miércoles, 7 de octubre de 2015

El Rosario, un diálogo familiar

¿Os habéis fijado que las tres oraciones más importantes son las más fáciles? El Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria, son cortas y fáciles para recordar, pero cuando las unimos al Santo Rosario, se nos hacen las oraciones más pesadas y aburridas que nos quitan las ganas de rezar, salvo que sea por una exigencia.
Lo pensaba esto porque hoy es el día de Nuestra Señora del Rosario, y pensaba ¿por qué a Nuestra Madre se le ocurrió la oración del Rosario como la oración más poderosa que tenemos los cristianos si es un rezo simple y aburrido?
Y en esto se me venía a la mente aquél pasaje del egipcio aquél que va a ver al Profeta porque le habían dicho que curaba y quería ser curado de la lepra, y como el Profeta le dijo que se bañara 7 veces en el río él se enfadó porque también en su país había un río. Y la sirvienta judía que tenía le dijo: ¿y si te hubiera pedido algo más difícil no lo habrías realizado? ¿Entonces por qué no haces esto que es más fácil? Y lo hizo y quedó curado, y alabó al Dios del Profeta.
Lo mismo nos pasa a nosotros.
Claro que lo que uno muchas veces ve es que el Rosario no es una oración que disfrutamos rezando, sino que nos la queremos quitar de encima y cumplir con el rezo y por eso vamos casi corriendo con los Ave María y Padre Nuestros. No tenemos claro que la oración es un diálogo, aunque sea la repetición de palabras que las sabemos de memoria, pero lo que dicen las palabras es lo que hace que una oración tenga fuerza, y sobre todo si digo las palabras con amor y sentido de diálogo y petición. Pero si las oraciones las repito como si las repitieran los loros en una jaula, no tiene sentido de oración.
María, cuando nos ha dado el Santo Rosario como oración constante, creo (por que no me lo ha dicho en ningún momento, y espero que no me hable) es para poder hacer que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón se relajen, descansen en un diálogo sencillo pero lleno de sentido, contenido y amor, en donde Ella, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se unen para escuchar nuestro corazón.
Porque en el Santo Rosario meditamos la Vida de Jesús, todo lo que Él vivió e hizo por nosotros, y en todo esos años cómo lo acompañó Su Madre y Nuestra Madre. Grandes y Hermosos misterios de Amor. Pero también dialogamos con el Padre como nos lo enseñó el Hijo, y hablamos con la Madre con palabras que fueron dichas María por el Ángel y por Isabel, y con las peticiones que nosotros mismos elevamos al Cielo. Y glorificamos a toda la Trinidad para recordar que somos parte de esa Familia Divina que busca constantemente acompañarme y hacer que me sienta parte de Sus Vida.
Sí, el Rosario es una oración aburrida y cansadora si lo que hago es sólo repetir palabras sueltas y voy corriendo detrás de cada una, pero si a cada palabra le doy el sentido de pertenencia, y la lleno del amor del hijo que necesita a Su Familia, de oración cansadora pasará ser un diálogo de Amor familiar.
María, Nuestra Madre, tuvo en cuenta, también, nuestra pequeñez y por eso nos ha pedido algo fácil para hacer todos los días, pero que nos une intensamente a Su Corazón, a Su Hijo, al Padre y nos santifica con el Espíritu Santo. No hagamos del Rosario una carrera para ver quien termina más rápido, sino que hagamos de él un diálogo de Amor con nuestra Familia Celestial.

martes, 6 de octubre de 2015

Elegir la mejor parte

-«Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»
Todos los días y a todas horas hay cosas para hacer en una casa, y más cuando llegan visitas. Pero no todos los días y a todas horas llegan visitas, por eso, Jesús decía que María había escogido la mejor parte: estar junto a la visita escuchando su palabra. Pero sobre todo, en este caso, escuchando la Palabra de Dios, que llena el corazón e ilumina el espíritu.
Nos cuesta mucho dedicar un momento de tiempo a la oración contemplativa, sí, a esa oración del silencio en donde le dejo hablar a Dios, porque siempre tenemos algo más para hacer, y siempre lo que tenemos que hacer es importante, nadie lo niega, pero... no puedo dejar de hacer algo para estar junto a Él?
El descansar en Dios para poder hacer las cosas con Él, por Él y para Él, me van a hacer rendir más todo lo que haga, pero sobre todo, voy a poder discernir si todo lo que tengo que hacer es Voluntad de Dios.
Esa es la parte que no le será quitada a María: la paz de saber que he escuchado a Dios y he podido discernir lo que debía hacer, cuál era Su Voluntad. Seguro que todos los días tengo la misma rutina, y que Dios no va a cambiar demasiado las cosas que haga, pero si las hago poniendo en sus Manos cada día y cada cosa, todo lo que haga cobra otro color y otra dimensión, porque todo está consagrado a Él. Además, cuando comienzo un día consagrándoselo a Él ese día está lleno de Gracia y la Luz de su Palabra ilumina mi día, mi vida, y la vida de los que están junto a mí.
En cambio si como Marta haga lo mismo de siempre, pero lo hago viendo que otros están disfrutando de lo que yo no estoy haciendo, lo hago con poco espíritu, con mala cara, con poco gusto y satisfacción, y eso no me plenifica, no hace que me sienta pleno y feliz de hacer lo que todos los días tengo que hacer.
Por eso, cuando al comenzar el día me pongo a los pies del Señor para escucharlo y entregarle todo lo que voy a hacer, hago aquello de Santa Teresita: hacer sobrenatural las cosas naturales, porque descubro y me abro a la dimensión de Dios, a partir de ese momento el día comienza a ser un día en Dios, para Dios y con Dios. Por que sobrenaturalizar las cosas de todos los días no es hacer las cosas con los ojos en blancos y poniendo cara de santito, sino que, llenos de la Palabra de Dios y del sentido que Dios les da a mi vida, dedico cada momento del día al Señor, le ofrezco cada cosa que haga, y Él acepta todos mis ofrecimientos y me concede la Gracia para hacer todo con amor y por amor a Él y a mis hermanos.
Sí, María eligió la mejor parte, aprovechar el encuentro con el Señor, dejar que su Voz llegue a su alma e ilumine su vida, para que todos sus actos puedan transmitir a los demás ese gozo de haber estado con el Señor, ese gozo de saber que he puesto en sus Manos mi día y que, intento cada día alcanzar la santidad que Él me ha dado con Su Espíritu, y así dar a conocer a todos el gozo de saberme en Sus Manos, el gozo de creer, el gozo de vivir en Dios.

lunes, 5 de octubre de 2015

Ser agradecidos, un valor perdido

En la lectura del Deuteronomio podemos leer esto:
"No sea que, cuando comas hasta hartarte, cuando te edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes de todo, te vuelvas engreído y te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto..."
Si, en tiempos de crisis y dolores nos acordamos de Dios, unas veces muy mal por que lo culpamos de todo lo que nos ocurre, por que, claro, las desgracias siempre las provoca Dios y por eso, cuando estamos en situaciones muy malas elevamos nuestros insultos al cielo, porque de ahí es que vienen.
También es cierto que para otros el clamor es una súplica a Dios para que nos libre de lo que estamos sufriendo o por lo que estamos pasando. Y ahí nuestro clamor se vuelve oración, porque no sabemos qué rumbo tomar en tanta oscuridad, y cuando el agua nos llega al cuello suplicamos y nos acordamos de Dios.
Pero, también es cierto, como dice el Deuteronomio, que cuando volvemos a la normalidad y podemos dejar de penar y sufrir, ya no nos acordamos de Quién ha puesto Su Mano sobre nosotros para fortalecernos en la lucha, para acompañarnos en la oscuridad, y, en lugar de dar Gracias por lo recibido decimos:
"Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas. "
Acuérdate del Señor, tu Dios: que es él quien te da la fuerza para crearte estas riquezas, y así mantiene la promesa que hizo a tus padres, como lo hace hoy.»
Es cierto sí, que esto no nos pasa sólo con Dios, sino que primero nos pasa con los que tenemos a nuestro lado, con la familia, con los amigos, con "los que necesitamos", y luego nos olvidamos de que los tuvimos a nuestro lado. ¿De qué habla esto? De que no siempre somos agradecidos con lo que tenemos, con lo que hemos alcanzado, con lo que se nos da día a día. Y ser agradecidos es una virtud que debemos volver a conquistar. Sí, volver a conquistar porque se va perdiendo con el tiempo, la palabra Gracias es poco utilizada en estos tiempos, porque vivimos en los tiempos en lo que todo son derechos para nosotros, y los demás tienen la obligación de hacer lo que yo digo. Y no somos el centro de la tierra, y la tierra no gira alrededor nuestro, sino que somos parte de una comunidad, de un todo, en el que recibimos más de lo que damos, pero no lo valoramos, no sabemos darle a cada cosa el valor que tiene, y siempre estamos "necesitando" más y más.
Así creemos que lo que Jesús nos dice en el Evangelio de hoy, sería como la frase ideal para este tiempo, pero vemos que tampoco se realiza como lo deseamos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre".
No se realiza como deseamos, porque como dice San Pablo: "no sabemos pedir lo que nos conviene, por eso pedimos y no recibimos". Y es ahí donde tenemos que volver la mirada ¿qué es lo que estamos "necesitando" que no recibimos, pero es que realmente lo necesitamos? Hoy en día hay necesidades que no son tales, y lo que realmente necesitamos no nos damos cuenta que no lo pedimos, por eso es hora de abrir los ojos a una nueva realidad, a una nueva forma de mirar nuestras vidas y descubrir que los Valores que daban brillo a la vida del hombre son los que ahora debemos pedir para poder recobrar la belleza original, y uno de esos valores es la gratitud, ser agradecidos con los de la tierra y con los del Cielo.

domingo, 4 de octubre de 2015

No seamos tercos sino niños confiados

Me llama la atención y me gustan dos frases que parecen sin fuerza en el evangelio, pero que son las que más han de forjar nuestra vida como cristianos.
Primero Jesús le dice a los fariseos que Moisés tuvo que modificar la Ley de Dios por la terquedad de ellos, pero que al principio no era así lo que Dios quería. Y la misma situación se está donde hoy en día, queremos que la Palabra de Dios se modifique de acuerdo a nuestras circunstancias o gustos, y no nos damos cuenta que Jesús ya lo dijo: "no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles cumplimiento".
¿Por qué Jesús insiste tanto en no modificar la Ley de Dios? Por que conoce al Padre, y por eso sabe que el Padre conoce mejor que nadie a quienes Él ha creado, porque no nos ha dado la Ley porque sea un viejo cascarrabias y quiere que suframos bajo el influjo de su autoridad, sino que entiende que necesitamos límites para alcanzar la plenitud que anhelamos, que siguiendo ese Camino alcanzamos la Vida.
Por eso Amor es que le pidió a Su Único Hijo que recorriera, antes que nosotros, ese mismo Camino haciéndose Él mismo Camino, para que comprendamos cuál es la Vida que el Padre quiere para nosotros.
Y ¿cuál es la segunda cosa que me parece importante? El final del Evangelio al hablar con los discípulos, haciendo un poco de referencia a esta situación que ha vivido con los fariseos, hombre cultos y conocedores de la Ley y de la historia:
"Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y ahí está el núcleo de nuestra vida: es difícil comprender intelectualmente el por qué Dios nos pide tal o cual cosa, pero sabemos que como Padre Él quiere lo mejor para nosotros. Muchas veces, en estos tiempos que vivimos, vemos como los padres intentan dar razones intelectuales a sus pequeños hijos para que acepten tal o cual cosa, pero los pequeños no entienden los razonamientos de los grandes, y menos si solamente lo que buscan es hacer o no hacer lo que tienen ganas.
A nosotros nos pasa lo mismo, pero al revés, nos creemos, como los fariseos, muy inteligentes y seguros de nosotros mismos, por eso nos permitimos cuestionar las leyes más elementales como el derecho natural o la Ley de Dios. Y a la vez vemos cómo nos vamos destruyendo a nosotros mismos por hacer siempre lo que nos da la gana y no poner límites a nuestras vidas.
Por eso el aceptar como niños la Palabra de Dios no es vivir sin libertad, sino llevar a plenitud la libertad que Dios me concedió, porque cuando más perfecciono mi ser hijo de Dios, más libre soy. Sino mirémosla a María, Ella fue la Esclava del Señor y la llamamos Bienaventurada por generaciones por que dejó que el Señor hiciera con Ella grandes cosas.
No seamos testarudos, confiemos más en nuestro Padre Celestial y aceptemos el Camino que nos conduce a la Vida.

sábado, 3 de octubre de 2015

En la sencillez del corazón se revela el misterio

Tiene tanta riqueza la Palabra de Dios que es difícil, muchas veces, poder quedarse con algo, pues siempre hay mucho para nuestra vida, porque cuando estamos dispuestos a ver o escuchar, vemos y escuchamos, pero cuando estamos cerrados a ello no nos pasa nada, y por eso creemos que nadie nos habla ni nos mira, ni nos llama, ni nos prestan atención.
Por eso es la alabanza de Jesús al Padre sobre a quién le es revelado el misterio de la fe:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla".
Se podría decir que los sencillos nos conformamos con poco? No, no es por eso, sino porque los sencillos de corazón no buscan grandes elucubraciones o grandes discursos con palabras difíciles (que sólo entienden los grandes doctores) sino que deseamos pequeños gestos y palabras que nos lleguen al corazón y no a la cabeza.
Cuando el corazón está necesitado de respuestas, las respuestas llegan rápidamente y de forma muy sencilla. Cuando las respuestas que buscamos son solamente intelectuales nunca llegan a satisfacer nuestros deseos de palabras, y por eso no descubrimos nunca el valor del misterio, el valor de las pequeñas cosas que nos hablan de Dios.
Así, los apóstoles se quedan asombrados de los milagros que podían hacer, y sin embargo no se asombraban de que ellos lo hacían sino que lo hacían en el nombre de Jesús:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.»
La sencillez del corazón no permite la soberbia de decir "yo lo hice", sino "tú lo hiciste por mí". El humilde puede llegar a reconocer la grandeza del poder del Señor que actuó por medio de su persona, pero el soberbio siempre es él quién actúa y no descubre el valor del instrumento, el valor del estar disponible para el Señor. Y sirve para ello la aclaración que Jesús les hace:
"Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.» Por que nada hacemos por nosotros, sino por Él que nos llamó y nos envió, todo es Por Él, Para Él y Con Él, y no es que Él necesite de nuestra alabanza y de nuestra acción de Gracias, sino que nosotros necesitamos descubrir que nuestra vida Sin Él queda vacía, yerta, porque si sólo confiamos en el poder que nosotros tenemos vamos muertos, porque sin Él sabemos que nada somos y nada podemos.
Es así que cada día al ponernos en Sus Manos pedimos la Gracia de la fortaleza para que cada día podamos crecer como niños frente a Dios y sin perder la sencillez del corazón, agradecer cada gesto de amor y fidelidad del Padre hacia nosotros, sus pequeños hijos.

viernes, 2 de octubre de 2015

Niños en Dios

«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mi.
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.»
Es verdad que para nosotros, los que decimos que somos adultos, nos es difícil ser niños, pues tenemos que tener mucha fuerza del Espíritu Santo para poder dejarnos conducir, para poder renunciar a nuestros deseos y maneras de actuar, a nuestro saber qué es lo que quiero y lo que deseo. Por eso necesitamos cada día pedir el Don de fortaleza, para poder renunciar a nuestra adultez humana y aceptar la Paternidad Amorosa de nuestro Padre Dios.
Pero no es sólo aceptar que Dios es Padre, porque eso lo decimos cada vez que rezamos el Credo, o cada vez que rezamos el Padre Nuestro, sino que eso que decimos lo tenemos que creer  realmente para que podamos aceptar que el Padre conoce mejor que yo mismo mi vida, y sabe por dónde es mejor , cuál es el Camino que mejor me lleva a la plenitud de mi vida.
Además, cuando dejo que Él me forme como niño pone todo de su parte para que pueda ser Fiel a la Vida que Él me ha dado. Por eso hoy nos dice Jesús: si no volvéis a ser como niños... Pero además nos dice que junto a nosotros están los ángeles custodios que también están junto al Padre, una hermosa realidad que sólo la creemos si tenemos un espíritu de niños, porque para los que nos hemos vuelto "grandes", a veces, nos cuesta creer en los ángeles custodios, porque decimos que no necesitamos que nadie nos cuide, ni nos diga lo que tenemos que hacer, porque para eso "somos grandes".
La Infancia Espiritual, nos lo enseña Santa Teresita, es el Camino de perfección que nos permite gozar constantemente de la cercanía y del Amor del Padre, de la Ternura de su poder, y de la Fortaleza de su Amor, por que haciéndonos pequeños en Dios nos dejamos Amar, Proteger, Cuidar, Guiar; sólo necesita el niño agarrarse fuerte de la mano de su Padre para sentirse consolado y seguro, no le hace falta más que esa seguridad para caminar confiado, aunque lo tenga que hacer por "oscuras quebradas", pero sabe que nada le pasará porque Dios está con él, porque sabe que los ángeles custodios están a su lado y al lado del Padre.
Sí, no es fácil para cuando nos hemos acostumbrado a vivir como adultos volver a ser niños, pero si no convertimos nuestro corazón y aceptamos el Camino de la Infancia espiritual nos perdemos de gozar y de recibir muchos de los regalos que el Padre tiene preparados para los que como el Hijo se hacen hijos pequeños en su Presencia.

jueves, 1 de octubre de 2015

Santa Teresita, la grandeza de las pequeñas cosas

Santa Teresita, como se la conoce habitualmente, es una de esas santas que hablando humanamente no han realizado grandes cosas, no ha sido misionera, no ha fundado conventos ni obras religiosas, no hizo milagros en vida. Si bien desde pequeña supo que quería ser carmelita descalza, sólo algunos años después de ingresar al convento descubrió su verdadera vocación: "en el corazón de mi madre, la Iglesia, seré el Amor".
Y ese fue mayor aporte a la vida de la Iglesia: una vida de amor, simple, puro, sencillo aunque, quizás, el más difícil de vivir, porque es el amor que no se destaca porque se vive en las más pequeñas cosas de todos los días, y no pide aplausos, sino que su aplauso es el aplauso de Dios que ve en lo secreto.
Un amor que buscaba reconfortar no a quién la amaba, sino a quién no la quería, no ayudaba a quién le sonreía sino a quién le gruñía, no le prestaba a quien le iba a devolver sino a quien no le iba a pagar.
Un amor de todos los días pero del verdadero evangelio porque el amor del que ama a quien lo ama no tiene mérito, porque eso también lo hacen los paganos, decía el Señor. Por eso, ella se puso en el esfuerzo cotidiano de buscar la forma más sencilla pero más dura de vivir el amor.
Y ¿cómo se vive ese amor tan puro? Con la sencillez de los más pequeños, de los niños en Dios. Su Caminito espiritual nos deja esa huella: la de la infancia espiritual, alcanzar la madurez y la fortaleza para dejare conducir por Dios, para dejarse moldear por la mano del alfarero, y alcanzar así el mayor de los gozos espirituales: la confianza total en el Padre, pues es un corazón que se sabe amado y fortalecido por el Amor de Dios.
Hoy día buscamos grandezas, honores, títulos, riquezas, y cada día nos encontramos más vacíos que el anterior, porque cada uno vive pensando en sí mismo, en cómo alcanzar un gran lugar y un gran nombre en esta sociedad que sólo aplaude a los que más se destacan, pero no son los que más tienen el corazón lleno, sino que han llenado sus bolsillos.
Santa Teresita nos muestra un camino mucho mejor, porque es el Camino que nos conduce al verdadero sentido de nuestra vida: el Amor, el amor que ama, que se entrega, que no busca el aplauso de la sociedad sino que busca el amor del Padre que ve en lo secreto, que es quien mejor reconoce nuestra entrega diaria.
Santa Teresita no buscó grandezas, buscó cada día ser más pequeña en los brazos de María y del Padre, buscó cada día ser más pertenencia de Cristo, y pidió constantemente al Espíritu la fortaleza para encontrar Su Caminito, para poder recorrerlo para poder dar a Su Madre, la Iglesia, lo que Ella necesitaba para poder ser Fiel a la Vida que le había dado Jesús. Buscó cada día el mejor lugar para amar y darse por entero, y así desde lo pequeño y oculto de su celda del Carmelo se transformó en Camino Espiritual para muchos hijos de Dios.
Y ¿cuál fue su alimento espiritual? Las Sagradas Escrituras, la oración, la vida de otros santos a quienes quería imitar, y, por sobre todas las cosas la Eucaristía, pues Jesús no podía quedarse oculto en el frío del Sagrario sino que se había quedado en el Pan Eucarístico para estar siempre en el calor del corazón de los hombres.