La liturgia siempre nos trae al final del tiempo litúrgico las profecías del final de los tiempos, no para darnos miedo de lo que va a pasar, sino como dice Jesús: "Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
¿Qué nos quiere decir con eso? Que no tenemos que preocuparnos, no tenemos que tener miedo ni comenzar a preparar nuestra defensa, sino que hemos de ocuparnos de perseverar, cada día, en nuestra fidelidad a Su Palabra, en nuestra Fidelidad a su Amor, pues será la perseverancia en la Fe lo que nos dará la Gracia suficiente para poder soportar y superar todos los obstáculos que se nos interpongan en el camino.
Pero también, en las lecturas de este final de tiempo litúrgico, vemos como la persecución religiosa existió desde todos los tiempos. No es algo nuevo ni original que se le ha ocurrido a este hombre del siglo XXI. Pero que, a pesar de que siempre hay quienes buscan deshacerse de Dios y quieren quitarlo del medio de sus vidas, siempre triunfa su amor y sus Fieles.
Es así que, en todo momento, Dios nos vuelve a recordar que lo importante es confiar en Su Providencia que es lo que siempre ha estado y estará a favor del hombre de fe. El hombre del mundo siempre estará en el camino de la maldad y de la muerte, buscando la destrucción de lo que no entiende o de lo que no quiere entender. En cambio aquél que ha descubierto en Dios el sentido y el sostén de su vida siempre tendrá un motivo más para perseverar y seguir confiando.
"Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Es cierto que, muchas veces, nos sentimos solos y alejados de la mano de Dios, pero no es que Él nos haya dejado o se haya alejado de nosotros, sino que necesitamos "esforzarnos" por estar más cerca, por elcanzar un "escalón" más en nuestra maduración de la vida de la fe, en nuestro "ascender" en el espíritu para alcanzar el consuelo y la fortaleza que necesita nuestra alma.
Es por ello que, cada día, hemos de pedir la Gracia de la perseverancia: perseverancia en la oración, en la fidelidad, en el testimonio, en la vida de fe, amor y esperanza, para que siempre estemos fortalecidos por la Gracia que se nos da para seguir madurando en nuestra vida de fe.
bieeennn aahhiii nestor fabian, acertadicimo en la fe ke profesamos, bella reflexion, ayudame desde donde estes xfi, con tu oracion, a seguir misionando con nstra madrecita santa, bessiisss y abrazo grandotote como tu humanidad, ale
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