viernes, 13 de mayo de 2016

¿Me amas más que éstos?

"Jesús... le dice a Simón Pedro: – «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Si bien este relato me parece hermoso por la cercanía de un diálogo a corazón abierto, no deja de hacerme pensar en aquellas veces que nuestros padres o abuelos o tíos nos preguntaban cuando éramos pequeños: "¿me quieres más que a papá o...?" "¿hasta dónde me quieres?" Eran preguntas para ponernos en evidencia por si no los queríamos o eran preguntas para quedar ellos más orgullosos porque eran los más queridos?
En nosotros puede haber muchas más razones para que aquella persona a la que queremos nos demuestre su amor, y podamos estar seguros. Pero en Jesús no es así, como le dice al final Pedro: "Señor, tú lo sabes todo, sabes que te amo". Él sabe cuánto le amamos y cuánto estamos dispuestos a hacer por amor a Él.
Somos nosotros quienes necesitamos expresar, con sinceridad nuestra adhesión al Señor. Porque, como vemos en las tres preguntas, no es una simple adhesión como quien se adhiere a un partido político, o firma una solicitud en un club de futbol, sino que es una relación de amor, de entrega y pertenencia del uno al otro. No es un simple formar parte de, sino que es una relación total de amor sincero, el más puro amor.
Y ¿por qué amarlo más que los demás? Por aquello que el mismo Padre nos decía por Moisés: "ama a Dios sobre todas las cosas", por que Él es la fuente del Amor, de la Vida. O mejor dicho, es nuestra Fuente de Amor, de Vida, Él es nuestra Esperanza.
Pero para poder recibir de Él todo aquello que necesitamos nuestro corazón no tiene que estar divido: "no se puede amar a Dios y al mundo", "no se puede tener dos amos porque el corazón estará dividido, terminará amando a uno y odiando al otro".
Por eso las tres preguntas van dirigidas a nosotros: "Tú, que dices ser hijo de Dios ¿me amas más que éstos?" ¿Cuál sería nuestra respuesta? Pero, no podemos hoy, en estos tiempos tener una respuesta tan rápida y superficial. Porque a veces respondemos rápidamente sin ponernos a pensar las consecuencias, respondemos para no quedar mal, o por un simple impulso. En esta pregunta va implícita una responsabilidad: apacentar su rebaño, cuidar sus ovejas: es decir, ser apóstol, discípulo, ser Fieles a la Vida que Él nos ha dado por Amor a nosotros. Y, si decimos que lo amamos más que los demás, tenemos que saber que: "En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras", esto es la obediencia a Dios por sobre todas las cosas.
Sí, el Amor nos ata las manos al Amado, y no es esclavitud, sino que es amor de pertenencia, pues nadie más que el Amado busca el mayor bien para el enamorado.

jueves, 12 de mayo de 2016

Ser Uno en el Espíritu y por el Espíritu

Hoy el Salmo nos dice:
"Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha".
Y este es el sentido de nuestro estar en Dios, de leer y escuchar Su Palabra, de escuchar y aceptar la Palabra de Jesús: conocer el Camino de la Vida, para gozar de alegría perpetua junto a Él. Creo que es el deseo de todos los que hemos aceptado la llamada de Dios a seguir este Camino: ser cristianos.
Escuchando Su Palabra descubrimos hoy cuál es el deseo de Jesús, que es el deseo del Padre para nosotros:
"Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí".
La Unidad entre nosotros es lo que nos identifica como hijos de Dios, seguidores de Cristo, como cristianos; es la realidad que Jesús quiere que vivamos para que el mundo crea que somos miembros de Su Cuerpo, para que el mundo crea que en Jesús como enviado de Dios, como el Mesías, como el Salvador.
Es por eso que nos envió el Espíritu Santo para que todos tengamos el mismo espíritu, pues es el Espíritu el que nos hace "llamar a Dios ¡Abba! ¡Padre!", dándonos así el don de la filiación divina, haciendo de nosotros, de todos, hermanos bajo un mismo Padre.
Pero, claro, el Espíritu Santo no es mágico, sino que Él actúa si nosotros lo dejamos actuar, si lo dejamos inspirarnos sentimientos de amor, de respeto, de perdón. O mejor dicho, y perdonadme, si a los sentimientos que Él nos inspira le hacemos caso y obedecemos sus inspiraciones, pues el Espíritu siempre busca lo que el Hijo y el Padre desean en nosotros: que nos amemos como hermanos y seamos Uno para que el mundo crea y alcance la salvación.
Es el mismo Espíritu quien nos puede ayudar a morir a nosotros mismos para poder limar las diferencias que hay entre nosotros, porque cuando estamos atados a nuestros egoísmos, vanidades y deseos del mundo, no podemos descubrirnos como hermanos y ayudarnos, con Su Gracia, a buscar Caminos de Unidad, de Paz, de Perdón para que juntos construyamos un Reino de Personas que se Aman.
Cuando el espíritu del mundo es quien maneja nuestras vidas siempre habrá rivalidades, envidias, enemistades, apetitos de poder que impidan la armonía en la familia, la pareja, la comunidad. Cuando el espíritu del mundo actúa en nuestra vida, aunque creamos que somos muy cristianos, en realidad no lo somos porque no formamos un solo Cuerpo con nuestros hermanos, sino que somos destructores de comunidades y no testigos del Amor de Dios.,
Dejemos que el Espíritu Santo llene nuestros corazones con su Luz, su Poder y su Fuego queme nuestro pecado y encienda nuestros deseos de Fidelidad a Dios y a su Hijo, Nuestro Señor.

miércoles, 11 de mayo de 2016

Las injurias ayudan a seguir en la Verdad

Ayer celebramos el día de San Juan de Ávila, tuvimos una conferencia de nuestro Obispo D. Ciríaco (que está cumpliendo sus 50 años sacerdotales) y después de la conferencia tuvimos un recreo. Algunos nos fuimos a tomar un café. Cuando volvíamos de tomar el café, éramos 5 o 6, nos cruzamos con una señora y un señor. Cuando la señora nos vio comenzó a hablar en contra de nosotros, los curas, saliendo de su boca barbaridades contra nosotros, creo que lo único que no dijo es que éramos lindos (aunque algunos no lo eran jajajaja)
Cuando llegué a casa pensaba en ese hecho, que no dejó ninguna secuela en mí, ni siquiera me molestó que me insultaran tan gratuitamente. Pero sin embargo me llevó a estar agradecido el recibir tantos insultos en el día del sacerdote. No es que sea masoquista, ni que me gusta que me insulten. Pero pensaba que así tenía también que haber sido lo que Jesús (en mucha más medida que yo) había recibido cuando iba con la Cruz a cuesta, cómo la gente lo insultaba y lo escupían por la calle, aún viéndolo ir a la muerte.
Es cierto que en nuestro rubro: sacerdotal habemos algunos que no somos santos, y otros que lo son menos. Pero también hay gente que se gasta la vida por los demás.
Pero como estamos en esta sociedad tan liberal, de libre pensamiento y, sobre todo, de libertad de lengua (por que eso no es libertad de expresión muchas veces) hay que soportar todo, aunque nunca tengamos, otros, libertad de expresión.
Aún me queda mucho para tener espíritu de mártir, pero no tengo intención de responder a insultos ni en la calle ni en ningún lugar, pues se cómo es mi vida y qué es lo que quiero vivir. Se que el Señor me ha llamado para vivir este estilo de vida y trataré de defenderlo porque es mi Vida, no es un trabajo, no soy un funcionario, soy un sacerdote que intenta, desde su pobreza espiritual, hacer lo mejor que puede la Voluntad de Dios.
Que a muchos no les gusta lo que predicamos, no nos escuchen. No les gusta la manera de vivir, no nos miren. Pero no pretendan cambiar algo que hemos elegido con voluntad y conciencia, pues es nuestra elección.
Pero se que todo esto es por algo, y ya Jesús lo decía en el Evangelio:
"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad»
Falta mucho camino por recorrer para alcanzar la santidad, pero he recibido los insultos como un regalo a que estamos yendo por el Buen Camino. Por eso agradezco que el Señor haya puesto a esa mujer en el camino para que me ayude a estar más seguro de lo que quiero vivir, porque parece ser que estamos viviendo en la santidad de la Verdad.

martes, 10 de mayo de 2016

Nuestra misión: ser testigos de la Vida

Impacta al corazón leer el testimonio de San Pablo:
"Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios".
Impacta por un lado la conciencia y la disponibilidad al Espíritu Santo: "como encadenado por el Espíritu". A lo largo de su vida, y hasta me podría animar a decir que también antes de su conversión, Pablo era un fiel servidor del Señor: antes de su conversión era un celoso defensor de la Ley y los Profetas, y al convertirse se hizo un Apóstol del Señor, y con la misma fuerza de dejó conducir por el Espíritu Santo.
Además impacta la fortaleza de saber que el Espíritu no lo privará de sufrir por el nombre de Jesús, y eso no le importa, al contrario lo ha asumido como parte de su vida, y se siente agradecido "por padecer con Cristo y por Cristo", porque sabe que eso también es parte del Camino, y que no hay Resurrección sin Cruz y Muerte. Por eso nos ayuda a descubrir que si unimos nuestro dolor al Dolor de Jesús, nuestro dolor se hace Gracia de salvación para muchos.
"Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús", una hermosa frase que hoy la vemos reflejada en miles de hermanos nuestros que han sufrido el martirio en tierras lejanas, en miles de hermanos nuestros que sufren una persecución constante por ser cristianos. Y, nosotros, muchas veces no podemos dejar de lado nuestros deseos por seguir a Cristo; no podemos renunciar a una hora de nuestras vidas por ir a Misa o por hacer un Rosario, ¡cuánto menos podremos dar la vida antes que renunciar a nuestra fe!
Nuestra misión, como la de San Pablo: "dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios", una Gracia de Dios que nos ha sido comprada al precio de la sangre del Hijo Único de Dios, por eso la tenemos que cuidar y proteger, amar y entregar, porque la Gracia, la Vida que hemos recibido es para nosotros y para entregarla, la recibimos para llevarla al mundo, porque así como el Hijo vino para darnos Vida, así nosotros habiendo recibido la Vida del Hijo, somos portadores de esa Vida para el mundo. Recordando que "estamos en el mundo, pero no somos del mundo", vivimos en el mundo pero somos de Dios.
"Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado".

lunes, 9 de mayo de 2016

Razones para creer

"Allí (Pablo) encontró unos discípulos y les preguntó: – «¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?». Contestaron: – «Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Aunque esta frase lleva ya más de 2000 años en la Sagrada Escritura, yo creo que si la hacemos a algunos cristianos nuestros, también dirían la misma respuesta. Y no porque no hayan recibido el bautismo del Espíritu Santo, porque ese lo hemos recibido todos los que hemos sido bautizados, sino porque no hemos seguido madurando en nuestra fe.
Tampoco es que tengamos que ser doctores en teología o esas cosas, ni mucho menos, sino que es muy poco tiempo lo que le dedicamos a las lecturas espirituales que nos ayuden a madurar nuestra fe, y a encontrar razones para creer y, sobre todo, a encontrar razones para defender nuestra fe.
Muchos se han quedado en las razones que se han aprendido (si algo se ha aprendido) en la catequesis de comunión, otros muchos no han llegado a la catequesis de confirmación. Y esos conceptos son buenos para esos años, pero no son "fuertes" para los años que comenzamos luego a vivir, porque la vida nos exige estar fuertes, poder dar razones de lo que tengo que vivir o de lo que debo vivir, porque el cristianismo no son ideas, sino que es vida a ser vivida; pero para aceptar un estilo de vida tal tengo que tener razones para hacerlo o no hacerlo.
Hoy por hoy, se acepta cualquier estilo de vida sin fundamento, simplemente porque me gusta o queda bien, o es la moda y nadie lo cuestiona y, es más, se defienden a capa y espada. Pero si hablamos de ser cristianos "en serio" todo es cuestionado, todo es ridiculizado y, para colmo, muchas veces no tenemos argumentos para defender el por qué vivo lo que vivo.
Es cierto, también, que el Espíritu Santo nos inspirará en el momento adecuado, pero también es cierto que, personalmente, necesito razones para creer, necesito estar en relación constante con el Espíritu Santo y no sólo pedirle, sino que hacer un esfuerzo para madurar mi vida de fe.
"Les contestó Jesús: – ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
No permitamos que las luchas que el mundo quiere tener con nosotros nos lleve a perder la fe, sino todo lo contrario, busquemos respuestas y maduremos en la fe, para defender aquello que nos da Vida y aquello que creemos.

domingo, 8 de mayo de 2016

Después de la ascención

"Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. 
Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios".
Después que Jesús asciende a los Cielos los discípulos "volvieron a Jerusalén con gran alegría", una hermosa sensación para recordar y tratar de imitar cada día que nos encontramos con Jesús. ¿Por qué volvieron alegres a Jerusalén? Porque habían visto cumplidas las promesas y las palabras de Jesús, palabras que, como decían los discípulos de Emaús "hacían arder el corazón", palabras que encendidas por el fuego del Espíritu los hicieron entregar su vida en todo momento.
Esa es también nuestra realidad: saber que las Palabras del Señor son Verdad y Vida, y que, con la fuerza del Espíritu Santo se hacen vida en nosotros, y, nosotros, como los apóstoles hemos de seguir encendiendo la llama de la Fe, con alegría, con esperanza, con convicción, porque, como dice San Pablo:
"Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza".
Hemos sido iluminados y si lo seguimos a Cristo es porque sabemos cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados, confiamos en Su Palabra y en Su Amor, y queremos y deseamos compartir con nuestros hermanos "la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros".
Él ha ascendido a los Cielos, pero nos ha dejado a nosotros para que traigamos el Cielo a la Tierra, para que viviendo en la esperanza y según Su Voluntad, podamos hacer que el Reino vengo a la Tierra como rezamos cada día: "venga a nosotros tu reino", un Reino de Paz, de Verdad, de Justicia, pero, fundamentalmente de fraternidad, un Reino de personas que se aman porque han gustado y experimentado el Amor de Dios.
El altar de la eucaristía es el monte de la ascensión, por eso cada vez que nos encontramos con Jesús nos alimentamos con Su Vida, para que, al volver a nuestras casas, llevemos la alegría de sabernos unidos a Él en cuerpo y alma, y por el camino vayamos sembrando los frutos de esa alegría pascual.

sábado, 7 de mayo de 2016

Relaciones comerciales

Hoy me gustaría quedarme sólo con una frase del evangelio de hoy:
"Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios".
Quizás la escuchamos muchas veces, aunque a veces sucede que no terminamos de escuchar todo lo que se nos dice, y, por eso, se nos pasan cosas de largo. Y esta frase en particular me parece muy hermosa porque Jesús nos cuenta que el sabe que lo queremos y, nos vuelve a afirmar, que el Padre nos quiere, por eso no hace falta de intermediarios para hablar con Él.
Estas pequeñas frases nos hacen tomar conciencia que nuestra relación con el Padre y el Hijo no es una relación "formal", sino una relación de familia, una relación de amor recíproco. Esto nos tendría que ayudar a dejar de lado las "relaciones comerciales" que tenemos con Dios, con el Padre o el Hijo o cualquiera de las personas divinas o santos intercesores.
¿A qué le llamo relación comercial? A aquellas que tenemos muchas veces: yo te pido tal cosa y si lo haces te ofrezco tal otra. Y no es así, en la familia, en la pareja, entre los amigos o nos queremos tal y como somos o no nos queremos. Es el amor simple y puro el que hace que no tengamos necesidad de "comprar" favores, pues el otro sabe lo que necesito y lo que me hace feliz, y siempre estará junto a mí, cuando lo necesite o cuando no.
Siempre me resultaron muy penosas esas "relaciones comerciales" con Dios, más cuando se hacen grandes sacrificios o cuando se cree que con tantos sacrificios o "pagos" Dios va a hacer lo que yo quiero. Lo que pasa es que si Dios no hace lo que yo quiero, ya, en ese preciso instante, deja de ser Dios, deja de ser Padre, y, como se dice habitualmente "te he dejado de amar".
¿Tan poco vale el amor? ¿Tan rápido puede disolverse o perderse una relación de amor de años? Si de un día para otro ya no hay amor ¿había verdadero amor? Si por algo que no me diste perdí el amor ¿era amor real?
O, quizás no hemos conocido verdaderamente al otro, no hemos hablado con él, no hemos compartido la vida y por eso, lo que sentimos no es amor, quizás sólo sea un sentimiento pasajero de conveniencia.
"Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente", dice Jesús. Escuchemos sus Palabras, tengamos un diálogo profundo con Él, para que no sólo lo conozcamos superficialmente sino que podamos sentir su corazón y descubrir que su Amor es tan verdadero, como es verdadera nuestra vida. Y así, dejándonos seducir por él podamos dejar de lado las relaciones comerciales, y vivir un profundo amor de pertenencia que nos lleve a ser Fieles cada día a su Amor, y a nuestro amor.