miércoles, 30 de junio de 2021

Confianza en Su Misericordia

"Al ver que el hijo de Agar, la egipcia, y de Abrhán jugaba con Isaac, Sara dijo a Abrahán:
«Expulsa a esa criada y a su hijo, pues no va a heredar el hijo de esa criada con mi hijo Isaac».
Las herencias siempre han sido conflictivas para todas las familias, desde tiempo inmemoriales. Como vemos, Sara la esposa de Abrahán, no quería que el otro hijo de él con la servienta, compartiera la herencia con su propio hijo. Los bienes materiales, siempre han sido, cuando no se los ha entendido como bienes pasajeros, los que han dominado la vida de los hombres, pues creemos que cuanto más bienes mejores somos.
Así, incluso, en estos tiempos, las herencias que nos dejan, sean grandes o sean pequeñas, siempre han generado divisiones en las familias. Y, generalmente, siempre hay una parte que, en silencio, como Abrahán deja hacer a la otra para no generar más conflicto.
"Abrahán se llevó un disgusto, pues era hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán:
«No te aflijas por el muchacho y la criada; haz todo lo que te dice Sara, porque será Isaac quien continúe tu descendencia. Pero también al hijo de la criada le convertiré en un gran pueblo, pues es descendiente tuyo».
Dice, un refrán: "Dios escribe derecho con renglones torcidos", y Él sabe sacar de la maldad del hombre, algo bueno para quien tenga un corazón sincero y desinteresado. Y así, volvió, Dios, ha hacer una nueva promesa al hijo de Abrahán con Agar. E, incluso, cuidó de la vida de Ismael y de Agar, en los momentos de mayor dolor y oscuridad.
Está claro que, tampoco, dejó de cumplir la promesa con Isaac de convertirlo en un gran pueblo, el Pueblo Elegido, el Pueblo de Dios.
Y ¿qué sacamos de enseñanza de estos pasajes? Creo que por lo menos dos cosas: no dejar que los celos o las envidias por las cosas materiales nos hagan tomar decisiones que luego no podamos remediar, pues cuando se abren heridas por cuestiones temporales, son heridas que se hacen eternas, y dividen y producen dolor en el corazón de todos.
Y, por otro lado, nos hace descubrir que tampoco tenemos que llegar al conflicto por esas cosas, pues no son las que van a cambiar mi vida para bien, sino que, muchas veces, nos cambian para mal. Pero si dejamos que el Señor nos muestre el camino de la reconciliación, podemos llegar a renovar la vida de un modo mejor, pero siempre en busca de la Voluntad de Dios, pues Él es quien tiene las riendas de la historia, y, de lo que ahora vemos como lo peor que nos está ocurriendo, Él va a sacar lo mejor para nuestra vida.
La confianza en la Providencia Divina es lo que nos ayuda, día a día, a intentar se Fieles a Dios sin tener que preocuparnos, como dice Jesús, "de qué vais a comer o con qué os vais a vestir", sino "ocuparnos del Reino de Dios y su justicia, pues todo lo demás vendrá por añadidura". Pues Él no abandona nunca a los que se confían a su misericordia.

 

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