miércoles, 17 de febrero de 2016

Fe para vivir o Fe vivida

"Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los , también el Hijo del hombre lo será para esta generación".
¿Cuando Jesús se enfada deja de ser misericordioso? ¿Cuando Jesús dice cosas como esta (generación malvada) deja de vivir el amor con la gente? No siempre nos gusta que nos digan las cosas de este modo, pero si no nos lo dicen de manera fuerte muchas veces no comprendemos o no cambiamos nuestra conducta. Y aún así nos hacemos los sordos para no oír lo que se nos quiere decir.
Es cierto que Jesús para llamar la atención de la gente y poder tener su atención manifestó su poder taumatúrgico (de curar y hacer milagros) pero no era ese el fin de su misión. Pero, también es una realidad, los hombres necesitamos signos concretos, somos muy pragmáticos en muchas cosas, y, sobre todo, cuando se trata de nuestra vida sobrenatural necesitamos "signos" para poder convencernos de lo que no queremos ver.
Por eso Jesús se enfadaba con la gente, no porque no quisiera darles signos, sino que habiéndoles mostrado Quién es seguían pidiendo más, es decir, no estaban contentos con todo lo que habían visto y oído, por lo tanto ¿estaban dispuestos a creer?
Cuando buscamos tantos signos y tantos gestos es porque no queremos ver lo evidente, o lo que ya sabemos que es. En orden a la vida de fe tenemos que entender que la fe no es sobre lo que vemos, sino sobre lo que no vemos; si tengo delante de mis ojos un ordenador o computadora (porque ahora estás leyendo esto) no tengo que tener fe en que puedo tener un ordenador, porque lo tengo delante de mis ojos.
Dios, día a día, minuto a minuto, va manifestándonos su Amor, su Voluntad, con gestos, con señales que no son, claro, las que nosotros quisiéramos pero son las que necesitamos para fortalecer y madurar nuestra fe. Por eso hemos de estar siempre atentos, pues Él no está a nuestro servicio para hacer lo que yo quiera, sino que me va acompañando a vivir en Su Voluntad, pues yo he aceptado seguirlo.
Sí, nuestra vida cristiana es un seguir a Cristo, y seguir a Cristo es vivir como Cristo, y vivir como Cristo es hacer la Voluntad de Aquél que me ha enviado. Por eso Él mismo nos dijo: "así como el Padre me envió a mí yo también os envío". Y por ese mismo motivo se quedó con nosotros, para alimentar nuestra vida de fe, sostenernos en la esperanza de lo que creemos, y fortalecernos en el Amor.
¿Cuál fue el signo de Jonás que se vimos en Jesús? Su muerte y resurrección que fue prefigurada en los tres días que Jonás estuvo dentro del vientre del animal. Así no buscamos poner nuestra confianza en los signos, sino en la Vida de Aquél que por Amor resucitó de entre los muertos y hoy vive por nosotros, para nosotros y con nosotros, para que nosotros vivamos con Él, para Él y por Él.

martes, 16 de febrero de 2016

La oración es un diálogo entre dos

"Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados".
La vida natural y la vida sobrenatural siempre se identifican, es decir, lo que yo vivo como persona con los demás, también lo vivo como persona con Dios (o con las Divinas Personas) Por eso Jesús nos dice; cuando oren, no hablen mucho...
Hay quienes no dejamos de hablar en todo el día, y creemos que por que hablamos mucho o porque ponemos palabras difíciles somos mejor escuchados o que nos van a escuchar más por que somos más inteligentes. O, también, hay quienes no dejamos que el otro hable, no nos damos cuenta que en un diálogo hay que dialogar y no monologar, que es muy distinto.
Claro, es que, me parece, que no hemos entendido que las Personas Divinas son eso "personas", divinas, pero personas. Y que, además, son capaces de conocerme antes de que yo me conozca. Es cierto que necesito, aunque me conozcan "desde el viente de mi madre" hablar con ellas, dialogar, porque el diálogo con el otro es lo que nutre a la persona, la alimenta, la enriquece, pues el compartir la vida nos da vida. Y si con quien compartimos la vida tiene Vida Eterna ¡cuánto más se enriquece mi vida!
Por eso en la oración es bueno, como en la relación personal con los otros, el silencio, el aprender a escuchar lo que el otro me quiere decir, lo que el otro quiere compartir conmigo.
A veces somos aquellos que no queremos escuchar porque, "decimos", que no nos gustan los consejos o que "como a mi no me gusta dar consejos, no quiero que me los den", pero lamentablemente no vivimos encerrados en una cueva sin relación con nadie, y por eso, mis hermanos (por mandato evangélico) se ocupan de mi vida (a veces por demás, pero bueno...) y yo debo ocuparme de mis hermanos. Por eso necesito dialogar, para que me escuchen y para escuchar, para que me ayuden y para ayudar, para agradecer y para que me agradezcan.
Así podremos también conocer más al otro y al Otro, descubrir quién es mi interlocutor y, de este modo, también poder "ubicarme" frente al otro. Sí, porque muchas veces creo que yo puedo relacionarme de la misma manera con todos, pero no a todos hay que escucharlos de la misma manera. Fijaos que Jesús no nos enseñó una oración para hablar con Él, sino que nos enseñó una oración para hablar con el Padre, porque con quien necesitamos más diálogo es con el Padre, pues Él si que nos conoce desde antes de formarnos en las entrañas maternas: "él nos pensó desde antes de la creación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables en su presencia por el amor".
Entonces mi relación con el Padre no será la misma que con el Hijo y el Espíritu Santo, aunque los tres sean uno solo. Y lo mismo pasa en nuestras relaciones humanas, no es la misma relación o el mismo diálogo con los padres que con los amigos, o, mejor dicho, no tendría que ser lo mismo, pues cada uno me habla desde un lugar diferente.
Oremos, hablemos, pero sobre todo aprendamos a hacer silencio para aprender a escuchar lo que el otro y El Otro tienen para decirme.

lunes, 15 de febrero de 2016

Ser santos en el Amor

"El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel:
Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo."
El llamado a la santidad, como veréis, no es un invento nuevo, sino que ya lo dijo Dios al pueblo de Israel por medio de Moisés, o sea, es un llamado que Él nos hace porque somos sus hijos, por que llevamos en nuestra vida parte de Su Vida, pues somos su creación, su familia, su pueblo.
Para muchos nos parece que es algo imposible de vivir pues no tenemos la "perfección" de los santos, ni somos "inmaculados" como los santos, ni sabemos cómo hacer para llegar a tal "altura" en nuestra vida. Por eso mismo a renglón seguido el Señor da una pautas para poder comprender cómo vivir, cuáles son las cosas que hay que evitar en nuestra vida.
Pero claro, como somos quienes somos, al tener unas pautas acerca de las cosas que no debemos hacer, caemos en la casuística de decir esto y esto no lo hago, por lo tanto estoy bien. ¿Qué quiero decir con esto? Que Dios no puede hacer un listado interminable de las cosas que no debo hacer, sino que nos pone ejemplo de lo principal que no hay que hacer. Digo esto porque siempre recuerdo que, cuando alguien viene a confesar dice: no mato, no robo, por lo tanto no tengo pecado.
Y, ante esto nos falta la perfección que hace Jesús de los mandamientos de la Ley de Moisés: "un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os he amado"; y así nos habla en esta parábola del examen final que pasaremos el día que nos encontremos cara a cara con el Señor, como dice San Juan de la Cruz: "en el atardecer de nuestras vidas seremos juzgados en el Amor".
Así podemos decir que no tenemos una casuística para ver qué cosas no tengo que hacer, sino para entender que la santidad se alcanza con el Amor. Que no hay "cosas para hacer" sino que hay un Amor para vivir: "Ama y haz lo que quieras", decía San Agustín. A lo que podemos añadir el famoso himno a la Caridad de San Pablo a los Corintios (que tanto nos gusta, pero que poco caso le hacemos): "El amor es compasivo, es servicial, no se cansa nunca, nunca piensa mal...." ¿Os acordáis?
Ese es el método para ser santos como nuestro Padre Celestial es Santo: vivir en el Amor, y no sólo a quienes nos aman, sino a quienes no nos aman, a quienes nos persiguen, a quienes nos odian, "por que si sólo amamos a quienes nos aman qué mérito tenemos, eso también lo hacen los paganos".

domingo, 14 de febrero de 2016

La tentación de la liviandad de vida

Las tentaciones de Jesús, en este primero domingo de cuaresma, nos invitan a reflexionar en nuestras propias tentaciones, en descubrir que no todo vale en nuestra vida, porque nuestra vida cristiana es una vida en santidad, en obediencia a la Voluntad de Dios, en obediencia a la Palabra de Dios.
Es cierto que todas las tentaciones son agradables a los ojos y a los sentidos, pues el Padre de la mentira y sabio seductor (llamado Diablo o Satanás) no va a ser tan tonto de tentarnos con algo poco agradable a los ojos y a los sentidos, e, incluso a la inteligencia de los más sabios, y, muchas veces, nos tienta con actos que parecen buenos o santos que nos alejan del Querer de Dios.
¿Cuál es el fin de Satanás? Apartarnos de la Voluntad de Dios, destruir la Obra de Dios y por eso no va actuar tan abiertamente que nos haga descubrir que nos está tentando, sino que con astucia intentará convencernos que lo que vamos a hacer no es tan malo, y si nos hace bien hay que hacerlo.
Así, día a día, nos vamos apartando del camino que hemos elegido, creyendo que caminamos en la luz nos vamos metiendo en las tinieblas del error vestido con trajes de verdad. Pero, sabemos que hay una sola Verdad, o mejor dicho que sólo la Palabra es la Verdad, y el Hijo es la Verdad.
Hoy, si miramos bien, vamos a descubrir que vivimos en las tinieblas del error, en las tinieblas del todo está bien, y donde cada día más nos vamos alejando de la Verdad, del Camino y de la Vida, simplemente porque no nos dejamos conducir por la Palabra de Vida.
Si leemos bien el evangelio vamos a descubrir que Jesús no le contestó a Satanás con sus propias palabras, que lo podría haber hecho pues Él es Dios, pero lo hizo con la Palabra de Dios, con la Palabra de Su Padre, porque su Confianza estaba en el Padre y no en sí mismo. Su vida es una Vida de Obediencia a la Palabra de Dios, no a sí mismo.
Y esa es nuestra más grande tentación: no hacer caso a la Palabra de Dios, que es la que nos ilumina, nos fortalece, nos da Vida, tomando las palabras de San Pedro a Jesús: "Señor ¿a quién iremos? sólo Tú tienes Palabras de Vida Eterna?"
Lo decimos, pero no lo creemos. Lo predicamos, pero no lo vivimos. Lo anhelamos pero lo dejamos de lado. Lo buscamos pero lo perdemos. Nos han engañado tanto que creemos que si le bajamos el tono a la exigencia evangélica podremos ser más, o vivir mejor. Y ya lo dijo Jesús: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas... sino a darles cumplimiento" y lo hizo con la obediencia hasta la muerte y muerte en Cruz.
No dejemos que las tentaciones del mundo, la liviandad que nos propone Satanás nos haga modificar el sentido de la Palabra de Dios, sino que en el silencio de la oración pidamos la fortaleza del Espíritu Santo para creer, para confiar y para vivir.

sábado, 13 de febrero de 2016

Nos eligió y nos transformó

Hermosa Palabra de Dios a Isaías, que también es para nosotros, para iluminar con sentido la elección que Dios hizo de nosotros, la misión que esa elección conlleva:
"El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»
Es cierto sí que nada es fácil y que dejarnos guiar nos cuesta, pero es hermoso pensar que es Él quién nos guía si nos dejamos conducir. Que, al dejarnos guiar, nuestra vida cobra un nuevo sentido y da frutos que nunca esperábamos e, incluso, que pensábamos que jamás podríamos hacer aquello que hoy estamos haciendo, sólo por dejarnos llevar de Su Mano.
También es cierto que, como en el Evangelio, muchos murmurarán de lo nuevo que hagamos, se reirán y querrán silenciar nuestras obras, pero sabemos que nada es nuestro sino que es Obra del Señor, y, por lo tanto, nada de Su Obra queda sin recompensa y, jamás, puede ser ocultada.
Y, junto a esta palabra a Isaías, surge esa exhortación de Jesús a toda la gente, sobre todo a los que que creen dueños de juzgar a todos porque son los más "santos":
"Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»
Cuando nos encontramos con Él, cuando vivimos con Él, cuando intentamos seguirlo cada día, siempre aparecerán las sombras del pecado en nuestra vida, surgirá cada día nuestra debilidad, pero en todo momento debemos rescatar la confianza en Jesús, pues Él es nuestro abogado, nuestro consuelo, nuestra fortaleza. Él nos eligió para Caminar de Su Mano sabiendo de nuestra debilidad, pecado e imperfección para que "en nuestras debilidades se manifieste su poder".
En este tiempo de Gracia, de Conversión y de Misericordia no te olvides de confiar, de aceptar y de Caminar de Su Mano, pues la elección ha sido de Él, porque Él ha visto tu corazón y sabe qué es lo que puedes dar con Su Gracia.

viernes, 12 de febrero de 2016

Conversión y santidad

Siempre ha sido un tema complejo el ayuno y la abstinencia, porque nunca lo pensamos desde el querer de Dios, sino desde el “cumplir” del hijo. Y cuando lo pensamos desde solo “cumplir” no hace el efecto que el Señor quiere, pues lo que Dios quiere es aquello que decía San Pablo: “llevo mi carne a la esclavitud del espíritu” (o algo parecido, nunca fui exacto con las citas evangélicas)

Por que cuando sólo quiero cumplir con una cosa, hago la cosa o la reemplazo por otra y ¡listo! pero el corazón queda duro y lejano de Dios como siempre. En cambio cuando reconozco que necesito llevar mi carne a la esclavitud del espíritu, veo que no sólo no tengo que comer sino que tengo que hacer otras cosas que me impliquen un mayor esfuerzo de humildad, de conversión. Por eso para algunos no será dejar de comer, sino de hablar, de fumar, de leer o hasta incluso de hacerse pasar por santito/a durante el día.

El ayuno lo quiere el Señor para que se caigan las máscaras que nos hacen parecer algo que no somos, y reconociendo lo que somos poder recorrer el camino para ser lo que Dios quiere que seamos: “santos como vuestro Padre Celestial es santo; perfectos como vuestro Padre celestial es Perfecto”. Para ello necesitamos cada día hacer el mayor de los ayunos: de nuestro yo, para dejar que Dios sea quien dirija nuestras vidas cada día.

Que sea su Espíritu y no el nuestro, o peor aún, el del mundo quien digite nuestro día a día y nos haga caminar en tinieblas y no en la Luz del Amor, del Espíritu, de la Verdad.

Así que hoy tenlo en cuenta: ¿cuál será tu ayuno? ¿Qué le ofrecerás al Señor para que te ayude a convertir el corazón, para que puedas tener la fuerza de decir, como María: aquí estoy para hacer tu Voluntad?

jueves, 11 de febrero de 2016

Nos invita a elegir, no nos obliga a elegir

Hoy hay dos lecturas que siempre me gustaron, no porque sean de las más leídas y queridas, sino porque son el principio de una elección y, al principio, siempre tenemos que tener en cuenta todos los caminos posibles. Por eso el Señor tanto en el antiguo testamento como en el nuevo nos aclara los dos caminos que nos ofrece, y nos deja en libertad de elegir, sabiendo que ha sido claro con sus hijos.
Muchos dicen que Dios nos quita libertad, que nos anula, y es todo lo contrario nos da tanta libertad que hasta podemos negar su existencia. Pero claro, muchos quieren negar la existencia de Dios pero recibir sus favores cuando lo necesiten, por eso conociendo nuestros corazones nos pone delante de las narices los dos caminos para que podamos elegir, con el fin de que después no podamos decir: ¡ah! cuando resolví seguirte no me dijiste tal cosa... NO, no, yo te di opciones tú has elegido.
Al pueblo de Israel por medio de Moisés le dijo:
"Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.
Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán".
Y Jesús antes de decirnos si lo queríamos seguir nos anunció cuál era el Camino que Él iba a recorrer:
Jesús dijo a sus discípulos:
«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»
Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?»
Este tiempo de Cuaresma nos invita a pensar en nuestras elecciones y a poner reconocer cuándo nos hemos equivocado y retomar el Camino, o, simplemente dejar el camino que habíamos tomado.