las cosas que había
conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento
constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad
era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de
los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la
fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su
propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en
elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de
resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el
magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las
exigencias de la Palabra de Dios.
Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio,
sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas
de la sabiduría que nace de la fe. Convenía, en efecto, que la sabiduría divina,
que se iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de
María santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la
mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual.
Imítala tú, alma fiel. Entra en el templo de tu corazón, si
quieres alcanzar la purificación espiritual y la limpieza de todo contagio de
pecado. Allí Dios atiende más a la intención que a la exterioridad de nuestras
obras. Por esto, ya sea que por la contemplación salgamos de nosotros mismos
para reposar en Dios, ya sea que nos ejercitemos en la práctica de las virtudes
o que nos esforcemos en ser útiles a nuestro prójimo con nuestras buenas obras,
hagámoslo de manera que la caridad de Cristo sea lo único que nos apremie. Éste
es el sacrificio de la purificación espiritual, agradable a Dios, que se ofrece
no en un templo hecho por mano de hombres, sino en el templo del corazón, en el
que Cristo el Señor entra de buen grado.
sábado, 12 de junio de 2021
María conservaba las cosas en su corazón
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.