"La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros".
Un hermoso saludo que escribe san Pablo y que lo escuchamos, muchas veces, al comenzar la Misa, pues no es sólo un saludo sino que es una realidad en nuestra vida y que nos lleva a identificarnos con la Santísima Trinidad y cómo actúa en nosotros.
Dios Padre nos ha creado por amor y por amor le ha pedido a su Unigénito que viniera a salvarnos, su entrega obediente hasta la muerte y muerte en Cruz, nos ha alcanzado, por su Resurrección, la Gracia de ser hijos de Dios, dándonos desde el seno del Padre el Espíritu Santo que nos une en comunión con Ellos y con nuestros hermanos.
Así, de este modo el Hijo nos ha pedido que esta comunión no sea sólo una idea que flota en el aire sino que sea una realidad entre todos los que formamos su Cuerpo Místico: sean uno como el Padre yo somos uno para que el mundo crea.
Por eso mismo san Pablo nos vuelve a repetir:
"Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros".
Pues esta vida que hemos recibido gratuitamente es la que tenemos que seguir manteniendo y viviendo con la Gracia y los Dones del Espíritu Santo, pues una vez recibida ya nos toca a nosotros seguir construyendo lo que Dios ha pensado desde toda la eternidad para cada uno: "ser santos e irreprochables en su presencia por el Amor". Es un trabajo que nos tiene que llevar, diariamente, al diálogo con el Padre y con el Hijo, para que con la fuerza del Espíritu podamos estar siempre dispuestos a discernir la Voluntad del Padre y como el Hijo poder llevarla a plenitud.
Así nuestra vida, como nos lo dijo Jesús, será sal, luz y fermento en el mundo para mostrar, no sólo con palabras, sino con obras el Camino que nos conduce a la Vida, para que iluminados por el Espíritu podamos iluminar las tinieblas del mundo que vive en pecado para que puedan encontrar, ellos también, la alegría de vivir en la verdadera libertad de los hijos de Dios.
"Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él", y somos nosotros quienes, con la ayuda del Espíritu, debemos mostrar con nuestra vida los frutos de la Salvación y la alegría de vivir en Dios.
domingo, 31 de mayo de 2026
Vivir en la Trinidad
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