Decía Herodes sobre Jesús:
«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?». Y tenía ganas de verlo".
Esta frase me hizo pensar en las cosas que hace la gente por ver a algún famoso, por seguir sus vidas, y las cosas raras que hacen los más seguidores: se tatúan sus rostros en la piel, se cortan el cabello como ellos, gastan fortunas por verlos en conciertos, estadios, etc. A veces el canto de sirena que produce la fama desquicia a las personas, quizás porque quieren ser como ellos, quizás porque compartir sus locuras los saca del ritmo triste de la vida, o vaya a saber qué cosas suenan en sus cabezas.
Herodes solamente tenía ganas de verlo por la fama que se había hecho sobre Jesús, sus milagros, sus palabras, sus seguidores. Pero todo brotaba de la vanidad que había en él, no había mayor deseo que saber quién era o qué era Jesús, porque tanto se hablaba y tantas teorías se manejaban sobre su vida que había que conocerlo.
Y es lo que trae la vanidad consigo: la superficialidad de la vida, conocer por conocer, creer que por peinarnos como tal podemos llegar a ser tal o cual, vivir sin pensar que lo que estoy viviendo es una falsa vida, y quedar por dentro tan vacío como siempre cuando caigo en la verdad de lo que estoy viviendo.
Todas esas cosas nos llevan a vivir un descontrol que no nos deja pensar en lo que estamos haciendo, en cómo estamos viviendo. La rapidez de los días hacen que queramos vivir todo de golpe, y por eso no interesa cómo lo vivamos sino las sensaciones que deja en nuestro interior, aunque más no sea una sensación de ese momento porque se que dos días más tarde volveré a tener otra sensación que me lleve a la euforia nuevamente.
Y todo pasa. Y todo se acaba. Y la vida continúa. Hasta que de pronto la vida nos golpea y vemos que no hay mucho de donde "rascar" para hacer frente al dolor, a la cruz. Por eso la lectura del Eclesiastés nos invita a descubrir la vanidad del tiempo que vivimos, que si no somos capaces de vivir desde el interior y desde Dios, todo será vacío y nada.
Jesús no sólo quiere que lo descubramos, sino que quiere que aprendamos a vivir desde una realidad profunda y llena de valores que tornan nuestra vida con un sentido de eternidad, haciendo que cada cosa y situación que vivamos nos permita crecer, madurar y alcanzar la perfección que nuestro ser anhela, una perfección personal, propia y no alquilada o imitada.
jueves, 24 de septiembre de 2026
Vanidad de vanidades
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