martes, 7 de octubre de 2025

Virgen del Rosario

En este día de la Virgen del Rosario la lectura de los Hechos de los apóstoles nos lleva aquellos días, después de la crucifixión de Jesús, cuando los apóstoles, por miedo, se reunían a rezar, y en medio de ellos estaba María, la Madre de Jesús y nuestra Madre. Esa imagen es la que se me hace que podemos llegar a pensar cuando estamos rezando el Rosario: María está junto a nosotros, acompañándonos mientras meditamos los misterios de la vida de Jesús y de María, y, sobre todo, donde intentamos elevar nuestra mente y nuestro espíritu hacia Dios.
Porque, a veces, nos olvidamos que en todas las oraciones, ya sean las hechas (Padre nuestro, Ave María, Gloria, Rosario, Via Crucis, etc.) siempre estamos elevando nuestra alma a lo Divino y sobrenaturalizando lo natural, pues en cada rezo o diálogo que tenemos con las personas divinas, ellas están junto a nosotros.
La oración es la que nos lleva al diálogo con el Padre, o el Hijo, el Espíritu Santo, o con la Madre que intercede por nosotros, o los santos que también llevan nuestras oraciones hasta el corazón del Padre.
Queremos, está claro, que nuestra oración sea escuchada y se haga lo que pedimos, pero no siempre, como dice san Pablo, sabemos pedir lo que nos conviene. Pero lo que es cierto que siempre nuestra voz es escuchada en los Cielos, aún cuando no digamos nada porque el Espíritu que habita en nosotros y nuestro Ángel custodio siempre están llevando nuestros deseos y necesidades al corazón del Padre.
El Rosario, que es el arma que nos ha dado La Madre, nos ayuda a contemplar y recordar la vida de Jesús y María, son misterios que nos llevan a los momentos más importantes de sus vidas y que lo son para nosotros porque en ellos el Padre comenzó la tarea de nuestra salvación. Así mientras desgranamos las cuentas del Rosario meditando cada palabra, le vamos entregando al Padre por manos de María nuestro tiempo, nuestra vida para que esa oración ayude a quienes lo necesita, interceda por nosotros y por la salvación del mundo, trayendo la paz a nuestro corazón y, por medio de nosotros, a cuántos el Padre quiera dársela.

lunes, 6 de octubre de 2025

Quien es el prójimo?

 De Benedicto XVI, papa


La parábola del buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37) nos lleva sobre todo a dos aclaraciones importantes. Mientras el concepto de “prójimo” hasta entonces se refería esencialmente a los conciudadanos y a los extranjeros que se establecían en la tierra de Israel, y por tanto a la comunidad compacta de un país o de un pueblo, ahora este límite desaparece. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora. La Iglesia tiene siempre el deber de interpretar cada vez esta relación entre lejanía y proximidad, con vistas a la vida práctica de sus miembros.

En fin, se ha de recordar de modo particular la gran parábola del Juicio final (cf. Mt 25, 31-46), en el cual el amor se convierte en el criterio para la decisión definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida humana. Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde, encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios.

domingo, 5 de octubre de 2025

Pedir lo necesario

 “En aquel tiempo los apóstoles le dijeron al Señor: Auméntanos la fe”!.

Muchas veces ese es también nuestro pedido al Señor, pues vemos que no tenemos suficiente fe, o que hay personas que tienen más fe que nosotros. ¿Por qué es eso? La fe no se mide por cantidades, ni por peso, ni si hay más o menos. La Fe es un Don De Dios y los dones De Dios siempre son abundantes, Dios no es mezquino para darnos lo que necesitamos.

Y, entonces ¿qué es lo que pasa? Es que no sabemos, por un lado, madurar en la fe recibida, ni usar la fe que nos ha sido dada.

Por eso, el Señor les pone esa comparación o exhortación a los apóstoles:

«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería”.

Por que no hace falta la cantidad, sino saber usarla, saber madurar en nuestra vida de fe: creer no sólo es creer, sino también madurar en una relación con el Señor que me permita conocer cómo habla, cómo expresa Su Voluntad, cómo quiere que viva, cómo escucharlo, todo eso me permitirá “usar” la fe que Él me ha regalado, pues sabiendo qué es lo que quiere podré tener la fe suficiente para pode realizar o aceptar lo que Él me está pidiendo.

Lo que pasa es que creemos que la fe es una llave que abre las manos De Dios para que Él me de todo lo que yo quiero en el momento que lo necesito, y eso no es la fe, eso es querer utilizar el poder De Dios para lo que me interesa. Que es los que, muchas veces, se hace con los padres de la tierra: utilizo el cariño que me tienen para poder, por medio de caprichos, tener lo que quiero. Pero nuestro Padre Dios, es un Padre, sí amoroso, pero no sólo sabe lo que quiero, sino, sobre todo, sabe lo que necesito, porque el Espíritu Santo que hay en nosotros está en permanente relación con el Padre y le cuenta cómo soy y qué necesito. Por eso, dirá san Pablo: dejemos que el Espíritu nos ayude a orar como debemos, y nos enseñe de ese modo a pedir lo que necesitamos.

Porque dice el Señor al final de la parábola del “pedid y se os dará” ¡cuánto más el Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiera! Y ahí está nuestra mejor oración, dejar que el Espíritu Santo hablen en nosotros para que nos enseñe qué es lo que El Padre quiere, y hable por nosotros para pedir lo que verdaremente necesitamos para ser Fieles a la Voluntad De Dios.

sábado, 4 de octubre de 2025

Debemos ser sencillos

 Carta de San Francisco de Asís dirigida a todos los fieles


La venida al mundo del Verbo del Padre, tan digno tan santo y tan glorioso, fue anunciada por el Padre altísimo, por boca de su santo arcángel Gabriel, a la santa y gloriosa Virgen María, de cuyo seno recibió una auténtica naturaleza humana, frágil como la nuestra. Él, siendo rico sobre toda ponderación, quiso elegir la pobreza, junto con su santísima madre. Y, al acercarse su pasión, celebró la Pascua con sus discípulos. Luego oró al Padre diciendo: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz.

Sin embargo, sometió su voluntad a la del Padre. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, a quien entregó por nosotros y que nació por nosotros, se ofreciese a sí mismo como sacrificio y víctima en el ara de la cruz, con su propia sangre, no por sí mismo, por quien han sido hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Y quiere que todos nos salvemos por él y lo recibamos con puro corazón y cuerpo casto.

¡Qué dichosos y benditos son los que aman al Señor y cumplen lo que dice el mismo Señor en el Evangelio: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, y al prójimo como a ti mismo! Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y con mente pura, ya que él nos hace saber cuál es su mayor deseo, cuando dice: Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad. Porque todos los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y verdad. Y dirijámosle, día y noche, nuestra alabanza y oración, diciendo: Padre nuestro, que estás en los cielos; porque debemos orar siempre sin desanimarnos.

Procuremos, además, dar frutos de verdadero arrepentimiento. Y amemos al prójimo como a nosotros mismos. Tengamos caridad y humildad y demos limosna, ya que ésta lava las almas de la inmundicia del pecado. En efecto, los hombres pierden todo lo que dejan en este mundo tan sólo se llevan consigo el premio de su caridad y las limosnas que practicaron, por las cuales recibirán del Señor la recompensa y una digna remuneración.

No debemos ser sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros. Nunca debemos desear estar por encima de los demás, sino, al contrario debemos, a ejemplo del Señor, vivir como servidores y sumisos a toda humana criatura, movidos por el amor de Dios. El Espíritu del Señor reposará sobre los que así obren y perseveren hasta el fin, y los convertirá en el lugar de su estancia y su morada, y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras imitan; ellos son los esposos, los hermanos y las madres de nuestro Señor Jesucristo.

viernes, 3 de octubre de 2025

Estad siempre alegres en el Señor

 Del tratado del Pseudo-Ambrosio sobre la carta a los Filipenses.


Estad siempre alegres en el Señor

Como acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: “Estad siempre alegres en el Señor”. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello, añade el Apóstol: “Os lo repito, estad alegres”.

Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios.

“Que vuestra mesura la conozca todo el mundo”, es decir, que vuestra santidad de vida sea patente no solo ante Dios, sino también ante los hombres; así seréis ejemplo de modestia y sobriedad para todos los que en la tierra conviven con vosotros y vendréis a ser también como una imagen del bien obrar ante Dios y ante los hombres.

El Señor está cerca. “Nada os preocupe”: el Señor está siempre cerca de los “que lo invocan sinceramente”, es decir, de los que acuden a él con fe recta, esperanza firme y caridad perfecta; él sabe, en efecto, lo que vosotros necesitáis ya antes de que se lo pidáis; él está siempre dispuesto a venir en ayuda de las necesidades de quienes lo sirven fielmente. Por ello, no debemos preocuparnos desmesuradamente ante los males que pudieran sobrevenirnos, pues sabemos que Dios, nuestro defensor, no está lejos de nosotros, según aquello que se dice en el salmo: “El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor”. Si nosotros procuramos observar lo que él nos manda, él no tardará en darnos lo que prometió.

“En toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios”, no sea que, afligidos por la tribulación, nuestras peticiones sean hechas —Dios no lo permita— con tristeza o estén mezcladas con murmuraciones; antes, por el contrario, oremos con paciencia y alegría, “dando constantemente gracias a Dios por todo”.

jueves, 2 de octubre de 2025

Ellos te cuidarán

 De los sermones de San Bernardo


A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos». Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.

Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.

En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.

Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.


miércoles, 1 de octubre de 2025

En el corazón de la Igkesia seré el amor

De Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia


Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.


Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.


Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mí misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.


Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé: «Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado».