"En aquel tiempo, Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
«Escrito está: “Mi casa será casa de oración”; pero vosotros la habéis hecho una “cueva de bandidos”».
Hace unos días, hablando en una comida, me preguntaban por qué las iglesias católicas se van quedando sin gente y las iglesias protestantes y evangélicas van progresando, sobre todo en América Latina. Y, me parece, que, en Europa, simplemente, nos vamos alejando no sólo de la Iglesia, sino de Dios, pero son sólo apreciaciones personales.
Les contesté, pensando en las iglesias que conozco de argentina, dos cosas, sobre todo, pensando en lo que conozco de nuestra iglesia (en general, no en particular). Primero que hemos dejado de lado la Palabra de Dios. Es decir, no es que no escuchemos la Palabra de Dios, sino que no le damos el peso que tiene que tener como "Palabra de Dios", pues nos hemos acostumbrado a lo que "el mundo" dice de la Palabra; que no sirve para nuestra vida, que ya está vieja, que no es todo lo que parece, y, sobre todo, que "tú tienes que hacer lo que te haga feliz" y no lo que te digan que tienes que hacer porque "los curas" son unos retrógrados.
Y ahí está nuestro error: creemos que la Palabra de Dios es palabra de curas, y caemos en el engaño de no hacer caso a la Palabra de Dios pues hemos usado un razonamiento mentiroso: las relfexiones de la Palabra son de los curas, pero cuando leo la Biblia eso, para un creyente es ¡Palabra de Dios!.
Y, por eso, cuando desobedezco a la Palabra de Dios le desobedezco a Dios, no a los curas. Cuando no hago caso a los Mandamientos no es que no le hago caso a los curas, no le hago caso a Dios. Y así con todo lo que Jesús nos recomienda vivir desde el Evangelio.
Y, por otro lado, en nuestras Iglesias, no terminamos de vivir lo esencial de nuestra vida cristiana: "amaos unos a otros como Yo os he amado", "los paganos miraban a los cristianos y decía: ¡mirad cómo se aman! Y Dios enviaba a esas comunidades a los que debían salvarse". (Esto también es Palabra de Dios, no son inventos míos) Y no llegamos a formar comunidades de personas que se aman, no llegamos a estar unidos como verdaderos hermanos, sí quizás entre algunos, pero siempre te encuentras con envidias, rivalidades, desaveniencias, habladurías, etc. etc.
Y así, sin tener la Palabra de Dios como fuente y centre de nuestras vidas; sin vivir el Amor Verdadero que nos hace comundiades de hermanos, entonces llegamos aa que la Casa de Dios no es casa de oración, sino "una cueva de bandidos", porque no vivimos lo que Dios quiere sino como se nos da la gana: hacemos de la Casa de Dios un lugar donde lo que (casi nada) poco importa es lo que Dios quiere.
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