"Ciertamente, nada hace el Señor Dios sin haber revelado su designio a sus servidores los profetas.
Ha rugido el león, ¿quién no temerá?
El Señor, Dios ha hablado ¿quién no profetizará?
Os transformé como Dios transformó a Sodoma y Gomorra y quedasteis como tizón sacado del incendio.
Pero no os convertisteis a mí - oráculo del Señor -.
Por eso, así voy a tratarte, Israel.
Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios".
Son fuertes las palabras que dirige Dios por medio de Amós a su pueblo. Palabras que hablan de un llamado, de una elección, pero también de una infidelidad. Palabras que hablan del dolor de Dios por el desamor de su pueblo, y, por eso, del castigo que le sobreviene por haberse alejado de su Mano.
Palabras que, para lo que estamos viviendo en estos meses, nos vienen muy bien para saber que no tenemos que olvidar lo que hemos vivido. Aunque, en realidad, si miramos a nuestro alrededor, muchos parecen haberse olvidado que hemos pasado días de mucho sufrimiento, dolor y angustia, por el miedo al contagio, a la muerte, al sufrimiento. Pero... siempre hay un pero en nuestra vida, parece que hubiese sido hace muchos años y que ya nada podrá volver a sucedernos.
Muchos se han escudado en la fe, en la relación con Dios, y, aunque pueden haber sufrido la pérdida de sus seres queridos, siguen en la lucha de cuidarse y de cuidar a los demás. Pero, para otros parece ser que el dolor de los demás no es nuestro dolor y vivimos como si ya no hubiese nada de qué preocuparnos.
¿Cuál es la nueva normalidad si todos seguimos siendo los mismos con los mismos defectos y pecados? ¿Cuál es la nueva normalidad si no hemos aprendido a cuidarnos y a cuidar a los demás? Si lo vivido no nos ha mejorado en nuestra manera de comportarnos ¿qué es lo nuevo?
Muchas veces creemos que porque hemos pintado el frente de nuestra casa ya tenemos una casa nueva, y no, sólo hemos cambiado el color del frente pero lo de adentro sigue igual.
Nosotros debemos ponernos a pensar en las palabras del Señor al Pueblo de Israel para no caer en la tentación de dejar de lado lo que hemos vivido, no acordarnos lo que hemos sufrido será un error para nuestras vidas. Sólo la sabiduría que surge del reflexionar sobre la vida y lo vivido hará que seamos verdaderamente nuevos y podamos seguir construyendo una nueva realidad. Una nueva realidad en la que no contamos con el apoyo de todos, sino que sólo contamos con nuestra decisión de cambiar, de encontrarnos verdaderamente con el Señor y ser Fieles a Su llamado y a Su Voluntad.