miércoles, 1 de noviembre de 2017

Somos los santos que el mundo necesita

Si san Pablo aún estuviera con nosotros, creo, que nos diría:
¡Feliz día a todos nosotros los santos de Dios! ¿Por qué? Porque él siempre pensó y escribió a las comunidades cristianas hablándole a los santos que las formaban. ¿Por qué? Porque al recibir el agua del bautismo hemos sido santificados por el Espíritu Santo que se nos ha dado, y a partir de ese momento la santidad es nuestra vida o, mejor dicho, nuestra vida ha de ser santa.
Éste ha sido un concepto que se nos ha ido escapando constantemente de nuestra mente y de nuestro corazón: los hijos de Dios hemos sido santificados en el agua bautismal, por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Por eso también, en el Credo, decimos que creemos en una Iglesia Santa, para muchos una irrealidad, pero no es por la santidad de sus miembros (a quienes nos falta mucho aún, porque tú también eres Iglesia) sino que es porque es el Espíritu Santo quien la sostiene, la impulsa y fortalece, y, sobretodo, porque su Cabeza es Cristo.
Así si vamos tomando conciencia de quiénes somos, no sólo que somos cristianos, hijos de Dios, sino que también somos y hemos de ser santos, puede ser que intentemos "practicar" más nuestra Obediencia a Dios, nuestro amor a Dios y al prójimo como Cristo nos amó, y todas esas cosas que nos parecen obvias pero que, en la vida diaria, no son tan obvias porque nos las olvidamos de practicar.
Y la santidad no es ser perfectos humanamente hablando, sino buscar la perfección en el amor, que es la Nueva Ley de nuestra vida. Tendremos, como dice el mismo Pablo, una lucha constante hasta que nos encontremos con el Señor cara a cara, pero mientras tanto, confiando en la Gracia de Dios seguiremos intentando, cada día y cada hora, vivir en santidad, pues esa es la esencia de nuestra vida de hijos de Dios: ser santos, vivir como santos.
Pero no ser santos de yeso o escayola que no tienen vida, que no se reíen, que no hacen nada de nada, sino verdaderos varones y mujeres que, convencidos de su propia realidad de hijos de Dios, buscan y anhelan vivir en fidelidad el llamado y la Gracia de la santidad, que todos los días imploramos la ayuda del Espíritu Santo que nos diga qué quiere nuestro Padre Dios y nos de la fuerza para vencer nuestra humanidad y vivir sergún el Espíritu. Varones y mujeres convencidos de que el Evangelio de Cristo es nuestro Camino para transformar nuestra vida y con ella la sociedad en la que el Señor nos pide vivir.
Por todo esto la Iglesia nos presenta a los santos canonizados, para que descubramos que ellos, varones y mujeres como nosotros, también han sabido "pelear" cada día con su humanidad y han ganado la batalla de vivir en Fidelidad la Vida que el Señor les pidió vivir. Son los santos nuestros modelos de vida y nuestro incentivo de cada día para saber que con la Gracia de Dios podremos, como ellos, ser los santos que el mundo necesita para que crea.

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