viernes, 4 de septiembre de 2026

Administradores fieles

"Hermanos:
Que la gente solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, lo que se busca en los administradores es que sean fiel".
Cuando descuidamos nuestra relación con Dios, con el Padre, o con el Hijo, y, sobre todo con el Espíritu, nos vamos adueñando de los bienes que Ellos nos han regalado para distribuir y es ahí cuando ya no nos consideramos administradores de los bienes de Dios, sino que nos hacemos dueños de la Gracia. Somos nosotros quienes decidimos a quien sí y a quien no le corresponde tal o cual gracia, nos convertimos en dueños, jueces y verdugos de los demás, siendo que debemos ser hermanos y servidores de nuestros hermanos.
El pecado original nos ha dañado tanto y el príncipe de este mundo está tan ávido de destruir la obra de Dios que cada día nos tienta sin darnos cuenta y nos hace caer en la trampa de siempre: el apetito de poder que se apodera de nosotros y nos impide ser fieles a la Voluntad de Dios y nos hacemos fieles a nuestros propios gustos, instintos, deseos, apetitos, etc. Dejamos de lado la verdad, lo bueno, lo que debemos hacer por lo que queremos hacer y por lo que queremos ser sin tener en cuenta lo que Dios nos está mostrando y pidiendo que vivamos.
Por eso, cuando Jesús nos habla de los remiendos se refiere a esto: no siempre nos convertimos en nuevas personas, sino que vamos poniendo algunos remiendos a nuestra vida sin tener en cuenta que esos remiendo se caen, se rompen, y dejar a la vista lo que verdaderamente somos.
«Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque, si lo hace, el nuevo se rompe y al viejo no le cuadra la pieza del nuevo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán.
A vino nuevo, odres nuevos".
Y eso es lo difícil en nuestra vida: mantenernos fieles a la Voluntad de Dios que nos exige, día a día, un paso más en la conversión del corazón para que la novedad del Evangelio permanezca viva y eficaz en nuestras vidas, para que lo que el Padre quiere que hagamos y transmitamos sea Su Palabra y no la nuestra, pues su Palabra da Vida y la nuestra no.

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