"Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Cuando el corazón del hombre está lleno de alegría, de gozo, de plenitud no piensa en sí mismo, sino en hacer perdurar en el tiempo aquello que está viviendo. Esa, supongo, era la sensacióno que experimentaba Pedro: la plenitud de una vida con Cristo, y por eso, quería instalar, en la cima de la montaña esas tres tiendas para que ellos, que le estaban mostrando la gloria celestial, no pasara, que siempre pudiera estar contemplando esa misma gloria y sentir esa misma sensación de un corazón lleno de Dios.
Aquél momento de la transfiguración marcó el corazón de los apóstoles, aunque, en ese momento, todavía no comprendían lo que estaban viendo, pero sí su alma estaba llena de Dios y su mente iluminada por la visión que tenían sus ojos.
Así es la fe cuando le permitimos que nos lleve a los lugares donde Dios quiere llevarnos. Pedro, Santiago y Juan no sabían que al subir al monte iban a vivir semejante momento. Quizás la subida al monte era algo costoso, si se lo hubieran prenguntado si querían o no, quizás hubiesen dicho que no. Venían de caminar mucho tiempo, y subir al Tabor no se hace en 10 minutos, sino que es mucho más largo. Pero Jesús no les preguntó si querían subir o no, simplemente los llevo a la cima del monte.
En nuestro día a día no dejamos que Jesús nos conduzca, siempre somos nosotros quienes ponemos los tiempos y los lugares a dónde ir, con quien ir y qué hacer. Y, si nos sobra tiempo, vamos al encuentro del Señor. Por eso, nuestra fe, muchas veces, no está tan llena de Luz como lo estaba el alma de Pedro, Juan y Santiago en la cima del monte. No dejamos que el Señor nos conduzca.
Dice el escritor de la carta a los Hebreos:
"Hermanos:
La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve.
Por su fe, son recordados los antiguos".
Y ¿cómo sabemos si tenemos fe o no tenemos fe? Primero, tenemos que saber y que nos quede bien claro, que la Fe la hemos recibido en el bautismo, es un Don que el Padre nos regaló y está en nosotros, pues es el mismo Espíritu Santo el que nos fue dado y nos alienta en nuestra vida de fe. Pero, también es cierto, que no siempre dejamos que Él actúe en nuestra vida, y no le damos paso al Señor para que Él sea quién nos lleve por dónde quiera.
Si lo dejásemos llevarnos veríamos cómo la Fe se va renovando, va madurando y descubrimos que en muchos momentos estuvimos, como Pedro, Juan y Santiago, cara a cara con el Señor, y querremos siempre volver a ese mismo instante y a ese mismo lugar, porque ese minuto fue esencial para mi vida, porque cambió toda mi visión, toda mi mirada, fui envuelto por la Luz de Dios que llenó mi vida y fortaleció mi Fe.
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